Barroco, Pintura

(巴洛克繪畫) (Baroque, Painting)

 

Barroco italiano

En Italia, el periodo barroco fue una época de innovación artística. Numerosos palacios romanos están decorados con los espléndidos frescos de Annibale Carracci, Guido Reni, Guercino y Pietro da Cortona, hasta cierto punto inspirados en los murales realizados por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Pietro da Cortona, el "príncipe del barroco"

Entre los innovadores barrocos italianos fue probablemente Caravaggio que, con su estilo denominado tenebrista, de fuertes efectos de claroscuro tanto en las pinturas religiosas como en las de género, más influencia ejerció sobre otros pintores italianos, como Orazio Gentileschi y su hija Artemisia, y sobre el arte europeo en general.

Barroco francés

Dos pintores franceses en particular asimilaron el estilo caravaggesco.

Georges de la Tour, en principio pintor de temas religiosos, fue un maestro de la luz y la sombra: su virtuosismo queda patente en su manera de iluminar los rostros y las manos, con la luz de una sola vela, consiguiendo unas carnaciones casi translúcidas.

Louis Le Nain empleó también dramáticamente la luz en sus obras de gran formato sobre la vida campesina. Sin embargo, en general, los artistas franceses barrocos hacían gala de una moderación clásica que aportaba claridad, equilibrio y armonía a sus obras.

Este extremo se puede apreciar tanto en los temas clásicos de Nicolas Poussin, como en los paisajes oníricos de Claudio de Lorena, y resulta significativo que ambos artistas desarrollaran gran parte de su carrera en Italia.

Barroco español

"Las meninas", Velázquez

Tanto José de Ribera como Francisco de Zurbarán asimilaron el tenebrismo de Caravaggio, si bien cada uno aportó intereses y tendencias diferentes a su obra.

Ribera podía ser brutalmente realista como en El niño cojo (1652, Louvre, París), mientras que los cuadros religiosos de Zurbarán estaban imbuidos de misticismo español y, también como Caravaggio, destacaba en la pintura de bodegones.

El artista español más importante de la época fue Diego Velázquez, pintor de Felipe IV, consumado maestro del tono y del color.

Abordaba sus temas con objetividad, desapasionadamente, pero de forma realista al retratar a los miembros de la familia real, cuyo entorno queda reflejado en su obra maestra, Las Meninas (1656, Museo del Prado, Madrid), donde, como símbolo de veracidad, incluso se autorretrató ante el caballete.

Barroco flamenco

La obra del maestro flamenco barroco, Petrus Paulus Rubens, había recibido también fuertes influencias del tenebrismo caravaggesco, así como de los grandes coloristas venecianos Tiziano y Veronés.

Rubens alcanzó tal nivel de popularidad que fundó un gran taller en Amberes, con asistentes que le ayudaban a sacar adelante el gran número de encargos que recibía de las autoridades, la iglesia, la realeza y de sus clientes particulares.

Su prolífica obra abarca retratos, una gran producción de pintura religiosa, leyendas clásicas y temas mitológicos y de historia; toda ella expresa la exuberancia del estilo barroco y deja patente la propia vitalidad de espíritu del pintor.

Estos cuadros, de gran formato, de composición dramática y de línea fluida, están cargados de colorido y de luz vibrantes.

Se puede apreciar la manera que tenía Rubens de contrastar la luz y la sombra, y su amplia gama de temas, sólo con mirar dos de sus obras: El descendimiento de la Cruz (1611-1614, Catedral de Amberes), de gran movimiento compositivo, y El sombrero de paja (c. 1620, National Gallery, Londres), tierno retrato de una hermosa joven.

Anthony van Dyck, uno de los ayudantes de Rubens, alcanzó la fama con sus retratos de los miembros de la corte de Carlos I de Inglaterra. Estas obras están imbuidas de la elegancia y cuidado del detalle que caracterizan a Rubens y ejercieron una enorme influencia sobre el estilo de los retratistas ingleses del siglo XVIII.

Barroco holandés

Frans Hals

Fueron muchísimos los pintores que surgieron en los Países Bajos durante el siglo XVII, pero Rembrandt los superó a todos.

Sus primeras obras, como El cambista (1627), denotan la influencia de Caravaggio; sus obras posteriores, como por ejemplo el Autorretrato de 1659 (Legado Iveagh, Kenwood House, Londres), muestran su incomparable técnica del claroscuro y su profundidad psicológica.

Otros importantes artistas holandeses del periodo fueron Frans Hals que, como Rembrandt pintó retratos de grupo, y Jan van Goyen y Jacob Van Ruysdael, que pintaron magníficos paisajes.

Hubo numerosos "pequeños maestros holandeses" que destacaron con sus escenas de género, representaciones de la vida cotidiana que deleitaban a la nueva clase media, cuyos miembros se estaban convirtiendo en consumidores de arte.

A la cabeza de estos pintores se encontraba Jan Vermeer, cuyas obras, como la Vista de Delft (c. 1660, Mauritshuis, La Haya), aunque de pequeño formato, producen una sensación de espacio ordenado y, sobre todo, denotan un infrecuente dominio de los efectos lumínicos.

 

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