La “cuestión social” y la corriente conservadora en Chile

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La Pastoral que el arzobispo de Santiago Mariano Casanova dirigió al clero y a los fieles el 18 de septiembre de 1891 para dar a conocer la encíclica papal constituye el punto de partida de la revisión y actualización de la visión de la corriente conservadora católica , de la cual arrancará a través de un largo proceso de gestación la tendencia socialcristiana del siglo XX.

Como caracterización básica, podemos señalar para esta escuela de  pensamiento: su irrestricta adhesión a la doctrina social de la Iglesia definida por la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII (1891), y una aproximación esencialmente individualista y elitista a la “cuestión social” .

Los católicos conservadores enfatizan el papel de los individuos, particularmente los de las clases dirigentes, sobre quienes recaerán las principales responsabilidades de las iniciativas en beneficio de los pobres.

Diferentes autores —cléricos y laicos— ilustran esta aproximación al tema.

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Pobreza y hacinamiento: ¿"problema artificial"?

La “cuestión social” no tenía para los católicos conservadores una base económica, sino puramente política y moral. La prédica de doctrinas disolventes y la envidia de los pobres ante el boato de los ricos eran sus verdaderas causas.

Dicho de otro modo, el problema era artificial:

“El malestar social que experimentamos en Chile, proviene, pues, de desorden moral más bien que de la condición material de nuestros obreros. Aquí el obrero gana lo que quiere y trabaja como quiere y cuando quiere. Lo que hay es que es intemperante: y si a lo intemperante se agrega lo descreído y, al descreimiento, el encono que inspira el derroche o la indolencia de algunos ricos, tendremos explicadas las causas de nuestro doméstico socialismo”.

Las instituciones católicas como los institutos salesianos, la Sociedad de Obreros de San José , la escuela primaria, la Escuela de Artes y Oficios y el Patronato, son los instrumentos privilegiados por esta corriente para hacer frente a la “cuestión social”.

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Claro malestar de los obreros.

Salvo contadas excepciones, las huelgas de trabajadores reciben la condena por el clero. La orientación sigue siendo la práctica de la caridad por los ricos y la prédica hacia los pobres de los valores de paz, resignación y religiosidad.

Las reacciones ante dichas posiciones fueron naturalmente muy variadas. La sinceridad de la preocupación de la Iglesia y sus aliados conservadores por la suerte de los desvalidos fue a menudo contestada por sus adversarios políticos.

En “La cuestión social” , Juan Rafael Allende, destacado periodista satírico, fundador y dirigente del Partido Democrático , expresa esa incredulidad.

La reflexión más extensa y completa desde el campo del catolicismo conservador, tanto desde el punto de vista teórico como desde una dimensión práctica, fue la de Juan Enrique Concha Subercaseaux , un joven estudiante de derecho muy ligado al clero y a sus instituciones. Cuestiones obreras , su memoria para titularse de abogado (1899),  puede ser considerada como el verdadero punto de partida para la creación de una corriente de pensamiento socialcristiano en Chile.

Su ensayo rompe con la lectura “mínima” de Rerum Novarum que había imperado hasta entonces en el campo conservador y clerical. La mirada de Concha Subercaseaux es lúcida desde el punto de vista de la oligarquía, con la defensa de cuyos intereses se identifica su propuesta de acción.

Para este autor, es innegable la existencia de una incipiente “cuestión social” en Chile. Las huelgas, meetings , proclamas, manifestaciones, periódicos, clubes y, en general, la “propaganda de las malas ideas”, son el reflejo de un malestar entre los obreros. La tarea consiste entonces en “atacarla en su cuna, antes que tome mayores proporciones”.

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El papa León XIII, en auxilio de los desposeídos.

Al desarrollo del descontento popular –argumenta Concha- han contribuido poderosamente las altas clases sociales que han olvidado sus obligaciones que como patronos tienen con sus dependientes, y la economía política con su anticristiana e inmoral teoría utilitaria sobre la naturaleza del trabajo.

Concha Subercaseaux somete a fuerte crítica los postulados del liberalismo económico. El trabajo humano no es una simple mercancía y el hombre no puede ser parangonado a una máquina. La libertad económica no puede ser total. Los pobres, los desvalidos, las mujeres, los niños deben ser protegidos por las leyes. El Estado tiene, pues, un papel fundamental que jugar en la solución de los problemas sociales.

A la acción de los poderes públicos se debe sumar la de corporaciones y fundaciones de beneficencia de orientación católica. El mejoramiento de la condición económica de las clases populares pasará, según sus postulados, por el apoyo mutuo de los desheredados y por la asistencia de los ricos. Esta última beneficiará —a través de la acción de corporaciones y fundaciones que el candidato a licenciado describe y propone reglamentar minuciosamente— a aquellos pobres incapaces de asumir por sí solos su propia regeneración, carentes de medios de subsistencia, “dominados por una ignorancia absoluta, que les embota su pensamiento”.

