Los cambios estructurales

 

Segundo Medio: Historia de Chile.

Unidad 5: El siglo XX: la búsqueda del desarrollo económico y de la justicia social

Segunda subunidad: Los cambios estructurales

• El nuevo rol del Estado a partir de la década de 1920: el Estado de bienestar; la sustitución de importaciones como modelo económico, sus logros y debilidades. La crisis del modelo a mediados de siglo, efectos sociales.

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Valentín Letelier Madariaga

Hasta el segundo lustro del siglo XX se concibe al Estado como un guardián del orden público, que no debe intervenir en los asuntos económicos y sociales que se planteen en el país.

Esta idea es puesta en tela de juicio durante convenciones del partido radical en los años 1903 y 1906, especialmente por parte de Valentín Letelier.

La idea de un estado con mayores atribuciones se vuelve a plantear en la convención de la juventud radical en 1917 y en la elección presidencial de 1920, por parte de los precandidatos de la Alianza Liberal, Eliodoro Yáñez y Arturo Alessandri.

En la década de 1920  la idea de un Estado interventor se ha socializado en el mundo, en consideración a que el Tratado de Versalles establece que la reconstrucción de Europa, asolada por la Primera Guerra Mundial, debería ser una tarea de los estados y no producto de iniciativas particulares.

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Eliodoro Yánez Ponce de León

Arturo Alessandri, durante su primer gobierno, insiste sin éxito en que el Estado debería tener un mayor protagonismo. La Constitución de 1925, en gran parte obra de ese mismo mandatario, le da al Estado amplias facultades en la planificación, en cautelar el bien común, el derecho al trabajo, el seguro social, la salud pública y la educación, que es declarada como su atención preferente.

La acción del Estado alcanzará niveles insospechados hasta entonces en el gobierno de Carlos Ibáñez (1927-1931).

Durante su mandato, se piensa que modernizar es sinónimo de estatizar; de ahí que se organice el aparato estatal, creándose el Ministerio de Fomento, direcciones generales y superintendencias.

Se funden algunos servicios públicos, se reestructuran otros y se amplía la burocracia para cumplir las nuevas funciones del Estado. Se intervienen y supervigilan los organismos intermedios (municipalidades, sindicatos, centros previsionales) y se acentúa el peso estatal de la educación.

Además, se crea un aparato paraestatal, que ofrece líneas de crédito, coordina actividades extractivas y fomenta la expansión en varios rubros de la economía. Entre estos organismos se pueden mencionar la Superintendencia del Salitre y Yodo, el Consejo de Fomento Salitrero, el Instituto de Crédito Industrial, el Consejo de Fomento Carbonero, la Caja de Colonización Agrícola y la Línea Aérea Nacional (LAN).

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Arturo Merino Benítez, fundador y primer Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile, fundador y Presidente de LAN.

Para sustentar un Estado tan comprometido con el desarrollo económico, hubo que asegurar la recaudación de tributos y cautelar el buen uso de los recursos públicos, creándose la Contraloría General de la República, la Oficina de Presupuesto, el Consejo Nacional de Finanzas y la Tesorería General de la República.

Luego de la crisis mundial de 1929, que, como se dijo, hizo pensar a muchos que el capitalismo había colapsado, se da mayor prestancia a la intervención estatal. Por tal motivo, durante el período de la República Socialista (junio a septiembre de 1932) que corresponde a un momento de enorme inestabilidad política, el Estado asume completamente el papel de controlar y reorganizar la economía en ese difícil momento.

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Edificio de la Contraloría

Se organiza lo que ha sido denominado como Estado Benefactor.

Se crea el Comisariato de Subsistencias y Precios, encargado de adquirir, controlar y fijar el precio de los artículos de primera necesidad; se suspenden los lanzamientos de arrendatarios sin recursos para pagar el canon por sus viviendas; se dispone gravar las grandes fortunas y crear empresas estatales encargadas de la producción.

Como se declara por medio de La Nación, diario del Estado, el objetivo de gobierno apuntaba a dar “un golpe de muerte a los conceptos liberales e individualistas que hasta ahora han presidido la existencia del Estado”.

Otro hito en este proceso tendente a dar protagonismo al Estado, se alcanza a partir del gobierno del Frente Popular en 1938.

