Etnias pescadoras del extremo norte

 

Indicadores Culturales para los Denominados Changos

Por Juan Alberto Herrera V., publicado en ETHNO- No. 1, Otoño 1997, ISSN 0717-2958, Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales

Resumen:
El presente estudio es una síntesis etnohistórica y arqueológica de los pueblos pescadores del extremo norte, y una discusión sobre la identidad étnica de los denominados Changos, junto a una definición de sus probables indicadores culturales, con el objetivo de lograr una posterior identificación étnica para épocas históricas.

I.- PROPUESTA Y ANTECEDENTES:

Las sociedades pescadoras que habitaron el extremo norte de Chile durante el siglo XVI, en momentos previos y posteriores al contacto hispano, provienen de una tradición cultural que se remonta al noveno milenio a. p., según precisan las investigaciones y descubrimientos arqueológicos (Llagostera, 1979; Núñez-Dillehay, 1979; Chiappacasse, 1984; Muñoz, 1993; Arriaza; 1993; Aufderheide, 1993). Exactitud que, sin embargo se desvanece cuando deseamos abordar el problema de su identidad étnica, en épocas Tardías.

Nuestro objetivo, al reconocer esta situación, estará orientado a la búsqueda e identificación de los denominados Changos del extremo norte, mediante la distinción de probables indicadores culturales. A modo de propuesta podríamos establecer los siguientes:

1.- Denominación y distribución según las fuentes 2.- Movilidad y funcionalidad en las labores de pesca 3.- Un sustrato cultural y ritual 4.- Un sustrato biológico y genético.

Siguiendo este modelo enfrentaremos la identificación de los grupos pescadores de acuerdo a una metodología y análisis básicamente etnohistórico, el que hace hincapié en el uso, comparación y síntesis de las fuentes arqueológicas bajo una perspectiva histórica y antropológica. Debemos aclarar, sin embargo, que nuestro cuarto nivel o sustrato no será discutido, por cuanto este problema es de una absoluta competencia de la antropología física, y no del presente estudio.

Nuestra primera hipótesis de trabajo considera que los grupos pescadores asentados en el extremo norte, no pertenecen a un sólo grupo étnico, y por lo tanto la categoría de Changos atribuida a las sociedades pescadores no puede ser empleada en un sentido étnico, pues al parecer, esta es una denominación genérica establecida por el español (Bittman, 1977-1984; Hidalgo 1981), y utilizada para designar a cualquier grupo de pescadores. Finalmente, pretendemos, desmitificar la supuesta unidad e identidad étnica de los llamados Changos (Latcham, 1910; Uhle, 1922).

Este problema está lejos de ser un planteamiento nuevo para la arqueología y la historia indígena, la presente investigación, en alguna medida, sólo desea aproximarse a su futuro esclarecimiento, mediante la utilización y reconocimiento de ciertos indicadores culturales (Llagostera, 1990).

II.- DISCUSIÓN DE LOS INDICADORES CULTURALES:

El término Chango aparece documentado por primera vez en 1659, según algunos cronistas y viajeros del siglo XVII, quienes con este nombre designaron a las sociedades pescadoras (Bittman, 1977-1984; Hidalgo, 1981). La categoría de Chango con el paso del tiempo fue comprendida en un sentido étnico, geoespacial y productivo. El español no habría logrado percibir que entre éstos había diferencias culturales, espaciales y tecnológicas, como de algún modo lo demuestran sus evidencias materiales.

1.- Denominación y distribución en las fuentes:

Los pescadores del período Tardío probablemente tienen sus antepasados en las antiguas poblaciones de épocas arcaicas, quienes posiblemente por sí mismos o con el aporte de grupos altiplánicos, incorporaron el "medio valluno". Algunos descendientes de los antiguos pescadores del arcaico, de tradición Chinchorro, no habrían adoptado el sedentarismo, manteniendo, técnicas, tradiciones y una lengua en común (Bittman, 1977-1984-1987; Schiappacasse-Niemeyer, 1989); por lo mismo tal vez algunos autores han planteado la probabilidad de que algunos antiguos pescadores subsistieran en caletas aisladas, al modo de pequeños relictos (Hidalgo, 1981:213); muy lógico cuando pensamos en su desperdigada distribución y organización social, en los momentos previos al contacto. No debemos descartar, que más de alguna de estas bandas, fueron incorporadas vía dominación, por los Reinos Altiplánicos, viéndose obligadas a adoptar la identidad de los dominadores, o bien, sin mediar fuerza ni coerción alguna, se integraron a estos, asumiendo diversas relaciones de intercambio y la concesión de ciertas áreas de la costa.

