Segundo Medio: Artes Musicales

 

Anexo 4: Componentes verbales de la actividad musical: cantar, escuchar, hablar de música

El vínculo entre el desarrollo del lenguaje verbal y el desarrollo musical es complejo. Ciertamente, algunos aspectos del lenguaje verbal resultan, en alguna medida, musicales. Por otra parte, algunos de la música son lingüísticos. Lo anterior configura una interrelación dinámica en el desarrollo del lenguaje verbal y de la música.

La música puede contribuir significativamente al desarrollo de ciertas habilidades esenciales requeridas en el desarrollo de las competencias verbales, como por ejemplo, la habilidad de escuchar cuidadosamente y recordar lo que se ha escuchado, la capacidad para transferir sonidos a símbolos y viceversa, el control de la entonación de la voz, adecuándolo a los diversos requerimientos expresivos y de circunstancia.

Adicionalmente, la música puede proveer oportunidades para explorar el poder expresivo del lenguaje. Los alumnos y alumnas pueden llegar a comprender de mejor manera las vías por las cuales el lenguaje crea una respuesta intensamente personal, gracias a su propia entonación o al refuerzo efectivo de la música.

Las actividades de educación musical requieren de la permanente atención auditiva de los estudiantes; por ejemplo, la calidad vocal de una interpretación musical está íntimamente ligada al aprendizaje de una actitud de escucha atenta. Tal actitud se relaciona con la didáctica de las lenguas. El dominio de la lengua materna y de las lenguas extranjeras vigentes pasa necesariamente por la percepción de aquello que podría denominarse la “musicalidad de la lengua”.

Del mismo modo, hay puntos de convergencia entre el aprendizaje de ciertos componentes del lenguaje musical y el aprendizaje de las lenguas extranjeras, los que son aplicables al aprendizaje de ambas disciplinas: acentos, esquemas de entonación, elementos expresivos del discurso, ritmo, articulación, puntuación y relaciones entre lo oral y lo escrito. Estos elementos pueden ser considerados como herramientas interdisciplinarias que refuerzan la coherencia de los aprendizajes, tanto en la música como en las lenguas.

Por otra parte, un adecuado desarrollo de las capacidades verbales de los alumnos y alumnas brinda mejores oportunidades de lograr una adecuada comprensión musical, por ejemplo, mediante el intercambio de ideas en las actividades de apreciación musical, en la interpretación de canciones o en la comprensión de instrucciones y del vocabulario musical.

No obstante, debe tenerse presente en todo momento que la música es, en sí misma, una importante modalidad de comunicación y comprensión dentro del mundo sonoro e imaginativo. Tiene, por lo tanto, sus propias convenciones y reglas y puede llegar a ser descrita como un lenguaje no-verbal. Debe considerarse el hecho de que las reglas del lenguaje musical no pueden ser transferidas o asimiladas sin dificultad a aquéllas que organizan el lenguaje verbal. No obstante, una vez que se ha tomado esta precaución, puede distinguirse diversos tipos de actividades que presentan variadas maneras de contribución mutua al dominio progresivo de los lenguajes musical y verbal.

Específicamente, la música está relacionada con formas de comunicación que emplean lenguajes perceptuales y abstractos, permitiendo a los estudiantes la comunicación de sensaciones, sentimientos y pensamientos, y la aproximación a dimensiones espirituales de la experiencia humana: esto puede llegar a ser particularmente relevante para aquellos alumnos y alumnas que tienen ciertas dificultades de expresión verbal, sean éstas comprensivas o expresivas.

Es importante reconocer que la música puede y debe tener lugar sin necesidad de la mediación verbal, es decir, que pueda funcionar como un medio de expresión no-verbal. No obstante, el desarrollo de un vocabulario de conceptos y convenciones musicales contribuye significativamente a la comprensión de una gran cantidad de fenómenos, situaciones, procesos y comportamientos musicales, especialmente cuando ellos son considerados en su contexto sociocultural e histórico.

I. La relación del texto y de la música

A. EN LA PRÁCTICA DEL CANTO

La interrelación dinámica entre competencias verbales y musicales es más clara en la canción, en la cual música y palabra están tan unidos que se hace difícil establecer una separación absoluta entre los componentes verbales y los musicales.

