Folclor isla de Pascua

 

Al este del sol...

Alrededor del siglo V de nuestra Era, cuando América aún no era descubierta, surcaban el Océano Pacífico pequeñas embarcaciones polinesias que navegaban con rumbo este.

Al parecer nunca llegaron hasta el continente, pero cuando ya desesperaban por lo solitario y vasto de su recorrido, encontraron un territorio insular deshabitado en el cual desembarcaron. Era una isla triangular ―conocida ahora como Isla de Pascua― y ahí comenzaron a acumular leyendas y costumbres, muchas de las cuales hasta ahora constituyen un misterio.

Cuál es su nombre...

En todo el mundo se la conoce como Isla de Pascua, nombre impuesto por el marino holandés Jacobo Roggeween, quien la descubrió durante la Pascua de Resurrección de 1722. Sin embargo, antes y después este territorio ha tenido otros nombres.

Existen muchos indicios de que los nativos llamaron a este lugar Te Pito o Te Henúa (ombligo del mundo), y también Mata Kiterage (los ojos que miran al cielo). Resulta menos probable que alguna vez hayan bautizado a su tierra como Rapa Nui , ya que éste es un vocablo maorí y los investigadores estiman que le fue puesto por algunos tahitianos que pasaron por ella en el siglo pasado.

Con posterioridad al descubrimiento de Roggeween, también se dieron otros nombres a este territorio insular: se le llamó Isla de San Carlos cuando los españoles tomaron posesión de ella en 1770, y Teapi y Vahiu cuando el navegante inglés James Cook se refería a ella en sus relatos.

Esta isla posee su propia cultura y creencias que con el paso del tiempo se han mantenido inalteradas. Ahora veremos parte de los instrumentos musicales, bailes, danzas, mitos y leyendas que los continentales conocemos...

1.- Instrumentos Musicales:

Maea:

Estas eran piedras duras, redondas sonoras y musicales que se golpeaban rítmicamente y acompañaban los conjuntos de cantos. Estas piedras eran extraídas del lecho marino, por ser resistentes.

Los cantos antiguos eran acompañados con las manos, golpeando las palmas. En las danzas estaban los sonidos en forma rimada proferidos por la garganta; y el ritmo era marcado con un báculo de madera con el cual se golpeaba el suelo, maza alargada llamada ua , de forma como remo delgado.

Keho:

Tambor primitivo de piedra. Se hacía un hoyo ancho en la tierra, y en el fondo de éste se hacía otro más pequeño y circular, donde se colocaba una calabaza vacía cubierta con una piedra laja. Sobre esta piedra, un cantante o danzante golpeaba con sus pies desnudos fuertemente siguiendo el ritmo de la música. El efecto obtenido por el retumbar del aire contenido en el hoyo, al cual la calabaza hacía de caja de resonancia.

Hio (aerófono):

Especie de flauta de caña de bambú con agujeros. Por las referencias debió tener un sonido lastimero. La palabra hio, tahitiana, significa silbar o soplar.

Kauaha (idiófono):

Mandíbula de equino desecada en forma natural. Los huesos maxilares inferiores conservan en los alveólos dentarios todas las piezas sueltas, que no se salen debido a su forma. Al golpear la quijada, que se coge en la parte delantera, contra el suelo o contra la palma de la otra mano, produce dos sonidos.

Ukelele (cordófono):

Este instrumento llegó desde la Polinesia. También recibe el nombre de guitarra hawaiana. Es similar en su caja a la guitarra, pero mucho más pequeña y solamente con cuatro cuerdas.

Guitarra (cordófono):

De fabricación isleña, fue muy usada en los tiempos pasados. Ahora, la mayoría es llevada desde el continente.

Upa-Upa (aerófono):

Se le llama así al acordeón de botones o teclado.

2.-Bailes y Danzas:

En Isla de Pascua existe una interesante música autóctona enraizadas en viejas tradiciones y leyendas transmitidas oralmente de generación en generación. En la imaginación de sus cantores se ha observado un folclor de cantos rurales que se diferencian con los cantos actuales de origen Polinésico en que son de carácter más alegre.

Sau Sau

Una de sus manifestaciones es el Sau-Sau, que es un canto y danza popular pascuense de origen samoano, que se ha convertido en un baile característico de la Isla. Además se interpretan otros cantos y danzas populares dedicados a sus dioses, a los espíritus guerreros, a la lluvia y al amor. Los pascuenses son buenos bailarines y parece que su gran pasión fuera la música y la danza. Son regionalistas y sólo bailan sus propios bailes como el popular “Sau-Sau”, el “ Tango Pascuense”, el “Tari-Tarita” y otros bailes llegados de Tahiti.

Las canciones son interpretadas por conjuntos o algunos cantores populares de la isla que se agrupan en torno a sus propios instrumentos musicales y comienzan a bailar y a cantar, palmoteando con sus manos, moviendo la cintura y la cabeza al mismo tiempo.

Sau Sau.

   En las fiestas el sitio de honor corresponde al Sau Sau, de orígen samoano, que los habitantes fijan la fecha de importación en los años ‘40, que en la isla ha tomado características propias.

Durante la noche se organizan reuniones, en que se efectúa esta danza, en que las mujeres muestran toda su gracia y soltura, dentro de una movilidad cadenciosa, que acompañan con el movimiento ondulante de sus manos. En el Sau Sau, las parejas se unen y apartan con movimientos rápidos de caderas.

