Armas de fuego

 

El arma de fuego es un dispositivo destinado a propulsar (disparar) uno o múltiples proyectiles por medio de presión de gases con el fin de causar daño.

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Orígenes de las armas de fuego

Desde el siglo XI d. C. se conocían en China mezclas pirotécnicas de salitre, carbón y azufre que fueron empleadas como explosivos de escasa potencia.

Algunas crónicas de los siglos XII y XIII relatan que dichas mezclas explosivas se utilizaron para la impulsión en armas rudimentarias de bambú, para el lanzamiento de ciertos proyectiles.

Invención del cañón

Los árabes fueron los grandes comerciantes de la edad media, y gracias a ellos éste tan importante invento llegó a Europa, y su avanzada cultura les permitió desarrollar el concepto básico del arma de fuego, en el que la pólvora al quemarse genera gases que impulsan el proyectil por el tubo-cañón.

armasfuego002 Cañón antiguo (llamados bombarda), usado en Suecia, hacia 1350. Considerado hoy como el arma portátil más antigua (con un peso aproximado de nueve kilogramos). Muy semejante a las bombardas ilustradas en los manuscritos de Walter de Milimete.

 

Ya promediando el siglo XIII se comenzaron a ver piezas de artillería en las batallas europeas, sobretodo en la España ocupada por los árabes, y en constante guerra para mantenerla bajo su dominio.

Los materiales empleados en su construcción comenzaron con madera dura, hasta las diversas aleaciones metálicas posteriores.

Pequeña bombarda o cañón de mano fundido en bronce. Descubierta en las ruinas del castillo de Tannemberg, en la antigua Prusia occidental, fortaleza destruida en el año 1399. armasfuego003

Muy lentamente la artillería se fue ganando la confianza de los ejércitos, pero éstos todavía luchaban armados de espadas y flechas, fue necesario el perfeccionamiento del proceso de elaboración de la pólvora, mediante el sistema de separación de los granos de diferentes tamaños, para poder desarrollar armas portátiles eficaces.

Al avanzar hacia el siglo XIV d. C. encontramos crónicas sobre la utilización de las mezclas explosivas como artificio bélico.

armasfuego004 Cañón de mano o Trueno de mano de Mörkö, fundido hacia 1390. Probablemente alemán, hoy en el Statens Historiska Museum, Estocolmo, Suecia.

La referencia más antigua la encontramos en el tratado de Marco Greco, que describe la composición de la pólvora negra, aunque existen referencias más fidedignas en dos manuscritos de Walter de Milimete, capellán de Eduardo III de Inglaterra, que se remontan a 1326 y que describen lo que actualmente se consideran los modelos más antiguos de armas de fuego.

Sin embargo, es a partir de la segunda mitad del siglo XIV d. C. cuando se registran mayores y frecuentes referencias al uso bélico de las armas de fuego, de las cuales las primeras en desarrollarse fueron las armas portátiles, que son aquellas armas que pueden ser fácilmente empleadas y transportadas por una sola persona.

Trueno de mano o cañón de mano de Frankenburg, fundido hacia 1460. Probablemente alemán, hoy en el Historisches Museum, Berna, Suiza.
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Estas armas se cargaban introduciendo la pólvora por la boca del cañón, un taco y el proyectil (o proyectiles). Con toda probabilidad, el método de ignición para estas armas era el botafuego, es decir, una varilla con un trozo de yesca o mecha encendida asegurada a uno de sus extremos.

El gancho o prominencia inferior que presentan algunas de estas piezas portátiles servía para apoyar el arma contra un muro, parapeto o la regala en las bordas de los barcos. En el momento del disparo, buena parte del retroceso se amortiguaba con este saliente.

En Alemania, las armas provistas de este tipo de ganchos se llamaban "Haken-büchse" (arma con gancho), de cuya voz derivaron más tarde los términos "hackbut" en inglés, "arquebuse" en francés y, siguiendo la misma línea, "archibugio" en italiano. El gancho inferior de estas armas portátiles, especialmente en las armas de muralla, se mantendrá durante todo el siglo XVI.

