Galvarino

 

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Heroico cacique araucano que fue hecho prisionero por las tropas españolas del gobernador García Hurtado de Mendoza, quien quiso hacer un escarmiento mandándole cortar las manos y dejándolo en libertad, después Galvarino no manifestó la más mínima cobardía ni temor.

Se cuenta que, cortada la mano derecha, él mismo puso la izquierda debajo del hacha sin manifestar dolor. Una vez cortada ésta, ofreció su cuello al arma del verdugo.

Al decirle que se le había perdonado la vida, juró vengarse de sus enemigos.

Batallas de Lagunillas y Millarapue.

Pese a las enormes pérdidas sufridas en el ataque al fuerte San Luis, los araucanos quedaron a la espera de los próximos movimientos del ejército de García Hurtado. Este había logrado concentrar el más poderoso ejército que hasta entonces se había enfrentado a los mapuches, siendo atacada por los araucanos en un lugar llamado Lagunillas.

Pese a los denodados esfuerzos de Rodrigo de Quiroga y de sus hombres, no fue posible derrotar a los mapuches. Aun cuando tampoco éstos salieron victoriosos, los españoles debieron detenerse. Hurtado de Mendoza quiso entonces hacer un escarmiento ejemplar entre los araucanos y ordenó atroces castigos contra los caciques que habían sido tomados prisioneros en Lagunillas.

La mutilación de Galvarino ha llegado a ser uno de los episodios más conocidos gracias a la pluma de Ercilla quien, luego de tratar infructuosamente de salvar al jefe indio, presenció el bárbaro suplicio al cual éste fue sometido. Pero los mapuches, comandados por Caupolicán, volvieron a la carga en el pequeño valle de Millarapue. La lucha duraría desde el alba hasta la tarde y esta vez los indios serían totalmente derrotados.

Liberado y mutilado, Galvarino continuó la lucha contra el invasor. Combatió cuerpo a cuerpo en Millarapue el 30 de noviembre de 1557, en donde participaron hasta las mujeres mapuches. Aquí,Galvarino fue hecho prisionero una vez más, pero ahora fue ahorcado junto a otros 30 caciques.

Alonso de Ercilla quiso salvarle la vida intercediendo por él, a lo cual Galvarino contestó con el más amplio repudio a los españoles y un desprecio absoluto hacia la gracia ofrecida: “Prefiero morir ―dijo― a recibir la vida de vosotros y sólo siento la muerte por no haber podido haceros pedazos con los dientes”.

Fuente:

“Diccionario histórico de Chile”, Jordi Fuentes y Lía Cortés

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