Escritores suicidas

 

Ernest Hemingway.

Hablando de escritores que han acabado con su vida por propia mano, la historia comienza hace dos siglos.

Dentro del romanticismo alemán destaca la figura del dramaturgo Heinrich von Kleist (Frankfurt, 1777). Destinado desde la cuna a seguir con la tradición familiar y convertirse en un militar de renombre, Kleist abandona la carrera de armas a los 22 años para iniciar el estudio de filosofía y matemáticas en Berlín.

En 1801 se produjo su fatal encuentro con las teorías de Kant, conduciéndole al abandono de la ciencia y de los privilegios de su clase. En la mente de Kleist al pensamiento de Kant se une el entusiasmo por la idea roussoniana de retorno a la naturaleza y al poco decide volver la espalda al mundo civilizado fijando su residencia en una granja suiza. Allí se dedica a la elaboración de tres o cuatro proyectos, entre ellos la tragedia La familia Schroffenstein y la comedia El jarrón roto. Pero abrumado por el excesivo trabajo Kleist cae enfermo y su hermanastra se lo lleva a Alemania.

Desempeñando un cargo de subalterno al servicio de Prusia, Heinrich es capturado por los franceses bajo la acusación de espionaje y encarcelado en un fuerte galo. En prisión escribe Pentesilea (1808), obra dramática sin precedentes que rompió con la tradición del teatro clásico al tratar, en un lenguaje que roza el expresionismo y en un solo acto, los estados patológicos que conducen a los protagonistas a su destrucción. Cuando es puesto en libertad fija su residencia en Dresde, uno de los centros de la oposición liberal. En este periodo termina la mayor parte de sus mejores obras: El jarrón roto, El terremoto de Chile, Anfitrión....

Defensor de la libertad de su patria y abiertamente antinapoleónico (el drama El príncipe de Homburg es una apología mágica de Prusia), cuando en el otoño de 1811 el rey de Prusia se alía con Napoleón contra Rusia, Kleist, desencantado, abandona la lucha y escribe: "Me es imposible continuar viviendo, mi alma está tan martirizada que, sólo con asomarme un poco a la ventana, la luz del sol que cae de arriba me daña".

Enfermo y sin recursos, se suicida con su amante, Henriette Vogel, a orillas del pequeño río Wannsee, cerca de Berlín, el 21 de noviembre de 1811.

Pasamos del romanticismo alemán al español. Los artículos que Mariano José de Larra (1809-1837) firmaba con el seudónimo Fígaro son una sátira ingeniosa de las costumbres de su época, una joya de la literatura castellana del siglo XIX.

Mariano José de Larra

Su infancia transcurre entre Francia y España al ser su padre médico de las tropas invasoras de Napoleón. Larra sufre su primer desengaño amoroso en su época de estudiante de leyes y medicina en Valladolid (carreras que no terminó) cuando descubre que... la joven amada es la amante de su padre.

En el amor no fue afortunado: su matrimonio cuando tan sólo contaba veinte años con Josefina Wetoret (con la que engendró tres hijos) tuvo una corta duración debido, entre otras desavenencias conyugales, a su tumultuosa relación con Dolores Armijo. Junto a ella recorre Europa cuando ya es un periodista célebre por sus ingeniosos artículos en periódicos españoles. En París su amigo el duque de Frías, embajador de España, lo introduce en los círculos literarios franceses que frecuentan Víctor Hugo y Nodier.De regreso a la península su interés por la política liberal le lleva a presentarse al cargo de procurador de las Cortes por Ávila, pero el motín de la granja le impide la toma de posesión.

En sus últimos artículos publicados en El Español le embarga un creciente pesimismo, en el que confluía su amarga visión de la sociedad española y sus conflictos amorosos. El anochecer de 13 de febrero de 1837, tras mantener una entrevista con Dolores Armijo, pone fin a su vida disparándose un tiro en la sien. Ella había decidido abandonarle por su marido, al cual le esperaba un alto cargo en Manila. En su multitudinario entierro un desconocido José Zorrilla le dedica unos versos.

El entierro de Ernest Hemingway no fue tan multitudinario, sino reservado a la familia y amigos íntimos. Hemingway, segundo de seis hijos de un médico de Oak Park (Chicago), buscó deliberadamente el peligro a lo largo de su vida: como corresponsal de guerra, cazando leones en África o corriendo delante de los toros en Pamplona. En la Primera Guerra Mundial resulta herido conduciendo ambulancias en el frente italiano. Más tarde trabaja como corresponsal de guerra en la línea de frente de la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Civil Española.