Entonces se crea la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) (1939), que circunstancialmente se encarga de la reconstrucción de las ciudades devastadas por el terremoto de Chillán ese año, y de manera permanente orientará la política económica del gobierno, encargándose de la investigación, financiamiento y participación en cualquier proyecto que significara promover el crecimiento económico.

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Terremoto de Chillán, 1939

No se trata de desplazar a la empresa privada, por el contrario, la idea era apoyarla otorgándole crédito barato y subvenciones. Se pretendía consolidar la política de sustitución de importaciones iniciada a fines de la década de 1920, que hasta entonces había resultado exitosa en cuanto a alimentación y vestuario, pero no en cuanto a bienes de capital.

Gracias a la Corfo se produjo la industrialización del país, con la creación de la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), la Compañía de Acero del Pacífico (CAP) y se inicia la explotación de petróleo en Magallanes.

A pesar del importante papel cumplido por la Corfo en la industrialización de Chile, en el largo plazo creó malos hábitos en el empresariado nacional, protegidos por los subsidios y con un mercado cautivo, en general brindaban productos de regular calidad y caros. En el caso de las empresas estatales, el clientelismo de los partidos de gobierno determinó que habitualmente se contratara a muchos más trabajadores que los requeridos, lo que implicaba un  paro encubierto que pesaba sobre la economía nacional.

De 1938 a 1970: el Estado como agente económico y la política de los “compromisos”

La elección del radical Pedro Aguirre Cerda como presidente, en 1938, fue un hecho crucial: por primera vez, los partidos oligárquicos perdían una elección presidencial, y comenzaba una época de gobiernos basados en las alianzas de partidos de distintas tendencias, hecho poco común en Latinoamérica.

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Pedro Aguirre Cerda

Este último rasgo se reforzó en 1935, cuando comenzó a formarse el futuro partido demócrata cristiano, que tomó su nombre definitivo en 1956. Con ello, se diseñó un nuevo estilo, el de la vida política basada en el “compromiso”, ya que ningún partido tenía fuerza suficiente para gobernar solo.

El sucesor de Aguirre (quien murió en 1941, sin poder completar su mandato), el radical Juan Antonio Ríos (que también falleció durante su mandato), recibió apoyo del Partido Socialista y de algunos liberales; Gabriel González Videla, otro radical, elegido en 1946, fue apoyado por comunistas y liberales; Carlos Ibáñez, el ex dictador, elegido en 1952, se basó en la alianza entre una fracción socialista y de un partido que tuvo corta vida, el agrario-laborista; en 1958, Jorge Alessandri Rodríguez (independiente de derecha) gobernó con liberales, conservadores y radicales.

El único presidente que gobernó sólo con el apoyo de su propio partido fue el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva (1964 a 1970).

En esta etapa se puede estimar que la democracia tuvo progresos importantes, ya que no hubo nuevos golpes de estado, el cuerpo electoral se amplió considerablemente, gracias al derecho de voto para la mujer (en 1947), a una disminución del fraude electoral y a la diversidad de partidos, lo que indicaba una gran tolerancia ideológica.

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Juan Antonio Ríos

Sin embargo, esa situación sufrió una limitación importante entre 1948 y 1958, años en que se aplicó la ley llamada de “Defensa de la democracia” que declaraba ilegal al partido comunista y además limitaba el funcionamiento de los sindicatos.

Miles de personas perdieron sus derechos cívicos y muchos fueron internados en campos de detención. El poeta Pablo Neruda, militante comunista, debió salir clandestinamente del país para evitar la cárcel. Sólo a fines de los años 1950 se volvió respetar plenamente la democracia política, cuando esa ley fue abolida.

Además, en 1953 se formó la Central Única de Trabajadores (CUT) que dio mayor presencia a los sindicatos en la vida nacional. Sin embargo, durante largo tiempo la vida sindical estuvo limitada a los trabajadores urbanos; a través de diversas tácticas, los propietarios de tierras impidieron la formación de sindicatos en el campo.

En política internacional, Chile se mantuvo como país neutral durante una buena parte de la segunda guerra mundial; sólo en enero de 1943 rompió sus relaciones con Alemania y sólo en 1945 le declaró la guerra. Posteriormente, Chile fue país fundador de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Organización de Estados Americanos (OEA). Como resultado de su adhesión a este último organismo, Chile rompió relaciones con Cuba en 1962. Aunque en la votación sobre esta materia la delegación chilena se había abstenido, se acató la mayoría.

