Fiestas Patrias e Independencia

Cada año —desde hace ya mucho tiempo— los chilenos hacemos un alto en el mes de septiembre, para participar de las llamadas Fiestas Patrias.

El 18 de septiembre representa la conmemoración del momento en que Chile se independizó del Imperio español, constituyéndose en un país, un Estado, en una república independiente.

Antiguamente durante la celebración de las fiestas patrias se realizaban los juegos típicos, como el palo ensebado, volantín, tejo o rayuela, la medialuna y otras competencias ecuestres.

Los alimentos típicos tradicionales, las empanadas, anticuchos, asados y vino tinto eran consumidos en grandes fondas o ramadas, en donde se bailaba al son de bailes tradicionales, principalmente la cueca.

En el presente, para esta fecha la gente también se vuelca en las fondas o ramadas para comer, beber y bailar. Se trata de puestos de ocasión, levantados durante los días de las fiestas en sitios amplios y ordenados uno al lado del otro. Originalmente se construían con ramas –de ahí el nombre–, pero es un hecho que hoy día se los arma con varillas de fierro, latones y providenciales toldos de plástico (dado que por estas fechas suelen dejarse caer indeseadas lluvias). Las ramadas son verdaderamente concurridas, y en ellas conviven rasgos de las viejas tradiciones fiesteras con innovaciones populares espontáneas. La cueca, por ejemplo, que antiguamente era por antonomasia el baile popular, hoy debe convivir en la pista con ritmos adoptados en las últimas décadas, particularmente con la cumbia, de origen colombiano.

Esa es nuestra realidad, y conocer nuestra historia podría ayudar a cambiarla y acercarnos más a las raíces del surgimiento de la patria.

En la actualidad, Chile avanza decididamente hacia el futuro, se encuentra en una posición expectante desde el punto de vista económico, y busca la modernidad con determinación. No podemos olvidar que esta positiva situación tiene su origen en el pasado, que guarda como uno de sus hitos más importantes el momento en que nos transformamos en una nación libre.

Por eso el 18 de septiembre resume el proceso que nos dejó como herencia permanente nuestra existencia soberana, y con ella la posibilidad de evolucionar hasta la situación actual. Ese día, de 1810, los chilenos manifestaron por primera vez ―de manera clara y mayoritaria― su voluntad de dirigir su propio destino.

Aristocracia y conciencia criolla

La Independencia de Chile no fue un hecho casual. Representó la culminación de una serie de fenómenos que tienen su origen —en lo fundamental— en el período colonial.

Son los llamados antecedentes de la Independencia Nacional y, entre ellos, la conformación de la conciencia criolla, es uno de los más trascendentes.

En el último siglo de la Colonia, los criollos chilenos adquirieron madurez y desenvolvimiento. Esto, como consecuencia de su poder económico-social y su formación cultural. Lo que explica su aspiración de acceder al poder hacia fines del siglo XVIII.

Querían ser gobierno para llevar adelante reformas que consideraban muy necesarias y, al mismo tiempo, con el fin de desarrollar políticas destinadas a un mejor aprovechamiento de los recursos.

Aquellos chilenos favorecieron la consolidación de una mentalidad criolla. Ello se manifestó en el apego y cariño que sentían y demostraban por su tierra natal, sus habitantes y su historia.

También, en el deseo de promover su crecimiento, las obras histórico-geográficas y literarias que algunos de los jesuitas —expulsados entonces de Chile— escribieron en Europa. En ellas, ponderaban positivamente las cualidades de los habitantes y del ambiente físico del territorio de Chile.

Fue la conciencia criolla lo que diferenció a la aristocracia chilena del español, y permitió conducir con seguridad el proceso de Independencia Nacional.

Son varios los antecedentes fundamentales que llevaron a los criollos americanos a tomar conciencia de su situación, para luego separarse de España e iniciar una vida autónoma, organizándose como repúblicas.

