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Chile, país de terremotos

Para ningún chileno es un misterio que nuestro territorio está ubicado en una zona altamente sísmica del planeta. La placa de Nazca se encarga de recordárnoslo cada cierto tiempo. Como una manera de comprender un poco más los efectos esto causa en Chile entregaremos una breve relación de los grandes terremotos que han sacudido su suelo, destacando los efectos negativos que éstos han tenido en su desarrollo económico y en la formación del carácter de sus habitantes.

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Terremoto de Valdivia, 21 de mayo 1960, magnitud 9,5 grados Richter.

E l primer terremoto que registra la historia después de llegados los españoles a Chile es el de 8 de febrero de 1570, que destruyó Concepción, durante el gobierno de Bravo de Saravia. No hay registro de muertos, pero la mayor parte de las casas se cayeron, lo que produjo gran pánico.

Un relato de Góngora Marmolejo, expone la situación vivida: "los que andaban por la ciudad no sabían qué hacer, creyendo que el mundo se acababa, porque veían por las aberturas de la tierra salir grandes borbollones de agua negra y un hedor de azufre pésimo y malo que parecía cosa del infierno; los hombres andaban desatinados, atónitos, hasta que cesó el temblor. Luego vino la mar con tanta soberbia que anegó mucha parte del pueblo, y retirándose más de lo ordinario mucho, volvía con grandísimo ímpetu y braveza a tenderse por la ciudad".

Los escritos de la época indican que tembló aún por cinco meses.

En 1575, el 16 de diciembre, siendo gobernador Rodrigo de Quiroga, un temblor acabó con las ciudades del sur. El gobernador refirió la experiencia en carta dirigida al rey, el 2 de febrero de 1576: "En un momento derribó las casas y templos de cinco ciudades, que fueron La Imperial, Villarrica, Osorno, Castro y Valdivia, y salió la mar de su curso ordinario, de tal manera que en la costa de La Imperial se ahogaron casi cien ánimas de indios, y en el puerto de Valdivia dieron al través dos navíos que allí estaban surtos, y mató el temblor veintitantas personas, entre hombres, mujeres y niños".

Mariño de Lobera, presente durante el fenómeno, lo describió así: "Demás desto, mientras la tierra estaba temblando por espacio de un cuarto de hora, se vio en el caudaloso río (el Valdivia), por donde las naos suelen subir sin riesgo, una cosa notabilísima, y fue que en cierta parte dél se dividió el agua corriendo la una parte de ella hacia la mar y la otra parte río arriba, quedando en aquel lugar el suelo descubierto de suerte que se veían las piedras".

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Otra imagen de Valdivia, 21 de mayo de 1960.

Este terremoto no fue el único cataclismo que debió soportar la ciudad de Valdivia aquel año. Como consecuencia del mismo, en el mes de abril se produjo un fenómeno que se habría de repetir casi tres siglos más tarde en el mismo lugar.

El Riñihue y su primera amenaza

A raíz del terremoto, se desplomó un cerro vecino a la salida del lago Riñihue, salida del río Valdivia, formando una presa que tapó totalmente la salida del lago, el cual, en cuatro meses, acumuló una inmensa cantidad de agua. Sin embargo, al romperse el tapón, las aguas se precipitaron al mar derribando cuanto encontraban a su paso. Mariño de Lobera, corregidor de la ciudad, previendo lo que iba a ocurrir, había dispuesto el traslado de los habitantes a las partes altas del sector, con lo que aminoró mucho el número de víctimas. No obstante, destruyó la ciudad y los poblados vecinos que encontró a su paso.

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Destrucción de iglesia, Valdivia, 1960.

El corregidor relata: "las mesmas casas eran sacadas de sus sitios, y llevadas por la fuerza del agua, con todo eso por ir muchas de ellas enteras como navíos iban navegando como si lo fueran y así los que iban encima podían escaparse, mayormente siendo indios, que es gente muy cursada en andar en el agua".

En Santiago, el 13 de mayo de 1647, siendo gobernador Martín de Mujica, a las diez y media de la noche, se produjo un terremoto que destruyó casi totalmente la ciudad. En aquellos tiempos, su ruina era la ruina del reino.

Aquella noche, la mayor parte de los habitantes se había acostado. Un ruido subterráneo estremecedor los sobrecogió de pavor, viniendo a continuación un fortísimo sacudimiento de la tierra, produciendo el agrietamiento de los muros de los edificios y, asimismo, las amarras de los techos cedieron. Lo primero en derrumbarse fueron las torres de las iglesias, luego los templos y las casas.