Con la ballesta como base, se evoluciona en el diseño ergonómico de la cureña de las armas de fuego portátiles, así podía manejarse con la cureña apoyada en el hombro del tirador, sujeta por la mano izquierda, y con la mano derecha preparada para acercar la brasa al fogón. También de otra forma, podía sujetarse la cureña en la axila. Como es de imaginar, a pesar de su poderosa fuerza disuasoria, poca puntería podía hacerse con esas armas.

Evolución de las armas de fuego

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Pistola Colt M1911A1.

Al principio las armas de fuego eran poco fiables e inseguras, pero han ido evolucionando hasta alcanzar un nivel de utilidad y practicidad que las han convertido en uno de los medios para herir o asesinar más eficaces que además puede utilizarse en otro tipo de actividades humanas como, por ejemplo, el deporte.

Excluyendo a las armas más primitivas, que sólo estaban formadas por un cañón y un ajuste de madera; las antiguas armas de fuego portátiles estaban compuestas por:

El cañón: Ha sido desde siempre la parte más importante y costosa del arma. Estaba formada por un perfilado de manera diversa y cerrado por su parte posterior con un tapón roscado.

La culata: Era un apéndice que permitía la unión del cañón con la caja.

El oído: Comunicaba la cazoleta con el interior de la recámara, lo que permitía al fuego alcanzar la carga de lanzamiento o impulsión.

La caja: Su misión era juntar las distintas partes del arma a fin de poder utilizarla cómodamente, generalmente estaba hecha de nogal y a su vez estaba formada por: la coz, la empuñadura y el ajuste que amparaba al cañón.

Sistema de ignición: Su función era encender la carga de pólvora contenida en el cañón, y que podía ser un sistema de mecha, de rueda, de sílex o pedernal, o de percusión.

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AK 47, rifle de asalto soviético.

La guarnición: Era un conjunto de piezas accesorias destinadas a proteger y completar el arma como conjunto: el remate de la empuñadura o coz, la contraplatina o chapilla, las guías de baquetas, el gancho de cinturón, etc.

Las armas de fuego portátiles han ido evolucionando constantemente hasta nuestros días, siendo cada día más seguras para su manejo, y hasta el siglo XIX su evolución estuvo muy ligada al desarrollo de los sistemas de ignición.

El primer sistema de ignición que se usó fue la "llave de mecha", que era un sistema en el que el tirador debía sostener el arma con una mano y usar la otra para acercar una mecha al fogón en el momento del disparo, lo que hacía que el arma tuviera escasa eficacia.

En el siglo XV, se hizo una modificación de este sistema que fue decisiva para aumentar la eficacia del arma: la incorporación del serpentín, que consistía en un brazo de hierro en forma de "S" empernado por su centro al lado derecho de la caja y al que se fijaba en su extremidad superior un trozo de mecha empapada en una solución de nitrato potásico.

Dicho mecanismo se activaba provocando la rotación de la pieza hasta que la mecha se ponía en contacto con la pólvora del fogón, que al principio estaba ubicado en el centro del arma y para finales del siglo XV se colocó por razones técnicas en una posición lateral, naciendo así la cazoleta, un receptáculo en forma de cuchara soldado al cañón y provisto de tapa.

Mosquete de caza.

El serpentín se perfeccionó con la creación de otros sistemas similares pero que eran más complejos y estaban más perfeccionados.

Uno de ellos era la sierpe a resorte, que utilizaba un fiador (resorte) para tener levantada la mecha, lista para disparar, lo cual permitió que el funcionamiento de las armas fuera más rápido y se pudieran construir los primeros arcabuces para cazar.

Otro sistema muy utilizado fue el de pestillo o palanca, que fue el preferido para usos militares hasta principios del siglo XVIII, durante doscientos años, debido a su simplicidad, robustez y bajo precio.

Clasificación

Las armas de fuego antiguas han sido clasificadas por algunos expertos morfológicamente en tres categorías:

1. Armas de bronce fundido o hierro forjado fijadas al extremo de un mango de madera por medio de un anillo de hierro.

2. Armas de bronce o hierro con una mortaja en la culata para insertar un asidero de madera.

3. Armas de hierro, con la culata perfilada hacia atrás en un mango largo terminado en voluta o anillo.

Funcionamiento

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Antigua técnica de disparo.

Al principio todas las armas de fuego se cargaban introduciendo por su boca la pólvora de impulsión, un taco y el proyectil o proyectiles.

