Glucosa

 

La glucosa (compuesto orgánico perteneciente al grupo de los azúcares) es un hidrato de carbono, monosacárido, hexosa (6 moléculas de carbono). En disolución acuosa, la glucosa se cierra formando unos anillos de 6 lados, llamados piranos.

La glucosa es el carbohidrato más abundante, se le llama azúcar de uva y en la sangre se encuentra en concentraciones de un gramo por litro. Al polimerizarse (unirse a otras moléculas idénticas formado cadenas o polímeros) da lugar a polisacáridos con función energética (almidón y glucógeno) o con función estructural, como la celulosa de las plantas.

Glucosa_molécula
Estas fórmulas representan a la glucosa en su forma lineal y cíclica, en este caso el anillo formado tiene 6 lados y corresponde al esqueleto pirano.

 

Glucógeno

Hidrato de carbono de reserva que se encuentra en los organismos animales.  El glucógeno es un polisacárido equivalente al almidón de las células vegetales.

El glucógeno se encuentra en los músculos y en el hígado de todos los animales superiores; el que se encuentra en el hígado tiene la función de mantener constante la cantidad de glucosa en la sangre; el glucógeno de los músculos se degrada, durante la actividad muscular, en ácido láctico a través de una serie de reacciones sumamente parecidas a la fermentación alcohólica.

Si has hecho algún tipo de actividad física, seguramente has ocupado una cantidad importante de glucógeno tanto hepático como muscular. Por esta razón, si comes hidratos de carbono éstos van a ser destinados a recuperar los depósitos de glucógeno de dichos órganos. Por el contrario, si no has gastado lo suficiente, estos hidratos de carbonos van a ser convertidos en grasa y depositados en las células adiposas.

¿Qué pasa con la glucosa durante el ejercicio físico?

Durante el ejercicio físico, el cuerpo humano requiere energía, la cual es obtenida de la glucosa almacenada en nuestro organismo.

La obtención de la energía se hace mediante una cadena de procesos bioquímicos que ocurren en las células de nuestro cuerpo.

Todo parte con la fermentación láctica, que se produce a nivel muscular y que es, simplemente, la degradación de glucosa a ácido láctico, debido a que existe un déficit de oxígeno a ese nivel; esto determina que baje el nivel de glucosa del músculo lo que constituye una señal para el inicio de la degradación del glucógeno (molécula que almacena glucosa) mediante la glucólisis o glicólisis a nivel  citoplasmático.


De esta degradación se obtiene el primer intermediario de la cadena llamado ácido pirúvico, el cual pasa a la siguiente etapa, previa formación de acetil CoA, que es el ciclo de Krebs (a nivel mitocondrial), donde se obtendrán los últimos intermediarios llamados NADH y FADH, que se transformarán dentro de la mitocondria en moléculas energéticas llamadas ATP, mediante el proceso de fosforilación oxidativa o simplemente cadena respiratoria.

El ATP es la forma en que nuestro organismo ocupa la energía; por lo tanto, al realizar cualquier actividad debemos obtener moléculas de ATP para poder desarrollarla.

Glucosa en la sangre

El nivel de concentración normal de glucosa en la sangre (0,1 por ciento o un gramo por litro) es regulado, principalmente, por dos hormonas: insulina y glucagón, secretadas en los “islotes de Langerhans”, grupos de células pancreáticas.

El páncreas es una glándula mixta: exocrina y endocrina. La parte exocrina elabora el jugo pancreático, que se vierte en el intestino delgado; la parte endocrina comprende las células alfa, secretoras del glucagón, y las células beta, que secretan insulina. Tanto la insulina como el glucagón son proteínas.

Cuando se sube el nivel de glucosa en la sangre (después de una comida abundante, por ejemplo) las células beta son estimuladas y descargan su contenido de insulina directamente en la sangre. La principal acción de la insulina es acelerar el pasaje de glucosa al interior de las células, donde es inmediatamente utilizada en el proceso de glucólisis o glicólisis para suministrar energía; el exceso es almacenado como glucógeno o grasa.

La conservación a glucógeno es particularmente intensa en el hígado y los músculos estriados. La insulina, por lo tanto, hace disminuir la concentración de glucosa en la sangre. Una vez que el nivel de azúcar de la sangre vuelve a su valor normal, las células beta dejan de secretar insulina.

El glucagón actúa de manera opuesta a la de la insulina, aumentando el contenido de azúcar de la sangre. Cuando los niveles de glucosa sanguínea son demasiado bajos, las células alfa son estimuladas a secretar glucagón, que pasa a la circulación general. Su principal “blanco” en el organismo es el hígado, donde el glucagón estimula la glucogenólisis, es decir, la conversión de glucógeno a glucosa. Esto último eleva significativamente el nivel de azúcar de la sangre.

La secreción de glucagón es regulada también por la cantidad de glucosa que circula en la sangre, pero de manera opuesta a lo que ocurre con la insulina.

A pesar de tener efectos antagónicos, el glucagón y la insulina no se inhiben recíprocamente; más bien, estas dos hormonas actúan cooperativamente para mantener la normalidad del nivel de azúcar en la sangre.

Fuente:

Glavic, N. y Ferrada, G. 1992. Biología Cuarto Año de Educación Media. Serie “Biología” de Ediciones Pedagógicas Chilenas.

 

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