Fiesta de la Candelaria

 

Inicio de la historia

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Los más ancianos aseguran que en el verano de 1780, Mariano Caro Inca, vecino del pueblo de San Fernando, regresaba de la Cordillera cuando una tormenta lo obligó a refugiarse en unos peñascales. Estaba a la orilla del Salar de Maricunga y allí encuentra una piedra plana, grabada, de unos catorce centímetros de alto, con la imagen de la Virgen llevando en brazos al Niño.

Caro Inca, lleno de respetuoso fervor, tomó la imagen entre sus manos, llamó a sus compañeros para participarles del hallazgo y luego de colocarla cuidadosamente en la alforja de su mulo, siguieron el camino.

El 2 de febrero de 1780, día consagrado a la Purificación de la Virgen, llegó Mariano Caro Inca a San Fernando. Mientras él arreglaba el altar para venerar a la imagen con el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria, los arrieros del lugar divulgaron la noticia del encuentro.

Año tras año, Mariano Caro Inca celebró novenas en honor a la Virgen. Los rezos del último día eran  presididos por un padre franciscano.  A su muerte, su esposa, Josefa Guzmán, continuó con la devoción, y levantó un pequeño Oratorio para cumplir con el testamento de su marido.

La Fiesta

La virgen de la Candelaria ha contado desde siglos con el incondicional sentimiento de agradecimiento y fe de parte de los pobladores de la región y de otras ciudades del país.

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La fiesta en sí es el primer fin de semana de febrero. Antes sólo se celebraba el 2 de febrero, el día de la Virgen, efectuándose la novena, pero con el aumento de los fieles, se trasladó al domingo siguiente.

Adjunto a la novena se realizan también la bendición de los niños, el encuentro de la Virgen con los enfermos y los mineros, la procesión de las candelas y otros.

Esta fiesta se destaca por la fe manifestada en los bailes religiosos que asisten a la celebración, siendo ya tradición los "chinos", los cuales a través de más de doscientos años han llevado a la virgen en procesión.

La festividad está enraizada en la gente de Atacama que la vive y hace propia, integrándola al folclore de la zona, lo que tiene una importancia de primer orden, porque acrecienta el acervo cultural y lo más destacable es que permite la unidad de los miles de fieles que llegan año a año a manifestar su devoción a la Virgen de la Candelaria.

El Santuario

El cura de la villa de Copiapó, Domingo Carmona, hizo edificar en los primeros años de 1800, la primera capilla, en la cual se conservaron los restos de Mariano Caro Inca. Estos restos se exhumaron y trasladaron el 8 de febrero de 1981, fiesta de la Candelaria, al Santuario nuevo, cerca de la imagen.  El motivo de este traslado fue la situación ruinosa de la primera capilla.

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En 1910 se dio comienzo a la construcción de un nuevo edificio, en los terrenos adyacentes a los que ocupaba la capilla antigua. La primera piedra fue colocada por el cura don Pedro Thelis, que luego tomó impulso por el popular Padre Negro (Juan de Dios Sierra y Velásquez).

En 1944 Polidoro Van Vlierberghe construyó la nave lateral derecha del santuario. A principios de 1968, el padre José Cánovas, construyó la nave lateral izquierda, que se terminó en 1970.

Oración

Virgen de la Candelaria,
Madre de los mineros y del pueblo de Atacama,
a Ti venimos con la confianza y sencillez de hijos.
A Ti llegamos con nuestras angustias y esperanzas,
con nuestras penas y alegrías,
con las fatigas del trabajo y el peso de nuestros pecados;
con todo lo que somos y tenemos.
Virgen de la Candelaria,
Tú eres la primera portadora de la Luz, que es Cristo;
Tú eres nuestra Madre;
Tú nos reúnes junto a Cristo Salvador;
Tú eres nuestra esperanza, consuelo y gozo;
Tú nos acompañas en la ciudad, el desierto, los valles, las minas y el mar;
Tú eres nuestra estrella en el camino hacia el Padre;
Tú, nuestra huella para encontrar a Jesús.
Virgen de la Candelaria, Virgen Madre de Dios,
escucha nuestros ruegos, bendice nuestros hogares,
alcánzanos trabajo y salud;
enséñanos a escuchar la palabra de tu Hijo
y a vivirla cada día,
para que dóciles al Espíritu Santo,
sepamos construir una Nación de hermanos
y una Iglesia servidora
en nuestra tierra de Atacama.
Amén.

