Segunda guerra mundial: Frente oriental

 

Introducción

Veinte años después de terminar la primera contienda mundial, se desató el conflicto más devastador que ha padecido la humanidad: la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Cerca de 40 millones de muertos y otros tantos heridos, inválidos y huérfanos; ciudades enteras, campos, carreteras, centros industriales, monumentos históricos fueron arrasados. Toda esta situación fue el producto del más acelerado desarrollo científico y tecnológico para exterminar al enemigo, para destruir seres humanos.

Primera fase: Polonia: supremacía del Eje

El número de tropas de las fuerzas alemanas y polacas eran prácticamente similar. Hitler envió 1,5 millones de soldados y el mariscal polaco Edwar Rydz-Smigly esperaba reunir  1,8 millones de hombres. Las fuerzas aéreas alemanas estaban formadas por 1.600 aeronaves de último modelo, mientras que la mitad de  los 935 aviones polacos eran obsoletos.

La guerra relámpago en Polonia

La estrategia polaca consistía en una rígida defensa de toda la frontera y preveía varias semanas de escaramuzas preliminares con los alemanes. No obstante, ambos cálculos resultaron incorrectos. En la mañana del 1 de septiembre, oleadas de bombarderos alemanes atacaron las líneas férreas y bloquearon la movilización polaca. Durante los cuatro días siguientes, dos grupos militares abrieron el paso a las unidades de avance acorazadas que se dirigían con rapidez hacia Varsovia y Brest.

Segunda fase: la expansión de la guerra

Un año después de la caída de Francia, la contienda se convirtió en una guerra mundial. Mientras se llevaban a cabo campañas secundarias en los Balcanes y el norte de África así como combates aéreos contra los británicos, Hitler desplegó el grueso de sus armas hacia el este y formó una coalición con los países del sureste de Europa para atacar a la Unión Soviética (URSS).

Alemania invade la Unión Soviética

En la mañana del 22 de junio de 1941, más de tres millones de soldados alemanes iniciaron la invasión de la Unión Soviética. El ejército soviético contaba con 2,9 millones de soldados en la frontera occidental y era dos veces superior a los alemanes en carros de combate y diez veces en aeronaves. Muchos de sus tanques estaban anticuados, pero otros eran mucho más modernos que los alemanes.

Los alemanes habían organizado tres grupos de ejércitos para la invasión, denominados Norte, Centro y Sur, que se dirigían hacia Leningrado, Moscú y Kiev. Hitler y sus generales habían llegado a la conclusión de que su principal problema estratégico consistía en bloquear al ejército soviético durante la batalla y derrotarlo antes de que pudiera escapar adentrándose en el país. Sin embargo, discrepaban sobre cómo superar este inconveniente. La mayoría de los generales creían que el régimen soviético lo sacrificaría todo por salvar Moscú, la capital, el punto de unión de las redes ferroviarias y de carreteras, y el principal centro industrial de la URSS. En opinión de Hitler, la tierra y los recursos de Ucrania y el petróleo de Caucasia eran más importantes.

El cambio de planes de Hitler

Los rusos actuaron según lo previsto por los generales alemanes, sacrificando enormes cantidades de tropas y armamento para defender Moscú. Sin embargo, Hitler no estaba satisfecho y, pese a las protestas de su alto mando, ordenó al grupo de ejércitos del centro dirigir las fuerzas blindadas hacia el norte y el sur para ayudar a los otros dos ejércitos, con los que se detuvo el avance hacia Moscú.

El 8 de septiembre, el grupo de ejércitos del norte puso sitio a Leningrado. El día 16 de ese  mes, el grupo de ejércitos del Sur cerró una gigantesca  maniobra envolvente al este de Kiev; fue entonces cuando Hitler decidió reanudar el avance hacia Moscú y ordenó a las fuerzas blindadas reunirse con el grupo de ejércitos del centro.

El intento de tomar Moscú

El grupo del ejército del centro retomó las operaciones el 2 de octubre, después de una interrupción de seis semanas. Se realizaron dos grandes maniobras envolventes pero pronto comenzaron las lluvias de otoño, que convirtieron las carreteras soviéticas, sin pavimentar, en barrizales que frenaron el avance durante casi un mes.

A mediados de noviembre bajaron las temperaturas y el suelo se heló. Hitler y el comandante del grupo de ejércitos del centro, el mariscal de campo Fedor Von Bock, decidieron seguir adelante, con el fin de acabar la campaña de 1941 con una victoria en Moscú ante la llegada del invierno.

