Dirigible

 

Como todas las cosas del mundo, todo tiene un precedente y los hermanos Montgolfier, nacidos en Francia, fueron los descubridores, hacia 1782, de los globos aerostáticos, hermanos menores del dirigible. Inicialmente eran solo globos de papel llenos de humo que se elevaban.

Los globos aerostático se desarrollaron y cuando se logró adosarles algún tipo de motor que permitió su control, nació el dirigible.

Uno de los primeros
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Entre varios que lo intentaron, fue el ingeniero e inventor francés Henri Giffard quien, en 1852, construyó un aparato no rígido, en forma de cigarro y lleno de gas, que se elevó y avanzó en el aire, convirtiéndose así en el primer dirigible exitoso.

Su "máquina" tenía 44 metros de largo y contaba con un propulsor de hélice, accionado por un motor de vapor con la escasa potencia de 2,2 kilovatios, poder que le sirvió para sobrevolar París a unos diez kilómetros por hora y bajar a corta distancia de su punto de partida.

La técnica de los dirigibles tuvo un nuevo impulso cuando, en 1884, los inventores franceses Charles Renard y Arthur Krebs construyeron el primer dirigible que logró volver a su punto de partida enfrentando un viento leve. Su nombre fue "La France" y era movido por un motor eléctrico.

El éxito del "La France" llamó la atención de un teniente general alemán, el conde Ferdinand Von Zeppelin, quien de inmediato vislumbró la utilización de estas aeronaves para fines militares.

El primer "Zeppelin"

El conde Ferdinand von Zeppelín se abocó a la tarea y terminó su primer dirigible en 1900. La novedad estuvo en que su estructura era rígida y sirvió como prototipo para muchos modelos posteriores.

Este primer ingenio, bautizado, por supuesto, como "Zeppelín", era una estructura de 128 metros de largo por doce metros de diámetro. Para inflarse totalmente necesitaba un volumen de hidrógeno de 11,3 millones de litros.

Estaba formado por una hilera de diecisiete cámaras de gas recubiertas de tela encauchada y el conjunto constituía una estructura cilíndrica protegida por una tela de algodón de superficie uniforme. Se controlaba con timones a proa y a popa y tenía dos motores de combustión interna, de 11 kW cada uno.

Los pasajeros, la tripulación y el motor iban en dos góndolas de aluminio suspendidas delante y detrás. En la primera prueba, el 2 de julio de 1900, el dirigible transportó a cinco personas, alcanzó una altura de 396 metros y recorrió una distancia de seis kilómetros, empleando para ello diecisiete minutos.

Casi en la misma fecha, el aeronauta brasileño Alberto Santos Dumont desarrolló en Francia una serie de catorce dirigibles y en uno de ellos voló alrededor de la Torre Eiffel.

El dirigible de Baldwin

En tanto, el inventor estadounidense Thomas S. Baldwin construyó un dirigible que pilotó Roy Knabenshue en 1904. Por su parte, Walter Wellman trató sin éxito de cruzar el océano Atlántico en dirigible en 1910. Aunque antes de ese año se habían realizado muchos vuelos, el mejor motor que había para aquellos primeros dirigibles era demasiado pesado en comparación con su potencia, dilema que acicateó a muchos inventores.

Entre ellos al ingeniero español Leonardo Torres Quevedo quien se interesó en materia de aerostación (para utilizar el término al uso en la época) debido al interés mostrado por el Ejército, desde finales del siglo XVIII, en el uso militar de los globos y dirigibles. Sin embargo, dicho interés solo se materializa en las dos últimas décadas del siglo XIX con la creación de un cuerpo militar a tal efecto.

En 1902, Torres Quevedo presenta en las Academias de Ciencias de Madrid y París el proyecto de un nuevo tipo de dirigible. Su diseño solucionaba el hasta entonces grave problema de suspensión de la barquilla, incluyendo un armazón interior de cables flexibles que dotaban de rigidez al dirigible por efecto de la presión interior. Con ello se consiguen las ventajas de un armazón semirrígido, evitando su fragilidad y otros inconvenientes.

Durante 1905, Torres Quevedo dirige la construcción del “España”, primer dirigible hispano, con el cual realiza numerosos vuelos de exposición y prueba. Este dirigible no debe confundirse con otro posterior de idéntico nombre que el Ejército adquirió en 1910 a la casa francesa Astra. Mientras tanto, se había iniciado una fructífera colaboración entre Torres Quevedo y dicha casa francesa, para lo cual llegó a trasladarse a Francia.

Protección naval

Finalmente, Astra compra la patente del dirigible español, con una cesión de derechos extendida a todos los países exceptuando España. Así, en 1911, se inicia la fabricación de los dirigibles conocidos como "Astra-Torres". Algunos ejemplares fueron adquiridos por los ejércitos francés e inglés a partir de 1813, y utilizados durante la I Guerra Mundial, en muy diversas tareas, fundamentalmente de protección e inspección naval.

Más tarde, en 1919, se realiza la primera travesía aérea del Atlántico, llevada a cabo por un dirigible británico, y nuevamente en 1921 por el famoso dirigible alemán "Graff Zeppelin", que completó el viaje Sevilla-Buenos Aires, alcanzando la noticia una gran repercusión mundial.

Terminada la I Guerra Mundial, la sociedad Astra continuaba la fabricación de los dirigibles "Astra-Torres". En 1924, Japón compró un dirigible de este tipo para incorporarlo a su entonces naciente Armada, realizándose diversas modificaciones para dotarlo de armamento. A partir de este fecha, y debido a los avances producidos en la aviación militar, se abandonó el uso militar de dirigibles, continuando su uso civil.