Don Quijote de La Mancha

  

Capítulo II

Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote

Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento [1], apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, [2] según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar [3], sinrazones que enmendar y abusos que mejorar [4] y deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención [5] y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio [6], se armó de todas sus armas [7], subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga [8], tomó su lanza y por la puerta falsa de un corral salió al campo [9], con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo. Mas apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que le vino a la memoria que no era armado caballero y que, conforme a ley de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero [10], y puesto que lo fuera, había de llevar armas blancas [11], como novel caballero, sin empresa en el escudo [12], hasta que por su esfuerzo la ganase.

Estos pensamientos le hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo más su locura que otra razón alguna, propuso de hacerse armar caballero del primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según él había leído en los libros que tal le tenían [13]. En lo de las armas blancas [14], pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuesen más que un armiño [15]; y con esto se quietó [16] y prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras [17].

Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo mismo y diciendo:

—¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera? [18]: «Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos [19], y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas [20] habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba [21], cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas [22], subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel» [23].

Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:

—Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías [24], dignas de entallarse en bronces [25], esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas [26], a quien ha de tocar el ser coronista [27] desta peregrina historia! [28] Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras [29].

Luego volvía diciendo, como si verdaderamente fuera enamorado:

—¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón! Mucho agravio me habedes fecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plégaos, señora, de membraros deste vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas por vuestro amor padece(30).

Con estos iba ensartando otros disparates, todos al modo de los que sus libros le habían enseñado, imitando en cuanto podía su lenguaje. Con esto, caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera.(31)

Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese(32), de lo cual se desesperaba, porque quisiera topar luego(33) con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo. Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino fue la del Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento(34) pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha(35) es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre, y que, mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse(36) y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta(37) , que fue como si viera una estrella que, no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba(38). Diose priesa a caminar y llegó a ella a tiempo que anochecía.

Estaban acaso(39) a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido (40), las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada(41); y como a nuestro aventurero todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído, luego que vio la venta se le representó que era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata(42), sin faltarle su puente levadiza y honda cava(43), con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan. Fuese llegando a la venta que a él le parecía castillo, y a poco trecho della detuvo las riendas a Rocinante, esperando que algún enano se pusiese entre las almenas a dar señal con alguna trompeta de que llegaba caballero al castillo(44). Pero como vio que se tardaban y que Rocinante se daba priesa por llegar a la caballeriza, se llegó a la puerta de la venta y vio a las dos destraídas mozas que allí estaban(45), que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando(46). En esto sucedió acaso que un porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos (que sin perdón así se llaman)(47) tocó un cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida; y, así, con estraño contento(48) llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron venir un hombre de aquella suerte armado, y con lanza y adarga, llenas de miedo se iban a entrar en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su huida su miedo(49), alzándose la visera de papelón(50) y descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada les dijo:

—Non fuyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno, ca a la orden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran.(51)

Mirábanle las mozas y andaban con los ojos buscándole el rostro, que la mala visera le encubría; mas como se oyeron llamar doncellas, cosa tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa y fue de manera que don Quijote vino a correrse(52) y a decirles:

—Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la risa que de leve causa procede; pero non vos lo digo porque os acuitedes ni mostredes mal talante, que el mío non es de al que de serviros.(53)

El lenguaje, no entendido de las señoras(54) y el mal talle de nuestro caballero(55) acrecentaba en ellas la risa, y en él el enojo, y pasara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico(56), el cual, viendo aquella figura contrahecha(57), armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete(58), no estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las muestras de su contento(59). Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos(60) determinó de hablarle comedidamente y, así, le dijo:

—Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho(61), porque en esta venta no hay ninguno, todo lo demás se hallará en ella en mucha abundancia.

Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza(62), que tal le pareció a él el ventero y la venta, respondió:

—Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque «mis arreos son las armas, mi descanso el pelear»(63), etc.

Pensó el huésped(64) que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz(65) y de los de la playa de Sanlúcar(66), no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje [67] y, así, le respondió:

—Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.

Y diciendo esto fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquel que en todo aquel día no se había desayunado.