De España le entusiasmaban los toros. Su pasión por los encierros pamplónicos quedó plasmada en su primera novela, The Sun Also Rises (Fiesta en Inglaterra y la mayoría de los países europeos), crónica a su vez de la vacía vida alcohólica de la llamada "generación perdida" en París y Pamplona, y su compromiso con los republicanos en la magistral Por quién doblan las campanas.

El éxito de sus novelas y de sus adaptaciones cinematográficas, su estilo ágil y sencillo que rozaba el periodismo, le convirtieron en un autor venerado en todo el mundo. En 1954 es galardonado con el Premio Nobel por el relato breve El viejo y el mar. Un galardón que no puede ir a recoger a Estocolmo debido a las secuelas de un accidente que se produjo en uno de sus viajes de caza a África.

A finales de 1961, el corpulento y fanfarrón Hemingway es un anciano de cabellos grises y miembros enflaquecidos. Ingresado en la Clínica Mayo por una depresión que le han producido unos fármacos, es tratado con electroshocks. Pero la depresión se acentúa con manía persecutoria e intentos de suicidio.

Finalmente, el domingo 2 de julio de 1962 Hemingway se levanta muy temprano, encuentra la llave de la habitación donde estaban guardadas las armas, carga una escopeta de dos cañones y la lleva a la habitación frontal de la casa. Luego se pone el doble cañón en la frente y dispara.

Emilio Salgari

También Emilio Salgari murió anciano y vivió grandes aventuras. Nació en Verona en 1863, en su juventud fue periodista y desde los dieciocho años vivió aventuras extraordinarias en el mar como capitán de altura. En 1896 pide a la prensa local la reedición de una novela publicada como folletín, convirtiéndose en la exitosa El misterio de la jungla negra.

Dedicado por entero a la literatura, crea una extensa obra, reservada al público juvenil y ambientada en exóticos parajes (El corsario negro, los dos tigres, La venganza de Sandokan...). En 1911 contrae un grave aneurisma que le induce al suicidio.

Virginia Woolf (1882-1941) no se suicidó debido una enfermedad sino por el miedo a la locura. Woolf creó un género novelístico que cambió la trayectoria de las obras de ficción. Para ella la literatura no debía contentarse con presentar lo superficial de las cosas, sino que debía captar la fluctuante visión personal, el inconsciente. Esta interpretación de la realidad llegó a rozar el simbolismo en sus últimas novelas (Las olas, Entre actos). Hija del escritor Leslie Stephen, una de las figuras más importantes de la vida literaria británica, su adolescencia fue traumática. La pérdida de su madre a los trece años la lleva a una grave crisis síquica. Nueve años más tarde la muerte de su padre la conduce al borde del suicidio.

Recuperada, la familia se traslada a su nuevo hogar en el barrio londinense de Bloomsbury. Allí nace el grupo literario, que toma el nombre del barrio, formado por Clive Bell, Maynard Keynes, E.M. Forster... y un Leonard Woolf que se incorpora en 1910. Dos años después se casa con este economista y socialista militante.

En 1913 completa su primera novela, El viaje de ida (publicada dos años después) y cae gravemente enferma en lo que parece una nueva amenaza de demencia. Estas crisis, más o menos violentas, se seguirán produciendo entre uno y otro periodo de creación. La escritura que exorciza sus angustias la agota hasta el punto de temerse que puedan quedar dañadas su mente y personalidad. Tarda tres años en escribir una de sus últimas obras, The years (1937) y durante el periodo de creación es consciente de una progresiva dificultad para escribir. Esto la desespera y la idea de suicidio va tomando cuerpo.

Tras uno de los bombardeos que asolan Londres la pareja se queda sin casa y se traslada a Rodmell. En la primavera de 1941 su salud empieza a deteriorarse seriamente. El 28 de marzo desaparece de su casa y el día 31 es encontrada ahogada. Dejó dos cartas: una para Leonard, otra para su hermana Vanessa. En ambas explicaba: "...Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión... estoy haciendo lo que me parece mejor... No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo".

El esfuerzo empleado en crear algo que nunca la satisfizo del todo, el cambio de atmósfera social, el surgimiento de corrientes literarias antagónicas, la guerra, el miedo a la locura, terminaron por destruirla.