En lo interno, influyeron en este deseo el desacuerdo con la política económica de la Monarquía, el descontento por los pesados tributos impuestos a las colonias por la Corona Real, y las constantes querellas entre peninsulares españoles y criollos.

En lo internacional, había descontento por el abandono cultural en el cual estaba sumida América, y gran admiración por el pensamiento ilustrado, y los principios básicos del liberalismo político: la separación de poderes y el concepto de soberanía popular. Asimismo, fueron motivo de admiración criolla la Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa .

Camino hacia la Independencia

A comienzos del siglo XIX, la Capitanía General de Chile constituía uno de los rincones más apartados del imperio español. A partir de 1810, comienza la etapa denominada Patria Vieja , primer período de la lucha por la Independencia en nuestro país.

Los antecedentes anteriormente expuestos se desencadenaron y actualizaron para favorecer la Independencia de Chile y de otras colonias españolas, a raíz de la invasión de Napoleón a la Península Ibérica, en 1808.

Este hecho permitió a los franceses tomar el poder en España y llevó a los españoles a levantarse en armas en contra del poderoso ejército galo.

Para administrar el país durante la obligada ausencia del rey legítimo Fernando VII se organizaron en España las Juntas de Gobierno locales. Más tarde, se unificaron en un Consejo de Regencia.

El Consejo convocó a una asamblea de representación nacional las Cortes de Cádiz― y llamó a las colonias americanas a integrarse al movimiento, mediante el envío de un representante.

La invitación fue aceptada por las autoridades americanas. Sin embargo, la mayor parte de los criollos la rechazó, pues consideró que el Consejo de Regencia sólo representaba al pueblo español y no al Rey, soberano exclusivo de las colonias.

Por eso, en muchos de los territorios americanos, los criollos decidieron instituir Juntas de Gobierno locales. Fue así como entre 1808 y 1810 se constituyeron estas instancias en Quito (Ecuador), La Paz (Bolivia), Caracas (Venezuela), Buenos Aires (Argentina), Bogotá (Colombia) y Santiago (Chile).

Algunas de ellas fueron prematuras y no prosperaron, otras perduraron en el tiempo.

La junta en Chile

El 18 de septiembre de 1810 se constituyó en Chile la primera Junta de Gobierno. Con ella se inició el gobierno patriota y, por lo tanto, se fortaleció el proceso de Independencia Nacional.

La Junta fue reconocida por todo el país y, desde el primer momento, expresó su lealtad al monarca español y su propósito de gobernar sólo mientras Fernando VII permaneciera en cautiverio.

La Junta de Gobierno fue encabezada por el criollo Mateo de Toro y Zambrano.

Primer periódico impreso y editado en Chile

Poco a poco, ésta se fue tornando cada vez más independiente de la Monarquía Española, debido a la influencia de intelectuales de pensamientos más avanzados.

Entre las acciones más importantes de la Junta, destacan la organización de cuerpos militares, la convocatoria a elecciones de un Congreso Nacional y la dictación de un reglamento de libre comercio.

La Junta de Gobierno se disolvió en julio de 1811, una vez instalado el Congreso Nacional. En este parlamento estaban representados fundamentalmente dos sectores políticos: los moderados —mayoritarios—, quienes favorecían cambios graduales; y los exaltados —minoría—, quienes aspiraban a una rápida separación de España.

Este congreso tuvo corta vida, pero se destacó por abolir parcialmente la esclavitud negra. Con ese fin promulgó la Ley de Libertad de Vientre, en virtud de la cual todo hombre nacido en Chile sería libre, y no se podría introducir nuevos esclavos al territorio nacional.

Los sectores más avanzados —encabezados por José Miguel Carrera — fueron ganando influencia, hasta que alcanzaron el poder luego de disolver el Congreso Nacional.

Durante el gobierno de Carrera se materializaron iniciativas que impulsaron el proceso de Independencia. Entre ellas sobresalen:

a) Edición del primer periódico nacional, “La Aurora de Chile” que, dirigida por el sacerdote Camilo Henríquez, divulgó las ideas republicanas.

b) Creación de una bandera que reemplazara a la española. Con ello se quiso reforzar la conciencia nacional.

c) Promulgación del Reglamento Constitucional, en 1812, en el cual, de hecho, se proclamó la Independencia de Chile.

