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Índice Primera parte
El cual declara el asiento y descripción de la provincia de Chile y estado
de Arauco, con las costumbres y modos de guerra que los naturales tienen;
y asimismo trata en suma la entrada y conquista que los españoles hicieron
hasta que Arauco se comenzó a rebelar. Pónese la discordia que entre los caciques de Arauco hubo sobre la elección
del capitán general, y el medio que se tomó por el consejo del cacique
Colocolo, con la entrada que por engaño los bárbaros hicieron en la casa
fuerte de Tucapel, y la batalla que con los españoles tuvieron. Valdivia con pocos españoles y algunos indios amigos camina a la casa
de Tucapel, para hacer el castigo. Mátanle los araucanos los corredores
en el camino en un paso estrecho, y dánle después la batalla, en la cual
fue muerto él y toda su gente por el gran esfuerzo y valentía de Lautaro. Vienen catorce españoles por concierto a juntarse con Valdivía en la
fuerza de Tucapel; hallan los indios en una emboscada, con los cuales
tuvieron un porfiado encuentro; llega Lautaro con gente de refresco; mueren
siete españoles y todos los amigos que llevaban; escápense los otros por
una gran ventura. En este quinto canto se contiene'la reñida batalla que entre los españoles
y los araucanos hubo en la cuesta de Andalicán, donde por la astucia de
Lautaro y el demasiado trabajo de los españoles fueron los nuestros desbaratados,
y muertos más de la mitad dellos, juntamente con tres mil indios amigos. Prosigue la comenzada batalla, con las estrañas y diversas muertes que
los araucanos ejecutaron en los vencidos, y la poca piedad que con los
niños y mujeres usaron, pasándolos todos a cuchillo. Llegan los españoles a la ciudad de la Concepción hechos pedazos, cuentan
el destrozo y pérdida de nuestra gente, y vista la poca que para resistir
tan gran pujanza de enemigos en la ciudad había, y las muchas mujeres,
niños y viejos que dentro estaban, se retiran en la ciudad de Santiago.
Asimismo en este canto se contiene el saco, incendio y ruina de la ciudad
de la Concepción. Júntanse los caciques y señores principales a consejo general en el valle
de Arauco. Mata Tucapel al cacique Fluchecalco, y Caupolicán viene con
poderoso ejército sobre la ciudad imperial, fundada en el valle de Cautén. Llegan los araucanos a tres leguas de la imperial con grueso ejército:
no ha efeto su intención por permisión divina dan la vuelta a sus
tierras, adonde les vino nueva que los españoles estaban en el asiento
de Penco reedificando la ciudad de la Concepción; vienen sobre los españoles,
y hubo entre ellos una recia batalla. Ufanos los araucanos de las vitorias habidas, ordenan unas fiestas generales,
donde concurrieron diversas gentes, así estranjeras corno naturales, entre
los cuales hubo grandes pruebas y diferencias. Canto onceno en el cual se acaban las fiestas y diferencias y caminando
Lautaro sobre la ciudad de Santiago, antes de llegar a ella hace un fuerte,
en el cual metido, vienen los españoles sobre él, donde tuvieron una recia
batalla. Recogido Lautaro en su fuerte, no quiere seguir la vitoria por entretener
a los españoles. Pasa ciertas razones con él Marco Veaz, por las cuales
Pedro de Villagrán viene a entender el peligroso punto en que estaba,
y levantando su campo se retira. Viene el marqués de Cañete a la ciudad
de los reyes en el Pirú. Hecho el marqués de Cañete el castigo en el Pirú, llegan mensajeros de
Chile a pedirle socorro; el cual, vista ser su demanda importante y justa,
se le envía grande por mar y por tierra. También contiene al cabo este
canto cómo Francisco de Villagrán, guiado por un indio, viene sobre Lautaro. Llega Francisco de Villagrá de noche sobre el fuerte de los enemigos
sin ser dellos sentido: da al amanecer súbito en ellos, y a la primera
refriega muere Lautaro. Trábase la batalla con harta sangre de una parte
y de otra. En este quinceno y último canto de la primera parte se acaba la batalla,
en la cual fueron muertos todos los araucanos, sin querer alguno dellos
rendirse. Y se cuenta la navegación que las naos del Pirú hicieron hasta
llegar a Chile, y la grande tormenta que entre el río del Maule y el puerto
de la Concepción pasaron. Segunda parte
En este canto se acaba la tormenta. Contiénese la entrada de los españoles
en el puerto de la Concepción e isla de Talcaguano; el consejo general
que los indios en el valle de Ongolmo tuvieron; la diferencia que entre
Peteguelén y Tucapel hubo. Asimismo el acuerdo que sobre ella se tomó. Hace Millalauco su embajada. Salen los españoles de la isla, levantando
un fuerte en el cerro de Penco. Vienen los araucanos a darles el asalto,
cuéntase lo que en aquel mismo tiempo pasaba sobre la plaza fuerte de
Sanquintín. Da el rey don Felipe el asalto a Sanquintín: entra en ella vitorioso. Vienen
los araucanos sobre el fuerte de los españoles. En este canto se contiene el asalto que los araucanos dieron a los españoles
en el fuerte de Penco; la arremetida de Gracolano a la muralla; la batalla
que los marineros y soldados que habían quedado en guardia de los navíos,
tuvieron en la marina con los enemigos. Retíranse los araucanos
con pérdida de mucha gente; escápase Tucapel muy herido, rompiendo por
los enemigos; cuenta Tegualda a don Alonso de Ercilla el estraño y lastimoso
proceso de su historia. Halla Tegualda el cuerpo del marido y haciendo un llanto sobre él, le
lleva a su tierra. Llegan a Penco los españoles y caballo que venían de
Santiago y de la Imperial por tierra. Hace Caupolicán muestra general
de su gente.