Los señoríos altiplánicos posiblemente establecieron sus propias colonias de pescadores, quienes convivieron con los antiguos pescadores de tradición Chinchorro, estos últimos, los probables fundadores de la Cultura Arica o Desarrollos Regionales, población caracterizada por una economía de tipo agromarítimo, y probablemente divididos en mitades complementarias. Los pescadores de épocas tardías estuvieron sometidos a los señores locales de los valles, según lo sugieren las fuentes de valor etnohistórico (Hidalgo et.al, 1986).

iquest;Qué cosa es la llamada cultura Arica?, en primer lugar, creo que debemos tener muy presente que ella convivió dentro de un complejo contexto pluriétnico, y que por ende, hoy en día, no podemos identificar a esta cultura con algún grupo étnico en particular, pues su realidad es multiétnica e intrincada, o bien, es una unidad de tipo multiétnico: "Enclaves multiétnicos en el litoral" (Trelles, 1982).

Volviendo a nuestra discusión sobre las etnias altiplánicas es probable que estas trasladaran población Uro a la costa

según queda demostrado en la documentación. Sobre los Uros, Fray Martín de Murua indica: "Se entiende que los uros comían carne de perro, [y el] sacrificio de estos para la guerra" (1946:294).

Esta observación es de bastante interés cuando constatamos que en algunos registros arqueológicos —en particular los de PLM-4, (Hidalgo-Focacci, 1986) — figuran algunos restos de perro, junto a los cuerpos de los pescadores, de Desarrollo Regional. De acuerdo a este sustrato cultural sería posible avalar la presencia población Uro, sin embargo este argumento es muy débil, más aun si consideramos que quizás no sólo los Uros tuvieron prácticas rituales en las que fueron sacrificados perros.

Max Uhle, planteo que: "...veía en el uruquilla ("lengua uro") y sus habitantes a expresiones... de una ola original de "pescadores primitivos" que ocuparon los lagos y lagunas del altiplano y el litoral del Pacífico" (1922:13-15), de acuerdo a esto, la lengua-etnia uro tendría presencia en la costa. Los Uros según Lozano Machuca vivieron alrededor de 1581 en la ensenada de Atacama, probablemente en Cobija, así como en Pisagua e Iquique (Bittman, 1977-1984; Martínez, 1985).

Los Camanchacas vivieron a finales del siglo XVI, en caletas a lo largo de la costa entre el río Loa y Copiapó, en relación a estos, entre 1612 y 1659, fueron registrados una serie de bautismos y matrimonios, según consta en el "Libro de varias Ojas", celebrado en Cobija, en donde se denomina Camanchacas a los padres de los bautizados o a los contrayentes (Bittman, 1977:50). En relación a esto tendríamos identificado algunos grupos de pescadores, entre ellos: Uros y Camanchacas, a los que habría que agregar los Proanches (Casassas, 1974; Bittman, 1977).

A nuestro entender, la presencia de población Uro en la costa es bastante remota y podría más bien tratarse de la ampliación de esta categoría y definición étnica a la población pescadora de la costa, producto de su misma actividad económica confundiendo en definitiva población de origen altiplánico con otra de tradición costera, independientemente de que existan etnias altiplánicas en el litoral y curso medio de los valles.

