VI región: Recursos naturales

 

Se llaman recursos naturales aquellos que proporciona la naturaleza y de los cuales el hombre hace uso.

Estos pueden dividirse en dos grupos: recursos renovables y no renovables.

Los primeros y como su nombre lo indica pueden ser utilizados sostenidamente, en forma racional y con una adecuada política de conservación, ya que tienen la capacidad de reciclarse o reproducirse. Ejemplo: agua, aire, fauna, flora, suelo, etc.

Los recursos no renovables son aquellos que se agotan al ser utilizados. En este grupo podemos mencionar los minerales y combustibles como el petróleo, gas, carbón, etc.

Recursos hídricos

De los principales recursos renovables de la región del Libertador O’Higgins, el agua ocupa un lugar preponderante, siendo privilegiada por la existencia de enormes masas de hielo, remanente de antiguas glaciaciones. Se encuentra en la Cordillera de los Andes, en sectores de gran altura, dando origen a los dos afluentes principales del sistema hidrológico del río Rapel, el Cachapoal y el Tinguiririca.

Este sistema fluvial ha conformado un hábitat favorable para el asentamiento humano a lo largo del tiempo, sustentando a su vez el desarrollo agrícola-ganadero, y la explotación de los recursos minerales.

Los escurrimientos de aguas de las quebradas costeras, al igual que los esteros han jugado un papel similar al de los ríos de origen andino, al favorecer el desarrollo de una cubierta vegetacional que ha permitido la existencia de vida.

LagunaBucalemu

Laguna de Bucalemu

La Cordillera de la Costa estuvo poblada por bosques nativos formados por robles, pataguas, boldos, quillayes, maitenes, peumos, etc. que actualmente sólo se detectan en escasas quebradas. La especie más generalizada en este paisaje es hoy, la acacia caven o espino, cuya abundancia nos habla de un bosque depredado. Representa un valioso recurso como combustible.

En la Sexta región existen sólo dos lagunas costaneras o albuferas, Cáhuil y Bucalemu con un régimen de agua mixto, ya que se nutren de aguas saladas de mar y de aguas dulces provenientes de los esteros que desembocan en ellas. Ambas fueron importantes fuentes de producción de sal, siendo explotadas desde la época indígena. En el presente este recurso se obtiene sólo en Cáhuil pero cada vez en forma más restringida.

En épocas pretéritas existieron importantes cuencas lacustres en el valle central, especialmente en esta región, como es el caso de la laguna de Tagua-Tagua que constituyó uno de los últimos relictos de megafauna y el más antiguo lugar de asentamiento humano conocido hasta hoy.

A esta se suman otras de características similares en lugares como Cauquenes, Almahue, Santa Cruz, El Huique, etc., que representaron ambientes favorables, tanto para el hombre como para la fauna. Los numerosos hallazgos arqueológicos realizados en estos sitios constituyen pruebas indesmentibles.

En la actualidad y como remanentes de estas lagunas, podemos apreciar terrenos pantanosos, cuyas características se acentúan en la estación invernal. Los de mayor humedad se utilizan actualmente para plantaciones de arroz.

La preocupación por determinar la existencia de aguas subterráneas como recurso hídrico adicional, motivó al gobierno de Chile en los años 1946 a 1948, a contratar la misión Taylor, un grupo de especialistas norteamericanos, para que realizara estudios desde la provincia de Tarapacá hasta la provincia de O’Higgins (actual Cachapoal). Los resultados confirmaron la presencia de la única riqueza casi virgen existente hasta ese momento. Con posterioridad, la Corfo y otros organismos continuaron investigando y experimentando en las provincias de Colchagua y Bío Bío.

El Ministerio de Agricultura en 1958 manifestaba su preocupación por resguardar este recurso, en la eventualidad de ser utilizado en forma intensiva para evitar que corriera la misma suerte que nuestros suelos y bosques. (Ministerio de Agricultura, 1958).

Esta aprensión cobra vigencia en la actualidad. Tanto las plantaciones forestales, como las plantaciones de vides viníferas en la zona costera, han requerido y requieren de gran cantidad de agua proveniente de napas subterráneas, lo que ha llevado a una peligrosa disminución de este potencial. Esta situación ha hecho necesario reglamentar su uso.

Las plantaciones forestales se sitúan principalmente entre Topocalma por el norte y Bucalemu por el sur, originadas por la necesidad de frenar el efecto desvastador de la erosión de estos suelos.