La reacción española

Los sucesos producidos en Chile fueron observados con recelo por el Virrey del Perú, Fernando de Abascal.

Mientras José Miguel Carrera actuaba como si Chile ya fuera independiente de España, en Perú, los españoles preparaban una expedición militar, para poner fin al gobierno patriota.

Durante los primeros meses de 1813, un contingente realista desembarcó en territorio nacional. Eran 3 mil hombres comandados por el brigadier Antonio Pareja.

José Miguel Carrera entregó, entonces, el poder a una Junta de Gobierno y se puso a la cabeza del ejército patriota. Entre las obras administrativas de aquella Junta sobresalieron la fundación de la Biblioteca Nacional y la creación del Instituto Nacional.

Hubo diversos encuentros y escaramuzas entre criollos y españoles, resultado de los cuales, Carrera fue relevado del mando militar y se nombró en ese puesto a Bernardo O'Higgins . Tras estos hechos, los bandos en lucha firmaron el Tratado de Lircay. En él, los patriotas reconocieron a Fernando VII como soberano, y los españoles admitieron la legitimidad del gobierno criollo.

Sin embargo, el arribo de un nuevo contingente realista al mando de Mariano Osorio reanimó las diferencias y la lucha , la que culminó el 2 y 3 de octubre de 1814  en Rancagua, a favor de los españoles.

Debido al Desastre de Rancagua, los patriotas se vieron en la obligación de huir hacia Argentina.

Así culminó la llamada Patria Vieja , pero no las aspiraciones independentistas, que siguieron vivas y con un mayor impulso.

Luego de su triunfo, Osorio entró en Santiago y restableció el régimen colonial en Chile. Se iniciaba la etapa de la Reconquista española, que se prolongaría hasta febrero de 1817, y durante la cual se abolieron todas las reformas introducidas por los criollos patriotas.

Los españoles establecieron los tribunales de vindicación, ante los cuales los criollos debían explicar su conducta; se confiscaron los bienes de lo patriotas, y se establecieron elevadas contribuciones.

La persecución contra los principales protagonistas del movimiento patriota fue especialmente violenta.

Todos esos hechos contribuyeron a ahondar las diferencias entre españoles y criollos, y a alentaron en éstos últimos los deseos de libertad.

El Ejército Libertador

Mientras en Chile se sufría el rigor de la administración española, encabezada por Casimiro Marcó del Pont, en Mendoza los patriotas organizaban el Ejército Libertador. Una vez logrado el objetivo, más de 5 mil hombres al mando del chileno Bernardo O'Higgins y el argentino José de San Martín, marcharon hacia Chile en enero de 1817. Obtuvieron una trascendental victoria en la Batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de ese mismo año, con lo cual terminó el gobierno realista.

Esto hizo posible el comienzo de una nueva etapa del proceso de Independencia Nacional.

O'Higgins organiza la República

El gobierno de O'Higgins se esforzó en la tarea de organizar la República. El 12 de febrero de 1818 se firmó la Declaración de Independencia Nacional y, el mismo año, se promulgó una constitución política para normar el ejercicio del poder.

También se llevaron adelante iniciativas de carácter social, que buscaron mejorar la condición social del pueblo, alejándolo, por ejemplo, de prácticas como las corridas de toros y las peleas de gallos.

Se reabrieron el Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional, y a la vez se promovió la educación fundando escuelas e introduciendo nuevos métodos de enseñanza.

Otras obras fueron la creación de un mercado de abastos, la transformación del basural de La Cañada en el Paseo de la Alameda, el mejoramiento del alumbrado público, la habilitación de un teatro y una casa de comedias, el fin de la construcción del canal San Carlos, la fundación de poblados como San Bernardo, y la creación de los cementerios General en Santiago y otro para disidentes protestantes en Valparaíso.

