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La
Orden del Temple, Los Templarios. Se
trata de una Orden célebre por su poder y riquezas así como por
su final, teñido de sangre. Sus miembros fueron dueños de innumerables
castillos, fortalezas, tierras y villas, favoritos de los reyes
y temidos por estos.
Su establecimiento
data del siglo XII, una época en que era costumbre entre los cristianos
realizar una visita en peregrinación a Tierra Santa. Solían desembarcar
en el puerto de Baifa y, desde dicho lugar efectuaban el camino
por tierra hasta Jerusalén. Pero la ruta era muy insegura, plagada
de bandidos y por esta causa la pérdida de la vida o la libertad
eran, muy a menudo, el premio que los peregrinos obtenían por su
acentuada fe.
Por la época
de referencia reinaba en Jerusalén, como su soberano, el conde Balduino,
hermano del conquistador de la ciudad Godofredo de Bouillón.
Esta orden se funda en Jerusalem en
1118. Nueve caballeros de origen francés, dirigidos por Hugo
de Payens,se presentaron ante el rey Balduino II, recién coronado,
manifestando su deseo de asegurar la custodia de los peregrinos
que iban a los Santos Lugares. Se comprometieron a "defender
a los peregrinos contra los ladrones y malhechores y a proteger
los caminos y a servir de caballería al rey soberano".
El rey los aceptó cediéndoles, para vivir, una parte
de su palacio situado en el emplazamiento del templo de Salomón. Ante
el patriarca de Jerusalén, Gordond de Piquigny, efectúan los tres votos
"pobreza, castidad y obediencia" y como ocupan el templo de
Salomón, son llamados "los caballeros del Temple".
Hugo de Payens regresa a Europa en
1127 con la idea de formalizar la Orden, de acuerdo a las normas
de la iglesia de Roma. Recibe el visto bueno en el concilio de Troyes
en el año 1128.
Esta es la historia oficial de la creación de la Orden del Temple, adoptando
la divisa: "nom nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam"
(Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino por la gloria de
tu nombre).
Desde el comienzo, la orden deja bien claro que se trata
de una caballería militar y así reza en sus estatutos. "Siempre deberán
aceptar el combate contra los herejes aunque estén en proporción de tres
a uno".
En cuanto a su obligaciones, entre otras, se dictan las siguientes: "Comerán
carne tres veces por semana. Los días que no coman de ella, podrán comer
tres platos" y en lo que se refiere al aspecto religioso, su obligación
consiste en comulgar tres veces al año, oír misa tres veces por semana
y hacer limosna tres veces por semana.
La
Regla se la dio San Bernardo y su creación se llevó a efecto en el Concilio
de Troyes, aprobada por el Papa Honorio II y confirmada por Eugenio III
en el año 1158.
En el hábito, los templarios llevaron una cruz roja
que conservaron hasta su extinción. Su bandera era blanca y negra, denotando
el primer color la candidez y la confianza para los amigos y el segundo,
la fiereza con que debían infundir el terror entre sus enemigos.
La Cruz roja que lucían los
profesos la concedió el Papa Eugenio III en el año 1145.
El Papa Inocencio III les concede
en 1139 una Bula con numerosos privilegios, entre los que podemos
destacar:
· Conservar
el botín tomado a los sarracenos
· Están
bajo la tutela exclusiva de la Santa Sede
· Están
exentos de diezmos
· No
se les puede exigir ningún tipo de servicio feudal
Los Templarios no solamente libraron batallas situándose en los lugares
de mayor peligro y no dando jamás la espalda al enemigo, sino que sirvieron
de banqueros para los peregrinos de toda Europa que acudían a venerar
el Santo Sepulcro.
En el año 1130, los templarios ya constituían un verdadero Ejército y
así lo hace constar San Bernardo cuando manifiesta: "Ha aparecido
una nueva caballería en la tierra de la Encarnación. Es nueva y aún no
ha sido probada en el mundo, en el que desarrolla un doble combate tanto
contra sus adversarios de carne y de sangre, como contra el espíritu del
mal. Y a los que combaten contra los vicios y los demonios, yo los llamo
maravillosos y dignos de todas las alabanzas debidas a los religiosos".
Pero el cuadro que San Bernardo hace de los templarios
no está lleno que se diga de colores muy atrayentes: "Afeitan sus
cabellos, jamás se les ve peinados, raramente lavados, la barba hirsuta,
apestando a polvo, sucios a causa de sus arneses y el calor. Entre ellos
los hay malvados, impíos, raptores, sacrílegos, homicidas, perjuros y
adúlteros. En ello hay una doble ventaja. La partida de esa gente es una
liberación para el país y Oriente se alegrará de su llegada a causa de
los servicios que allá podrán realizar".
Más de veinte veces, las milicias del Temple salvarán
a Tierra Santa de la invasión de los sarracenos y seis de sus grandes
maestres mueren en combate. En Oriente contribuyen al provecho de la acciones
bélicas, pillaje incluido. Y en Occidente aumentan las donaciones hacia
el Temple.
