Constantino

 

El arco de Constantino en Roma.

Llamado Constantino I, el Grande, emperador romano, nacido en Nisch hacia el 280, dueño de las Galias, las Hispanias y la Mauritania Tingitana. Hijo de Constantino I, Cloro, fue proclama emperado en el 306.

Bajo su poder se decreto el Edicto de Milán por el que se estableció la libertad del culto cristiano. Favoreció permanentemente  a la Iglesia. Convocó al primer Concilio de Nicea, el cual es el primer concilio ecuménico, es decir, mundial, relacionado con la fe.

El 11 de mayo del año 330 de nuestra era fue solemnemente consagrada la nueva capital del imperio romano, Constantinopla. Sobre el solar de la antigua Bizancio, una colonia griega asentada en la orilla europea del Bósforo, a caballo entre el Mar Negro y el Mediterráneo, entre Europa y Asia, el emperador Constantino levantó una Nueva Roma como flamante símbolo de un imperio renovado; un imperio cristiano.

Efectivamente, siguiendo la senda trazada por el emperador Diocleciano, Constantino completó las profundas reformas políticas, militares, religiosas, económicas y sociales que consiguieron dar al mundo romano la estabilidad y seguridad perdidas a lo largo de la centuria anterior.

El nuevo orden se caracterizaba por el absolutismo imperial, la centralización administrativa y la sacralización de un emperador mayestático y distante. Algunas de estas características ya se habían apuntado en épocas pasadas, pero ahora había un elemento absolutamente novedoso, que confirió al Bajo Imperio Romano uno de sus rasgos definitorios: el auge del cristianismo.

Constantino I, el Grande falleció en Nicomedia el 337.

De ser perseguida por Diocleciano, la religión cristiana pasó a estar protegida y reconocida por Constantino (Edicto de Milán, 312) y, finalmente, convertida en la religión oficial del imperio romano, en el año 380, bajo el reinado de Teodosio. Desde entonces, Imperio e Iglesia compartirán el devenir del Imperio.

Será precisamente a la muerte de este último emperador, en 395, cuando se produjo otro de los acontecimientos claves para la posterior evolución del mundo mediterráneo: la definitiva partición del imperio romano en dos entidades políticas diferenciadas, el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente. Dos imperios, dos cortes, dos capitales -Rávena y Constantinopla-, dos Senados, dos ejércitos. Y también dos futuros muy distintos.

 

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