Países de Europa

 

El hombre ha ocupado Europa desde tiempos muy remotos. Las civilizaciones creadas allí, fundamentalmente en torno al Mediterráneo, se extendieron por todo el mundo, llegando ha ser dominantes en algunos casos, o bien se superpusieron a otras o coexistieron con ellas.

La idea de Europa como un continente es una invención intelectual humana, ya que, a diferencia de otros espacios que tienen una unidad física muy definida, Europa puede considerarse, geográficamente, como el apéndice occidental del continente eurasiático. Conocimiento que no tuvieron los antiguos, quienes dividieron el mundo en continentes.

Europa es, después de Oceanía, la parte más pequeña del mundo. Sus límites son el cabo Norte y el casquete polar al norte; el océano Atlántico al oeste; el Mediterráneo, el mar Negro y el Cáucaso al sur. Al este, sus límites orientales son discutidos, por razones geográficas y políticas, debido a que la antigua Unión Soviética constituía un todo único, con su parte europea y su parte asiática. Sin embargo, convencionalmente, se traza una línea ideal que sigue los montes Urales, el río Ural (según otros el Emba), la depresión del lago Manye y la costa del mar Negro hasta los estrechos (Bósforo y Dardanelos) que conducen al mar Egeo. Históricamente, este límite oriental se ha ido desplazando. En tiempo de los romanos fue el Danubio y más tarde el Elba, el Vístula-Dniéper y el Volga. La superficie es de 10.359.358 km2.

Europa y el hombre

Europa, por su posición en el globo terráqueo, entra dentro del dominio de los climas templados y fríos del oeste de los continentes. Son, en general, climas agradables y buenos para la agricultura actual. (Ver: Europa, geografía humana y Climas de Europa).

El medio físico ofrece condiciones ventajosas que la población ha sabido explotar para dar vida a una civilización fundamental en la historia de la humanidad y para adquirir un patrimonio cultural que ha sido modelo para otros pueblos.

Situada en el centro del hemisferio continental, Europa tiene fáciles comunicaciones con todas las otras partes del globo. Está unida a Asia, no sólo por su tronco continental, sino también por sus estrechos (hay lugares donde el Bósforo tiene menos de un kilómetro y se halla cruzado por un puente), está próxima al África (el estrecho de Gibraltar tiene un mínimo, de 14 km), y se asoma al oeste sobre el Atlántico precisamente por donde el océano es menos ancho (las islas Azores sirven de base para su travesía) y está generalmente bien comunicado por rutas marítimas y aéreas.

La configuración horizontal de Europa, vista en un mapa, se caracteriza por su accidentada periferia: así, tenemos las grandes penínsulas (Escandinava, Ibérica, Itálica y Balcánica), y los grandes mares interiores (Mediterráneo, Negro, del Norte y Báltico). Aún más característica es la diversidad de articulaciones y otros accidentes menores (penínsulas secundarias, cabos, puntas, estrechos, golfos y bahías). Los puntos de contacto entre la tierra y el mar son más numerosos que en otras regiones: en la parte occidental no se encuentran lugares que disten del mar más de 250 km, mientras en la parte oriental, sobre todo en Rusia, las distancias de la costa superan a veces los 1.000 km. El gran número de islas y la acentuada accesibilidad de sus costas (ricas en ensenadas, promontorios y estuarios) destacan la tradición marinera de Europa, que a través de los siglos ha sido un factor importante para el desarrollo de la civilización.

La gran red fluvial

Los ríos europeos son moderadamente largos, sin grandes avenidas y, en general, regulares. En gran parte navegables (hasta los comienzos del curso medio), son los ejes principales de la geografía europea. Alrededor de ellos se hallan radicados los centros urbanos e industriales. En la Selva Negra nace el Danubio, el río europeo más largo, con 2.860 km de longitud y que desemboca en el mar Negro. En los Alpes nacen el Rin, segundo río más largo, con 1.326 km de longitud y que desemboca en el Atlántico, al norte del canal de la Mancha; y el Ródano, que dan vida a una abundante red de vías navegables.