Dentro del contexto multiétnico en que se desarrollan los pescadores de épocas tardías, del extremo norte, en los momentos previos al contacto hispano, considero necesario revisar y discutir la supuesta y compleja calidad étnica atribuida a los grupos denominados Yunga (Hidalgo-Focacci, 1987), pues esta categoría también es aplicada a ciertas áreas geográficas (Garcilaso, 1976:146; Polo de Ondegardo, 1916:190; Pedro Pizarro:1986:98). De acuerdo al diccionario de Jesús Lara (1991:284), yunca: Pueblo primitivo que ocupó el litoral peruano y los valles adyacentes expandiéndose con el tiempo por las quebradas semicálidas de los Andes. También se refiere a yunka, como: Tierra semicálida de las quebradas Andinas de la vertiente occidental.

El español, en reiteradas ocasiones sin duda confundió, lenguas con etnias, y zonas geográficas con modos de vida, a los cuales atribuyo una calidad étnica.

La Visita de Garci Diez de San Miguel a Chucuito informa de "yungas de la mar" (1964:37) y los ubica en las cercanías de Arequipa y Moquegua (1964:17). Este tipo de informes sugieren la existencia de áreas yungas en los sectores costeros o bien se refiere a población Yunga. María Rostoworowski (1986:127) indica que los territorios del "Cole o Colisuyo era habitado por gente yunga, vale decir costeña", y más adelante explica que: "Intentaremos hacer un deslinde de la composición étnica de los habitantes Yungas, considerados como oriundos de la región. Entre ellos... agricultores... apelados Cole y los Camanchacas o pescadores" (Idem. pág.128), queda de manifiesto la existencia de una población Yunga en la costa, sin embargo, no está muy claro que constituyan una etnia, pues podría esta clasificación referirse a un aspecto geoespacial.

Revisemos lo que al respecto nos dicen algunos cronistas: "Es tierra yunga, adonde hay y suele haber gran concurso de indios Chunchos, los cuales son valientes y pelean con flechas y hondas, y arcos con flechas muy dañosas, que solían poner yerbas y piedaras ponzoñosas; visten algodon de muchos colores y traen en la cabeza sobre el cabello una madeja de lana colorada y algunos una guaraca" (Murua, 1946.274).

Guaman Poma nos indica sobre los Yungas que: "La manera de enterrar que tenían los yungas, o sean los indios de la costa, hasta Quito y Nobo Reyno, Colombia, se distinguía en que los muchic alcomicoc, muchic come perros, enterraban sus cadáveres junto con perros que eran muertos previamente como cualquier ganado de sacrificio... Todos ellos una vez que hacían sus sacrificios enterraban los cadáveres... por lo general si les era posible comer carne lo hacían, pero más fácilmente lograban conseguir para comida pescado o camarón" (Idem. pág. 215). Así también: "Para enterrar sus cadáveres, primero les extraían los intestinos y la carne... el resto, inclusive los huesos eran amortajados en una manta de algodón, cosidos o amarrados con sogas de cabuya llamadas Toclla, lazo para cazar y ser después bien arreglados y pintados por encima de colores... siendo colocados sentados, al lado del padre; de la madre o los parientes pertenecientes al mismo ayllo. Esta era la forma como se enterraban los yungas" (Idem. pág. 215).

La descripción de Yungas entregada por las fuentes hispanas es ambigua y no excluye la posibilidad de estar refiriéndose indistintamente a un elemento geográfico como étnico, y porque no multiétnico. Podríamos sugerir, aceptando la presencia de población Yunga, y no de actividades propias de un "ambiente yunga", confirmando lo planteado por J. Hidalgo y G. Focacci (1987), que la población Yunga está representada en la cultura Arica, (Schiappacasse-Niemeyer, 1989:75). No obstante debiéramos entender que estamos ante una definición muy amplia que también considera elementos climáticos y geoespaciales, pues los "ambientes yungas", se encuentran en ambas vertientes de la cordillera de los Andes.

Interesante es constatar que los denominados Yungas pescadores, tenían similares prácticas ceremoniales-mortuorias que los Uros (Murua, 1946:294; Guaman Poma, 1980:215), iquest;acaso una misma tradición, un mismo grupo?, iquest;de qué forma podemos relacionar esto con los planteamientos de Max Uhle (1922:13-15) sobre el origen y desplazamiento de la lengua etnia-uro?.