Los generales que estaban al mando de los dos grupos blindados que Bock mandó como avanzadilla, tuvieron que detener la marcha el 5 de diciembre ante las extremas condiciones climatológicas que tuvieron que afrontar.

La contra ofensiva soviética

Stalin, que permaneció en Moscú, y el general Gueorgui Konstantinovich Zhúkov  lanzaron una fuerte  contraofensiva con las fuerzas de reservas rusas en diciembre y, al cabo de pocos días, el grupo de avance de los alemanes fue arrollado.

La contraofensiva de Moscú no tardó en extenderse a todo el frente, siguiendo  las órdenes de Stalin. Los alemanes no habían formado líneas defensivas para la retaguardia y no podían cavar trincheras porque el suelo estaba congelado. Algunos de los generales aconsejaron que las tropas se retiraran a Polonia, pero Hitler les ordenó el 18 de diciembre mantenerse firmes en las posiciones en que se encontraran, con lo que logró mantener el sitio sobre Leningrado, seguir asechando Moscú y conservar la zona occidental de Ucrania.

El frente ruso: el verano de 1942

La zona más conflictiva en esos momentos era el frente ruso, donde los alemanes tomaron nuevamente la iniciativa en el verano de 1942 en las ofensivas sobre el sur de Leningrado, las proximidades de Jarkov y Crimea. Era tal la fe de Hitler en la victoria en 1941, que ordenó detener la fabricación de armas y municiones para el ejercito de tierra y reconvirtió estas industrias para que fabricaran materiales para las fuerzas aéreas y la armada. La producción de armamentos para el ejército se había reanudado en enero de 1942, pero esta remesa no llegaría el frente hasta finales del verano. Por otro lado, la producción de armas soviéticas fue aumentando progresivamente desde comienzos del nuevo año; además, la base industrial de la URSS era mayor que la alemana.

Hitler sabía que no podía llevar a cabo una nueva ofensiva total sobre tres objetivos. Algunos de sus generales proponían que se aguardara un año hasta que se volviera a reorganizar el ejército, pero Hitler estaba decido a conseguir la victoria en 1942, por lo que intentó obligar al mando soviético a sacrificar al grueso de su ejército para defender las minas de carbón de la cuenca del Donet y los campos de petróleo de Caucasia.

El 9 de agosto los alemanes se habían adentrado en Caucasia, en dirección a Maikop. El triunfo parecía acercarse cuando el VI ejército y el IV ejército blindado se unieron cerca de Stalingrado el 3 de septiembre.

La resistencia rusa en Stalingrado

La URSS atravesó la situación más difícil de la guerra a finales de julio de 1492, cuando tras la retirada rusa los alemanes estuvieron en condiciones de avanzar a lo largo del Volga, por detrás de Moscú, y de adentrarse en Caucasia. El 28 de julio, Stalin hizo un llamamiento a sus tropas para que libraran una guerra patriótica por Rusia. A finales de agosto convocó a sus dos mejores militares, Zhukov, que había organizado la contraofensiva de Moscú en diciembre de 1941, y el general Alexander Vasilevdki, Jefe del estado mayor del ejercito, para tomar una decisión sobre Stalingrado. Estos propusieron derrotar al enemigo bloqueando a sus tropas en la ciudad mientras se reunían los medios para lanzar un contraataque.

La victoria soviética en Stalingrado

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Stalingrado al rojo

En la mañana del 19 de noviembre las fuerzas blindadas soviéticas atacaron a los rumanos al oeste y el sur de Stalingrado. Se reunieron tres días después en Kalach, a orillas del río Don, donde rodearon el VI ejército, casi la mitad del IV ejército blindado y a varias unidades de rumanos. Hitler ordenó al comandante del VI ejército,  el general Friedrich Von Paulus, resistir y le permitió enviar suministros por aire; asimismo, envió a Manstein, que en aquella época era mariscal de campo, para aliviar la presión de esa zona. El transporte aéreo no pudo hacer llegar a Manstein las trescientas toneladas de suministros que necesitaba cada día, y las fuerzas de la operación de ayuda fueron contenidas a 55 Km de las tropas de Manstein a finales de diciembre. El VI ejército estaba condenado a menos que intentara atravesar las filas enemigas, y Hitler no lo permitía.

