Expresiones de la desigualdad económica y social en el mundo

 

La sociedad de consumo

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El desarrollo económico y político actual se caracteriza, según un informe del Worldwatch Institute, más que por la victoria del capitalismo y la democracia sobre el comunismo, por el consumismo. El consumismo domina hoy la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. Según la opinión de algunos, el consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.

La revista World Watch (Perspectiva Mundial), que publica los artículos y estudios del Institute del miesmo nombre, analiza e informa sobre las más importantes cuestiones de la Tierra. World Watch es una de las publicaciones mundiales más prestigiosas y citadas en todo el mundo, y cubre cuestiones tan importantes como el cambio climático, la deforestación, población, pobreza, producción de alimentos, recursos hidrológicos, ingeniería genética, energías renovables, residuos tóxicos y diversidad biológica, entre otros temas, prestando una especial atención a las estrechas relaciones entre economía y medio ambiente.

El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos. El consumo y el crecimiento económico sin fin es el paradigma de la nueva religión, donde el aumento del consumo es una forma de vida necesaria para mantener la actividad económica y el empleo.

El consumo de bienes y servicios, por supuesto, es imprescindible para satisfacer las necesidades humanas, pero cuando se supera cierto umbral, que se sitúa en torno a los cinco millones de pesos chilenos (7.000 euros a febrero de 2007) anuales por persona, se transforma en consumismo.

1.700 millones de consumidores, 2.800 millones de pobres

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En el mundo la sociedad de consumo la integran 1.728 millones de personas, el 28% de la población mundial: 242 millones viven en los Estados Unidos (el 84% de su población), 349 millones en Europa Occidental (el 89% de la población), 120 millones en Japón (95%), 240 millones en China (apenas el 19% de su población), 122 millones en India (12%), 61 millones en Rusia (43%), 58 millones en Brasil (33%) y sólo 34 millones en el África subsahariana (el 5% de la población). En total en los países industrializados viven 816 millones de consumidores (el 80% de la población) y 912 millones en los países en desarrollo (sólo el 17% de la población del Tercer mundo).

Mientras los 1.700 millones de consumidores gastan diariamente más de 15.000 pesos (20 euros), hay 2.800 millones de personas que tienen que vivir con menos de 1.500 pesos (2 euros) diarios (lo mínimo para satisfacer las necesidades más básicas) y 1.200 millones de personas viven con menos de 700 pesos (1 euro) diarios en la extrema pobreza. Mientras el estadounidense medio consume cada año 331 kilos de papel, en India usan 4 kilos y en gran parte de África menos de 1 kilo.

El 15% de la población de los países industrializados consume el 61% del aluminio, el 60% del plomo, el 59% del cobre y el 49% del acero. Cifras similares podrían repetirse para todo tipo de bienes y servicios. Consumismo y pobreza conviven en un mundo desigual, en el que no hay voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan.

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La clase de los consumidores comparte un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, donde los grandes supermercados y centros comerciales, abastecedores imprescindibles, son sinónimos de la modernidad.

Si los hábitos de consumo de los 1.700 millones de consumidores se extendiesen a toda la población mundial (6.300 millones de personas), la situación sería completamente insostenible, a causa del consumo de agua, energía, madera, minerales, suelo y otros recursos, y la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la deforestación y el cambio climático.

Entre 1950 y 2002 el consumo de agua se ha triplicado, el de combustibles fósiles se ha quintuplicado, el de carne creció un 550%, las emisiones de dióxido de carbono han aumentado un 400%, el PIB mundial aumentó un 716%, el comercio mundial creció un 1.568%, el gasto mundial en publicidad creció un 965%, el número de turistas que salieron de sus fronteras creció un 2.860%, el número de automóviles pasó de 53 millones en 1950 a 565 millones en 2002 y el consumo de papel creció un 423% entre 1961 y 2002. Las importantes ganancias en eficiencia se ven rápidamente absorbidas por el aumento del consumo. Las viviendas son cada vez mayores y los automóviles cada vez más potentes.

Pero la solución no puede ser un nuevo apartheid, que limite el consumo a esa minoría del 28% de la población mundial.

La población crece, pero cada vez menos, y probablemente se estabilizará en las próximas décadas en unos 9.000 millones, como ya ha sucedido en la mayoría de los países industrializados. Pero el consumo sigue creciendo, y las necesidades, como demuestra cualquier manual de economía, son infinitas.

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¿Cuánto consumo es suficiente? El consumo, a partir de cierto umbral (9 millones de pesos chilenos o 13.000 euros anuales por persona, según las encuestas), no da la felicidad. El consumidor trabaja demasiadas horas para pagar el consumo compulsivo, y el poco ocio lo pasa en el automóvil (el estadounidense emplea 72 minutos detrás del volante) o delante del televisor (más 240 minutos diarios de promedio en las sociedades actuales). Cada vez se ve más atrapado en una espiral de consumo, endeudamiento para consumir y trabajar para pagar un endeudamiento mayor. El consumo se hace a costa de hipotecar el futuro.

Hoy es necesario un nuevo paradigma basado en la sostenibilidad, lo que supone satisfacer todas las necesidades básicas de todas las personas, y controlar el consumo antes de que éste nos controle.

Entre las medidas más inmediatas hay que eliminar las subvenciones que perjudican el medio ambiente (850.000 millones de dólares anuales que incentivan el consumo de agua, energía, plaguicidas, pescado, productos forestales y el uso del automóvil), realizar una profunda reforma ecológica de la fiscalidad, introducir criterios ecológicos y sociales en todas las compras de bienes y servicios de las administraciones públicas, nuevas normas y leyes encaminadas a promover la durabilidad, la reparación y la "actualización" de los productos en lugar de la obsolescencia programada, programas de etiquetado y promoción del consumo justo. Y todo ello dentro de una estrategia de "desmaterialización" de la economía, encaminada a satisfacer las necesidades sin socavar los pilares de nuestra existencia.