Dijo luego al huésped que le tuviese mucho cuidado de su caballo, porque era la mejor pieza que comía pan en el mundo [68]. Miróle el ventero, y no le pareció tan bueno como don Quijote decía, ni aun la mitad; y, acomodándole en la caballeriza, volvió a ver lo que su huésped mandaba, al cual estaban desarmando las doncellas, que ya se habían reconciliado con él; las cuales, aunque le habían quitado el peto y el espaldar, jamás supieron ni pudieron desencajarle la gola [69], ni quitalle la contrahecha celada, que traía atada con unas cintas verdes [70], y era menester cortarlas, por no poderse quitar los ñudos; mas él no lo quiso consentir en ninguna manera y, así, se quedó toda aquella noche con la celada puesta, que era la más graciosa y estraña figura que se pudiera pensar; y al desarmarle, como él se imaginaba que aquellas traídas y llevadas que le desarmaban [71] eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:

—«Nunca fuera caballero de
damas tan bien servido
como fuera don Quijote

cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino» [72],

o Rocinante, que este es el nombre, señoras mías, de mi caballo, y don Quijote de la Mancha el mío; que, puesto que no quisiera descubrirme  [73] fasta que las fazañas fechas en vuestro servicio y pro [74] me descubrieran, la fuerza de acomodar al propósito presente este romance viejo de Lanzarote [75] ha sido causa que sepáis mi nombre antes de toda sazón; pero tiempo vendrá en que las vuestras señorías me manden y yo obedezca, y el valor de mi brazo descubra el deseo que tengo de serviros.

Las mozas, que no estaban hechas a oír semejantes retóricas [76], no respondían palabra; solo le preguntaron si quería comer alguna cosa.

—Cualquiera yantaría yo (77) —respondió don Quijote—, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso [78].

A dicha [79], acertó a ser viernes aquel día [80], y no había en toda la venta sino unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo, y en Andalucía bacallao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela [81]. Preguntáronle si por ventura comería su merced truchuela, que no había otro pescado que dalle a comer.

—Como haya muchas truchuelas —respondió don Quijote—, podrán servir de una trucha, porque eso se me da [82] que me den ocho reales en sencillos que en una pieza de a ocho [83]. Cuanto más, que podría ser que fuesen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabrón [84]. Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas [85].

Pusiéronle la mesa a la puerta de la venta, por el fresco, y trújole el huésped [86] una porción del mal remojado y peor cocido bacallao y un pan tan negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la visera [87], no podía poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía, y, ansí, una de aquellas señoras servía deste menester. Mas al darle de beber, no fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña, y, puesto el un cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino [88]; y todo esto lo recebía en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la celada. Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos, y así como llegó, sonó su silbato de cañas [89] cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música y que el abadejo eran truchas, el pan candeal [90] y las rameras damas y el ventero castellano del castillo, y con esto daba por bien empleada su determinación y salida. Mas lo que más le fatigaba [91] era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin recebir la orden de caballería.

Notas al Capítulo II

[1] ‘ejecutar lo que había pensado’.

[2] ‘la desconsideración que pensaba que infligía al mundo con su tardanza’.

[3] tuertos: ‘torcidos’ e ‘injusticias’.

[4] ‘corregir, enmendar para mejor’.

[5] ‘sin comunicársela a nadie’. La salida furtiva del caballero novel es habitual en los libros de caballerías.

[6] Primera referencia cronológica de las muchas que se encontrarán en el Q. (un poco más abajo se dice que es viernes). A partir de estos datos, se ha intentado establecer una cronología de la novela; sin embargo, las fechas son irreconciliables. La Primera parte del Q. empieza un viernes de julio, y termina un domingo de septiembre. La acción de la Segunda parte comienza solo un mes después del final de la primera, según se afirma en II, 1 (y allí 625, n. 2): sin embargo, se mencionan como inminentes las justas de San Jorge en Zaragoza (abril); además, la carta de Sancho a su mujer tiene como fecha el 20 de julio de 1614 (II, 36), pero DQ llegará a Barcelona (II, 62), al parecer, el día de San Juan (24 de junio). Lo que queda claro es que ambas partes del Q. transcurren en una especie de verano recurrente. Según las creencias de la época, el calor veraniego exacerbaba el humor colérico, y por consiguiente la locura de DQ (I, 1, n. 31).

[7] Las armas se enumeran más abajo en I, 2, 50.

[8] ‘metió el brazo por el asa de su escudo’; la adarga, como los demás escudos, se sujetaba al brazo izquierdo mediante una correa en forma de aro, llamada embrazadura.

