Academicismo

 

Se refiere al uso de recursos artísticos tradicionales, establecidos por reglas de una Academia, y que aluden al tratamiento de la luz, el color, la perspectiva, el dibujo, etc.

El término "Academia" incorpora en el curso de la historia múltiples significados. Proviene del jardín del héroe Academo, cerca de Atenas, donde enseñaban Platón y otros filósofos; designa, por extensión, a toda agrupación científica, intelectual o artística; se denomina posteriormente así a las escuelas o talleres dedicados a la enseñanza y al estudio del arte en los que el desnudo constituye la materia básica.

Se llama "académica" a la obra de arte que en su ejecución acata los mandatos y el formalismo impuestos por una Academia, y califica de esta manera a las copias de escultura y pinturas de la Antigüedad.

Las academias tuvieron su origen en la Italia del siglo XV, donde los círculos o tertulias humanistas atrajeron rápidamente el patrocinio de los grandes poderes económicos y políticos, que vieron que en tales instituciones existía la posibilidad de difusión de ideas y, al mismo tiempo, de perpetuación de imágenes. Proliferaron las obras por encargo y se desarrollaron grandes centros de producción y reproducción de arte. Se necesitaban talleres sincronizados en el estilo y tendencia del o los maestros, generando así las denominadas "Escuelas".

La primera orientación implicaría trabajar a la "manera" de los gigantes del pasado. Nacen de esta forma, a fines del siglo XVI, una serie de "academias" para trasmitir las técnicas tradicionales a los jóvenes artistas, reduciendo el trabajo de los colosos a una serie de reglas. Se incorporan la enriquecida paleta veneciana y su empleo de la luz para enfocar dramáticamente algunas figuras.

Por otra parte, Versalles, símbolo y sede de la monarquía absoluta, unifica todas las instituciones sociales y gubernamentales bajo una cabeza, su equivalente en el arte se concreta en un conjunto unificado y racional de academias sometidas directamente al rey.

Las academias son los medios (de carácter eminentemente conservador) de transmitir la idea de absolutismo a la esfera del arte. Algo formal, tendencia a un planteamiento escéptico de la emoción y el color; sus normas pictóricas se basan en la pureza racional y en el establecimiento de relaciones lógicas y matemáticas demostrables. Estas características calificaron al arte académico de "clásico" quedando entonces aprobado como modelo.

Bajo las academias, la hegemonía artística de Europa pasa de Italia a Francia. Establecen altas normas técnicas, patrones y modelos de simetría, orden, regularidad, dignidad y claridad. Los temas elegidos guardan directa relación con un afán moralizador; son frecuentes las escenas religiosas extraídas de la Biblia o de la vida de los santos.

En su versión profana las academias preferían asuntos mitológicos, alegóricos y heroicos de la antigüedad clásica.

Una noción aceptada entre los pintores es que no importa sobre lo que pintas siempre y cuando esté bien pintado. Esta es la esencia del academicismo....

En 1870 había más de cien academias en Europa, lo que indica la conciencia que existía en torno a la reintegración de las artes a la sociedad. Las academias de música y literatura actuaban como árbitros del lenguaje que se debía desarrollar. Al respecto, la mayor expresión de control y difusión del arte fue la Academia Francesa, fundada por Richelieu en 1635. A éste se le ha acusado de desmedido conservadurismo, y en ella no tuvieron acceso muchos grandes escritores, como Molière, Balzac y Flaubert.

Los artistas anteriores al siglo XVIII raramente se apartan de estos estrechos límites, situación que fue cambiando en el período de la Revolución Francesa, momento en que toma un gran impulso el tema histórico y nacional.

La Academia en Chile

En 1849 se fundó en Santiago de Chile la Academia de Pintura, donde al igual que en otros países del continente se imparte un estilo normativo y tradicionalista, más bien inspirado en la antigüedad grecorromana. La institución, que tuvo como primer director al italiano Alejandro Cicarelli, significó la instauración en Chile de un estilo oficial, el Academicismo Clásico Europeo. Recién hacia 1880 los artistas más dotados empiezan a abandonar el estilo académico oficial.

La aparición de la Academia en el ambiente nacional, permitió que la educación artística se regulara y agrupara en un solo lugar. Grandes nombres de jóvenes artistas se forman bajo el alero de la Academia; discípulos de Cicarelli fueron Nicolás Guzmán Bustamante (1850-1928), Manuel Antonio Caro (1835-1903) conocido como el precursor de la pintura costumbrista en Chile, Pascual Ortega (1839-1899) y Antonio Smith (1832-1877), pintor que abandona la Academia y que en Europa conoce a Carlos Markó, reconocido artista romántico, quien determinó la inclinación de Smith hacia la temática paisajista. Smith formó escuela en Chile, despertando entre los jóvenes artistas el interés por el paisaje.

El segundo Director de la Academia fue el alemán Ernesto Kirchbach (1832-1880) que se había formado con Julio Schnorr, famoso pintor mural e ilustrador de la Biblia. Algunos de los discípulos de Kirchbach fueron Pedro León Carmona (1855-1899), Evaristo Garrido (1854-1926) y Juan Francisco González (1853-1933), considerado uno de los grandes maestros de la pintura chilena.

