Vía Láctea

 

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Nuestro entorno estelar

Durante cualquier noche de verano, con un cielo despejado de nubes, en algún lugar de Chile alejado de las intensas luces de pueblos y ciudades, podemos ver una banda de luz de estrellas que parece esfumarse pero que se arquea sobre nuestras cabezas.

Hace muchos siglos, los observadores del cielo nocturno pusieron a esta banda de luz el nombre de Vía Láctea.

 

Irónicamente, hasta el siglo XX el hombre no se dio cuenta de que la Vía Láctea es nuestro hogar en el Universo. Es el resultado de la luz combinada de millones de estrellas lejanas que forman el disco de nuestra Galaxia.

 

El Sistema Solar es parte de la galaxia Vía Láctea, y por esa razón vemos la banda de luz alrededor de nosotros.

 

La mitología griega explicaba la formación de la Vía Láctea como la leche de Hera derramada en el cielo cuando amamantaba a Hércules.

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Teorías modernas consideran que nuestra Galaxia todavía está formándose por la interacción con otras galaxias enanas que orbitan a su alrededor (imagen de la izquierda).

La Vía Láctea es una galaxia espiral. Si pudiéramos alejarnos muchísimo de la Tierra y el Sistema Solar hasta llegar a salir del disco de la Vía Láctea y nos volviéramos a echar un vistazo, nuestra Galaxia parecería una rueda; tendría un aspecto similar a la Galaxia M100 (a 10 millones de años luz de distancia) tal y como la vemos desde la Tierra.

 

 También veríamos enormes cadenas de estrellas, conocidas como brazos espirales, que se enrollan alrededor de un voluminoso bulbo esférico, también formado principalmente de estrellas, en el centro.

 

El bulbo contiene cientos de millones de estrellas relativamente apiñadas. Es tan alta la densidad de estrellas, en comparación con otras zonas de la galaxia, que las noches en los planetas que pudieran existir en torno a las estrellas del bulbo nunca serían muy oscuras. Ciertamente, las noches estrelladas, serían más estrelladas que en la Tierra.

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Galaxia M100 como se ve desde la Tierra.

Desafortunadamente, no podemos ver el bulbo de nuestra Galaxia directamente. La presencia de grandes nubes de polvo cósmico situadas entre la Tierra y el centro de la Galaxia hace que el bulbo escape a nuestros telescopios ópticos.

 

Por fortuna, la luz infrarroja —como los infrarrojos que utilizan muchos de los controles remotos que abren las puertas de garajes o cambian el canal de televisión a distancia— atraviesa con facilidad las nubes de polvo, y así los astrónomos son capaces de estudiar el bulbo de la Vía Láctea.

 

Fuera del bulbo, las estrellas se ordenan en torno a un disco delgado. El disco de la Vía Láctea tiene un diámetro de unos 100.000 años-luz, pero su espesor es alrededor de unos pocos cientos de años-luz.

 

Los brazos espirales pueden a veces confundirnos. Su gran brillo hace que las regiones entre los brazos parezcan vacías, pero no es ese el caso, también allí hay estrellas.

 

Los brazos espirales simplemente tienen mucho más brillo porque contienen las estrellas más jóvenes y grandes (y por tanto más calientes y brillantes).

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Aspecto que debe tener nuestra galaxia, Vía Láctea. Nosotros nos encontramos en el denominado Brazo de Orion.

 

El Sistema Solar se ubica cerca del extremo exterior de uno de los brazos espirales de la Vía Láctea, conocido como el Brazo de Orión porque contiene algunas de las estrellas más brillantes de la constelación del mismo nombre. Puesto que estamos cerca del extremo exterior de un brazo, las estrellas se encuentran aquí mucho más separadas que en zonas más interiores.

 

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Una vista de la Vía Láctea desde nuestro hemisferio sur.

El disco de la Vía Láctea está rodeado por otra estructura: una esfera de estrellas viejas que recibe el nombre de halo. Mientas que el disco de la Vía Láctea es relativamente plano, el halo se extiende en todas direcciones.

 

Los residentes más impresionantes del halo de la Galaxia son familias de estrellas antiguas llamadas cúmulos globulares. Los más grandes contienen más de un millón de estrellas. Los astrónomos han descubierto que se encuentran entre los sistemas estelares más viejos de la Vía Láctea: algunos pueden tener hasta 15.000 millones de años, más del doble de la edad que se estima para el Sol.

 

El halo está también ocupado por materia oscura. Los astrónomos saben de su existencia por su efecto sobre la materia que vemos (principalmente estrellas). Este halo se extiende cientos de miles de años-luz hacia el espacio y sus límites marcan las auténticas fronteras de la Vía Láctea, nuestro hogar galáctico.

 

¿Cuántos años tardaríamos en cruzar nuestra galaxia Vía Láctea, en su parte más ancha, viajando a la velocidad de la luz?

Aproximadamente 100.000 años (viajando a la velocidad de la luz). Ese es el diámetro de la Vía Láctea, la más grande, junto con Andrómeda, del llamado Grupo Local. Su grosor es de unos 15.000 años-luz en la zona del núcleo, pero desciende a unos 1.000 años-luz en la zona de los brazos, donde nos encontramos nosotros.

Fuente Internet:

www.cielosur.com/solsistem.php