Esparta

 

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Regiones y ciudades griegas
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Esparta fue una ciudad griega que estaba ubicada en el sur de la región del Peloponeso donde hay un angosto valle, limitado por dos cadenas de montañas, el Tayjetos y el  Parnón, y recorrido por un torrente, el Eurotas.

Esta comarca, áspera, de clima rudo, pero bien defendida, es la Laconia, y en ella se estableció como señor una parte del pueblo dorio.

Los Dorios fijaron su capital en una antigua villa llamada Lacedemonia, que en adelante tomó el nombre de Esparta, que logró un gran desarrollo, y logró conquistar todo el país, reduciendo a los habitantes a la calidad de súbditos y de esclavos.

Fue una polis o ciudad-estado porque al igual que otras ciudades griegas era una comunidad autónoma; es decir, con un gobierno propio, no sometida a dominio extranjero, cuyo tamaño medio no superaba los 80 km2 de superficie. Fue un modelo de organización.

 

Clases sociales

Después de la conquista doria, se distinguieron tres clases sociales:

Espartanos o espartiatas Periecos o laconios Ilotas o esclavos

 

El siguiente mapa conceptual iliustra la situación social:

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Los espartanos o espartiatas o lacedemonios eran los individuos de origen dorio y constituían la clase dominante. Formaban una aristocracia cerrada e imperiosa, pues sólo ellos tenían el rango de ciudadanos y podían ejercer los derechos políticos.

Dedicados exclusivamente al gobierno, a los ejercicios gimnásticos y militares, a la guerra y a la educación de la juventud, les estaba prohibido cualquier otro trabajo. Cada uno de ellos tenía una pequeña propiedad territorial cultivada por esclavos, que estaban obligados a suministrar a su amo lo poco que necesitaba para su alimentación.

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Espartanos, siempre listos para combatir.

Los espartanos vivían como guerreros en Esparta, ciudad sin murallas, que parecía un campamento permanente; siempre estaban listos para combatir, ya fuese contra sus enemigos externos o contra sus propios súbditos y esclavos que no perdían ocasión de rebelarse contra su tiránico poder.

Ver: PSU: Historia y Ciencias Sociales; Pregunta 58

Como no admitían en sus filas elementos extraños, el número de espartanos fue disminuyendo sin cesar; de 9.000 familias que, según la tradición, eran al principio, sólo quedaban 1.000 en el siglo IV. Por la misma razón fueron debilitándose la energía y fuerza de sus individuos hasta convertirse en una raza degenerada e impotente.

Los periecos o  laconios, descendientes del pueblo sometido, vivían en aldeas con entera independencia, cultivando la tierra que les producía trigo, cebada, aceite y vino. Reconocíanse como súbditos del gobierno de Esparta, a quien pagaban tributo y servían como soldados en caso de guerra. En sus manos estaban no sólo la agricultura sino también el comercio, la industria y la marina mercante del país. Su número se estimaba en 100.000 individuos.

Los ilotas o esclavos eran los siervos de la tierra, de la cual no podían salir ni ser expulsados. Cultivaban las propiedades de sus amos, a quienes, como se ha dicho, debían entregar parte de sus productos. Nada se sabe acerca del origen de la servidumbre; probablemente eran, como los periecos, descendientes de los primitivos habitantes que fueron castigados por haber resistido más a sus invasores. Como eran más numerosos que los periecos (200.000 individuos), inspiraban recelos a los espartanos, quienes los maltrataban y envilecían.

Instituciones

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Ruinas de Esparta, en la Laconia.

La forma de gobierno era la de una pequeña monarquía aristocrática.

A la cabeza del Estado se hallaban dos reyes hereditarios, pertenecientes a dos familias dinásticas que se creían descendientes de Heracles (Hércules).

Los reyes gozaban de honores, pero de ningún poder. En tiempos de paz su papel era exclusivamente religioso, ofreciendo los sacrificios a los dioses en nombre del pueblo. En tiempo de guerra dirigían las operaciones militares y daban la señal del combate.