Central Rapel
Central Rapel

La demanda mundial por el vino chileno, ha llevado a incrementar la superficie plantada con vides viníferas, utilizando terrenos del secano costero, considerados marginales para la agricultura ya sea por la calidad del suelo o por la falta de agua de regadío. Los sectores que en este momento presentan una mayor superficie plantada se ubican en las comunas de Lolol y Marchigüe.

El fenómeno geológico de volcanismo en la cordillera andina, junto a la alta sismicidad de nuestro país, ha generado numerosas vertientes termales, cuyas aguas provienen del magma ígneo del interior de la tierra que asciende como corriente de lava en las erupciones volcánicas a través de grietas profundas producidas por los movimientos de la corteza terrestre, a causa de los temblores. (Brüggen, 1947)

En la región existen importantes fuentes de agua termales y minerales, conocidas desde hace mucho tiempo.

Las Termas de Cauquenes ubicadas en la ribera sur del río Cachapoal, al interior de la comuna de Machalí, son famosas por la calidad de sus aguas que poseen notables propiedades medicinales. Ya en la época de la Independencia, don José de San Martín, aquejado de enfermedades reumáticas, cruzaba la cordillera para buscar alivio en dichas termas.

Las Termas del Flaco ubicadas en la cordillera de San Fernando, a una altura de 1.733 m.s.m., tienen aguas cloruradas de temperaturas entre 70° y 96° centígrados, lo que las convierte en una de las de mayor temperatura del mundo hidrológico.

Existen otras termas mencionadas en documentos del siglo pasado, que no presentan por ahora mayor infraestructura, como Las Marcas en el interior de la comuna de Codegua, Cachantún en la comuna de Requínoa, en la localidad de Roma, comuna de San Fernando.

Entre las aguas minerales de la región del Libertador O’Higgins, hay algunas que han sido industrializadas y que se destacan a nivel nacional como Cachantún y Vital. En la última década se ha empezado a explotar el agua mineral El Edén, en la localidad de Pelequén.

Finalmente en el recurso agua, debemos mencionar a la gran masa oceánica, fuente de variados recursos tanto orgánicos como inorgánicos. Entre los primeros están los productos alimenticios como peces, mariscos y algas.

La actividad de pesca y recolección de mariscos y algas no son relevantes en esta región, debido a las características de su costa que presenta laderas abruptas. Pese a esto, hay algunas localidades en que se practica en forma artesanal y deportiva: Topocalma, Navidad, Matanzas, Pichilemu, Bucalemu, lugares en que se encuentran especies como corvinas, congrios, merluzas, lenguados, pejerreyes, locos, machas, almejas, choros, navajuelas, erizos, lapas.

 Respecto a las algas se recolecta preferentemente pelillo, luche y cochayuyo. Este último constituyó un importante elemento de intercambio de los habitantes costinos por productos agrícolas del interior.

Especies como ostiones y corvina de agua dulce, actualmente extinguidas, constituyeron un recurso abundante, en estas costas y fueron utilizados por poblaciones indígenas desde épocas tempranas. En localidades como Pichilemu, Cáhuil y Bucalemu existen importantes «conchales» o basurales, depositados intencionalmente por estas poblaciones los que permanecen como testimonio de la existencia y aprovechamiento de estos recursos.

Desde hace algunos años se realizan cultivos artificiales en pequeña escala en Pichilemu, Cáhuil y Bucalemu de especies como ostras y choros.

Recursos edafológicos

El suelo es, junto con el mar, el otro gran proveedor de materias primas y alimentos para el hombre. Este recurso se ha formado muy lentamente a través de los siglos, a razón de 2,5 cms. cada quinientos años, por lo que es necesario un manejo adecuado y responsable para evitar su destrucción.

Su fertilidad y conservación dependen de su espesor y de tres elementos nutrientes: nitrógeno, fósforo y potasio, los que a su vez son compuestos básicos de las plantas.

La pendiente que presenta la sexta región desde la cordillera al mar, implica el lavado y acarreo constante de la capa vegetal a causa de las lluvias, factor que incide en su fertilidad.

Los suelos de la región han sido destinados a labores agrícolas, ganaderas y forestales. Las primeras actividades hortícolas registradas científicamente en la región, hasta hoy, se refieren al valle del Cachapoal en épocas que van de los 600 a los 1100 años dC. con presencia de cultígenos de porotos, maíz, quínoa.

En épocas posthispanas, hay numerosas y variadas referencias a la fertilidad del suelo y a los cultivos de esta zona. Fueron hechas por autores como Valdivia, Bibar, Ovalle, Rosales. Los suelos fueron utilizados especialmente en actividades ganaderas y sólo en una escasa proporción para labores agrícolas.