En cuanto al funcionamiento del sistema de ignición existen importantes controversias ya que se menciona la posibilidad del empleo de una braza o hierro enrojecido para hacerlo funcionar introduciéndolo en el fogón, pero parece más probable que se usara un botafuego, que consistía en una varilla con un trozo de yesca o mecha encendida asegurada en un extremo.

Estas armas sólo resultaban peligrosas para el enemigo en distancias cortas, porque no tenían el suficiente alcance, pero conferían al usuario un gran poder disuasorio y sicológico sobre el adversario.

En contrapartida, hay que destacar que eran armas de un engorroso funcionamiento y que revestían cierto peligro para el que las manejaba ya que podían estallar en las manos con mucha facilidad, y suprecisión era dudosa.

Esta situación mejoró en el siglo XV con la incorporación del serpentín en los sistemas de mecha, lo que permitía sostener el arma con ambas manos y apuntar al objetivo con mayor precisión, aumentando así la eficacia del arma.

Manejo

Las primeras armas de fuego portátiles podían usarse de dos maneras distintas:

1. Como una rudimentaria bazuca con la cureña apoyada sobre el hombro y una mano sosteniendo el arma mientras la otra mano sostenía una brasa para encender el fogón del arma en el momento indicado.

2. Con una técnica de tiro en la que una mano apuntaba el arma mientras que el peso de la misma se aguantaba apretando la cureña bajo las axilas.

El arcabuz

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Arcabuceros alemanes abriendo fuego durante la batalla de Pavía. Ilustración de Graham Turner

Las armas de fuego individuales fueron evolucionando como pequeños cañones de mano, y por ejemplo el Mosquete, que en el siglo XVI pesaba entre 8 y 10 kg, y que solo soldados muy vigorosos podían utilizar, y esto era posible apoyándolo sobre una horquilla que se clavaba en el suelo y que le daba un punto de apoyo.

Su calibre era de hasta 22 mm. y el peso de la bala unos 50 gramos, para la carga de pólvora se tomaba la mitad del peso del proyectil.
Pero lentamente con el desarrollo de nuevas técnicas se fueron mejorando los componentes y hacia el s. XVII un arcabuz tenía unos cinco kilos de peso, lo que le hacía utilizable por una persona normal y sin necesidad de la horquilla.

Con el arcabuz el arma larga de fuego individual se vuelve tan efectiva como para dominar las tácticas en las batallas. El alcance efectivo ronda los 100m.
El sistema de ignición de la pólvora fue mejorando de apoco, comenzando con el cordel ó mecha con brasa al rojo, el cual se arrimaba a la cazoleta de polvorín para producir el disparo, evolucionando luego a un mecanismo que lo sostenía hasta el momento que se deseaba disparar, acercándolo manualmente denominado llave de mecha.

La llave de rueda mejoró la ignición de la pólvora, pues en él un mecanismo de resorte imprime un movimiento giratorio a la rueda de metal, provocando un torrente de chispas sobre el polvorín.

La llave de chispa llegó para quedarse casi dos siglos, (S.XVII al XIX) un mecanismo de resorte imprime un movimiento pivotante y con fuerza al trozo de pedernal, que al chocar con el depósito de pólvora produce chispas que incendian el polvorín. Ya tenían disparador por lo que se podía controlar con bastante precisión el momento del disparo.
Con éste tipo de arma se lucharon las guerras napoleónicas y las de emancipación de casi toda América.

El cañón estriado

El origen de las estrías en el cañón tuvo una fin distinto al que se usa en la actualidad, su función era recibir parte de los residuos de los disparos, pues con la pólvora negra eran muy abundantes, permitiendo seguir tirando sin necesidad de limpiarlo seguido. Las estrías no eran helicoidales sino rectas, por lo que no mejoraban las cualidades balísticas del arma.

Desde el s.XVI se hicieron experimentos en este sentido, trazando rayas helicoidales en los caños de los fusiles, esto daba al proyectil mayor alcance y precisión, gracias al efecto giroscópico, y al mismo tiempo mantenía la ventaja de recibir los residuos del disparo. La carga era muy laboriosa y lenta, por lo que se utilizó en armas de caño corto: las carabinas. y dadas éstas deficiencias no fue ampliamente adoptado.