También sobrepasan los 1.000 km el Elba, el Vístula, el Loira y el Tajo; todos ellos desembocan en el Atlántico, excepto el Vístula que desemboca en el Báltico. Pero más largos son los ríos rusos: el Volga tiene 3.531 km de longitud y desemboca en el mar Caspio; el Dniéper, 2.201 km y desemboca en el mar Negro; el Ural, 2.428 km y desemboca en el mar Caspio, este último es el río que prolonga la frontera con Asia desde los montes Urales al Caspio. También superan los 1.000 km el Don, el Petchora, el Dniéster y el Dvina.

Otros ríos importantes son: Guadalquivir, Guadiana, Duero, Garona, Sena, Támesis y Mosa que desembocan en el Atlántico; Óder que desemboca en el Báltico; Ebro y Ródano, que desembocan en el Mediterráneo; y Po que desemboca en el Adriático. A parte de multitud de ríos más pequeños.

Si exceptuamos los ibéricos, los ríos que desembocan en el Atlántico son caudalosos y regulares, por lo que permiten la navegación durante todo el año. Los ríos bálticos y los rusos se hielan en invierno, así como el propio mar Báltico. Pero son importantes vías de comunicación. Los ríos mediterráneos sufren un fuerte estiaje en verano: son muy irregulares, incluso torrenciales. Los ríos que nacen en los Alpes tienen su máximo en primavera, tras el deshielo.

Una de las características más destacadas de los ríos europeos es que están intensamente aprovechados, y no sólo como vías de comunicación. Prácticamente todos los ríos están regulados por embalses, que proporcionan agua para el regadío, las ciudades y la producción de energía eléctrica. El aprovechamiento de los ríos es muy antiguo, pero nunca se ha hecho con tanta intensidad como en la actualidad. El modelo urbano contemporáneo es imposible sin la regulación de los ríos y sin su aprovechamiento integral.

En Europa no hay grandes lagos, pero hay multitud de pequeños lagos repartidos por todo el territorio. Podemos encontrar un patrón claro de localización y densidad de los lagos en virtud de la retirada del inlandis (la masa de hielo que cubría todo el territorio), tras la última glaciación. La mayor parte de los lagos, y los más grandes, son de origen glaciar y se encuentran en el entorno del mar Báltico. La excepción es el mar Caspio, que hace frontera con Asia. En realidad, el mar Caspio es el lago más grande del mundo, aunque de aguas saladas y de origen endorreico. Exceptuando el Caspio, los lagos más grandes de Europa son: el lago Ladoga de 18.400 km2, el Onega de 9.752 km2, el Vaenern de 5.565 km2 y el Saimaa de 4.400 km2. Lagos como Paijaenne Irari, Vaettern y Maelaren tienen más de 1.000 km2, todos ellos en Suecia, Finlandia o Rusia. Fuera de este ámbito sólo los lagos Balatón (Hungría), Grada (Italia), Leman y Constanza (Suiza) tienen cierta entidad.

El relieve

El relieve europeo no es excesivamente complejo y constituye un factor positivo favorable al hombre. Básicamente se organiza en torno a una gran llanura central rodeada de regiones montañosas más o menos antiguas. Sin embargo, aunque la llanura es lo dominante (el 66 por ciento del territorio no supera los 200 metros de altitud) la influencia de las montañas es notable. La combinación de montaña y llanura da al territorio una variedad ecológica muy valiosa, lo que ha permitido explotar gran cantidad de recursos. En Europa las montañas no han constituido obstáculos insalvables, más bien lo contrario, son regiones de contacto. Las mayores elevaciones son: Elbrus, en el Cáucaso (5.642 m), Mont Blanc (4.807 m) y Mulhacén (3.478 m).

Las regiones montañosas, excepto en las zonas muy altas y despobladas, permiten vivir en ellas y ser cruzadas por vías de comunicación. El modelado del relieve es uno de los factores de la variedad del paisaje, y en el aspecto humano ha favorecido en el curso de la historia la subdivisión política y cultural.