Los ajuares funerarios y el ritual mortuorio descritos por los testimonios arqueológicos tienen alguna similitud con las descripciones de Guaman Poma (1980.215): "Los tejidos de lana tipo amarra aparecen junto a una modalidad tardía de las momias de preparación complicada representada por desvisceramiento y pintura de cuerpos, sin armazones de madera ni revestimiento de barro" (Focacci-Chacón, 1989:39). "Las sepulturas de la costa durante el Período de Desarrollo Regional disponen en su ofrenda de piezas simbólicas representativas de las actividades de pesca" (Focacci-Chacón, 1989:39). En relación al tratamiento de los muertos, existe una gran diferencia, pues la momificación de tratamiento complicado según sabemos no habría continuado durante los Desarrollos Regionales.

Las diferencias cerámicas entre los diversos asentamientos o colonias pescadoras podrían señalar, la diversidad cultural y étnica de estos grupos o tal vez la posibilidad de que grupos pescadores en diferentes momentos establecieran vínculos con variados grupos étnicos.

La propuesta de Rostoworowski y Muñoz (1987, 1989) sobre la curiosa coincidencia que demuestran tener los Desarrollos Regionales con el Colesuyu (Garcilaso, 1976:41), de algún modo fortalecen la idea de que estos no tienen un origen altiplánico, lo que sin embargo pareciera ser efectivo es la incanización vía señoríos altiplánicos (Llagostera, 1976).

Basados en los registros ceramológicos y en los patrones de asentamiento comprobamos: "la existencia étnica de poblaciones altiplánicas y costeras" (Niemeyer-Schiappacasse, 1971, 1981; Muñoz et.al., 1987). Tampoco podemos descartar el contacto de costeros del sur y del norte (Muñoz, 1982; Rothammer, 1986), ni menos pretender establecer determinantes que planteen la exclusiva presencia y poblamiento altiplánico en la costa. En verdad no existen los suficientes antecedente que puedan acreditar que las poblaciones asociadas en identidad a los Desarrollos Regionales tienen un origen altiplánico, no obstante si queda manifiesta la presencia de los señoríos altiplánicos, ya sea Lupacas, Carangas y Pacajes, de acuerdo a Hidalgo y Focacci, (1986).

Los estilos cerámicos como un indicador de sustrato cultural puede indudablemente señalar identidad étnica, como es el caso del estilo Saxamar (Muñoz et.al., 1987), asociada al estilo Pacaje, etnia que pareciera tuvo una importante presencia en el curso medio y bajo de los valles, como es el caso de Codpa (Santoro et.al. 1987), sin descartar que también pudieron estar asentados en la costa. En la costa tenemos la: "presencia de grupos definidos, Inca locales, pescadores, en asentamientos diferenciados por la cerámica" (Schiappacasse-Niemeyer, 1989:76).

A la llegada del Inca a la costa Schiappacasse y Niemeyer (1989:76), sugieren la desintegración de la sociedad Arica, y la perdida de su identidad, justo en los momentos que también desaparecen algunas piezas de uso simbólico, como es el caso de las denominadas bolsas faja, de acuerdo a lo planteado por Liliana Ulloa (1981a). Los asentamientos incaicos, en la costa y los valles (Muñoz, 1981-1982-1989; Muñoz y Chacama, 1987; Niemeyer y Schiappacasse, 1981; Shiappaccase y Niemeyer, 1989), se encuentran relacionados o están junto, a los de población local, como ocurre con la información arqueológica de Playa Miller [4], (Hidalgo-Focacci, 1986; Herrera, 1993).

El español cuando accedió a la costa del extremo norte se encontró una compleja realidad multiétnica, de la cual pareciera no logró percibir mayores diferencias, excepto su identificación de los elementos incaicos en el área, pero en relación a los tipos pescadores pareciera que los evaluó a partir de su actividad económica, sin reparar en su identidad cultural, todos los grupos asentados en la costa al parecer tuvieron sus pescadores.