Cuestiones obreras es un obra precursora de las funciones sociales que asumirá un cuarto de siglo más tarde el Estado chileno, obligado por la crisis del sistema de dominación oligárquica.

La necesidad de establecer una legislación del trabajo es defendida extensamente en esta memoria de prueba, rompiendo de ese modo con la concepción liberal imperante. Descartando por “absurdas” las proposiciones de los socialistas sobre este tema (como, por ejemplo, la imposición indiscriminada en todos los trabajos de la jornada de ocho horas), Concha Subercaseaux propugna una legislación laboral basada en los principios de la fraternidad cristiana. La condición de los niños, de los jóvenes en la industria, de la mujer embarazada, la organización higiénica del taller, la indemnización por accidentes del trabajo, deben ser objeto de leyes que protejan a los obreros.

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Juan Enrique Concha Subercaseaux

Según su criterio, correspondía al derecho civil contener:

«...aquellos preceptos primordiales de una moral social, de una moral que enseñe los deberes de los patrones para con sus obreros a fin de que reine la armonía doméstica, la paz del taller, la tranquilidad de la industria y el orden de la sociedad”.

Asegurar el orden social y el imperio de los preceptos de la moral cristiana son las ideas-fuerza del texto de Concha Subercaseaux. Su ensayo es una llamada de atención a los sectores dominantes que no será escuchada sino al cabo de muchos años, cuando precisamente la sociedad chilena parecía transitar por el despeñadero que este precursor del “Estado de compromiso” se había propuesto prevenir.

Refiriéndose a la llegada de las primeras ideas socialistas a Chile, el postulante a licenciado explicaba al término de su memoria que este hecho lo había:

“...inducido a pensar en la necesidad de enrielar el movimiento popular hacia la asociación, a fin de que sea realmente una acción benéfica y no un verdadero peligro social”.

La posición de Concha Subercaseaux es atípica en el seno de su familia ideológica. Su defensa de una lectura activa y creadora de Rerum Novarum y su posición marcadamente contraria a la política del laissez faire , no fue adoptada en aquella época por la Iglesia Católica y el Partido Conservador.

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"...un verdadero peligro social", según Concha Subercaseaux.

En esta colectividad política el socialcristianismo y la nueva orientación vaticana no ganaron numerosos adeptos. Recién, a fines de 1901 -diez años después de Rerum Novarum -, el Partido Conservador proclamó en una convención su adhesión al “orden social cristiano”, pero sin darle mayor efecto práctico.

Las tímidas conclusiones de ese evento expresaban al respecto:

“La comisión ha juzgado como uno de los más dignos objetos de la acción del Partido Conservador, la supresión de todo abuso que pueda cometerse en el pago del salario, la conservación inviolable del derecho de reposo de los días festivos como medida de interés religioso y social, la inspección higiénica de los talleres y el efectivo reconocimiento de las responsabilidades en el caso de accidentes del trabajo”.

Los convencionales recomendaban al partido:

“Que las relaciones de patrones y obreros estén animadas por el espíritu de justicia y de la caridad cristiana y, para que esto sea una realidad, se comience, desde luego, por procurar habitaciones convenientes a los obreros y dependientes  en asociaciones  religioso económicas, prefiriendo las ya existentes; suprimir la venta de alcohol en las haciendas y procurar en ellas entretenimientos populares para los días de fiesta”.

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Legislación laboral, la salvaguarda para el trabajador.

Como se puede apreciar, hasta ahí la política conservadora frente a estos problemas se basaba esencialmente en deseos piadosos.

Descartando las tradicionales obras de la caridad, hasta fines del período estudiado (1902) no se formularon en estas y otras reuniones de la fuerza política aliada de la Iglesia ninguna medida práctica ni el menor asomo de legislación laboral. Ello no era obstáculo para que los conservadores proclamaran con satisfacción que:

“La cuestión social, tarde o temprano vendrá a Chile, porque la corriente universal tiene que invadir el orbe y será grande gloria para el Partido Conservador el haber preparado el terreno en el cual no prosperarán ni las enemistades ni las cuestiones sociales, porque allí donde reina la unidad y la fraternidad entre ricos y pobres, entre mandatarios y ciudadanos, preside el desenvolvimiento del país la paz social que debe ser la suprema aspiración de todos”.

Ver: La “cuestión social” y los partidos polìticos en Chile

Ver: La “cuestión social” y la Iglesia católica hacia 1891

Fuentes Internet:

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0049-34492008000200018&script=sci_arttext

http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/grezs/grezs0017.pdf

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