La vida de Virginia Woolf y la poetisa norteamericana Sylvia Plath (1932-1963) tienen dos características en común: su suicidio por el miedo a la locura y la temprana muerte de sus padres.

Sylvia Plath

El padre de Sylvia Plath muere cuando ella acaba de cumplir ocho años, dejando a su familia en una precaria situación económica. La madre es la encargada de sacarla adelante, una mujer dominante que imponía como meta a Sylvia y a su hermano pequeño el perfeccionamiento personal (sobre todo en los estudios) y una conducta intachable. Por ello fue una estudiante modelo, que destacó en el colegio y la universidad con sus brillantes notas y la publicación temprana de sus relatos y poesías.

Tras una estancia agotadora de cuatro semanas en Nueva York como redactora universitaria (premio concedido por la revista femenina Mademoiselle) llega a casa con síntomas de depresión: insomnio, apatía. Una tarde de verano intenta suicidarse y la someten a aterrorizadores tratamientos de shock. De regreso a casa fuerza un armario en el que había somníferos y un recipiente con agua y se oculta en el angosto espacio hueco que hay debajo del dormitorio de la primera planta, cuya entrada solía estar bloqueada bajo un montón de leña. Deja una nota para su madre en la que dice: "Salgo a dar un paseo largo. Volveré mañana". Dentro del escondrijo toma somníferos suficientes para perder el conocimiento dos días. Su madre denuncia su desaparición y la encuentran de casualidad al oír su hermano Warren un gemido procedente de debajo de la mesa. Después es ingresada en el Hospital General de Massachusetts de Boston y sometida a un tratamiento de shock insulínico.

En febrero de 1954 regresa a la rutina universitaria y consigue ingresar en un college de Cambridge. En una fiesta de presentación de una revista conoce a Ted Hughes (poeta inglés) y poco más tarde se casa con él. Entre peleas y discusiones nace su hija Frieda y escribe La campana de cristal, novela autobiográfica sobre su descenso a la locura.

La joven familia se traslada a Devon, donde nace su segundo hijo. Pero las frecuentes peleas y la infidelidad del marido rompen el matrimonio. Al abandonarla él y dejarla sola con los niños, los poemas de estos meses (39,5· de fiebre, Ariel, Purdah y Lady Lázaro) hablan de venganza y odio. En ellos una mujer traicionada (enferma, denigrada sexualmente, incluso muerta) sobrevive, y lo hace para vengarse.

Se traslada con los niños a Londres, enferma y vuelve a necesitar antidepresivos. A primera hora de la mañana del 11 de febrero de 1963 se arrodilla junto al horno abierto de la cocina de la segunda planta del apartamento y abre el gas. Había ingerido una buena cantidad de somníferos, tomado precauciones para que no se intoxicaran sus hijos y escrito una nota en la que pedía que avisaran a un médico. A las diez en punto llega la niñera y poco después avisan a Ted de su muerte.

El éxito tan ansiado llegó después, tras la publicación de sus poemas, una selección de diarios y artículos, en 1982 recibió el premio Pulitzer.

Yukio Mishima

Muy distinta fue la muerte de Yukio Mishima (1925-1970). Nacido en el seno de una familia de burguesía media de Tokio, se vanagloriaba de pertenecer por sus antepasados a la clase de los samurais y por ello realizó los estudios en una escuela reservada por tradición a la nobleza. Dedicado de lleno a la literatura, en su obra sufrió el influjo del romanticismo japonés que, poniendo énfasis en la unidad del Japón y de sus valores culturales, servía de base de apoyo a la ideología nacionalista. Entre las obras de este periodo, alejadas de la trágica realidad de la guerra y la derrota, destacan El bosque en flor (1941) y Ladrones, (1946-1948).

En junio de 1949 alcanza el éxito con Confesiones de una máscara. La narración del viaje interior del protagonista de los recuerdos de la primera infancia hasta las fantasías de la adolescencia, y el lento y aceptado proceso de toma de conciencia de su homosexualidad causa un gran escándalo. Sin embargo en 1959 se casa con la hija de un conocido pintor y escribe El camino del samurai,una defensa de la necesidad de restaurar los valores de la cultura prebélica y militarista. Por ello junto a un grupo de estudiantes universitarios se adiestra en artes marciales y militares en una base del ejército. El 25 de noviembre de 1970 se suicida siguiendo el rito de los samurais. Su muerte causa conmoción en el mundo entero.

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