En relación a las etnias del área, particularmente he reunido alguna documentación —judiciales administrativos de Arica, legajo n‹ 1.Arch.Nacional de Santiago— estos antecedentes serán próximamente publicados. La evidencia etnohistórica reunida reconoce la presencia de Carangas y Pacajes en los altos de Arica y en las cabeceras de los valles de la vertiente occidental durante los primeros decenios del siglo XVII. Esta documentación se encuentra disponible en los archivos de trabajo del proyecto "Arte y patrimonio en la ruta de la plata", dirigido por Luis Briones (1993-95), departamento de Arqueología Universidad de Tarapacá, Arica.

2.- Movilidad y funcionalidad en las labores de pesca:

Las embarcaciones como elemento tecnológico junto con las diferentes técnicas de pesca y navegación posiblemente tuvieron alguna relación con la estructura y organización social de los grupos pescadores. Así por ejemplo, las balsas de madera posiblemente fueron empleadas en largas travesías, sirviendo a los grupos pescadores en la búsqueda de nuevos destinos y lugares de asentamiento, aspectos relacionados con la movilidad y manejo del espacio, y coherentes las practicas semisedentarias que alguno de ellos practicó.

La espacialidad y movilidad de las bandas pescadoras, posiblemente estuvieron vinculadas con la estacionalidad de algunas especies marinas y la constante búsqueda de bancos de moluscos y peces, otro elemento de movilidad probablemente lo encontramos en la segmentación de estos grupos, los que por saturación o "fragmentación política" se dividieron y abandonaron su banda de origen, dando lugar así a una nueva banda, capaz de crear su propia tradición.

La movilidad de los grupos pescadores estuvo favorecida por el manejo de cierto tipo embarcaciones, entre las que destacan las de dos y tres palos, (Núñez, 1979; Páez, 1982-1984-1987a-1987b) éstas posiblemente, por sus dimensiones y características fueron las más resistentes y aptas para la navegación y pesca de profundidad, que aquellas construidas en cuero de lobos marinos, adecuadas más bien para faenas de pesca y recolección de orilla.

Las Bandas pescadores de tradición arcaica, conservaron durante el paso del tiempo su nivel de organización social, producto en buena medida de las condiciones económicas y productivas en las que sustentaban su modelo de vida, las caletas no podían mantener a un grupo numeroso, ya sea por causas ambientales, económicas u otras relacionadas a la escasez de agua, o los riesgos del mar, sin olvidar lo insuficiente de su dieta y su dependencia hacia los grupos agrícolas y ganaderos de los valles y la sierra. Su movilidad y asentamiento de tipo semisedentario, estuvo basada en el uso de campamentos móviles (Muñoz, 1989; Dauelsberg, 1992-3), con áreas de pesca reconocidas a lo largo del litoral, las viviendas fueron construidas con materiales ligeros, una suerte de carpas o toldos sujetos con estacas, las evidencias arqueológicas de estos últimos demuestran como el mundo del mar condiciono sus formas de vida.

iquest;Quizás, sería interesante pensar en el tiempo que debían dedicar a la obtención de su alimento? y tal vez allí encontremos algunas explicaciones, y el porque, ciertos grupos mantuvieron sus formas vida prácticamente inalterables en el tiempo, y no desarrollaron otras formas de agrupación y organización más avanzadas. iquest;Por qué no afirmar entonces, que estas sociedades —satisfechas con su modo de vida— compartieron la costa con otras más desarrolladas o modernas? Nada al parecer podría indicar que en el espacio costero no hallan convivido grupos y tradiciones culturales diversas, a nivel político, organizacional y étnico.

Durante épocas tardías de acuerdo a la información de las crónicas aquí citadas encontramos descripciones que relatan la movilidad y delimitación territorial a la que se vieron sujetos los grupos asentados en la costa, a la llegada del Inca, quien ejerció un particular control sobre las guaneras, producto indispensable como abono. El incario de acuerdo a esto, habría amojonado las zonas de explotación de los distintos grupos, así al menos lo plantea Garcilaso: "En la costa de la mar, desde más abajo de Arequipa hasta Tarapacá que son más de doscientas leguas de costa no echan otro estiércol, sino el de los pájaros marinos... Crían en unos islotes despoblados... Cada islote estaba, por orden del Inca, señalada para tal o tal provincia y si la isla era grande, la daban a dos o tres provincias. Poníanles mojones por lo que los de una provincia no se entrasen en el distrito de otra" (Idem. Pág. 220).