Los grandes señores convierten al Temple en su heredero.
Hasta el propio rey de Aragón quiere donar su reino a los templarios.
El clero secular se opuso a ello, de no ser así se hubiera producido una
curiosa experiencia. Un país entero dirigido por una caballería religiosa.
En Oriente, la Orden es un ejército en combate; en Occidente, una organización
monacal cuyos miembros están armados para la defensa.
El
apoyo que San Bernardo dio a la Orden hizo que fuera favorecida por los
señores feudales y que sus caballeros se extendieran por toda Europa y
que en sus numerosos monasterios llegaran las generosas donaciones continuamente
hasta el punto de convertir a la Orden del Temple en la comunidad más
rica y poderosa de Occidente.
En Francia tuvo su natural asiento sobrepasando en poder
y riqueza a cuanto hasta entonces se había conocido, rivalizando sus grandes
maestres con los reyes. Ciertamente, el Temple tuvo muchos amigos, pero
tampoco le faltaron encarnizados adversarios. Guillermo de Nacy, dos años
después de muerto San Bernardo, cuenta de la Orden hechos atroces, llega
a acusar a sus miembros de sodomitas afirmando que uno de los ritos se
basaba en el beso que el que pretendía entrar en la Orden debía propinar
en el miembro viril del gran maestre.
Eduardo de Vitry, en el siglo XIII dice de los templarios:
"Educados en las delicias y vicios del Oriente, su orgullo no tiene
límites. Yo lo sé y lo sé de buen origen que algunos sultanes han sido
recibidos en la orden permitiendo que celebren sus ritos supersticiosos
y presten su adoración al falso profeta Mahoma".
"Beber como un templario" era un dicho común
en aquella época y en el siglo XV se aseguraba que casa de templario y
casa de prostitución era la misma cosa pues la Orden mantenía burdeles
abiertos para beneficiarse con los ingresos que obtenían de tal negocio.
En
España, los reyes Alfonso "el Emperador" y Alfonso "el
Batallador" en Castilla y Aragón respectivamente, protegieron a los
templarios otorgando a la Orden cuantiosas dádivas y recompensas. Hubo
un momento en que la orden del Temple sobrepujó a las Ordenes de Caballería,
de Calatrava y Alcántara hasta el punto de que cuando los otros tenían
un convento, los templarios poseían diez.
Pero también es cierto que los caballeros del Temple
participaban en todas las batallas contra los moros lo que ocasionó que
los reyes, agradecidos por su inestimable ayuda, les fueran otorgando
cada vez mayor número de villas, castillos, tierras y riquezas. Bajo tales
auspicios, el número de individuos que componían la Orden aumentaba sin
cesar siendo el gran maestre de la Orden el mayor señor de toda la Cristiandad,
después del Papa, los emperadores y los reyes.
Su final
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Jacques de Molay
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Terminadas las Cruzadas y perdidos lo Santos Lugares, los templarios
se retiraron a las siete provincias en las que habían dividido Europa.
El Gran Maestre residía en Chipre, para luego establecerse definitivamente
en el centro de París.
Entre los siglos XIII y XIV el Temple
tuvo un sólido imperio financiero. Hacían donaciones y limosnas
y los campesinos los preferían a los señores feudales porque el
Temple los trataba con mayor justicia.
La caída de la Orden hay que tratarla
como un pretexto para una operación de tipo político promovida por
el rey de Francia Felipe "el hermoso" con el beneplácito
del papa Clemente V. Este rey vio con buenos ojos apoderarse, como
solución para sus debilitadas arcas, de las propiedades del temple,
con lo que conseguía aniquilar a un poder que resultaba como un
estado independiente dentro de su reino.
El 14 de septiembre de 1307 se dio la orden de apresar a los templarios
de Francia bajo la acusación de herejía. El concilio de Viennes (1311-1312)
decidía la supresión temporal de la Orden.
El 18 de marzo de 1314, Jaques de Molay, Gran Maestre de la Orden escuchó
su sentencia. Fue condenado a morir en hoguera junto a 35 caballeros templarios,
en la isla de los Judíos, frente a Notre Dame, en París.
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Papa Clemente V
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Cuenta la leyenda, que en la misma pira crematoria, Jaques de Molay proclamó
su inocencia y la de la Orden, y emplazó ante el "Juicio de Dios"
al Papa Clemente V al cabo de un mes y al rey Felipe el Hermoso en el
plazo de un año. El Papa murió a los cuarenta días y el Rey en ocho meses...
Muerto Jaques de Molay, se emprende una gran persecución en contra de
los templarios en toda Europa. En algunos países, como España y Portugal
se les da un tratamiento respetuoso, creando en algunos casos, una nueva
Orden, como en España (Montesa) y en Portugal (Orden do Cristo).
A la suspensión de los templarios, es evidente que sigue un reagrupamiento
de éstos en dos niveles: las nuevas ordenes militares y los que intentan
mantener una estructura original de la Orden en la clandestinidad. Es
esta última decisión la que permite la supervivencia de la Orden del Temple
hasta nuestros días
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