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Himno

Virgen de la Candelaria,
Madre del Señor Jesús:
Haz que siguiendo a tu Hijo
para el mundo seamos Luz.
Haz que siguiendo a tu Hijo
para el mundo seamos Luz.
Hasta tu casa venimos
para verte y saludar.
Recibe nuestra plegaria,
gozo, dolor y cantar.
Tú nos enseñas o Madre,
el Evangelio a vivir.
Haznos de Cristo testigos,
de su mensaje hasta el fin.
Siempre tuviste encendida
la Candela del amor;
que nuestros pasos caminen
guiados por su gran fulgor.
Fortalece nuestras manos
y bendice nuestro hogar;
enriquece nuestras minas
da a nuestro pueblo la Paz.
Bajo tu manto nos quieres
como familia juntar;
que cada día sepamos
a los hermanos amar.
Cuando en el mundo anochezca
de odio, mentira y maldad
que no perdamos la huella
del que es Amor y Verdad.
Saldremos por los caminos
de la pampa y la ciudad,
llevando la Luz de Cristo,
Justicia, Paz y Unidad.

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Son los sirvientes (los "chinos") de la Virgen

Los “chinos"

Desde que Mariano Caro Inca descubrió la imagen de la Virgen de la Candelaria, mineros de Copiapó demostraban devoción cada año, quedando así las minas paralizadas por el hecho de que los trabajadores bajaban a la ciudad y se reunían en el Santuario a rendir homenaje a su patrona.

El minero se presentaba ante la imagen, con sus atuendos de trabajo, de ahí que los llamados “chinos” de la Candelaria (no se crea que son chinos de la China) ostentan una prenda que les es muy característica, el culero o culera, trozo de cuero que usaba el minero antiguo amarrado a la cintura y que le servía para sentarse sobre él mientras agujereaba el mineral.

Un pequeño gorro o murrión en su cabeza. Pañoleta o sacos sobre los hombros, que asemeja una capa, con un camisón grueso que usaban suelto sobre el pantalón, completa este atuendo.

El grueso pantalón que usaban amarrado, con un largo de unos veinte centímetros bajo la rodilla, llevando en la cintura una especie de faja.  Las ojotas de cuero de lobo marino, material del cual también eran fabricados los capachos usados para extraer mineral desde el interior de las faenas mineras.

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Con el tiempo, todas estas vestimentas fueron reemplazadas por el actual "traje de chino", tapizado de espejuelos y delicados bordados.  Como buenos poetas, los chinos improvisan versos a la virgen, a los que agregan melodías letánicas y dolientes, las que son lamentos, saludos, despedidas o gracias a los favores concedidos.

Los "chinos" son los servidores más cercanos de la Virgen, y se expresan a través del sonido de flautas y tambores, que representan el golpe del "combo" en la "cuña".

Existen varias suposiciones sobre el nombre de "chino".  La más aceptada es la acepción antigua de "chino", servidor, así la Virgen sería la "china" o "chinita", la servidora.

El término "shinno" (servidor en lengua quechua), era usado por los poderosos señores Incas para referirse a sus "sirvientes". Las "sirvientas" (shinnas) eran  elegidas entre las campesinas más hermosas del sur de Chile, de allí que los huasos usaron también la palabra "china" para referirse a su compañera, pero en forma cariñosa.

También suele denominarse "Bailes Chinos" a todos los bailes ya que todos sus ejecutantes son "sirvientes" de la Santísima Patrona

Fuente Internet:

http://www.geocities.com/feb02_cl/candela.html