La doble revolución y el mundo actual

 

A contar del siglo XVIII se inició un proceso de profundos cambios que afectaron la organización política, social y económica de países como Inglaterra y Francia; sin embargo, tales cambios fueron paulatinamente expandiéndose para luego impactar sobre todos los países europeos y finalmente sobre todo el mundo. Para entender o explicar dicho proceso, en la actualidad se habla de una “doble revolución” para referirse conjuntamente a la Revolución Francesa y a la Revolución Industrial como el origen del mismo.

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Imagen de la revolución Industrial

En su momento, los hombres ilustrados tenían plena conciencia de la necesidad de cambios; por ejemplo, propiciaron la legitimidad del poder, la división de los poderes públicos, los derechos ciudadanos y el modernismo avalado por la presencia de las máquinas en los nuevos modelos de producción. También tenían plena conciencia de que tales cambios eran por sí solos de carácter “revolucionario”; es decir, poco a poco se abandonaba la impresión dominante hasta el Antiguo Régimen de que toda “revolución” suponía retroceso, un retorno al pasado.

Muy por el contrario, por medio de la doble revolución los europeos fueron viendo cómo el mundo se transformaba de manera acelerada, los conocimientos aumentaron de manera desconocida hasta entonces y surge una nueva fe en el progreso de la humanidad. La sociedad emergente del siglo XIX no sería en nada parecida a las anteriores, ahora estamos en presencia de una sociedad en proceso de continua evolución y cambio.

En esta unidad veremos entonces de qué manera la doble revolución fue modelando la sociedad mundial del siglo XIX, cuáles fueron sus impactos en nuestro país y sus proyecciones en nuestro mundo actual.

Las potencias europeas que vencieron a Napoleón se reunieron en el Congreso Viena en 1814 para reorganizar el mapa político del continente. La intención de los vencedores era restablecer en sus tronos a todos los monarcas depuestos por el emperador y realizar un reparto proporcional de tierras para asegurar la paz y estabilidad de sus reinos.

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La otra revolución

La Restauración significó el triunfo de los principios reaccionarios y conservadores, se abolió todo principio revolucionario y se restableció el absolutismo como sistema político. Sin embargo, este triunfo conservador no sería duradero pues no estaba acorde con los nuevos tiempos, la herencia de la doble revolución y sus profundas transformaciones en la política, economía, sociedad y en la propia mentalidad de las personas, no toleraba otra forma de gobierno que no estuviese sustentada en principios constitucionales y democráticos.

Ideas modeladoras de los nuevos tiempos

Liberalismo

El liberalismo es una ideología política que, desde un principio, abogó por la igualdad formal frente al poder jerárquico y hereditario. Su bandera de lucha fue la de la igualdad de oportunidades para todos.

De acuerdo con los principios de la Revolución Francesa, el centro y medida de la sociedad, de las leyes y del Estado, era la persona. El reconocimiento de los derechos ciudadanos, la soberanía popular y la división de los poderes se convirtieron en pilares fundamentales sobre los cuales se debía construir cualquier tipo de organización política, especialmente del sistema republicano que se consideraba el ideal para una nación moderna.

A pesar de los intentos de restauración del Congreso de Viena, el siglo XIX sería precisamente conocido como “el siglo del liberalismo”. El énfasis puesto en el ser humano y sus distintas libertades significó la guerra declarada contra los regímenes absolutistas. Precisamente, entre 1820 y 1871, brotaron una serie de movimientos liberales y nacionalistas que tendrán por consecuencia el surgimiento de un nuevo orden político en Europa a través de la derrota definitiva del absolutismo y del nacimiento de nuevos países como Grecia, Bélgica, Polonia, Bulgaria, Rumania, y de la unificación de Estados como Italia y Alemania.

Racionalismo

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Clases sociales coloniales.

El liberalismo tiene sus raíces en el racionalismo, el cual no es sólo una actitud mental, es toda una posición ante la vida; de él emerge todo el modo de ser del hombre occidental moderno.

El racionalismo impone de manera secular la fe absoluta en los poderes de la razón, para ella no hay conquistas imposibles pues puede poner su orden en todo. Esta actitud alcanza plena manifestación en la organización política —Estado liberal democrático— que terminará por imponerse a contar de la Revolución Francesa y en el desarrollo científico y tecnológico —progreso ilimitado— a partir de la Revolución Industrial.