3.- Indicadores culturales y rituales:

Entre los indicadores culturales que podemos emplear para identificar a las sociedades pescadoras debiéramos mencionar a los tocados cefálicos y los deformadores craneanos, los que fueron empleados desde épocas arcaicas, y que, no obstante, todo el tiempo transcurrido desde entonces, aun durante el período Tardío, es posible encontrar su presencia, recordados en algunas crónicas del siglo XVII, como en Garcilaso de la Vega y Guaman Poma, entre los reseñados aquí.

Los tocados fueron elementos de identificación entre los sujetos y los ayllus, quienes reconocían a un miembro de otra provincia a la distancia sólo por el tocado y sus vestimentas. Garcilaso señala a modo de ejemplo que: "Los de Tumpiz era gente mas regalada y viciosa que toda la demás que por ser de la costa de la mar... traía esta nación por divisa en la cabeza, un tocado como guirnalda, que llaman pillu" (Cap. II. Pág. 212-213), es entonces bastante significativo hallar un numeroso tipo de tocados, en la costa de Arica, durante un mismo momento sin con esto querer decir que distintas fases y momentos en las culturas o grupos de la costa no se hallan yuxtapuesto y entrecruzado.

Sobre estos distintivos transmisores de identidad nos informa el referido cronista: "...guardaban las costumbres de sus padres; andaban al uso de sus tierras y aunque hubiese juntos cien mil hombres fácilmente se conocían con las señales que en las cabezas se ponían... Las señales que traían eran manera de tocados que cada nación y cada provincia tría, diferente de la otra para ser conocido" (Cap.IX. Pág.103). Los tocados según Garcilaso y de acuerdo a los trabajos y hallazgos arqueológicos provienen de una lejana tradición de pescadores (Arriaza, 1986:23) los que hoy encuentran sus testigos en el Hombre de Acha (Muñoz et.al., 1993).

De acuerdo a los relatos de Garcilaso podemos reconocer que: "...hombres y mujeres se labraban las caras con puntas de pedernal... deformaban las cabezas de los niños naciendo pónenles una tablilla en la frente... Manteníanse de su pesquería, de sus yerbas y raíces y fruta silvestre..." (Cap.VIII. Pág.224), en relación a estos antecedentes debiéramos considerar que estos indicadores culturales, se encuentran evidenciados en las tumbas de épocas tardías, en particular la deformación cefálica (Allison et. al, 1981). Según los registros realizados en un grupo de momias se halló que existía un 65% de cráneos normales (Allison et. al 1981:246).

La tradición y el mundo mágico-religiosa de los grupos pescadores, también cuenta con la descripción de Garcilaso: "Es de saber que generalmente los indios de aquella costa, en casi quinientas leguas desde Trujillo hasta Tarapacá, que es lo ultimo del Perú norte sur, adoraban en común a la mar [sin considerar los ídolos que en particular cada provincia tenía], adorábanla por el beneficio que con su pescado les hacia para comer y para estercolar sus tierras... y así le llamaban mamacocha, que quiere decir madre mar... adoraban comúnmente a la ballena... y en particular unas provincias adoraban a unos peces y otras a otros... Esta es en suma la idolatría de los yuncas de aquella costa" (Cap. XVIII. Pág. 41). En general, según el cronista , adoraron aquella variedad de pez que en mayor abundancia capturaban, así como también a cangrejos, tollos, sardinas, lisas, delfines y otros. (Cap. X. Pág. 28).