Del cerro Santa Lucía cayeron enormes peñascos, aumentando el terror de los santiaguinos. El obispo Villarroel, testigo del terremoto y quien fue sacado herido de entre los escombros, reseña que el terror de los sobrevivientes lindaba en la locura y que muchos temían que la tierra se abriese y se los tragara. Así, desesperados, imploraban ser confesados: "Puse en la plaza cuarenta o cincuenta confesores entre clérigos y frailes. Repartidos por las calles muchos, para los enfermos y heridos. Di facultad a todos los sacerdotes simples; y, siendo tantos unos y otros, fueron las confesiones tantas y tan repetidas, que embebimos la noche en ellas".

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Otra imagen de 1960.

Como contrapartida, el sismo produjo un despertar del fervor religioso, que se tradujo en procesiones y penitencias, algunas de las cuales se prolongaron bastante en el tiempo. Un ejemplo de ellas es la del Señor de Mayo. Su origen lo relata el señor Villarroel:

"Tienen los padres de San Agustín un devotísimo crucifijo, fabricado por milagro porque, sin ser ensamblador, le hizo ahora cuarenta años un santísimo religioso (se refiere a un padre agustino de apellido Figueroa que vino de Lima y tenía fama de muy santo). Estaba en el tabique que cerraba un arco, tan fácil de caer que no tenía que obrar en él un temblor; y caída la nave toda, quedó fijo en su cruz sin que se lastimase el dosel. Halláronle con la corona de espinas en la garganta, como dando a entender que le lastimaba una tan severa sentencia; y nos prometimos para los que quedábamos su gran misericordia, conmovido el pueblo con su antigua devoción y este reciente milagro, le trajimos en procesión a la plaza, viniendo descalzos el obispo y los religiosos, con grandes clamores, con muchas lágrimas y universales gemidos".

Gobernador en problemas

Diez años más tarde, al flamante gobernador Porter Casanate debió afrontar al caudillo Alejo, de gran astucia militar, y más encima, un terremoto sobre la arruinada villa de Concepción. A las siete y media de la tarde del 15 de marzo de 1657, un terrible remezón derribó los templos y las casas de la ciudad de Concepción, con lo que muchos fallecieron aplastados. Poco después, una ola gigantesca arrasó con los muros agrietados que el temblor dejó en pie. El maremoto se repitió dos veces más, en medio de fuertes remezones que se sucedían con cortos intervalos.

Fallecieron poco más de cuarenta personas; pero la población entera quedó sin techo y sin víveres, justo al comenzar el invierno. Los vecinos, ya arruinados por los saqueos de sus haciendas por los araucanos, terminaron por perder lo que les quedaba, y reducidos la miseria.

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Autopistas destruidas, 27 de febrero 2010.

Los chilenos estuvieron tranquilos en cuanto a fenómenos telúricos hasta el 8 de julio de 1730. Esa noche, alrededor de la una de la madrugada, un temblor sacudió la ciudad capital. Éste duró algunos minutos. La población, asustada, se levantó y salió a las calles, a ponerse a salvo.

A las cuatro de la madrugada, otro sismo afectó a gran parte de las edificaciones. Las iglesias de Santo Domingo y de la Merced se derrumbaron por completo; la Compañía, la Catedral, San Francisco y San Agustín perdieron sus torres; más de la mitad de las casas cayeron, quedando inhabitables. Para colmo, dos días después se descargó una lluvia que duró veinticuatro horas, amenazando con desbordar el Mapocho.

Al no haber comunicaciones rápidas (e inmediatas como ahora), los habitantes de Santiago pensaron que eran los únicos en haber sentido el temblor. Sin embargo, dos días después se supo que Valparaíso estaba en ruinas y que el mar había destruido lo que estaba en las partes bajas, destruyendo las bodegas, con lo que se arruinaron ochenta mil fanegas de trigo.

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Carreteras en el sur del país, 27 de febrero 2010.

También en Concepción el mar había entrado a la ciudad. Cuatro veces seguidas, se precipitó en gigantescas olas, entrando por las calles y las plazas, dejando en ruinas los edificios a su paso. Se sucedieron temblores de menor intensidad, a intervalos, durante catorce meses.

Uno tras otro

Durante la gobernación de Ortiz de Rozas, el 23 de mayo de 1751, los habitantes de Concepción sintieron otro cataclismo, quizás mayor que los anteriores. A la una de la madrugada se sintió un fuerte remezón que hizo huir a los habitantes. Diez minutos después, un aterrador terremoto no dejó templo ni casa en pie.