La economía experimentó algunos cambios importantes. Aunque la exportación de cobre siguió siendo una actividad clave (el salitre, en cambio, perdió considerablemente su importancia), la industria cobró mayor relevancia, gracias, en parte, al apoyo que recibió del Estado desde 1939. Ese año se creó Corfo (Corporación de Fomento de la Producción), una institución creada por el gobierno, que daba créditos a las distintas actividades de la economía y que a veces compraba empresas.

Además, se reforzó la electrificación del país, con varias centrales hidroeléctricas, y se comenzó la explotación de petróleo en Magallanes, en el extremo sur, todo ello por iniciativas estatales.

En los años 1960, del Estado dependía más del cuarenta por ciento de las inversiones. Pero aunque esas medidas trajeron cierto progreso, hubo también problemas serios, como la fuerte inflación de los años 1940 y sobre todo de los años 1950, problema que no pudo ser resuelto posteriormente.

Aunque la cesantía era baja (inferior al diez por ciento) había mucho subempleo, y la agricultura no progresaba: al contrario, desde los años 1950, Chile debió importar una parte de sus alimentos.

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Eduardo Frei Montalva

Desde comienzos de la década de 1960, el país estaba en una fase progresiva de radicalización de las opciones políticas. Tanto la democracia cristiana como la alianza de la izquierda (socialistas y comunistas), postulaban (en distinto grado) a cambiar la sociedad.

En 1964 triunfó el candidato de la DC, Eduardo Frei, recibiendo los votos de la derecha, que preferían su victoria como mal menor, ante la posibilidad de un triunfo de la izquierda.

Durante su gobierno, que había prometido una “Revolución en libertad”, se realizó la reforma agraria y el cobre fue parcialmente nacionalizado, al comprar el estado chileno el 51 por ciento de las acciones de las compañías estadounidenses. Al mismo tiempo, Frei trató de atraer a inversionistas extranjeros, y recibió el apoyo de la Alianza para el Progreso, el programa de ayuda económica ofrecido por los Estados Unidos a Latinoamérica.

En el plano social, su gobierno estimuló la formación de sindicatos, especialmente en el sector agrario, y dio lugar a una importante red de organismos para las mujeres, los Centros de Madres.

Todo esto no bastó para congraciarlo con los que, a la derecha, no le perdonaban haber atentado contra el derecho de propiedad, al hacer la reforma agraria, y pareció poco a aquellos que, en la izquierda, deseaban ir más lejos.

Bajo su gobierno hubo además varias acciones represivas del ejército y de los carabineros, lo que tuvo como resultados la muerte de cerca de cuarenta personas ocurridas en diversas acciones. La efervescencia política se hizo sentir también en las aulas universitarias, donde en 1967 se impuso un movimiento reformista, que dio a los estudiantes el derecho a votar para la elección de rector.

Inspirado por la revolución cubana, nació en 1965 el MIR (Movimiento de la izquierda revolucionaria), que llevó a cabo algunas acciones armadas, aunque no llegó a transformarse en guerrilla. El resultado de todo este proceso fue la victoria de Salvador Allende, el cual, a la cabeza de una alianza de diversos partidos de izquierda (socialista, comunista, radical, disidentes de la DC) ganó la elección presidencial de 1970.

Fuente Internet:

http://www.odisea.ucv.cl/pags/unidades2/unidad5/contenido2.html

• Los nuevos proyectos políticos: la reformulación del sistema de partidos a fines de la década de 1950. Los nuevos proyectos de desarrollo y su implementación política. Ampliación del sufragio.

El período que transcurre entre 1940 y 1953 se caracteriza por ser una etapa de fragmentación política, proceso que justamente culmina en la elección parlamentaria de 1953 cuando 32 grupos alcanzan representación parlamentaria. Esa circunstancia, producto de las divisiones internas en los partidos, de los conflictos entre los miembros de las coaliciones de gobierno y del caudillismo de algunos líderes políticos, termina por desprestigiar a los partidos políticos.

El triunfo de Ibáñez en la elección de 1952, así como el de Jorge Alessandri Rodríguez en 1958 se explican justamente por tratarse de candidatos que no pertenecían a partidos políticos. El símbolo de la escoba en la campaña de Ibáñez, que representaba la voluntad de barrer con la politiquería, le trajo buenos dividendos electorales.