La batalla de Kursk

Antes de que concluyera la lucha en el frente oriental en 1943, Hitler estaba consciente de que no podría iniciar otra campaña en verano y propuso la creación de una barrera fortificada en este frente, similar a la que se estaba construyendo en el Atlántico a lo largo de la costa occidental europea. Sin embargo, la prolongación del invierno había cortado la línea de batalla lo suficiente como para que pudiera disponer de dos ejércitos más. Asimismo, dejó una gran bolsa hacia el oeste, alrededor de la ciudad de Kursk. Hitler no quería dejar pasar la oportunidad de realizar una nueva maniobra envolvente. (Ver texto ampliado sobre la Batalla de Kursk)

La reconquista soviética de Bielorrusia

El 22 y 23 de junio, cuatro grupos del ejército soviético atacaron al grupo de ejércitos del centro, hacia el 3 de julio, cuando las fuerzas de avance soviéticas que procedían del noreste y el sureste se reunieron en Minsk, la capital de Bielorrusia, el grupo de ejércitos del centro habían perdido los dos tercios de sus divisiones. Los frentes de Zhukov y Vasilevdki habían avanzado unos 300 Km en la última semana. El mando soviético celebró el 17 de julio un desfile que duró un día a través de las calles de Moscú, en el que participaron 57.000 prisioneros alemanes.

La rebelión de Varsovia

La ofensiva soviética había alcanzado a los flancos del grupo de ejército del Centro en julio. El 29 de ese mes unas fuerzas de avanzada llegaron cerca de Riga y rompieron el contacto por tierra del grupo de ejércitos del norte con el principal frente alemán. Los potentes ataques por el flanco meridional del grupo de ejércitos del centro llegaron a la línea del Vístula a finales de ese mes. El general Tedeusz Komorowski inició una rebelión en Varsovia el 31 de julio.

Consecuencias

El ejército de la Alemania nazi, que había arrollado y vencido a los ejércitos francés e inglés, conquistando Francia en 40 días de ofensiva; que había vencido y conquistado Polonia en menos de 30 días, Dinamarca en unas horas, Holanda y Bélgica en unos días y Noruega en unas pocas semanas, lanzó en tromba a cinco millones y medio de soldados y una ingente masa de material bélico sobre la URSS. Hasta mediados de 1944 el 95 por ciento de la capacidad bélica alemana se estuvo poniendo en juego en el frente oriental.

Y allí perdió la Segunda Guerra Mundial. Ese frente decisivo para la suerte de la guerra, el soviético-alemán, le costó al ejército nazi el 74 por ciento de todas sus bajas. Allí fueron puestas fuera de combate, derrotadas o hechas prisioneras seiscientas siete divisiones alemanas. Tres veces y media más que en los tres frentes: italiano, norteafricano y europeo occidental juntos. En ese frente oriental los nazis perdieron hasta el 75 por ciento de sus tanques y cañones de asalto disponibles (48 mil unidades), más del 75 por ciento de sus aviones de combate (77 mil) y el 74 por ciento de su artillería (167 mil piezas). Y fue el Ejército Rojo el que tomó Berlín, la capital del III Reich. Y soldados soviéticos los que colocaron la bandera roja de la hoz y el martillo en lo alto de la Cancillería de Hitler y del Reichstag.

El frente oriental y la respuesta soviética

La URSS pagó un terrible precio por esa victoria: veinte millones de muertos, sumados los casi catorce millones de soldados y más de seis millones de civiles (dos de cada cinco muertos en la II Guerra Mundial fueron soviéticos).

Al acabar la guerra había, en los grupos de edad mayores de dieciocho años, sólo 31 millones de hombres frente a 52 millones de mujeres. Y la URSS había sufrido tremendas destrucciones (el 30 por ciento del patrimonio nacional). Que, por ejemplo, dejaron a 25 millones de personas sin hogar al acabar la guerra.

La agresión nazi le costó a la URSS la mitad de su potencia económica. Especialmente graves fueron la destrucción de la vital industria pesada de la cuenca del Donets, en la que además se había producido la inundación total de las minas de carbón, y la devastación de las zonas agrícolas de Ucrania y Bielorrusia.

Estos hechos son de importancia capital para calibrar la relación de fuerzas entre la URSS y los Estados Unidos al acabar la II Guerra Mundial. Porque, además de haber mantenido intacto su territorio, los Estados Unidos tomaron posesión (junto con sus aliados ingleses y franceses) de todo el potencial industrial alemán de los sectores del oeste. Lo cual supuso cerca de las dos terceras partes de la industria alemana que, pese a todos los bombardeos, sólo había sufrido una destrucción del 25 por ciento.

 

Fuentes Internet:

http://www.fortunecity.es/imaginapoder/artes/392/desarrollo.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Frente_Oriental_(Segunda_Guerra_Mundial)

 

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