Durante la Colonia y la época republicana, se intensifica el uso del suelo y se realizan importantes obras de regadío. Esto acarrea un aumento de la superficie cultivada y un incremento en los rendimientos. Destacan a nivel nacional numerosas haciendas por su producción triguera y ganadera, numerosas haciendas, entre las más importantes la de La Compañía (Graneros), Almahue (Pichidegua), la Estacada (Quinta de Tilcoco), la de Colchagua (en Colchagua), San Antonio de Petrel (Pichilemu), Mallermo (Marchigüe), etc.

En las últimas décadas del siglo XX cambia radicalmente la forma de explotación agrícola. La creciente demanda por alimentos, ha implicado realizar cultivos intensivos, que exigen el uso de pesticidas y fertilizantes. El uso indiscriminado de ellos, sumado a otras variables, pone en peligro el equilibrio ecológico y la salud humana. Es por esto que cada vez con mayor fuerza se alzan voces en pro del consumo de los productos naturales y orgánicos como una forma de revertir la situación.

De acuerdo a su capacidad de uso, los suelos de la región, están considerados como los mejores de Chile. Los terrenos clasificados en las categorías I y II, corresponden al 10% del total existente en el país.

La visión actual con respecto a estos suelos no es alentadora. El avance de las dunas en el sector costero se ha ido incrementando.

Según datos proporcionados por el IREN (Chile Ecológico, 1985), la provincia de Colchagua presentaba 1.944 hectáreas ocupadas por dunas litorales. Se han formado barras en las desembocaduras de los ríos, obstruyéndolas. El sobrepastoreo en las zonas de secano, ha significado una disminución de la cubierta vegetacional, hasta su desaparición con la consecuente erosión. En éstos terrenos la situación se agudiza por el pastoreo de caprinos.

En los terrenos de la alta cordillera, la roza de los coironales, el exceso de ganado en laderas desforestadas y los incendios forestales, que no son privativos de esta área, están contribuyendo a la erosión de esos suelos. En el valle es donde menos se aprecian estos efectos, debido entre otros factores a que constituyen los mejores suelos en terrenos con escasa pendiente y a la tecnificación del sistema de regadío actual, tendiente a frenar este proceso destructivo.

Estudios del IREN (ibid., 1985), sobre la erosión en la zona costera, entregan los siguientes datos. De las 105.615 hectáreas estudiadas en la provincia de Cachapoal, 56.142 se presentan erosionadas y en Colchagua de 489.921 hectáreas investigadas 259.086 sufren un proceso erosivo.

Recursos minerales

Los minerales son recursos naturales no renovables y se clasifican en metálicos y no metálicos. Son utilizados como materias primas para la producción de bienes de consumo y están vinculados a la historia humana desde épocas remotas.

La explotación minera en esta zona se remonta a la época indígena y es factible pensar que empieza con la utilización del cobre nativo, único mineral además del oro que podía fundirse y usarse en forma directa.

Del período agroalfarero temprano (300 dC.-1100 dC.) se encontraron en un sector del valle de Rancagua restos de minerales de cobre y fierro en sectores de habitación de estas poblaciones. En épocas posteriores los hallazgos de restos minerales (cobre nativo) se obtuvieron de lugares de enterratorios.

Con la llegada de los incas y posteriormente de los españoles, se intensifica y diversifica la explotación minera, incorporando además minerales de oro y plata, lo que conlleva nuevas prácticas tecnológicas. Para los incas el oro revistió enorme importancia. Se consigna en documentos que los territorios conquistados por ellos debían pagar un tributo en especies, entre las que se contaba el oro. Este traslado de tributos desde la parte sur del imperio a la ciudad del Cuzco, implicó mejorar y ampliar la red vial existente.

Pese a la imagen de pobreza de Chile transmitida por el conquistador Diego de Almagro en 1536, Pedro de Valdivia decidió colonizar tempranamente estos territorios movido entre otras razones por el interés del oro que, de acuerdo a la información que manejaba, se encontraba en abundancia al sur del río Bio Bio.  Para estos fines utilizó los caminos indígenas, cuya ruta principal recibió el nombre de Camino Real.

A la ciudad de Nancagua (Provincia de Colchagua), que tiene su origen en un asentamiento minero tardío, llegaba un ramal de este camino. Por otra parte, los minerales de Alhué y Chancón explotados hasta hoy, pertenecían a la villa Santa Cruz de Triana, a la que llegaba una importante vía conocida hasta la actualidad como el camino del Trapiche.