Progreso ilimitado

El triunfo del liberalismo democrático, la fe absoluta en la razón humana, y el progreso aportado por la industrialización provocó en la sociedad la sensación de que el bienestar alcanzaría a todas las personas y naciones.

El ferrocarril y los barcos habían acortado todas las distancias, las ciudades iluminadas, las bellas arquitecturas, los progresos de la ciencia, los vehículos motorizados, las nuevas comodidades, la mejor dieta alimenticia, etcétera, eran muestras de la capacidad creadora del hombre, tal capacidad no tenía límites, todo estaba al alcance de la mano del hombre. Nunca antes la idea de progreso se había desarrollado de manera tan intensa, se había logrado superar en todo al pasado y aun más, se pensaba que el futuro sería mejor.

Una importante consecuencia social de la doble revolución fue el surgimiento de un nuevo orden social: la sociedad de clases, que suponía la igualdad teórica entre todos los ciudadanos.

La supresión de los privilegios de la nobleza y del clero bajo la Revolución Francesa y el principio de libertad individual impregnado por el liberalismo, terminaron con un orden de castas, ahora, bajo la nueva sociedad el lugar que ocupaba cada individuo estaba determinado por sus méritos. Ahora bien, en la práctica la sociedad seguía siendo desigual pues dependía de la mayor o menor cantidad de riqueza de que se disponía, sin embargo, un aspecto interesante y novedoso fue que la educación empezó a surgir como un nuevo modo de progresión social.

El nuevo orden social

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Crecen las ciudades.

Los antiguos estamentos del Antiguo Régimen fueron remplazados por las clases sociales que se diferenciaban entre sí por su distinta capacidad económica y por poseer una cultura y mentalidad propias:

La clase alta que estaba conformada por la antigua aristocracia y la alta burguesía. Los primeros, aunque habían perdidos sus privilegios nobiliarios, conservaban el poder de la tenencia de la tierra; los segundos, se habían enriquecido con las nuevas actividades industriales y la práctica financiera y comercial. La unión de ambos grupos formó una clase muy sólida y homogénea, sus gustos eran refinados y mostraban prácticas sociales exclusivistas, como la creación de escuelas y clubes privados en donde hacían arrogancia de su estatus social.

La clase media formada por personas de distinto origen, poder económico y formación cultural, generalmente eran pequeños empresarios, comerciantes, empleados y profesionales de carreras universitarias como abogados, médicos, profesores, etc. Al interior de este grupo social heterogéneo surgieron algunos valores que se convirtieron en principios transversales de toda la sociedad: el culto al trabajo, el ahorro y la exaltación del valor a la familia.

La clase baja que se caracterizaba por su carencia de bienes, de propiedades y por la necesidad de trabajar por un salario mínimo para poder sobrevivir, eran obreros y personal de servicio doméstico que generalmente vivían al borde de la miseria

El auge urbano y el declive rural

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18 de septiembre, aniversario de la Primera Junta de Gobierno en Chile

Las ciudades crecieron a un ritmo acelerado y se convirtieron en el principal escenario de la civilización occidental. En las ciudades —las capitales especialmente— se establecieron las instituciones de gobierno, se desataron las nuevas luchas sociales, se impusieron las modas de la época, y se convirtieron en los principales centros de diversión, surge un nuevo estilo de vida: la cultura urbana.

En contrapartida, el mundo rural perdió importancia para la mayoría de la sociedad, la agricultura había dejado de ser la principal actividad económica y ahora el campo era mirado solo como un lugar de esparcimiento.

¿Qué pasaba en Chile?

Los efectos de la doble revolución avanzaban por el mundo conforme al mismo alcance que iba teniendo el ferrocarril y el transporte marítimo, las noticias de los distintos sucesos que ocurrían en Francia e Inglaterra comenzaron a expandirse y nuestro país no estuvo al margen del liberalismo y el maquinismo.

La influencia en la política nacional.

Desde fines del siglo XVIII las ideas de la Ilustración fueron conocidas por los criollos y en consecuencia surgió la idea del autogobierno a través de un sistema político diferente a la Monarquía. En 1810 se crea la Primera Junta de Gobierno y comienza la lucha por la independencia nacional.

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Locomotora de la línea Copiapó-Caldera

Durante el primer siglo de nuestra vida independiente se mantuvo, a igual que en Europa, la pugna entre la ideología conservadora y liberal. Los conservadores gobernaron hasta 1861 y los liberales fueron ganando terreno de manera paulatina y consiguieron gobernar desde 1861 hasta 1891.