Junto a los reyes, funcionaba en Esparta el Consejo de los ancianos llamado Jerusía, que estudiaba los asuntos de gobierno y juzgaba las causas de homicidio. Lo formaban ambos reyes y veintiocho ciudadanos distinguidos nombrados por el pueblo por medio de aclamaciones. Los cargos eran vitalicios (para toda la vida).

La Asamblea del pueblo, que en Esparta existía como en toda ciudad griega, era formada por los espartanos mayores de 30 años, y se reunía, por lo general, una vez al mes.

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Espartanos, fueron los mejores guerreros de Grecia.

Los verdaderos gobernantes de Esparta eran los Éforos (inspectores). Eran cinco, elegidos cada año por el pueblo. Ello decidían la paz y la guerra, administraban justicia, dirigían las operaciones militares dando órdenes a los reyes o los acompañaban en sus campañas.

Ejército

Los espartanos fueron los mejores guerreros de Grecia. Eran educados físicamente y moralmente para serlo. Desde la más tierna edad se sometían a ejercicios atléticos calculados con todo método para dar mayor fuerza, energía y flexibilidad a sus músculos, y al cuerpo entero mayor vigor y resistencia para vencer las fatigas de una campaña.

Los espartanos combatían a pie con las mismas armas ofensivas y defensivas que usaban los griegos. La única diferencia consistía en que los hoplitas o guerreros no entraban al combate en desorden sino ordenados en lo que se llamaba  falange, es decir, formando ocho filas apretadas  y paralelas frente al  enemigo.

Costumbres

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Paso de las Termópilas: no más de quince metros entre montaña y mar.

El pueblo espartano no sólo fue el más fuerte de Grecia sino el más sencillo. Sus casas eran de madera groseramente talladas, sin adornos ni comodidades. Estas habitaciones estaban destinadas sólo a resguardar al hombre de la intemperie.

Sus vestidos eran sencillos, y les estaba prohibido usar ungüentos y perfumes como los demás griegos. Reservaban todo su lujo para los tiempos de guerra y entonces se ponían un manto de púrpura y peinaban sus cabelleras con esmero. En su actitud y modales revestían la mayor severidad y decoro. En la conversación se esforzaban en expresar sus ideas con el menor número de palabras posibles.

Una curiosa costumbre era la de la mesa común. Los hombres no comían en sus casa con sus mujeres, sino en grupos de quince individuos que suministraban por partes iguales el alimento necesario.

La vida de un espartano estaba sometida a reglas fijas e invariables, encaminadas a mantener intacto el poder militar de la nación. Cuando nacía un niño era llevado a un lugar público, donde los ancianos examinaban sus condiciones físicas. Los débiles y deformes eran abandonados en el monte Tayjetos y sólo los sanos y robustos era devueltos a sus madres para la crianza.

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Otras ruinas de Esparta.

Educación

A los siete años el niño debía salir de su casa y someterse a la educación en común con otros niños de su edad. Divididos en compañías, cada una de las cuales obedecía a un jefe elegido entre los jóvenes más fuertes y hermosos, los niños se entregaban a los duros y penosos ejercicios que debían convertirlos en guerreros infatigables. Casi desnudos, bañándose todas las mañanas en las frías aguas del Eurotas, durmiendo en lecho de hierbas que ellos mismos arrancaban, sin instrumento alguno, de las orillas del río, empleaban casi todo el día en saltar, correr, luchar y aprender el manejo de las armas.

Se acostumbraba a los niños a sufrir sin inmutarse el dolor físico. Constantemente peleaban entre sí con encarnizamiento, y una vez al año, en las fiestas de Artemis, eran azotados sin piedad ante la estatua de la diosa. En este especie de examen, el mérito del niño consistía en soportar inmutable, con semblante alegre, y por mayor tiempo los más terribles dolores.

La educación moral consistía en el aprendizaje de todas las virtudes, ideas y máximas que formaban el alma de la sociedad espartana. El respeto a la vejez era una de las virtudes más estimadas.

Las mujeres eran educadas, como los hombres, al aire libre y en público. Hacían ejercicios gimnásticos adecuados a su sexo y aún aprendían a lanzar la jabalina y el disco. Así se formaban mujeres varoniles y heroicas, capaces de sacrificar sus sentimientos en beneficio de la patria. Los espartanos las respetaban y se complacían en seguir sus consejos.