Por suerte, esta vez el mar les dio tiempo para que los espantados pobladores corrieran a refugiarse en las alturas. Media hora más tarde, el mar retrocedió más de tres leguas para volver con enormes olas, destruyendo nuevamente la ciudad. Un buque que estaba fondeado en el puerto, varó en la primera salida de mar, y luego flotó y navegó sin rumbo por la destruida ciudad. Una vez vuelta la calma, el mismo buque recuperó de la isla Quiriquina los muebles y ropas que aún podían ser utilizados, y que el mar había arrojado hasta allí.

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En Santiago, edificios nuevos a punto de caer, 27 de febrero de 2010.

La ciudad de Chillán, las villas de Cauquenes, Talca y Curicó casi desaparecen también con la fuerza del terremoto. Otras villas menores de la zona quedaron, asimismo, con casi todas sus edificaciones destruidas.

Pasado el invierno, el gobernador Ortiz de Rozas se trasladó al sur a cambiar la ciudad de Chillán a un sitio más alto, donde quedara protegida de las crecidas del río. No obstante las medidas de precaución para evitar los destrozos de otro maremoto, el pueblo de Concepción no quiso trasladarse. Tras numerosas riñas, la ciudad quedó donde estaba, a excepción de la casa del corregidor, el cabildo y unos cuantos vecinos, se mudaron al llano que se extiende entre el Andalién y el Biobío.

O'Higgins en el suelo

En 1822, ya terminado el período colonial y siendo Bernardo O'Higgins Director Supremo, el 19 de noviembre, a las diez y media de la noche, se sintió un fuerte temblor en Valparaíso seguido de un ruido estruendoso. Inmediatamente después, un violentísimo remezón, que duró unos pocos segundos, redujo a escombros todas las iglesias del puerto.

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Iglesias en el suelo, Curicó, 27 de febrero 2010.

En esa época, Valparaíso era la más pujante de las ciudades chilenas. El desarrollo del comercio y su progreso habían sido rapidísimos; la población aumentó de cinco mil quinientos habitantes en 1810, a dieciséis mil en 1822.

O'Higgins se encontraba en el puerto y cayó en la puerta del palacio de gobierno, alcanzando a ser sacado de allí por su ayudante momentos antes de que el edificio se desplomara. Lord Cochrane, que se encontraba a bordo de la O’Higgins, quiso llevarse al Director Supremo, pero éste se negó, a objeto de dirigir el salvamento.

A pesar de la intensidad del sismo y de la ruina de las edificaciones, no se contaron muchas víctimas fatales. Sesenta y seis cadáveres de adultos y doce de menores se rescataron de entre los escombros, pero los heridos llegaron a ciento diez.

Este terremoto tuvo, además, efectos políticos. Algunos religiosos que predicaban en las calles ante los aterrorizados habitantes atribuían la catástrofe a un castigo del cielo por los pecados del pueblo y por la impiedad del Director Supremo, que además protegía a los extranjeros protestantes.

O’Higgins tomó medidas para terminar con estas procesiones de penitentes, que sólo aumentaban el terror en la población, pero con ello logró afirmar la creencia de su herejía. Asimismo, despertó los ánimos para derribarlo, con la idea que así se evitaría un nuevo castigo del cielo.

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Talcahuano arrasado por el mar, 27 de febrero 2010.

En 1835, en el gobierno de Prieto, el 20 de febrero, Concepción nuevamente afrontó la violencia de la naturaleza. Un brusco terremoto devastó la zona comprendida entre los ríos Cachapoal y Valdivia.

A las once treinta horas se sintió un ruido espantoso, al que siguió un violento remezón de sur a norte que no permitía permanecer de pie. La tierra se movía en ondas. La fuerza del movimiento destruyó los cimientos de los edificios. Nuevamente, en unos instantes, la ciudad de Concepción quedó reducida a escombros. Cada nueva sacudida venía acompañada de estruendos que hacían pensar que un volcán explotaba debajo de la ciudad. Este fenómeno hizo que se difundiera la creencia, que duró en el tiempo, de que unos mapuches expulsados de Talcahuano habían tapado el cráter del volcán Antuco para que reventara en ese puerto.

Al igual que Concepción, el sismo destruyó Chillán, Yumbel, Rere, Los Ángeles, La Florida, Coelemu, Talcahuano, Penco, Tomé, Arauco y Colcura.

A pesar de que se recogieron cerca de ciento veinte cadáveres, no fue posible calcular el número de muertos ya que muchos quedaron sepultados bajo los escombros o calcinados por los incendios producidos.

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Autopista Vespucio Norte, 27 de febrero 2010.