[9] puerta falsa: ‘la que da a un callejón o al campo’; corral: ‘espacio cercado detrás de la casa, con distintas dependencias, incluida una huerta’, propio entonces de viviendas acomodadas.

[10] tomar armas: ‘combatir’.

[11] ‘lisas, sin empresa pintada’, que solo se ponía cuando el caballero se había hecho merecedor de ella por alguna proeza. La empresa pintada servía para que el caballero fuera conocido e incluso para darle nombre: DQ será primero «el de la Triste Figura», después «el de los Leones».

[12] ‘sin dibujo simbólico ni lema’./p>

[13] Solo los que habían sido armados caballeros podían armar a otros; Galaor fue armado caballero por su hermano Amadís en un encuentro casual.

[14] Se juega con el doble sentido ‘armas de caballero novel’ y ‘no manchadas’, dejándolas aun más limpias de lo que habían quedado en I, 1, 41.

[15] Como símbolo de blancura y pureza. Indirectamente, desvela la «condición y ejercicio» (I, 1, 35, n. 1) elegidos por el caballero: el armiño estaba también asociado a la nobleza.

[16] ‘se tranquilizó’.

[17] Es frecuente que el caballero se entregue al azar del caballo para lograr la aventura (I, 4, 67, n. 53). Caso similar y extremo es el episodio del barco encantado (II, 29), basado también en un motivo caballeresco.

[18] Los libros de caballerías se atribuyen con frecuencia a un sabio (‘mago’) que acompaña al protagonista; un poco más adelante será llamado sabio encantador. DQ, que se ve a sí mismo como héroe de libro, le dicta al sabio su historia empleando el estilo elevado.

[19] Apolo, dios de las artes y maestro de las Musas, personifica al sol: el comienzo se convierte en una invocación. Se establece también un paralelo entre la salida del sol para iluminar el mundo y la de DQ. C. recurre al tópico del amanecer mitológico (véase I, «Amadís...», p. 25, vv. 10-11), que en los cuentos épicos anunciaba el relato de los grandes y felices acontecimientos, con intención paródica. Véase también I, 43, 506, n. 37, y II, 20, 790, n. 1.

[20] ‘armoniosas’; originariamente significaba ‘cortadas’, ‘sin punta’, como la lengua del ruiseñor, según Aristóteles (Historia de los animales, IX, XV, 616b). El epíteto, unido a lengua y pájaro, abunda en la literatura española, hasta hacerse tópico.

[21] celoso marido: perífrasis por Titón, marido de la Aurora; las puertas y los balcones aparecen a menudo en las descripciones del amanecer mitológico (I, 13, 135, n. 1).

[22] ‘colchón’, generalmente relleno de plumas; la perífrasis procede de Petrarca.

[23] Comarca de la Mancha, entre Ciudad Real y Albacete; véase I, 1, n. 2; antiguo y conocido, en especial, por la referencia de un romance que localiza allí la muerte de Pedro I el Cruel.

[24] El arranque del discurso corresponde al que abre las peroratas de DQ en I, 11, 121, y 20, 208 y 219. La bendición del tiempo puede proceder de un soneto de Petrarca: «Benedetto sia ‘l giorno, e ‘l mese, e l’anno» (LXI, 1).

[25][25] ‘grabarse en láminas de bronce con cincel o buril’ (II, 1, 634, n. 70).

[26] Esta forma de invocación épica, frecuente en DQ (I, 3, 58; 19, 202; 25, 278; etc.), algunas veces con intención paródica, procede del Laberinto de Fortuna, 270b.

[27] ‘cronista’; muchos de los libros de caballerías se intitulan crónicas, y se presentan como historias.

[28] peregrina: ‘inusitada’ (I, 1, 44, n, 76); el adjetivo remite también al viaje iniciático, que más abajo se prolonga en caminos y carreras y en la estrella que le ha de servir de guía a DQ.

[29] ‘caminos carreteros o reales’, frente al que se anda solamente a pie o caballo.

[30] cautivo: ‘desdichado’; afincamiento: ‘porfía, obstinación’;  fermosura: ‘hermosura’; plégaos: ‘complázcaos’; membraros: ‘acordaros’; sujeto: ‘vasallo, sometido’. Todo el pasaje está escrito en el arcaizante lenguaje caballeresco que C. pretende parodiar.