Esteros, quebradas y ríos de la región dan cuenta de la existencia de faenas mineras asociadas especialmente a lavaderos de oro. Relacionados con la actividad minera las crónicas mencionan «a los indios Apaltas», relacionados con la actividad minera, a quienes se les reconoce como «separados y distintos». Grupos de éstos son trasladados por los españoles a otros lugares para el laboreo de las minas. En la región encontramos dos localidades con ese topónimo y en ambas ha existido explotación de minas.

La actividad minera desarrollada en el siglo XVI decrece en los siglos siguientes frente al auge que experimentan las labores agrícolas en la zona central. En el siglo XVIII, según Vicuña Mackenna, se descubren importantes minas de oro en la zona de Copiapó, lo que revierte la situación de los siglos anteriores. De esa época data el trapiche, originariamente usado en la molienda de aceitunas y caña de azúcar. En Chile, este término se aplicó a los molinos de metales que empiezan a usarse desde 1732 principalmente en la industria del oro.

 En la localidad de Apaltas existe una piedra voladora parcialmente canteada en una gran roca que no alcanzó a ser desprendida y por tanto nunca se utilizó. Entre los más importantes se contaban: los de Nancagua, Tinguiririca y Rancagua.

La actividad minera regional culmina con la explotación del mineral de cobre, de la mina subterránea más grande del mundo con más de 2.000 kms. de galerías: El Teniente.

Mina El Teniente

La génesis del yacimiento de El Teniente reviste características muy particulares.

Mina El Teniente
Mina El Teniente

La mineralización se produjo en la periferia de la chimenea o «pipa» de un antiguo volcán. De este modo se puede hablar de un gran manto de un cilindro vertical mineralizado, cuya altura es superior a 1.500 mts. y su diámetro a 2 kms. Debido a esta forma geométrica, el yacimiento ha podido ser explotado por el método block-caving, que significa «socavación de la base de grandes bloques», cuyas dimensiones varían entre 100 y 150 mts. de altura y aprox. 10.000 mts. cuadrados de base. De esta manera todo el mineral se extrae en forma gravitacional en grandes cantidades y a bajo costo.

El mineral extraido es transportado a las plantas de concentración donde se separa el material estéril del mineral por el método de flotación.

En esta etapa se rescata como subproducto la molibdenita siendo esta empresa la primera en Sudamérica en producir este producto, que sumado al de las restantes empresas de la gran minería del cobre ha hecho de Chile el mayor productor de molibdeno del mundo.

Los concentrados producidos son desviados luego a la fundición de Caletones. En esta etapa mediante altas temperaturas y usando petróleo y oxígeno se funde el concentrado siendo transformado finalmente en cobre blister y cobre refinado a fuego.

En todos los procesos se emplean tecnologías de punta a nivel mundial, algunas de las cuales han sido inventadas y desarrolladas en El Teniente, como es el caso del convertidor tipo Teniente, tecnología que se ha exportado a varios países del mundo.

Se ubica a 50 kms. al este de la ciudad de Rancagua, a alturas que fluctúan entre 2.200 y 2.800 m.s.m., entre los 69 y 70º long. W y 33 y 34º lat. S.

Se estima que fue trabajada desde la época indígena. Los españoles continuaron la explotación, exportando ciertas cantidades de cobre a Perú, especialmente para la fabricación de cañones, además de calderos, jarros, campanas y ollas. Posteriormente doña Nicolasa de Toro y Dumont, nieta del Conde de la Conquista, aportó en 1822 a su matrimonio con don Juan de Dios Correa y Saa el depósito de cobre denominado La Fortuna, ubicado dentro de los límites de la hacienda de La Compañía que fuera propiedad de los jesuitas y cuyos lindes se extendían desde Graneros hasta el sector limítrofe del país.

Bajo el dominio de Correa, el yacimiento adquirió el nombre de El Teniente, posiblemente debido a que el dueño fue un oficial del ejército patriota que se batió bajo las órdenes de O’Higgins en la batalla de Maipú.

En 1897 la mina fue adquirida por Enrique Concha y Toro a través del ingeniero de minas Marcos Chiapponi quien logró interesar al norteamericano William Braden en 1903.

Se organizó la empresa Rancagua Mines con sede en Portland, Maine, EEUU. que adquirió los derechos sobre el mineral y comenzó la explotación en 1904 a cargo de Braden. Su desempeño fue notable y a mediados de 1904 se cambió el nombre de la firma por el de Braden Copper Mining Co.

 La entidad fue autorizada para operar en Chile por decreto de fecha 29 de abril de 1905 bajo la presidencia del rancagüino Germán Riesco. En esta época se construyen vías de acceso a través de la montaña, para instalar las faenas y luego para sacar el mineral.