Durante el siglo veinte, durante la presidencia de Germán Riesco , el 16 de agosto de 1906, hubo un gran terremoto. Por la cantidad de muertos, éste superó a los anteriores, a pesar de haber sido previsto.

En efecto, este sismo había sido anunciado por la sección de meteorología de la Dirección del Territorio Marítimo, la que indicó que ese día habría conjunción de Júpiter con la Luna, que se encontraría en el máximo de declinación norte, lo que hacía que la circunferencia del círculo peligroso pasara por Valparaíso.

Ese día, entonces, el 16 de agosto, faltando un minuto para las ocho de la noche, cuando la mayoría de los habitantes cenaba, se sintió el primer remezón, que duró alrededor de cuatro minutos; el segundo se produjo un cuarto de hora después y, aunque más corto, fue muchísimo más violento. Sobre sus efectos en Santiago, el diario El Mercurio decía lo siguiente en su edición del día 17:

"El terremoto se produjo de una manera violenta desde su iniciación y llevó al ánimo de los cuatrocientos mil pobladores de Santiago un pánico indescriptible y un terror sin precedentes en los últimos años. Los edificios de dos o tres pisos, aun los más sólidos como el Congreso Nacional, se balanceaban como un buque en alta mar. Los sacudimientos eran tan fuertes que muchas personas creían que la tierra se iba abrir en hondos y largos surcos".

En Santiago la destrucción fue grande, pero en Valparaíso fue aún más violento, quedando la ciudad en ruinas. El barrio el Almendral ardía por sus cuatro costados y hubo alrededor de mil quinientos muertos. La angustia, los horrores de la extracción de cadáveres, el hambre y el vandalismo hacían más dolorosa la situación en el puerto.

Luis Gómez Carreño, capitán de navío, Gobernador Marítimo, adoptó enérgicas medidas contra quienes intentaron aprovecharse de la situación, llegando incluso a fusilar, sin juicio previo, a éstos.

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Barcos en tierra firme, Talcahuano, 27 de febrero 2010.

En 1922, se produjo un maremoto en la zona norte, que afectó la ciudad de La Serena. Nuevamente en el sur, en 1928, se sintió un terremoto en Talca que no tuvo la gravedad de los anteriores ni de los que siguieron.

Durante el gobierno de Aguirre Cerda, el 24 de enero de 1939, se dejó sentir el terremoto que ha cobrado más víctimas en la historia de Chile. Éste fue en el sur, en casi la misma zona afectada por el sismo de 1835: desde el Cachapoal a Valdivia, su epicentro estuvo en Chillán. Esta ciudad y Concepción, tuvieron el mayor número de víctimas fatales, por ser las más pobladas. En cuanto a la arquitectura, cayeron las construcciones de Talcahuano, Parral, San Carlos, Bulnes, Quellón, Cauquenes, en suma, desde Linares al Sur.

Se calcula que hubo alrededor de treinta mil muertos y los daños fueron de tal magnitud que ninguna otra catástrofe le igualaba.

El presidente Aguirre Cerda creó, por ley, la Corporación de Reconstrucción y Auxilio y la Corporación de Fomento de la Producción, a fin de cooperar en el resurgimiento de esa zona del territorio nacional. Así, se contribuyó a recuperar en parte el patrimonio perdido por el país.

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Edificio de 16 pisos, cayó “de espaldas”, Concepción, 27 de febrero 2010.

Durante la presidencia de Jorge Alessandri y, transcurridos veintiún años, en 1960, se produjo en el sur del país el terremoto más violento de esta historia. Fue de gran intensidad y afectó la misma zona que el sismo del año 1575. Asimismo, sus características fueron similares a éste. Eran las seis de mañana del 21 de mayo, y Concepción sintió un violento sacudón; piques de minas, cañerías de agua, puentes y habitaciones no asísmicas fueron arrasadas por la onda sísmica.

Al día siguiente, a las tres de la tarde, Valdivia fue sacudida por un sismo de una gran fuerza. Pero esto fue sólo el principio. El día siguiente, a las tres de la tarde, la ciudad de Valdivia fue sacudida por un terremoto de una fuerza destructora que acarreó los más singulares fenómenos.

La ciudad quedó casi por completo en ruinas, las calles eran intransitables y el nivel del suelo bajó considerablemente. A raíz de esto, grandes extensiones de terreno quedaron inundados, no pudiendo volver a usarse para los cultivos.

Igual como había ocurrido antes, en el año 1575, la tierra caída de un cerro tapó la salida del río Riñihue y amenazaba, lo mismo que entonces, con arrasar la ciudad cuando el dique se rompiera. Un equipo especialista, dirigido por el ingeniero Raúl Sáez, trabajó durante un mes para lograr el desagüe esperado y evitar la inundación. A esta labor se le llamó en la época, "la epopeya del Riñihue".

