Globalización

 

Los sucesivos descubrimientos del hombre le han permitido una mejora considerable de sus condiciones de vida. Así, por ejemplo, el invento del ferrocarril multiplicó por quince la velocidad de traslado de personas y mercancías, haciendo posible la Revolución Industrial.

Si bien el proceso creativo se ha desarrollado durante todo el camino evolutivo, ha sido ahora en los albores del siglo XXI cuando más pensante se ha hecho la capacidad de nuestra especie. Desde la invención del transistor en 1947, las innovaciones tecnológicas en el campo de la electrónica y las comunicaciones ha cambiado radicalmente nuestro comportamiento y nuestra forma de ver el mundo.

La posibilidad de intercambiar información instantáneamente y a escala mundial ha provocado el debilitamiento de las fronteras y el mutuo contacto de los pueblos de la Tierra.

Es lo que llamamos globalización.

Hoy en día es comúnmente aceptado que nos hallamos en un punto de inflexión, en una época de transición entre dos eras. Los grandes cambios se suceden vertiginosamente, mientras van cayendo ideas y esquemas que se tenían por válidos no ha mucho; como caía la otrora infranqueable cortina de hierro una década atrás.

Incluso ha habido quien, como Fukuyama, ha decretado el fin de la Historia, y con él el de las ideologías, consideradas hasta la fecha piedra angular del pensamiento humano, y clave fundamental para la interpretación del mundo que nos rodea, configurado tras largos años de evolución social y política. Dicha discutible sentencia cobra sentido cuando se observa la actual distribución de fuerzas en el panorama político mundial.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se encontraba polarizado en torno a la oposición de las dos superpotencias (EE.UU-URSS), enfrentamiento que se traducía en dos áreas bien diferenciadas social, política y económicamente. Ahora bien, tras la desaparición del bloque comunista, se impone la perspectiva capitalista a nivel internacional, liderada ésta por Estados Unidos y, en menor medida, por la Unión Europea.

En palabras de Anthony Lake, asesor de Seguridad Nacional de EE.UU, durante la administración Clinton en 1993: "Durante la Guerra Fría, contuvimos la amenaza global hacia las democracias de mercado: ahora debemos tratar de ampliar su alcance. [...] El nuevo mundo presenta inmensas oportunidades para consolidar la victoria de la democracia y de los mercados abiertos"

Sus palabras encierran, principalmente, la consigna que se lanza hoy desde los mercados a la sociedad: la nueva situación mundial y la política económica neoliberal permitirán, a través de la apertura de los mercados, una mayor libertad y un aumento en la creación de riqueza que redundará en el beneficio de los ciudadanos.

En definitiva, y en palabras de David Hale: "El hundimiento del comunismo y la difusión de las ideas liberales en los países en vías de desarrollo iban a hacer de los años noventa la segunda gran época del capitalismo mundial desde el final del siglo XIX"

Esta situación es denominada habitualmente "globalización"; tanto por los que se identifican con ella (sirvan como ejemplo los citados anteriormente) y ensalzan sus virtudes como por aquellos que, por el contrario, remarcan sus aspectos negativos (fundamentalmente la desigualdad que genera) y, en consecuencia, se oponen.

Siendo el movimiento "antiglobalización" heterogéneo por naturaleza, confluencia de tendencias muy dispares en los últimos años, ha mostrado sin embargo una posición firme y clara en determinados aspectos, entre los que merece especial mención la oposición a la política del FMI –considerada punta de lanza del neoliberalismo- que se materializó en las protestas de Seattle y Praga. (Ver: Antiglobalización).

 Si bien es indudable que hoy en día se impone la hegemonía del modelo liberal, dicha situación podría ser referida como "globalismo", con el objetivo de reservar para "globalización" el sentido que se le dio en un principio.

Globalización es el proceso de desaparición de las fronteras nacionales; proceso que posee aspectos políticos, sociales, económicos y culturales y que no se reduce en exclusiva al sistema económico descrito en los párrafos anteriores, por muy importante que sea el papel que juegue éste en la globalización.

A este proceso constitutivo de la "Aldea Global" han colaborado diversos factores, entre los que destaca el desarrollo y popularización de las tecnologías de la información y comunicaciones (TICs), que han permitido que la información viaje de manera instantánea a nivel planetario.

“Aldea global”

El concepto está basado en teorías de científicos de las comunicaciones que vaticinaron la interrelación comunicacional entre todo el planeta Tierra, merced al avance tecnológico en estas actividades.

Primero se logró conectar a la “aldea global” a través de las ondas de radio, luego a través de satélites de comunicaciones, vías telefónicas y hoy el gran referente  es Internet.

Se ha pasado en una generación del camino regional a las autopistas de la información, del monopolio estatal televisivo al universo de canales (digitales, analógicos, por satélite, por cable...) y, ante todo, del transistor a pilas al teléfono celular, indiscutible icono de la modernidad mundial.

Dichos cambios han permitido la interconexión y movimiento de personas, mercancías y capitales; y han propiciado el mutuo contacto y conocimiento de los estados, pueblos y naciones, que desemboca en el debilitamiento de las fronteras nacionales en otro tiempo herméticas. Ésta es la característica fundamental de la globalización.

Por tanto, cuando los gurúes del neoliberalismo ven en el mercado la panacea mundial; cuando los grupos "antisistema" se oponen en las cumbres del FMI a la política económica de éste; en definitiva, cuando se habla del nuevo orden mundial, se hace referencia al "Globalismo", modelo que tiene sus ventajas y sus inconvenientes; sus partidarios y sus detractores; sus vencedores y sus vencidos.

Pero más allá de la economía está la globalización: proceso que sacude nuestra forma de ver la realidad, ya que, ampliando nuestras perspectivas, no deja de empequeñecer el mundo. Proceso que nos lleva a una fusión sin precedentes de todo aquello que, hoy por hoy, es patrimonio de la especie humana.

Como hiciera el navegante genovés que abrió el mundo —y cuyo descubrimiento sería un primer anticipo de globalización—, fijemos nuestra vista en el horizonte y emprendamos un viaje que esperemos concluya con mejores resultados que aquel realizado quinientos años atrás.

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