El problema era lograr introducir el proyectil por la boca del arma hasta la recámara, y que luego éste tomara las estrías correctamente, se llegó a varias soluciones más o menos prácticas:

Con un mazo se golpeaba la baqueta y ésta el proyectil de plomo puro en la recámara, la deformación lo ensanchaba, obligándolo a tomar las estrías.

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Mosquetero y arcabucero español en la batalla de Lepanto. Ilustración de Dionisio A. Cueto.

Ya en el siglo XIX se inventaron diferentes tipos de proyectil troncocónicos que siendo de menor diámetro que el cañón, y que por lo tanto llegaban a recámara sin mucho esfuerzo, luego por la acción de los gases del disparo aumentaban de diámetro y tomaban las estrías. Se trata de los proyectiles Minié y sus variantes.

El proyectil Minié es troncocónico y de plomo, en su base presenta un hueco en el cual se coloca un pequeño cono de hierro, el cual al producirse el tiro, y al ser más liviano que el plomo, se encastra en la base del proyectil, ensanchándolo y haciendo que tome las estrías del cañón.

Todos estos inconvenientes acabaron finalmente al desarrollarse armas de retrocarga efectivas.

La retrocarga

Desde hacía mucho tiempo se hacían esfuerzos por lograr la carga por la recámara de las armas de fuego, en especial los cañones de campaña, pues obligaba a cargarlos a descubierto, provocando bajas en sus servidores. También esto era deseable para las armas en las fortificaciones, pues para cargarlos era necesario retirarlos de su posición, lo cual era muy difícil por su gran peso y enlentecía la repetición del tiro.

Se hicieron muchos experimentos, pero con la tecnología de antaño no era posible lograr una hermeticidad confiable para la recámara, y era por allí que fallaban los proyectos, algunos muy ingeniosos pero de construcción artesanal. Recién en el s. XIX se pudo concretar éste logro.

Los primeros modelos de retrocarga consistían en fusiles de avancarga reformados, a los que se le recortaba la zona de recámara y se les aplicaba alguno de los distintos sistemas de reforma existentes con obturador móvil.

El cartucho metálico

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Gran variedad de modernos cartuchos metálicos.

La invención del cartucho metálico es el gran salto adelante que hacia falta para consagrar al fusil como el protagonista de los campos de batalla, desterrando las armas blancas al papel de un complemento.

Este invento revolucionario se hizo desear mucho tiempo, a la espera de los avances tecnológicos en metalurgia que se produjeron en la segunda mitad del s. XIX, permitiendo la concepción del cartucho auto contenido, el cual en su cuerpo de latón agrupa proyectil, pólvora y cápsula fulminante.

Existieron experiencias como la del fusil alemán Dreyse de aguja, en el que los elementos que componen la munición van encerrados en una cápsula de papel.

Posteriormente, Flober y Huiller desarrollan el cartucho de fuego anular, como el 22 LR., en el cual el fulminante está contenido en el perímetro del culote. El sistema de Lefaucheux con ignición por espiga también fue muy utilizado en fusiles monotiro, asi como revólveres, para desembocar finalmente en el cartucho de fuego central de Berdan, el utilizado en la actualidad.

Los primeros fusiles militares de éstan clase se adoptaron a partir de 1870, teniendo su origen en la guerra de secesión americana, empleaban un cartucho metálico de latón, pólvora negra o también denominada "ordinaria", y los modelos que más se popularizaron fueron los Remington (EEUU), Henry Martini (Gran Bretaña) y Mauser (Alemania), los cuales utilizaban el calibre 11 mm.

El cartucho metálico permitió seguir adelante con los diseños de armas innovadoras, y se puede decir que ya concluido el siglo XX, uno de los más revolucionarios en desarrollo de tecnologías, especialmente militares, no se ha conseguido sustituir en la práctica éste excepcional invento.

Armas modernas

Gracias a la tecnología moderna, la fabricación y utilización de armas de fuego ha evolucionado considerablemente en las últimas décadas, especialmente desde la segunda guerra mundial.

En la actualidad, fuerzas armadas de todos los países cuentan en su arsenal con subfusiles, fusiles de asalto, ametralladoras, rifles de precisión, pistolas semiautomáticas, etc.

Este tipo de armamento moderno permite la utilización de un fuego de alto calibre, rápido y de máxima precisión.

Fuente Internet:

http://www.miarma.com/miarma-01-01-01.php