El tercer director, fue el florentino Giovanni Mochi (1831-1892) cuyos principales discípulos fueron Ernesto Molina (1857-1904), Aurora y Magdalena Mira (1863-1839 y 1859-1930, respectivamente) y Alfredo Valenzuela Puelma (1855-1908). Ernesto Molina, insatisfecho con la formación en que prevalecían los temas clásicos, dejó la Academia para entrar al taller que dirigía Antonio Smith. Recién el cuarto director de la Academia fue un chileno, el pintor Cosme San Martín (1850-1906), entre cuyos alumnos destacan Eucarpio Espinoza (1867-1933), Manuel Thompson (n.1875) y Alberto Valenzuela Llanos (1869-1925).

 Pedro Lira (1846-1912), fue profesor del curso superior de pintura en la Academia y es el maestro que ha dejado más discípulos en la historia de la pintura en Chile. Personaje multifacético que ejerció las labores de abogado, poeta, crítico de arte, periodista y pintor, abarcó todos los géneros de la pintura, tanto el retrato como el paisaje, la decoración, el cuadro histórico y el de costumbres. En 1885 creó la Unión Artística que culminó con la construcción del Primer Museo de Bellas Artes en Chile.

Junto a Pedro Lira, Juan Francisco González, Alfredo Valenzuela Puelma y Alberto Valenzuela Llanos, son considerados los Grandes Maestros de la Pintura Chilena, término que fue otorgado por el historiador Antonio Romera para designar a quienes desarrollaron su labor artística en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Formaron a otros grandes artistas y enlazan el apogeo de la Academia con la reacción de las vanguardias.

Discípulos de estos grandes maestros fueron, entonces, José Tomás Errázuriz (1867-1927) quien fue alumno de Kirchbach y Lira; en Europa se convirtió en el mentor del pintor español Pablo Picasso y estudió en París bajo la dirección de Humbert y de Giroez. Es en París donde se relaciona con los pintores Boldini y Jhon Sargent. De Lira también fueron alumnos Celia Castro (1860-1930), Nicanor González Méndez (1879-1915), Marcial Plaza Ferrand (1879-1948), Enrique Lynch (1863-1936), Carlos Alegría (1882-1953), Manuel Ortiz de Zárate (1887-1946) y Pablo Burchard (1875-1964), destacado pintor que recibe el Premio Nacional de Arte en 1944. Desarrolló la labor docente, ejerciendo el cargo de Director de la Escuela de Bellas Artes de Chile entre 1932 y 1935 y fue profesor de paisaje en la misma escuela.

Alfredo Valenzuela Puelma, desarrolla una importante labor artística. En Europa fue alumno de Benjamín Constant y Jean Paul Laurens, obteniendo diversas medallas en el extranjero. Su principal discípulo fue el chileno Alfredo Helsby (1862-1933), destacado paisajista quien también se formó bajo el alero de Somerscales y Juan Francisco González.

De Alberto Valenzuela Llanos, destacamos su valiosa participación en numerosas exposiciones internacionales. En 1913 su tela Otoño en los alrededores de Santiago, obtuvo dieciocho votos para la Medalla de Oro en el Salón de París. Su talento dejó huellas en artistas como Luis Strozzi (n. 1895).

Finalmente, Juan Francisco González, pintor de destacada trayectoria nacional. Su inquietud y dinamismo le hicieron viajar a Perú luego que abandonara la Academia de Bellas Artes. Posteriormente, inicia su viaje a Europa donde conoce a los antiguos maestros y recibe la fuerte influencia de Eugene Delacroix de quien copió La Barca del Dante. A su regreso a Chile se dedica a incentivar la renovación de la pintura chilena, siendo contratado en 1914 como profesor de la Academia de Bellas Artes de Chile, cargo que ejerció hasta 1920. González prolongó su influencia hasta entrado el siglo XX en pintores de la generación del 13, del Grupo Montparnasse, la Generación del 28, entre otros.

Mención aparte tienen los maestros Alberto Orrego Luco (1854-1931), Onofre Jarpa (1849-1949) y Ramón Subercaseaux (1854-1936). Alberto Orrego Luco y Ramón Subercaseaux han sido catalogados como pintores diplomáticos, pues ejercían dichos cargos en el extranjero. Orrego Luco acompañó a París a Pedro Lira, donde ingresa al taller de Alexander Carbonel y luego a la Academia Julien donde inicia su carrera artística. Onofre Jarpa, en tanto, fue condiscípulo de Juan Francisco González. Se trasladó a Europa en 1881, recibiendo lecciones del pintor español Francisco Pradilla en Roma. Al igual que sus compañeros, fue premiado en diversas exposiciones internacionales y nacionales.

Las Exposiciones realizadas en Chile, permitieron estimular la labor artística de los jóvenes pintores. La primera exposición de carácter oficial fue la que se realizó en 1875 con motivo de la gran Exposición Internacional. Anteriormente, en 1872 el intendente Benjamín Vicuña Mackenna inauguró la Exposición del Mercado Central a la cual concurrieron numerosos artistas nacionales. Seis años más tarde, se organizaron dos exposiciones independientes, una auspiciada por el Gobierno con carácter internacional y la otra, patrocinada por Vicuña Mackenna para artistas nacionales. En 1883 en los Salones del Congreso, se realizó otra exposición cuya principal característica fue la presencia femenina, quien por primera vez, expuso su talento artístico a la sociedad. La Sociedad Artística fundada por Pedro Lira y Luis Dávila organizó, también, variadas exposiciones particulares.

Ver: Pintura chilena

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