La influencia en la economía nacional

La Revolución Industrial inició un escenario comercial mundial y a Chile le correspondió el rol de productor de materias primas hacia los países industrializados.

La gran demanda de trigo de los países industriales provocó entre 1840 y 1850 un gran desarrollo de la industria agrícola en el sur del país, tal fisonomía productiva se mantiene hasta la actualidad.

De manera paralela pero con mayor intensidad, Chile orientó su actividad productiva y comercial a la exportación de productos minerales. En 1851 ya existía entre Copiapó y Caldera un ferrocarril y en 1873 Chile era el principal exportador de cobre en el mundo.

El norte del territorio adquiere gran valor económico y desata la Guerra del Pacífico, en 1880 y como resultado del triunfo de nuestro país, nos convertíamos el primer exportador mundial de salitre, abono natural que servía para fertilizar las tierras y para la construcción de explosivos.

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Desarrollo urbano para algunos.

La evolución económica del país provocó efectos similares a los ocurridos en los países industrializados: emigración campo ciudad; modernismo de las ciudades; inversión en obras públicas; el maquinismo; idea de progreso ilimitado; enriquecimiento de los grupos sociales capitalistas; surgimiento de una clase media; explotación de la clase trabajadora; conflictos sociales; y movimiento obrero. Sin embargo, y para nuestro pesar, las industrias se desarrollaron solo en funciones extractivas, no hubo un desarrollo de industrial en la elaboración de productos.

Chile se incorporó a la economía mundial de manera desventajosa pues los precios de las materias primas que exportábamos eran fijados por los países compradores, tal situación no ha cambiado mucho en la actualidad y en consecuencia hemos estado siempre por debajo del desarrollo tecnológico alcanzado por los países industrializados o desarrollados.

La doble revolución en el mundo actual

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Juan Carlos  I, rey de España.

Para entender los procesos históricos debemos reconocer que nuestro presente es consecuencia de los hechos del pasado. Pues bien, la conformación de nuestro mundo contemporáneo tiene mucha relación con los hechos de la doble revolución pues ha existido una evidente continuidad de la mayoría de los principios políticos, sociales y económicos que surgieron en aquella época.

Proyecciones de la doble revolución

La mayoría de los países de la actualidad se organizan políticamente bajo los ideales ilustrados. Todas las naciones democráticas del presente se organizan política y civilmente bajo una constitución en donde se reconocen los derechos naturales de las personas y se establece el principio de la división de los poderes. Tales naciones se definen como Repúblicas y reconocen el principio de soberanía popular a través del sufragio universal de los ciudadanos, hay excepciones de algunos países como Inglaterra y España que mantienen la monarquía pero de igual forma son constitucionalistas y democráticos.

Uno de los grandes aportes que debemos entonces reconocer es que el mundo se fue políticamente democratizando, los gobiernos tiránicos son ya menos frecuentes, se reconocen derechos humanos universales, existe una mejorada legislación obrera, las estructuras sociales son más dinámicas y en rigor todas las personas pueden alcanzar el estándar de vida deseado.

El liberalismo marcó el rumbo de la sociedad, la capacidad individual y la libertad en el hacer, se convirtieron en las oportunidades que tiene el hombre para surgir.

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Miseria tercermundista.

A pesar de estos avances y del establecimiento del sistema democrático formal y representativo, una buena parte del mundo quedo fuera del progreso.

La doble revolución inició el camino a la globalización y a la integración total, sin embargo, impuso también un destino eterno para las naciones. Las economías nacionales se integraron a un mercado mundial en donde cada país aportaba sus excedentes de productos manufacturados o sus principales materias primas, en adelante los países desarrollados y subdesarrollados.

Tal condición se mantiene hasta nuestros tiempos y la brecha se agiganta con celeridad, de hecho, el siglo XX fue testigo del poderío de las grandes naciones, la guerra, el armamentismo y la miseria de los países tercermundistas alcanzó ribetes hasta inhumanos.

El siglo XXI se presenta como la máxima expresión de una economía mundial dominada por capitalismo y el industrialismo de las potencias que generalmente actúan en bloque para defender sus intereses.

Fuente:

Historia Universal, Luis Palacios Bañuelos, Instituto Gallach y Editorial Océano.

 

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