Los sistemas montañosos europeos se prolongan de oeste a este, desde la periferia occidental del continente, para rodear y casi abrazar el sólido núcleo principal, hasta la lejana periferia oriental. Estos relieves comienzan con la orla montañosa que se extiende en torno a la Meseta castellana, siguen con la cadena pirenaica (que alcanza los 3.404 metros en el pico de Aneto) y llegan a la altura mayor del Sistema Alpino (Mont Blanc, 4.807 m, y Monte Rosa, 4.634 m).

El arco alpino desciende y encuentra su continuación en el Sistema Dinárico, que en el sudeste continúa por los Balcanes y al sur termina con los montes de la península del Peloponeso. Al Sistema Alpino se hallan unidos los Cárpatos. En su vertiente meridional los Alpes separan la península Itálica del resto del continente. Hacia el norte, por el contrario, la cadena disminuye progresivamente hacia las llanuras de Europa Central, donde los mismos macizos antiguos fueron rejuvenecidos por la orogenia alpina:  el Macizo Renano, los Vosgos, la Selva Negra, la Selva de Bohemia y los Sudetes.

Con los movimientos tectónicos que elevaron estas zonas antiguas se puede relacionar la formación del valle del Rin, que es un rift valley (valle de fractura o fosa tectónica). Al norte, el sistema montañoso de las altas tierras irlandesas y de la Cordillera Escandinava muestra su antigüedad con superficies de erosión en las cumbres.

Entre los dos sistemas orográficos más antiguos, el septentrional y el meridional, se halla la zona europea llana más extensa: las llanuras francesa y polaco-germánica. En la parte oriental se extiende la gran llanura sarmática, antigua superficie de aplanamiento que ha ido tomando la conformación típica de una penillanura. Las otras llanuras, la del valle del Po, la panónico-danubiana y la de Valaquia son, por el contrario, depresiones que han sido colmatadas por los aluviones depositados por los ríos en el transcurso de siglos.

El mar y Europa

El rasgo más destacado del relieve europeo es la constante presencia del mar, gracias a lo recortado de sus costas. Europa tiene más de 43.000 km de costas, y ninguno de sus puntos se aleja tanto del mar como para no recibir su influencia, aunque la orografía tenga mucho que decir en ello. Esto permite la entrada de las masas de aire marinas mucho menos contrastadas que las continentales. El clima europeo es dulce y agradable, con cuatro estaciones muy marcadas. Los mares han facilitado la comunicación entre los pueblos de Europa. En sus costas se encuentran con facilidad puertos naturales, golfos, etc. Son de destacar a este respecto dos regiones: la del mar del Norte y el Báltico y la del Mediterráneo.

Como ya dijimos, en Europa encontramos gran cantidad de penínsulas, cabos, golfos, estrechos e islas, entre los más importantes destacan:

Penínsulas: Kola, Jutlandia, Escandinavia, Iberia, Italia y Balcanes.
Cabos: Norte, Punta de San Mateo, Finisterre, Roca, San Vicente, Gata, Spartivento y Matapan.
Golfos: Botnia, Finlandia, Vizcaya, León, Génova y Venecia.
Estrechos: Canal de la Mancha, Gibraltar, Messina, Dardanelos y Bósforo.
Islas: Islandia, Británicas, Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia y Creta.

Podemos distinguir siete conjuntos fisiográficos: la gran llanura europea, que es extiende desde los montes Urales hasta el río Weser en Alemania; las llanuras atlánticas, continuación de las anteriores, desde el río Weser hasta las Landas y el Pirineo; las llanuras interiores, que son depresiones intramontañosas; las llanuras litorales mediterráneas, estrechas y orientadas al Mediterráneo; los viejos macizos hercinianos y caledonianos, que organizan en torno a sí el relieve; y los arcos alpinos, las montañas jóvenes de la última orogenia.

Llanuras: la llanura predomina en toda la Europa oriental, estrechándose hacia el oeste, donde abarca casi toda Polonia, el norte de Alemania e incluso el sur de Suecia, se reduce también entre el macizo renano y el mar del norte y se ensancha al fin en el oeste de Francia, donde dominan las tierras bajas y algunos islotes montañosos.