Casi cataclismo

El del 21 de mayo de 1960 ha sido el terremoto más grande que se ha registrado en nuestro planeta, aunque se dice que fue de 9,5 grados Ritcher, científicos japoneses que vivieron a Chile a estudiar los efectos del movimiento telúrico, concluyeron que su intensidad había sido tal que si hubiera durado un minuto más habría sido un cataclismo, y habría sobrepasado el grado 11.

También es interesante hacer notar la distancia que abarcó y los grandes daños que provocó en las provincias de Osorno, Puerto Montt, Chiloé, Aysén, ademas de Concepción al norte etc, y las personas fallecidas y desaparecidas, la alteración de la geografía, el undimiento de islas y costa y levantamientos de otros sectores, el tamaño de la ola del maremoto, especialmente en Corral , Niebla, etc.

En la ocasión, mereció especial elogio la ayuda solidaria de los países amigos de Chile que socorrieron con hospitales de campaña, alimentos, materiales de construcción y apoyo moral a un pueblo que vivió aterrorizado por muchos años.

Luego en 1965

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Enormes forados en carreteras, 27 de febrero 2010.

En 1965, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva , el 28 de marzo otro movimiento telúrico afectó la zona central del país. A eso del mediodía, un violento temblor hizo que la población de Santiago saliera atropelladamente a las calles. Los ascensores de los edificios se detuvieron al cortarse el suministro eléctrico, se cayeron muchas cornisas, se agrietaron las casas. La onda afectó a las provincias de Santiago, Valparaíso, Aconcagua y Coquimbo.

En Valparaíso y Viña del Mar se registraron los daños más grandes. En otro sector, cerca del pueblo de Nogales, un caserío, llamado "El Cobre", desapareció bajo una gruesa capa de relaves, pereciendo muchas personas. En apariencia, este temblor no causó muchos daños, sin embargo, éstos alcanzaron un valor de ciento cincuenta millones de dólares. Por ello se le conoce como "el terremoto hipócrita".

El terremoto "bicentenario"

El 27 de febrero de 2010, año en que Chile celebra el bicentenario de su independencia, a las 3,34 de la madrugada de ese día sábado gran parte del territorio chileno se estremeció con un sismo que alcanzó una intensidad de 8,8 grados en la escala Richter.

El terremoto, que abarcó desde la quinta región hasta la novena, incluida la región metropolitana de Santiago, se convirtió así en el segundo más importante que ha azotado al país desde que hay registros oficiales (superado solo por el terremoto de Valdivia en 1960), y provocó pérdidas millonarias en infraestructura pública y privada. Las reparaciones durarían al menos varios meses, anticipaban las autoridades.

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Puente en el suelo, río Claro, Maule, 27 de febrero 2010.

Por ejemplo, la autopista de la ruta 5 al sur quedó interrumpida en cuatro puntos; el aeropuerto de Santiago sufrió graves daños lo cual obligó a suspender el tránsito aéreo; otras autopistas concesionadas, como Vespucio Norte, también sufrieron graves daños.

Los puertos, la energía y los sistemas de comunicaciones tampoco resistieron la furia e intensidad del movimiento, que además provocó daños en iglesias, museos y otros edificios patrimoniales. La autoridad central decretó zona de catástrofe en las regiomes afectadas.

Pese a que en un principio se descartaba la ocurrencia de un tsunami, grandes olas y marejadas produjeron enormes daños en la isla Juan Fernández y en las costas de la séptima y octava regiones.

Cuando recién transcurrían 24 horas de sucedida la tragedia ya se anunciaba que las víctimas fatales llegaba a 708. También se indicaba que las casas dañadas sumaban un millón y medio y los damnificados superaban los dos millones de personas.

Posterior al terremoto de 2010, ya descrito, el país se ha visto afectado por varios movimientos telúricos, y entre ellos los más relevantes, por magnitud y daños, fueron los ocurridos el 16 de marzo de 2014, con epicentro en Iquique y magnitud 8,2 en escala Richter.

Más tarde, el 16 de septiembre de 2015, la ciudad de Coquimbo fue la más afectada con un terremoto que alcanzó los 8,4 grados Richter.

Como la secuencia sísmica no para nunca en Chile, el 25 de diciembre de 2016 fue la isla de Chiloé y la zona sur las que sufrieron los embates y registraron un terremoto grado 7,6 Richter, que por fortuna produjo solo leves daños materiales y sin víctimas humanas.

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