En esta danza, los pascuenses, en especial las mujeres, se ponen una vestimenta de plumas de colores, que conjuntos modernos de danza están introduciendo.

Ula Ula

Danza de origen tahitiano, se baila en la Isla una reminiscencia del original, según el doctor Ramón Campbell. “Danzando generalmente en ritmo de corrido vivo, las parejas acostumbran bailar separados, haciendo ondular especialmente las caderas en forma lateral, suavemente, y descansando los pies alternativamente sobre el talón y la punta de los dedos, con rotación de ellos. Las mujeres acompañan el baile con gráciles movimientos de los brazos, haciéndolos ondular en forma muy armoniosa, ya a un lado ya hacia el otro, imitando en muchas ocasiones el acto de peinarse los cabellos con una mano y contemplarse en un invisible espejo con la otra mano. Todo esto con una gracia y sugerencia muy femenina y cautivadora. No suele haber en este tipo de danza movimientos indecentes o provocativos. Se suele alternar el movimiento bailable con figuras, las cuales las piernas se van flectando paulatinamente hasta casi tocar las asentaderas con los talones, y tomando posición de cuclillas sin dejar de ondular rítmicamente y alzarse después en forma inversa. Tamuré.

Danza propiamente tahitiana, cuya gracia radica en dos aspectos principales. Por una parte, la verdadera acrobacia que es preciso desarrollar con las piernas, en movimientos extraordinariamente rápidos y la ejecución de movimientos de vaivén pelvianos más o menos violentos (R. Campbell).

Los que ejecutan bien esta danza son los hombres que han viajado a Tahiti. Las mujeres en contadas oportunidades se atreven a hacer los pasos o figuras del Tamuré tahitiano.

Danzas y cantos actuales son estilizaciones del folclor polinésico. De origen reciente están el Vals tahitiano y el Tango pascuense.

3.- Mitos y leyendas

 

Leyenda de Los Siete Exploradores

Los historiadores han aceptado la existencia de Hotu Matúa y las circunstancias de su llegada a la Isla de Pascua. Y en este marco analizan el relato de los siete exploradores.

El mito señala que, precediendo al viaje de su rey y por instrucciones de un vidente, siete navegantes llegaron a la isla buscando un lugar adecuado para instalarse y sembrar ñame, (tubérculo base de la alimentación de los inmigrantes). Dos de ellos traían, además, un moai y un collar de madreperlas, que escondieron y que luego dejaron abandonados cuando regresaron a su tierra de Hiva. Sólo un explorador se quedó en la isla.

Varios estudiosos han rescatado de este mito algunos hechos comprobables: que cuando Hotu Matúa llegó a la isla, ésta ya estaba poblada; que ya existía en ella el ñame; y que también había moais.

Otros deducen además, que los siete exploradores simbolizan a siete generaciones que habitaron el lugar; o tal vez a siete tribus inmigrantes, de las cuales sólo una sobrevivió y se mezcló con la gente de Hotu Matúa.

Los hechos han permitido establecer que el rey Hotu Matúa murió 20 años después de su llegada a la isla y que le sucedió su hijo mayor, Tuu Maheke. El último de esta dinastía fue Gregorio o Roroko he tau, llamado también el rey niño, que falleció en 1886, y aunque los pascuenses gustan de pensar que la sucesión dinástica no tuvo desvíos ni interrupciones, hay varios indicios de que el linaje dinástico tuvo muchas alteraciones.

Se sabe que poco después de los primeros polinesios llegó a la isla una segunda inmigración. El origen de estos nuevos pobladores es polémico, ya que sus características raciales difieren de las de aquellos que entonces se consideraban “nativos”.
A los nuevos habitantes se les llamó Hanau eepe, lo que literalmente quiere decir “raza ancha”, y en efecto, éstos eran más corpulentos y robustos que los Hanau momoko o raza delgada que ocupaban desde antes el lugar.

Los Hanau eepe tenían muy desarrollados los lóbulos de las orejas razón por la cual muchos antropólogos los asocian con los incas y sus nobles orejones descritos por Francisco Pizarro en sus informes. Pero éste, como muchos otros es un misterio no desentrañado aún. Por el momento, los orejas cortas y los orejas largas son protagonistas históricos de origen confuso, pero cuya existencia está afianzada con reales testimonios en el pasado.

Make-Make, creador del mundo

Make-Make había creado la Tierra, animales y plantas, pero como se sentía solo, pensó en crear un ser que hablase y pensase igual que él.  Fecundó la piedra, sin resultados.  Fecundó el agua y creó los peces. Fecundó entonces la tierra y nació el hombre. Contento con su creación, se dio cuenta de que el hombre necesitaba compañía y así nació la mujer.

Aku-Aku

Una tarde de mucho calor, unos demonios se despojaron de su vestuario y se acostaron a dormir una siesta. Un joven pasó por el lugar y vio que sus cuerpos eran esqueletos. Un demonio atisbó al joven y despertó a sus compañeros, que capturaron al testigo de su desnudez, preocupados por el hecho de que si éste hablaba, quedarían en ridículo ante la comunidad; por tanto, le hicieron jurar que no revelaría nada de lo que había visto.

Cuando se vio libre de ellos, el joven talló la forma de los demonios en una madera, como medio de comunicar a los suyos lo que había visto. Esta figurilla, denominada Aku-Aku, que representa a un diablo con forma de esqueleto, ha sido reproducida infinidad de veces.

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