 Con posterioridad a esta fecha se instaló un campamento minero en Sewell y se construyó un ferrocarril que permitía el acceso de las personas y el traslado del mineral hasta la ciudad de Rancagua, desde donde se trasladaba por tren hasta el puerto de embarque. En 1909 la empresa de Guggenheim Brothers tomó el control de Braden Co. En 1916, ingresó al dominio de la Kennecott Copper Corporation.

La acción de las empresas norteamericanas empezó en 1904 y terminó en 1967. Desde esta fecha ha sido manejada por profesionales chilenos.

Además de los minerales de oro y cobre, hay yacimientos menores de plata, zinc, hierro, cobalto y plomo.

Los minerales no metálicos

Los minerales no metálicos tienen una presencia significativa en esta región, siendo ampliamente utilizados como es el caso de la sal de las lagunas costeras.

Extracción de sal

Existen referencias documentales desde el siglo XVI en adelante, que nos hablan de la extracción de sal de costa en las lagunas de Cáhuil, Boyeruca, Bucalemu, Topocalma y Rapel. Estas tres últimas dejaron de explotarse hace pocos años.

ExtracciondeSal

La explotación de la sal se origina en la época prehispana. Sin embargo, los españoles conociendo la riqueza y gran potencial económico de las salinas, se apropian de ella. Es así como don Juan de Mendoza y Saavedra (gobernador del Partido del Maule entre 1695 y 1697) declaró que ellas eran propiedad del rey «para ayuda de sus reales huestes».

En 1698 en el convento de San Pedro de Alcántara se pagaban misas con sal de Cahuil. Esta misma sal constituyó un elemento fundamental de intercambio o «conchabeo» entre habitantes de la costa y del interior, que actualmente aún se practica, pero está en vías de desaparecer y dio nombre «a la doctrina de las Salinas o doctrina de Vichuquén». También se utilizaba para preservar la carne. En la agricultura, se usa este elemento para los silos y lecherías.

Actualmente en esta región se utiliza para mantener caminos cordilleranos libres de nieve (es el caso de la empresa El Teniente)

La sal se obtiene por evaporación de agua de mar a causa de la radiación solar. La faena consiste en fabricar al costado de la laguna estanques artificiales o corrales donde se almacena el agua que va a ser procesada. Estos estanques están separados por pretiles de barro y ramas y unidos a la laguna por una compuerta que permite regular los flujos de agua salada que entran.

Contiguos al corral están los sitios de salina donde se realiza el proceso productivo, están compuestos por calles y éstas por piezas. A través de este complejo sistema se obtiene la cosecha de sal después de 30 a 35 días. En este proceso utilizan distintas herramientas de madera manufacturadas casi en su totalidad por ellos mismos entre las que se cuentan palas, angarillas, pisón, mateador, etc.

Azufreras

A comienzos del siglo veinte se explotaron las azufreras del volcán Tinguiririca. El mineral (caliche) se bajaba a lomo de mula hasta el sector de confluencia de los ríos Tinguiririca y Azufre donde se ubicaban los hornos de fundición que permitían obtener el azufre. Posteriormente, y siempre aprovechando energía animal, se trasladaban a la estación de ferrocarriles de Tinguiririca, para ser embarcados a los centros de comercialización.

Este mineral se aprovechaba especialmente en el trabajo agrícola para labores de desinfección y para fabricar pólvora.

Parte de las construcciones a las que aludimos anteriormente, permanecen como testigos de la explotación del único mineral de azufre de esta zona.

Calizas

En el cajón del río Tinguiririca se intentó explotar, en la primera mitad del siglo veinte, los grandes mantos de calizas existentes, aunque sin grandes resultados. Actualmente y como parte de un proyecto de la empresa Cementos Bío-Bío, de explotación a gran escala, se han iniciado los trabajos en este sector. Esta misma empresa explota también las calizas de la localidad de La Lajuela, comuna de Santa Cruz. El material que se extrae de ambos yacimientos es trasladado en camiones hasta la planta procesadora ubicada en la localidad de Teno, Región del Maule.

También en el cajón del río Las Leñas, existen calizas que la empresa El Teniente explotará en un futuro muy cercano.

En los alrededores de la mina El Teniente hay minerales de cuarzo.

En las proximidades de la ciudad de San Fernando se encuentran depósitos de feldespato.

Importantes mantos de arcilla se ubican en la localidad de Pañul, comuna de Pichilemu. Y en Marchigüe y Litueche hay yacimientos de caolín.

Fuente Internet:

www.pro-ohiggins.cl

Es propiedad: www.profesorenlinea.cl