La obra de este gobierno resultó un adelanto en muchos aspectos, pero su acción no estuvo exenta de problemas. Fueron éstos los que, en definitiva, llevaron a O'Higgins a abdicar del poder.

De este modo, otra etapa del proceso de Independencia Nacional llegó a su fin.

Carácter general del período: más que la libertad

El proceso de Independencia Nacional no sólo implicó la lucha por la libertad. Igualmente importante fue la tarea de organizar la nueva república, que nacía una vez consolidada la Independencia.

Entre 1810 y 1833, el país vivió años de formación y aprendizaje político. Fueron años de ensayos, de diversos intentos por dar forma a la nueva realidad política: la de una nación independiente, que luchaba por organizarse.

Varias dificultades debieron enfrentar los organizadores de la República para realizar su obra:

a) La caótica situación económica provocada por las campañas militares, que arrasaron con la riqueza nacional.

b) La dificultad para aplicar en el país los ideales liberales y republicanos, debido a la falta de formación política de los nuevos ciudadanos.

c) La inexperiencia política de quienes ejercían el poder.

d) La agitación política y social motivada por la miseria existente.

e) La acción de la Iglesia y de la aristocracia conservadora que, descontentas con el carácter liberal de las reformas, se transformaron en factores de desequilibrio institucional.

Todo eso explica el período de gran inestabilidad acaecido tras la abdicación de O'Higgins. Esta etapa se caracterizó por la violenta lucha de los grupos políticos que querían imponer sus ideas y concepciones sobre la organización del Estado.

Hubo, entonces, un vacío de poder, provocado por la fragilidad de los gobiernos. Éstos se sucedieron uno tras otro sin poder mantenerse, dando origen a una imagen de anarquía.

También se sufrieron continuas asonadas militares, y la inseguridad e inestabilidad social, debido a la ausencia de una autoridad respetada y obedecida por todos.

Esta etapa sólo concluyó en 1830 con el triunfo de los sectores más conservadores, luego de una guerra civil.

Los principios

Los ideales surgidos de la evolución del liberalismo político, materializados en la Revolución Francesa , fueron —desde el comienzo de su vida independiente— los principios a los cuales los gobernantes del país buscaron adecuar sus nuevas instituciones políticas y sociales.

Los conceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad calaron hondo en el espíritu de los patriotas.

En ese sentido, la Independencia Nacional fue un proceso igualador, que aceleró el término de la sociedad jerárquica y de privilegios, existente durante el período colonial.

Los protagonistas del período de la organización nacional fueron apasionados defensores de la formación de una república, de la división de los poderes del Estado, de la soberanía popular, y del respeto de los derechos individuales.

Demostraron una confianza desmedida en el poder de la ley. Creyeron que ésta, por sí sola, transformaría la realidad social existente en el país, y acabaría con los vicios de la población.

Bajo ese principio, los gobernantes de la época dictaron una serie de constituciones en las cuales plasmaron sus ideales y concepciones políticas, muchas de las cuales persisten hasta el día de hoy y forman parte de la tradición republicana nacional.

Fue así como, entre 1810 y 1830, se dictó un gran número de constituciones y normas jurídicas, muestra del claro afán organizador que animaba a los patriotas.

La "majestad de la ley" reemplazó al dogma de la "majestad real" vigente hasta entonces. La constitución, ley fundamental, fue la base sobre la cual se levantó la nueva república, y a ella debían someterse tanto gobernados como gobernantes.

La Independencia Americana

Así como Chile, las demás naciones americanas debieron luchar para lograr su Independencia de España.

En el caso del Río de la Plata, el movimiento criollo no sufrió una reacción española que pudiera ahogar el deseo de autonomía, tras la formación de juntas de gobierno en 1810.

En 1816 se habían consolidado la Independencia en Argentina y del territorio de la "Banda Oriental", como entonces se llamaba el actual Uruguay.

En México, en 1810 surgió un movimiento popular, que fue aplastado por los españoles. Más tarde, en 1821, y gracias a la acción del coronel Agustín de Iturbide, se proclamó la Independencia.