[31] El calor del sol es un elemento coadyuvante en la locura de DQ, a quien la sequedad del cerebro ha provocado la pérdida de juicio (I, 1, 39, n. 31).

[32] ‘cosa digna de mención’.

[33] ‘encontrarse inmediatamente’.

[34] avino: ‘sucedió’; Puerto Lápice: puerto de montaña y villa de la Mancha al noroeste de la actual provincia de Ciudad Real. Las dos aventuras, la del vizcaíno y la de los molinos, pertenecen a la segunda salida (I, 8); aquí se citan en orden inverso a como aparecen en el libro, y se omite el encuentro con Juan Haldudo (I, 4).

[35] Los anales o memorias de la Mancha volverán a aducirse en I, 52, 591; la diversidad de perspectivas aumenta la ilusión de verdad histórica y deja traslucir la ironía de C.

[36] majada: ‘lugar protegido donde se recoge de noche el ganado’; suele contar con una cabaña que sirva de refugio a los pastores.

[37] ‘posada en el campo, cerca del camino’.

[38] Referencia a la estrella de los Reyes Magos.

[39] ‘por casualidad’.

[40] ‘prostitutas’; los textos de la época y aun anteriores las distinguen de las rameras (I, 2, 54), pero no es claro el matiz que las diferencia.

[41]‘descansar entre dos días de viaje’.

[42] chapiteles: ‘tejadillos en forma de cono o pirámide que rematan las torres’.

[43] ‘foso’; en tiempos de C. puente era voz femenina.

[44] almenas: ‘cubos de piedra que coronan el muro de una fortificación’. En los libros de caballerías es un enano el que suele avisar de la llegada de los caballeros con un instrumento de viento. La idea se copió en momos y fiestas cortesanas.[45]">

[45] destraído, además de su sentido recto, denomina a la gente de mala vida, y en especial a las prostitutas (I, Pról., 12, n. 32). Más abajo, C., con un juego de palabras, llamará a estas mozas traídas y llevadas (52, n. 71).

[46] El sentido es equívoco: doncellas y damas pueden ser eufemismos de ‘prostitutas’ y solazarse de ‘fornicar’.

[47] Popularmente, es costumbre y cortesía pedir perdón al oyente al pronunciar alguna palabra tabú; C. deforma irónicamente esta costumbre (sin perdón) y se burla del recato popular al escoger el malsonante puercos frente a otras opciones para nombrar los mismos animales.

[48]#145;con extraordinario contento’.

[49] coligiendo: ‘deduciendo’.

[50] visera: ‘pieza móvil del casco que protege la cara’; tenía unos agujeros o ranuras para ver y respirar. El papelón era una especie de cartón hecho con hojas de papel pegadas con engrudo.

[51] fuyan las vuestras: ‘huyan vuestras’; desaguisado: ‘injusticia, agravio’; ca: ‘pues’; altas doncellas: ‘nobles doncellas’; presencias: ‘aspecto, figura’. DQ imita la fabla caballeresca, utilizando vocabulario y estilo arcaicos, como en el parlamento siguiente (véase arriba, 48, n. 30).

[52] ‘acabó por picarse, amostazarse’.

[53] Bien parece: ‘Conviene’; mesura: ‘contención’; sandez: ‘tontería’; además: ‘por demás’, ‘en demasía’; os acuitedes: ‘os apenéis’; que el mío no es ál: ‘que mi voluntad no es otra’. Véanse arriba, 48, n. 30 y 50, n. 51.

[54] La diversidad de lenguaje de los personajes es una de las fuentes de malentendidos del Q., que hoy suele considerarse como la primera novela ‘polifónica’ moderna (M. Bajtin).

[55] mal talle: ‘fea traza, aspecto ridículo’.

[56] En la fisiognomía y la teoría de los humores de la época, se asociaba la obesidad a la flema y al carácter pacífico, en oposición al carácter colérico del enjuto DQ.

[57] ‘dibujo desfigurado’, ‘monigote’ o ‘caricatura’.

[58] desiguales: ‘desparejas’, porque correspondían a dos modos de armarse, para cabalgar o combatir (I, 1, n. 50); brida: ‘estribos largos’; coselete: ‘coraza ligera que protege pecho y espalda’.[59]">

[59] no estuvo en nada: ‘le faltó muy poco’.

[60] ‘la combinación —y posible actuación— de aquel cúmulo de armas’.

[61] ‘excepto el lecho’.