El aprendizaje de canciones permite una aproximación al texto o discurso verbal en donde el descubrimiento, comprensión y dominio son facilitados por la dimensión sensible que ofrece el soporte tímbrico, melódico y armónico.

Como las canciones suelen contener algunos términos que no son parte del vocabulario usual de los alumnos o alumnas, o estructuras sintácticas que no les resultan familiares, debe incorporarse una explicación del texto, integrada al estudio completo de sus aspectos musicales.

Por estas razones, se revaloriza la ejercitación del aprendizaje “de memoria” de las canciones. Por otra parte, la práctica del canto entrena el respeto a los principios silábicos y prosódicos esenciales para la educación del oído: el sentido de la frase, de su ritmo, de su dinámica y estructura. Ello contribuye a desarrollar el dominio tanto de la lectura como de la comprensión de un mensaje hablado. Recíprocamente, el lenguaje hablado ayuda a la comprensión de fenómenos rítmicos, tales como la anacrusa, y presenta problemas que deben resolverse musicalmente, tales como la sinalefa.

El estudio de cantos a varias voces o de cánones refuerza las adquisiciones en todos los dominios, al implicar una conciencia más activa de parte del alumno y alumna, con miras a dominar el texto y sus relaciones con los componentes de la altura, la textura y la estructura musical. En determinadas texturas, la música destaca las cualidades melódicas y percusivas de la lengua, por ejemplo, en el canon o en diversas formas polifónicas.

Por último, la práctica del canto permite un acercamiento sensible y cada vez más profundo al uso de la palabra en el lenguaje poético. Este es uno de los aspectos más importantes en la vivencia de la “musicalidad de la lengua”.

B. EN LA AUDICIÓN DE OBRAS VOCALES

La audición comentada de obras vocales ofrece también un contexto privilegiado para la reflexión acerca de la relación texto/música, permitiendo distinguir las especificidades de ambos lenguajes, con sus respectivos aportes y limitaciones.

También se puede hacer que los estudiantes atiendan a las convergencias y divergencias de los efectos musicales y verbales, lo cual supone un acercamiento atento al texto, considerando tanto la explicación de su sentido como de los efectos dispuestos por el autor.

La audición crítica se ve favorecida cuando se emplean adecuadamente el comentario y la expresión de juicios mediante un vocabulario musical.

II. Las herramientas para el comentario de obras musicales (escuchadas, interpretadas o compuestas por los alumnos y alumnas)

Reaccionar, expresar y nombrar las emociones: este primer nivel de comentario de las obras musicales es esencialmente subjetivo y da ocasión para el enriquecimiento del bagaje lingüístico de los estudiantes, en cuanto deben expresar, exteriorizar y comunicar sus impresiones percibidas íntimamente.

El comentario de obras, propio de la enseñanza de la música, supone que debe ponerse a disposición de los alumnos y alumnas el vocabulario justo y preciso. Las nuevas palabras enriquecerán las aptitudes de expresión, tanto oral como escrita.

La conceptualización y el pensamiento musical comprensivo son aspectos influyentes en el trabajo musical de los estudiantes. Por ejemplo, las características distintivas de una pieza musical pueden ser justamente los elementos que alumnas y alumnos usen y modifiquen creativamente en sus composiciones y arreglos. Igualmente, la conceptualización desde un vocabulario musical, adecuado a cada caso, constituye un real aporte a las posibilidades interpretativas de una pieza musical ejecutada por ellos.

En este sentido, la correcta formulación de preguntas en relación al trabajo musical de los estudiantes contribuye al dominio de una terminología cada vez más precisa, al enriquecimiento expresivo de la lengua y a la distinción de aspectos relevantes de las creaciones musicales.

El empleo de la terminología y los recursos verbales deben contemplar los diversos ámbitos de la vivencia musical (colectiva e individual):

a. Ambito físico-acústico.

b. Ambito socio-afectivo.

c. Ambito imaginativo e “icónico”.

d. Ambito poético.

e. Ambito ideativo.

En el cuadro siguiente, se ofrece un ejemplo de cómo emplear el lenguaje verbal para ayudar a la comprensión musical.

 

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