En el resto de América —mientras San Martín y O'Higgins, consolidaban la Independencia de Chile—, Simón Bolívar aseguraba la Independencia de Venezuela, y en 1822 José Sucre, su lugarteniente, lograba la de Ecuador.

La acción conjunta de estos dos próceres significó, en definitiva, la Independencia del Virreinato del Perú.

La Batalla de Ayacucho, en 1824, dio su independencia al Perú e hizo posible la creación de un nuevo Estado en el altiplano: Bolivia.

Por último, Brasil se separó de Portugal en 1822. El Grito de Ipiranga —nombre con que se conoce la declaración de Independencia de este país— hizo posible la autonomía. La nación quedó organizada bajo un sistema monárquico, encabezado por el emperador Pedro I.

La Independencia: una herencia para Chile

La Independencia Nacional y la etapa de organización del Estado republicano legaron a Chile una serie de instituciones jurídicas, desde el punto de vista de su consolidación.

Tales instituciones se incorporaron al acontecer histórico nacional y sin ellas hoy no sería posible nuestra existencia como nación.

Numerosos y variados son los logros obtenidos en este período. En primer lugar, la propia Independencia Nacional, puesto que en estos años fue que Chile se separó de España, gracias al esfuerzo militar.

Otro aporte fue la instauración de la República, es decir, la organización del sistema político bajo la forma de un gobierno representativo.

Y, en tercer término, el constitucionalismo. Gracias a él, se arraigó la idea de que la ley es la base sobre la cual se levanta el orden social y político de una nación, y que a ella deben someterse tanto gobernantes como gobernados.

Valioso legado

El más importante de los esfuerzos por organizar el Estado bajo un régimen liberal fue la Constitución de 1828. Ella entregaba el Poder Ejecutivo a un Presidente de la República —cuyas atribuciones fueron disminuidas—, y el Legislativo a un Congreso bicameral.

Este cuerpo normativo estableció, además, la existencia de una asamblea, por cada provincia, con el afán de garantizar la independencia y libertad de los individuos.

Se afianzó también en esta época el concepto de soberanía popular. Esto significa que el depositario del poder es el pueblo y él lo delega en las autoridades que ejercen el gobierno.

Se confirmó el concepto de la división de los poderes: el Ejecutivo, a cargo de un Presidente de la República; el Legislativo, radicado en un Congreso Nacional bicameral; y el Poder Judicial, ejercido por los Tribunales de Justicia.

También se consolidaron los derechos individuales, y se establecieron como garantías constitucionales el derecho a la libertad, la igualdad, la propiedad y el recurso de amparo.

Economía, Sociedad y Educación

Fonda en Chile, año 1905

En el ámbito económico y social, hubo importantes logros. Se inició el proceso de ordenamiento de la hacienda pública, intentándose cancelar las deudas contraídas por el Estado para financiar las campañas de Independencia. En esta tarea sobresalieron las medidas que, en su calidad de Ministros de Hacienda, idearon e implementaron Diego José Benavente y Ventura Blanco Encalada. Ellos prepararon la gestión posterior de Manuel Rengifo .

A través de variados estímulos —como decretar la libertad de comercio y crear los almacenes francos de Valparaíso— se fomentaron el comercio y los contactos mercantiles de Chile con el exterior.

También hubo preocupación de parte de los gobernantes por reconocer las riquezas naturales del país e interés por atraer capitales extranjeros que permitieron iniciar actividades productivas en el país.

Se promovió la educación y se crearon importantes establecimientos de enseñanza. Para ello fueron contratados sabios extranjeros, fomentándose la actividad cultural en general.

Por ejemplo, en la década de 1820 arribó a Chile José Joaquín de Mora, quién —pese a estar sólo tres años en el país— fundó dos colegios, editó periódicos e influyó en la vida política de la nación.

Para ampliar el tema: ir a Chile en el siglo XIX

Ver, además: Día de las Glorias del Ejército

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