Entran los españoles en el estado de Arauco; traban los araucanos con
ellos una reñida batalla; hace Rengo de su persona gran prueba; cortan
las manos por justicia a Galuarino, indio valeroso. Llega Galuarino adonde estaba el senado araucano: hace en el consejo
una habla con la cual desbarata los pareceres de algunos. Salen los españoles
en busca del enemigo; píntase la cueva del hechicero Fitón y las cosas
que en ella había. En este canto sólo se contiene la gran batalla naval, el desbarate y rota de
la armada turquesca con la huida de Ochalí. Asientan los españoles su campo en Millarapué; llega a desafiarlos un
indio de parte de Caupolicán; vienen a la batalla muy reñida y sangrienta;
señálanse Tucapel y Rengo; cuéntase también el valor que los españoles
mostraron aquel día. En este canto se trata el fin de la batalla y retirada de los araucanos;
la obstinación y pertinacia de Galbarino y su muerte. Asimismo se pinta
el jardín y estancia del mago Fitón. En este canto se pone la descripción de muchas provincias, montes, ciudades famosas
por natura y por guerras. Cuéntase también cómo los españoles levantaron
un fuerte en el valle de Tucapel; y cómo don Alonso de Ercilla halló a
la hermosa Glaura. Cuenta Glaura sus desdichas y la causa de su venida. Asaltan los araucanos a
los españoles en la quebrada de Purén; pasa entre ellos una recia batalla;
saquean los enemigos el bagaje; retíranse alegres, aunque desbaratados. Entran los araucanos en nuevo consejo; tratan de quemar sus haciendas.
Pide Tucapel que se cumpla el campo que tiene aplazado con Rengo; combaten
los dos en estacado brava y animosamente. Tercera parte Contiene este canto el fin que tuvo el combate de Tucapel y Rengo. Asimismo lo
que Pran, araucano, pasó con el indio Andresillo, yanacona de los españoles. Cuenta Andresillo a Reinoso
lo que con Pran dejaba concertado. Habla con Caupolicán cautelosamente,
el cual, engañado, viene sobre el fuerte, pensando hallar a los españoles
durmiendo. Arremeten los araucanos el fuerte; son rebatidos con miserable estrago de su
parte, Caupolicán se retira a la sierra deshaciendo el campo. Cuenta don
Alonso de Ercilla, a ruego de ciertos soldados, la verdadera historia
y vida de Dido. Prosigue don Alonso la navegación de Dido hasta que llegó a Biserta; cuanta
cómo fundó a Cartago y la causa porqué se mató. También se contiene en
este canto la prisión de Caupolicán. Habla Caupolicán a Reynoso y, sabiendo que ha de morir, se vuelve cristiano; muere
de miserable muerte aunque con ánimo esforzado. Los araucanos se juntan
a la elección del nuevo general. Manda el rey don Felipe levantar gente
para entrar en Portugal. Entran los españoles en
demanda de la nueva tierra. Sáleles al paso Tunconabala; persuádeles a
que se vuelvan pero viendo que no aprovecha, les ofrece una guía que los
lleva por grandes despeñaderos, donde pasaron terribles trabajos. Sale el cacique de la barca a tierra, ofrece a los españoles todo lo necesario
para su viaje y prosiguiendo ellos su derrota, les ataja el camino el
desaguadero del archipiélago; atraviésale don Alonso en una piragua con
diez soldados; vuelven al alojamiento y de allí por otro camino a la ciudad
Imperial. En este último canto se trata cómo la guerra es de derecho de las gentes, y
se declara el que el rey don Felipe tuvo al reino de Portugal, juntamente
con los requerimientos que hizo a los portugueses para justificar más
sus armas. |
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