Según la ONU

La ONU reporta mayor desigualdad económica mundial que hace diez años. Pese a que algunas regiones del mundo han registrado un crecimiento sin precedentes y han mejorado las condiciones de vida de sus habitantes en los últimos años, la desigualdad entre ricos y pobres es mayor hoy que hace una década, reportó la ONU en el informe “Situación Mundial Social, 2005: El Predicamento Desigual”.

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El estudio –elaborado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA)- destaca que, muchas veces, las inequidades van de la mano con la globalización.

Asimismo, señala que el desempleo continúa en niveles altos, sobre todo entre los jóvenes, además de que la pobreza sigue arraigada en muchas regiones del mundo.

En este sentido, hace hincapié en la brecha existente entre las economías formal e informal y entre los trabajadores calificados y no calificados, así como en las desigualdades de acceso a la educación, a la salud y a las oportunidades de participación.

Según DESA, el crecimiento económico no es suficiente por sí solo para evitar la persistencia de la pobreza de generación en generación. Más aún, este crecimiento puede dar lugar a una acumulación enorme de riqueza entre un grupo privilegiado.

Para enfrentar este problema de desigualdad, el estudio recomienda la promoción de la democracia y el estado de derecho, además de un acceso más igualitario de la población a los recursos.

Del mismo modo, la ONU se pronunció por la implementación de sistemas de protección social para los pobres.

“No vamos a avanzar en la agenda de desarrollo sin resolver el desafío de la desigualdad dentro y entre los países”, dijo José Luis Ocampo, secretario general adjunto para Asuntos Económicos y Sociales, y encargado de presentar el informe.

Sin embargo, consideró que el momento del estudio “no podría haber sido mejor. Con el 2015 como plazo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, éste es el momento justo para incorporar la meta de reducir la inequidad en nuestras estrategias para promover el desarrollo, la seguridad y los derechos humanos para todos”, puntualizó

Población y desarrollo económico

Los diversos organismos internacionales y en especial el Fondo de Población de las Naciones Unidas, han alcanzado un cierto consenso en considerar que el problema de la explosión demográfica tiene una importancia clave. Ciertamente no es la única causa del subdesarrollo ni la más importante, pero agrava todos los demás problemas por lo que los objetivos demográficos deben ser integrados explícitamente en las estrategias de desarrollo.

Si la población crece a una tasa muy elevada, puede ser imposible que la producción económica crezca de forma sostenida al mismo ritmo. A pesar de que en la mayoría de los países subdesarrollados la producción, la inversión en infraestructuras y el consumo total han aumentado de forma espectacular en los últimos cincuenta años, el crecimiento de la población a tasas superiores ha provocado que la renta per cápita haya disminuido.

En el quinquenio 1995-2000, la población mundial ha crecido a una tasa anual del 1,4%; sin embargo, ese crecimiento ha sido muy desigual ya que la población de las regiones más desarrolladas aumentó 0,3 por ciento anual mientras que en los países menos desarrollados la tasa media de crecimiento era del 2,6 por ciento. Algunos casos extremos son especialmente problemáticos; la población de Afganistán está creciendo 5,3 por ciento anual,  la de Ruanda 7,9% y la de Liberia 8,6%. En este último caso la población se está multiplicando por dos en menos de nueve años.

Las Naciones Unidas están haciendo desde hace varios decenios un enorme esfuerzo para promover el control de la natalidad. Aunque la mayoría de los gobiernos son conscientes  de la urgencia del problema y colaboran con entusiasmo, hay algunos estados confesionales (el Vaticano y algunos musulmanes) que se oponen activamente y dificultan la adopción de decisiones en los congresos y cumbres internacionales.

En la última década han nacido 1.500 millones de personas de las que más del noventa por ciento lo han hecho en países subdesarrollados. El problema no es sólo el aumento de la población sino su distribución espacial. En el año 2000 la mitad de la población mundial vive en ciudades. Hay 19 grandes urbes con más de diez millones de habitantes cada una, la mayoría de ellas en países subdesarrollados. Y son las ciudades de los países subdesarrollados las que más crecen.

Mayores Urbes en

2000

2015

millones

millones

%

1

Tokio

26.4

26,4

0,0

2

México D.F

18,1

19,2

0,4

3

Bombay

18,1

26,1

2,4

4

Sao Paulo

17,8

20,4

0,9

5

New York

16,6

17,4

0,3

6

Lagos

13,4

23,2

3,7

7

Los Ángeles

13,1

14,1

0,5

8

Shanghai

12,9

14,6

0,8

9

Calcuta

12,9

17,3

1,9

10

Buenos Aires

12,6

14,1

0,7

11

Dhaka

12,3

21,1

3,6

12

Karachi

11,8

19,2

3,2

13

Delhi

11,7

16,8

2,4

14

Osaka

11,0

11,0

0,0

15

Yakarta

11,0

17,3

3,0

16

Manila Metro

10,9

14,8

2,1

17

Beijing

10,8

12,3

0,9

18

Rio de Janeiro

10,6

11,9

0,8

19

Cairo

10,6

13,8

1,7

Fuente: Naciones Unidas

Ir a: Actividades de estudio para la Unidad 1

Ver, en Internet:

http://es.wikipedia.org/wiki/Globalizaci%C3%B3n

http://www.un.org/spanish/News/fullstorynews.asp?newsID=5260&criteria1=desarrollo