A pesar de que en ambas administraciones se trató de atenuar la influencia de la política partidaria, ésta se revitaliza después de 1953, aunque con cambios importantes. Disminuye la fragmentación política, como lo demuestra que en la elección de 1961 sólo hayan obtenido representación en el Congreso siete partidos.

En la reformulación del sistema de partidos que entonces se produce, la derecha, integrada por el partido liberal y el conservador, pierde apoyo electoral. Luego de haber representado, en promedio, el 39,7 por ciento del electorado entre 1932-1950, pasa a disponer del 26,4 por ciento entre 1956-1965, a pesar de que se ve favorecida por el voto femenino a partir de la elección de 1952. Esta tendencia llevó a la desaparición de ambos partidos, surgiendo en su reemplazo el partido nacional (1966), que con el 21,6 por ciento de los votos en la elección de 1969 se convirtió en el segundo partido más importante del país. En cuanto al partido radical, la situación no pudo ser peor. Luego de haber dado tres presidentes al país, que gobernaron entre 1938 y 1952, los radicales pasarán a tener un papel subalterno en el sistema de partidos.

El ibañismo también casi hace desaparecer a la Falange Nacional, que de haber dispuesto del 3,9 por ciento de los votos en la elección parlamentaria de 1949 pasa a contar sólo con el 2,9 por ciento en las parlamentarias de 1953. Su fusión con los conservadores social cristianos, así como con agrario laboristas que acompañaron a Ibáñez, dará origen al Partido Demócrata Cristiano (1957).

La Falange fue un partido que representaba a una elite universitaria, que electoralmente nunca superó el 5 por ciento de los votos. La Democracia Cristiana, en cambio, nació como un partido de masas que creció del 9,4 por ciento en las elecciones parlamentarias de 1957, al 22,8 por ciento en 1963 y a más del 40 por ciento en 1965. Tan espectacular crecimiento, se explica por la declinación de la derecha y del Partido Radical, así como por el aumento de un electorado de sectores medios y bajos que se sintió atraído por el discurso reformista del nuevo partido. También contribuyó a ese crecimiento, el respaldo oficioso que recibió de la jerarquía eclesiástica, que hasta la década de 1950 se había identificado con el partido conservador.

El mundo vivía entonces momentos de revolución, a los que la Iglesia no era ajena, como queda de manifiesto en el Concilio Vaticano II (1962-1965). Por último, la transformación de la Democracia Cristiana en el partido más grande del país, se explica por la labor proselitista que sus miembros venían desarrollando en el campo desde tiempos de la Falange, con la creación de instituciones como la Federación Sindical Cristiana de la Tierra, organizada por Emilio Lorenzini.

En cuanto a los partidos marxistas, los comunistas se encontraban al margen dela Constitución, luego de la Ley de Defensa de la Democracia; los socialistas permanecían divididos, tanto que una fracción de ellos apoyó a Ibáñez y no a Allende en las elecciones de 1952. A partir de 1953 adoptan la estrategia de Frente de Trabajadores, que excluye la alianza con partidos que denominaban burgueses, como había acontecido en el período del Frente Popular. En 1956 se forma el Frente de Acción Popular (FRAP), que reúne a las distintas fracciones del socialismo e integra a los comunistas que a partir de 1958 recuperan sus derechos políticos.

Algunos acontecimientos internacionales, como la Guerra Fría (1947), tendrán enorme importancia en el derrotero que tome la política nacional.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, los triunfadores en el conflicto, Estados Unidos y la Unión Soviética, ponen al mundo frente a dos alternativas: capitalismo o socialismo.

Chile, al igual que el resto de los países hispanoamericanos se alinea con la posición de Estados Unidos, es decir con el capitalismo. Esta situación se complica con la revolución cubana (1959), y el compromiso que asume la isla con el socialismo. A partir de entonces se radicaliza la Guerra Fría y Chile se transforma en un escenario de ese conflicto. De ahí que en la elección de 1964 y en la de 1970, lo que estaba en juego, más allá del programa de los candidatos, era si Chile continuaba siendo un país capitalista o bien adoptaba el socialismo, lo cual explica el interés con que los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba vieron el resultado de esas elecciones.