Las actividades ceremoniales y rituales de los pescadores están directamente vinculadas al mundo del mar y obedecen a una larga tradición, la que tiene sus primeros antecedentes en las momias de los pescadores-cazadores de la cultura o tradición Chinchorro (Uhle, 1922; Bittman, 1977, Allison et. al., 1984; Muñoz et. al., 1982; Llagostera, 1989; Muñoz et.al., 1993; Mostny, 1983; Arriaza, 1994a-b; Rivera, 1994) en la costa norte, desde Arica hasta Antofagasta (Bittman, 1977-1984a), quienes destacan por sus practicas funerarias de momificación complicada, pintando el cuerpo de sus difuntos en colores rojo y ocre (Allisson-Focacci, 1984; Focacci-Chacón, 1989; Dauelsberg, 1985a). El color rojo es también distintivo de sus instrumentos de pesca y de algunos diseños rupestres de especies marinas (Niemeyer, 1985). Los ajuares funerarios de un porcentaje considerable de tumbas del sitio PLM-4, consignan numerosos instrumentos de pesca teñidos en color rojo, importante es considerar que estas se inscriben dentro del Tardío (Hidalgo-Focacci, 1987; Herrera, 1993).

Los cuerpos de los pescadores arcaicos fueron pintados en el contexto del ritual funerario, del mismo que: "La práctica de cubrir cuerpos con pieles emplumadas perdura a través del arcaico... y con rareza hasta la época Incaica" (Focacci-Chacón, 1989:21). Dentro del contexto funerario del sitio PLM-4, excavado por Guillermo Focacci en la década del setenta encontramos numerosos cuerpos con el rostro cubierto con piel de pelícano.

Los tatuajes en el rostro tampoco son desconocidos para las fuentes arqueológicas (Arriaza, 1988:21-22), temporalmente ubicados en el año 4.000 a.C. y hasta los Desarrollos Regionales, no obstante son escasos.

El arte rupestre (Mostny-Niemeyer, 1983; Niemeyer, 1985; Dauelsberg-Santoro 1985; Briones, 1985; Briones-Chacama, 1987) juega un valioso rol como indicador cultural, el cual eventualmente puede ser integrado en la identificación de los grupos pescadores. Las representaciones del arte rupestre encierran una invaluable riqueza simbólica, las cuales de alguna forma grafican la evolución que experimentaron los diseños y figuras (Com. per. Juan Chacama, verano de 1993). Podríamos decir guardando las debidas distancias culturales, que el arte rupestre es una expresión religiosa del "impresionismo indígena" (Herrera, 1993).

Los diseños rupestres reproducen, entre otros elementos, algunas especies marinas, como: ballenas, toninas lobos marinos, inclusive pájaros niño y aves marinas. Algunos de estos diseños se pueden apreciar a todo lo largo de la costa del Norte Grande, hallando en ciertos casos una singular similitud entre ellos, como es el caso, de los encontrados en el sitio de las Lisas en las cercanías de Chañaral y otros del extremo norte (Niemeyer, 1985; Shiapacasse-Niemeyer, 1989:69-70). En la costa de Arica destacan: Cueva del Inca, Morro de Arica, La Capilla (Muñoz-Chacama, 1982), una cueva en Vitor y dos en la desembocadura de Camarones (Dauelsberg-Santoro, 1985).

"Los yacimientos en Chile que tienen por tema principal el pez son [sin embargo] escasos, y se manifiestan en diferentes técnicas... desde Coquimbo al norte, hasta Arica". (Niemeyer, 1985:143). Producto tal vez de los recursos y tecnología disponible o bien debido a sus diferencias culturales las que posiblemente dejan a tras luz su diversidad étnica.

En la Quebrada de Guatacondo algunos diseños rupestres representan balsas de cuero de lobo, tripuladas por remeros y hombres pescando con lienza (Mostny-Niemeyer, 1983). También se observan escenas de guerreros enfrentándose con arcos, en probables disputas territoriales de grupos étnicos diferentes (Mostny-Niemeyer, 1983). Las escenas rupestres en los petroglifos de Auspisar, parecen describir con mayor precisión los conflictos interétnicos, a juzgar por los distintivos tocados de plumas que porta una de las bandas (Santoro-Dauelsberg, 1985:83), entendiendo que estos elementos constituyen una suerte de "emblema étnico".

III.- Conclusiones:

Las denominadas sociedades pescadoras del extremo norte de Chile, largamente identificadas bajo la definición de Changos, responden en verdad, a más de una etnia, las que conviven dentro de un complejo sistema multiétnico y político, en particular después del dominio y presencia Inca.