La gran llanura oriental se extiende desde los montes Urales hasta el río Weser, alcanzando en Rusia la máxima extensión y continuidad. El suelo está formado por un zócalo rígido, que apenas ha sufrido alteración. Al norte existen depósitos glaciares mientras que en el sur tierra negra rica en materia orgánica.

La llanura atlántica debe su origen a movimientos de ascenso y descenso del mar. Estos han tenido como consecuencia el depósito de sedimentos que los ríos han excavado posteriormente.

Las llanuras interiores son de gran variedad. Unas están formadas por sedimentos marinos, otras son depósitos lacustres del terciario que han descubierto sedimentos más antiguos.

Montañas: las montañas europeas forman tres grandes conjuntos: el frente Atlántico, las montañas hercianas de la Europa central y los pliegues alpinos de la parte mediterránea.

La estructura montañosa del Atlántico recibe, por la edad de su formación geológica, el nombre de montañas caledonianas, pero su rejuvenecimiento data de la fines de la era terciaria. Se extiende desde el norte de Irlanda hasta el extremo septentrional de Escandinavia, con interrupciones como la de las hoyas de los mares del norte y de Irlanda.

El macizo herciciano, muy afectado por la erosión, no sobrepasa la altura de los 2.000 m. Los movimientos alpinos dieron a estas montañas muna estructura de relieve tabular, resultado de un sistema de fallas.

Las cordilleras rugosas del sistema alpino aparecieron en la era terciaria y su altura sobrepasa los 3.000 m. Se componen de cimas escarpadas y crestas en forma de dientes. Fragmentos de macizos primarios, o de llanuras sedimentarias, están encajados entre las guirnaldas de cadenas que forman estos sistemas montañosos. El relieve montañoso de Europa termina al este con la cadena de los montes Urales.

Los países que forman Europa son:

Islas atlánticas: Islandia, Gran Bretaña e Irlanda.

Península escandinava: Noruega y Suecia.

Países del Báltico: Finlandia, Estonia, Lituania y Letonia.

Países del este: Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Bielorrusia (o Belarús), Ucrania, Moldavia y Rusia.

Países del Cáucaso: Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

Europa central: Dinamarca, Alemania, Austria, Países Bajos (Holanda), Bélgica, Luxemburgo, Suiza y Francia.

Países del Adriático: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Macedonia, Yugoslavia (Servia y Montenegro) y Albania.

Países ibéricos y mediterráneos: Portugal, España, Italia, Grecia, Malta, Chipre y Chipre turco.

Países pequeños enclavados en otros: Vaticano (Italia), San Marino (Italia), Mónaco (Francia), Liechtenstein (Austria-Suiza) y Andorra (Francia-España).

Países asiáticos con enclaves en Europa: Turquía y Kazajistán.

A continuación, entregaremos una reseña con datos relativos a cada uno de los países que conforman el continente europeo. En cada uno incluiremos todo aquello que resulte de interés para conocer lo más posible sobre ellos.

Fuente Internet:

http://www.monografias.com/trabajos10/geogeur/geogeur.shtml

Ver, además, en Internet:

http://club.telepolis.com/geografo/regional/europa/europa.htm

Clima de Europa, también en:

http://club.telepolis.com/geografo/regional/europa/clima.htm

Países de Europa

Albania Alemania Andorra
 
Armenia Austria Azerbaiyán
 
Bélgica Bielorrusia Bosnia y Herzegovina
 
Bulgaria Chipre Ciudad del Vaticano
 
Croacia Dinamarca Escocia
 
  Eslovaquia
 
 
Eslovenia España Estonia
 
Federación rusa Finlandia Francia
 
Georgia Gran Bretaña (Reino Unido) Grecia
 
Hungría Irlanda Islandia
 
Italia Letonia Liechtenstein
 
Lituania Luxemburgo Macedonia
 
Malta Moldavia Mónaco
 
Noruega Países Bajos (Holanda) Polonia
 
Portugal República Checa Rumania
 
San Marino Suecia Suiza
 
Turquía Ucrania Yugoslavia (Serbia y Montenegro)