[62] ‘gobernador militar de una fortaleza’; si tiene a su cargo un castillo, se le llama castellano; esto permite el juego de palabras que surge un poco más abajo.

[63] Primeros dos versos de un romance viejo, entonces muy conocido y glosado; la respuesta del ventero parafrasea los dos versos siguientes: «mi cama las duras peñas, / mi dormir siempre velar».

[64] Significa tanto ‘hospedado’ como ‘hospedador’; aquí se emplea en la segunda de estas dos acepciones, mientras unas líneas más abajo C. lo utiliza en el sentido de ‘hospedado’ (I, 2, 52).

[65] C. juega con la expresión sano de Castilla, que significaba tanto ‘hombre honrado, sin malicia’ (por oposición a los andaluces, que tenían la fama contraria) como ‘ladrón disimulado’ en el lenguaje de germanía.

[66] En tiempos de C., punto de reunión de pícaros, indeseables y fugitivos de la justicia: véase I, 3, 55, y n. 10.

[67]maleante: ‘burlador’; estudiantado: ‘experimentado e impuesto en las malicias de los de su oficio, como si hubiera cursado estudios al propósito’.

[68] ‘que existía en el mundo’; pan: ‘comida en general’.

[69] peto, espaldar y gola eran piezas de la armadura que protegían el pecho y la espalda; juntas componían el coselete, citado arriba, 50, n. 58.

[70] La celada se sujetaba por medio de unas cintas que salían de una almohadilla sujeta en la parte anterior; véase I, 1, n. 48.

[71] traídas: ‘usadas’; en germanía, ‘prostitutas’. Se desarrolla, con mayor intensidad, el apelativo destraídas que se les había dado arriba, 49, n. 45.

[72] Versos iniciales del romance de Lanzarote, recitados con algunas variantes para adecuarlos a la ocasión: don Quijote=Lanzarote; su aldea=Bretaña; princesas=dueñas.

[73]‘aunque no habría querido dar mi nombre’.

[74] ‘provecho, favor’, forma anticuada ya en la época. Se repite en I, 3, 54.

[75] ‘romance antiguo’, en oposición a los «romances nuevos» o «modernos y no vistos» que la generación encabezada por C. estaba escribiendo y publicando.

[76] Puede también entenderse ‘No estando las mozas hechas...’, con una construcción absoluta (oración de relativo, en vez de gerundio o participio) muy frecuente en el Q.

[77] ‘comería’, término ya arcaico en tiempos de C.

[78] ‘me vendría muy bien’; recuérdese que DQ no había desayunado.

[79] ‘Casualmente, por ventura’.

[80] Algunos críticos han creído que esta referencia cronológica —al día de abstinencia de carne— corresponde a una exacta fecha histórica (véase arriba, I, 2, 45, n. 6).

[81] Todos los nombres significan ‘pescado curado en sal’, ‘bacalao’: su variedad resalta la naturaleza indefinible del plato; truchuela es interpretado equivocadamente por DQ como diminutivo de trucha; abadejo y trucha son también designaciones de prostitutas: vieja y barata la primera, de calidad y joven la segunda.

 [82] ‘me da igual, me es indiferente’.

[83] en sencillos: ‘en monedas de un real de valor’, frente a los reales de a dos, de a cuatro o de a ocho.

[84] El término tenía ya un sentido injurioso; C. está jugando con el valor semántico de las palabras (ternera-vaca, cabrito-cabrón), lo que confiere a la escena un mayor efecto cómico.

[85] el gobierno: ‘el mantenimiento’.

 [86] ‘le trajo el ventero’; trujo es forma etimológica de trajo.

[87][87] ‘mantenía puesta la celada y sostenía la visera con las manos’; DQ sostenía levantada la visera, pues no podía quitarse la celada, montada sobre un morrión con cartones que, al tirar de las cintas, podía romperse; por tanto tenía las dos manos ocupadas y le era imposible llevarse la comida a la boca con ellas.

[88][88] La forma de hacer beber a DQ recuerda el episodio de Lázaro de Tormes sorbiendo el vino con una paja, mencionado también en los versos preliminares del Q. (I, Prels., 30).

[89] ‘silbato compuesto de varias cañas de diferente tamaño’, también llamado capapuercas.

[90] ‘pan blanco hecho con harina del trigo de la mejor calidad’.

[91] ‘angustiaba’.

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