En el plano interno, desde la década de 1950 se venían produciendo reformas que contribuyeron a la democratización de la política, por lo menos desde un punto de vista formal.

En 1958, como se indicó, se deroga la ley de defensa de la democracia que legaliza al Partido Comunista. Ese mismo año se establece la cédula única, poniendo fin al cohecho que distorsionaba los resultados electorales. También aumenta notablemente el número de votantes, gracias a que a partir de 1949 las mujeres son autorizadas a votar en las elecciones parlamentarias y presidenciales, a que en 1962 se hace obligatoria la inscripción en los registros electorales y a que desde 1970 pudieron votar los analfabetos y se bajó de 21 a 18 años la edad para participar en las elecciones.

Gracias a esas reformas, el electorado aumentó de 591.994 en 1949 a 4,5 millones en 1973, con lo cual las elecciones fueron mucho más representativas de la voluntad nacional.

Las disputas entre los partidos por captar estos nuevos electores fueron sin cuartel, y como a partir de 1958 se prohibieron los pactos electorales a nivel provincial y se dificultaron los pactos nacionales, la polarización política producto de la Guerra Fría, se acentuó.

Algunas frases durante las campañas electorales, como: no cambiaré mi programa ni por un millón de votos, o avanzar sin tranzar, son testimonios de la política de entonces.

Hacia 1964 los partidos estaban divididos en tres bloques claramente diferenciados y excluyentes: derecha, representada por los partidos conservador y liberal, y a partir de 1966 por el Partido Nacional; izquierda, representada fundamentalmente por socialistas y comunistas; y el centro, ocupado por la Democracia Cristiana.

La radicalización se debió a los motivos expuestos y a que el centro, ocupado por la democracia cristiana, se torna muy rígido, a diferencia de cuando estuvo ocupado por los radicales, quienes facilitaban las alianzas políticas entre partidos diferentes, las que a su vez resultaban muy expeditas por el sistema electoral vigente hasta 1958, tanto, que muchas veces el elector no tenía claro a quien estaba beneficiando con su voto.

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Minería del cobre

En cuanto a los proyectos de desarrollo planteados a partir de entonces, se advierte que los gobiernos de Carlos Ibáñez y Jorge Alessandri Rodríguez trataron de atenuar la intervención del Estado y evitar la excesiva politización de los asuntos económicos, tan evidente durante los gobiernos radicales.

Con Ibáñez se bajan los impuestos a las compañías que explotaban el cobre, dejando totalmente en sus manos la comercialización del mineral, a cambio de estas franquicias las compañías se comprometen a aumentar la producción y las inversiones en el país, creando un clima de confianza a la inversión extranjera. Sin embargo, la iniciativa no tuvo éxito, ya que luego del armisticio de Corea bajó la demanda de cobre y su precio, creando déficit fiscal y aumentando la inflación hasta 84 por ciento en 1955.

En la misma línea que el gobierno anterior, durante la administración de Jorge Alessandri se intenta, sin éxito, liberalizar la economía. Se cambia el peso por el escudo, cuyo valor se fija a la par con el dólar; se aumentaron los impuestos a la industria cuprífera y se da comienzo a la reforma agraria. La inflación, que en 1963 llegó al 44,3 por ciento frustró, al igual que en el gobierno anterior, la política económica. Sin embargo, hubo una promisoria gestión en obras públicas y en la construcción de viviendas populares.

En la década de 1960, el gobierno de Eduardo Frei, influido por un diagnóstico de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), según el cual la pobreza de los países hispanoamericanos se debía a que no eran dueños de sus riquezas básicas y a que las zonas rurales estaban muy atrasadas económica y socialmente respecto de las urbanas, determinó que se llevara a cabo la chilenización del cobre y se radicalizará la reforma agraria.

La chilenización del cobre consistía en que el Estado se asociaba a las compañías que lo explotaban, para tener una mayor participación en su comercialización. En cuanto a la reforma agraria, consistió en expropiar los predios agrícolas mal trabajados y aquellos de un tamaño superior a las 80 hectáreas de riego básico.

En el gobierno de Salvador Allende, se opta por nacionalizar el cobre y acentuar aún más el proceso de reforma agraria. Además, el Estado acentúa su intervención en la economía en desmedro de la empresa privada.

Fuente Internet:

http://www.odisea.ucv.cl/pags/unidades2/unidad5/contenido3.html

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