La categoría de Chango al parecer más que señalar la identidad étnica de un grupo define más bien una forma de vida, y esta condición es atribuible a cualquier grupo de pescadores, sin importar su identidad étnica.

El análisis comparativo de los indicadores culturales, reconocidos aquí y otros no mencionados, tanto en las fuentes arqueológicas como en las etnohistóricas sirven de modelo para crear una tipología para diferenciar a los grupos pescadores asentados en la costa del extremo norte, entendiendo que estos, no son, un todo homogéneo como habíamos pensado. Hasta aquí sólo hemos pretendido reconocer las diferencias culturales y económicas entre los grupos pescadores, sin alcanzar a vislumbrar como funcionaron sus estructuras socio-políticas, y sus formas de ocupación espacial, ni sus conceptos de territorialidad. iquest;Cómo identificaremos y denominaremos a las sociedades pescadoras?, iquest;cómo estableceremos su funcionamiento político y social?, son algunas de las interrogantes que ahora debemos responder.

Si tuviese que postular un "modelo de ocupación espacial" para las distintas sociedades pescadoras asentadas en la costa del extremo norte, brotan de inmediato en mi mente algunas situaciones que debo considerar con antelación, como por ejemplo, que estamos en presencia de grupos organizacional y culturalmente diferentes, con estrategias productivas y económicas también distintas, cuyos orígenes podemos encontrar en los antiguos pescadores de una tradición arcaica, quienes tienen sus ancestros en la cultura o tradición Chinchorro.

Un segundo conjunto, lo constituyen aquellos grupos o linajes pescadores que, procedentes de la misma tradición Chinchorro desarrollaron la agricultura y establecieron una avanzada economía de tipo agromarítimo, gracias a su apropiación del "medio valluno", probablemente los fundadores de los denominados "Desarrollos Regionales", quienes tal vez recibieron el aporte étnico y genético de grupos altiplánicos.

Iniciando el segundo milenio de nuestra era encontramos la presencia de los llamados Reinos altiplánicos quienes se asentaron y coexistieron en la costa y los valles junto a los grupos de Desarrollo Regional, quienes finalmente ven desestructuradas sus dinámicas sociales y políticas ante los señoríos altiplánicos (Schiappacasse-Niemeyer, 1989). Posteriormente estos mismos, luego de la expansión del Estado Inca, introducen los modos y estilos incaicos, representados por ejemplo en los artefactos domésticos, evidenciados en la cerámica de estilo inca local, y de filiación altiplánica, como Chilpe y Saxamar entre otras.

La presencia incaica queda de manifiesto, en cada uno de los valles y la costa (PlM-4 y 6), ya sea en Camarones (Cam. 9), en Mollepampa, en el valle de Lluta y Azapa (Az. 15), o en Pampa Alto Ramírez (Muñoz, 1989). El asentamiento del Estado Inca, en la costa y los valles, responde a su interés por controlar el acceso a los recursos de los valles principalmente maíz y ají. El guano y los productos marinos de la costa.

El español a su llegada a la costa y los valles occidentales encuentra población de origen muy variado, aquella de una herencia arcaica, básicamente pescadora, otra altiplánica, junto a la desmembrada población de desarrollo local, a la cual debemos sumar la presencia de colonias incaicas, arrojando un complejo multiétnico y político, sin mencionar, el uso de variadas lenguas, aymara, quechua y uruquilla, entre otras que no distinguimos (Torero, 1987-1992).

Estos argumentos nacen a la luz de mis recientes lecturas a las últimas publicaciones de Chiappacasse-Niemeyer (1998), Llagostera (1990) y Muñoz (1989-1994), junto con la discusión de los arqueólogos en torno al problema de Chinchorro y su calidad de tradición o cultura (Arriaza, 1994; Rivera, 1994; Schiappacasse, 1994). Una pieza clave sin embargo, es la discusión y el análisis de las poblaciones costeras desde un punto de vista biológico y genético, para efectivamente comprobar sí, en la costa del extremo norte existió un grupo genéticamente costero que haya perdurado desde el 7000 a.c hasta la llegada del español.

Fuente Internet:

http://rehue.csociales.uchile.cl