Antártica chilena

(智利南極) (Chilean Antarctic)

 

A 1.250 kilómetros de Punta Arenas, y separada solo por 990 kilómetros del Chile continental, la Antártica se muestra majestuosa como una gran señora blanca. Las riquezas que posee son resguardadas con enorme celo pues podrían ser el último recurso en un futuro lejano. Mientras tanto, un grupo de chilenos y chilenas dan vida allí a Villa Las Estrellas, un poblado increíble, el único asentamiento humano permanente en el Territorio Antártico chileno, allí donde la lejanía no es sinónimo de aislamiento.

Sudamérica, Chile y la Antártica

El Territorio Chileno Antártico se encuentra en la proyección del sector sudamericano hacia la Antártica. Su posesión y soberanía están avaladas por los títulos de dominio dados a la Capitanía General de Chile por la Corona Española durante la conquista de América y por la acción republicana posterior de Chile, que, por medio del Decreto Supremo Nº 1.767 del 6 de noviembre de 1940, precisó los límites de su Antártica Chilena, cuya capital, Puerto Williams, está situada en la isla Navarino, en la ribera sur del canal Beagle. Ésta se encuentra habitada por miembros de las bases de las Fuerzas Armadas que salvaguardan la soberanía chilena en ese sector y por miembros de bases científicas y meteorológicas, así como por los habitantes del núcleo civil Villa Las Estrellas, en la isla Rey Jorge.

Relieve y costas

Territorio Antártico Chileno
(ampliar imagen)

 

Con una superficie de 1.250.000 kilómetros cuadrados, la Antártica Chilena presenta costas muy fragmentadas, y comprende:

- Al este, la Barrera de Hielos Larsen, el mar de Weddell y las islas Vega, Seymour, Ross, Cerro Nevado y Robertson y todas las tierras que se extiendan hacia el sur a partir del meridiano 53º oeste.

- La gran península de la Tierra de O'Higgins, con sus islas e islotes cercanos a ella, que es, en realidad, la continuación de la cordillera de los Andes, llamada Antartandes por algunos autores.

- Al norte, se encuentran las islas Piloto Pardo, Clarence, Dundee, Joinville y D'Urville.

- Al noroeste, se sitúan las islas Shetland del Sur, que agrupan las islas Rey Jorge, Nelson, Robert, Greenwich, Livingston, Decepción y Snow.

Al oeste, está el mar de Bellingshausen, y tierras que se extienden hacia el sur hasta el meridiano 90º oeste, con las islas Smith, Palmer, Low, Trinidad, Bravante, Anvers, Renaud, Serrano, Biscoe, Adelaida, Alejandro y Charcot.

Clima

Las precipitaciones y nieves alcanzan los 1.250 mm en la base Bernardo O'Higgins y las temperaturas medias de verano pocas veces sobrepasan los 0º C, mientras que en invierno son de –12º C, aunque en el mismo Polo Sur se ha llegado a medir hasta –88º C.  El clima es polar, lo que, lógicamente, impide toda forma superior de vegetación.

 

Soberanía chilena sobre la Antártica

DECRETO SUPREMO Nº 1.747
del Ministerio de Relaciones Exteriores
publicado en el Diario Oficial del 21 de junio de 1955

Santiago, 6 de noviembre de 1940.

Considerando:
Que es deber del Estado fijar con exactitud sus límites territoriales;
Que no se han precisado hasta ahora los límites del territorio chileno en la parte que se prolonga hacia la región polar denominada Antártica Americana;
Que este Ministerio dejó públicamente constancia, en 1906, de que la delimitación del referido territorio era materia de estudios iniciados, pero todavía no completos:
Que el actual estado de tales estudios permite tomar ya una determinación al respecto;
Que la Comisión Especial, nombrada por Decreto de este Ministerio Nº 1.541, de 7 de septiembre de 1939, ha establecido los límites del Territorio Chileno Antártico en conformidad a los datos que suministran los antecedentes geográficos, históricos, jurídicos y diplomáticos compulsados y que se han venido acumulando hasta la fecha,

Decreto:

Forman la Antártica Chilena, o Territorio Chileno Antártico, todas las tierras, islas, islotes, arrecifes, glaciares (pack-ice) y demás, conocidos y por conocerse, y el mar territorial respectivo, existentes dentro de los límites del casquete constituido por los meridianos 53º longitud Oeste de Greenwich y 90º longitud Oeste de Greenwich.

Tómese razón, comuníquese, publíquese e insértese en el Boletín de las Leyes y Decretos del Gobierno -AGUIRRE CERDA - Marcial Mora M.

De este modo, sobre la base de este precepto legal, hoy en día, administrativamente, la Antártica Chilena pertenece a la XII Región "Magallanes y Antártica Chilena" (artículo 5º del Decreto Ley Nº 1.230 del año 1975) y abarca la provincia Antártica Chilena, con capital Puerto Williams, la que a su vez está constituida por las comunas de la Antártica y Navarino.

Títulos jurídicos de Chile sobre la Antártica

En cuanto a los derechos de Chile sobre su casquete polar, basta decir que desde el Tratado de Tordesillas, en 1494, y luego durante la Colonia, la Antártica continuó incorporada a la Gobernación de Chile; al independizarse los países hispanoamericanos, las nuevas repúblicas heredaron (por el uti possidetis juris de 1810) los mismos territorios que tenían, recibiendo Chile en forma exclusiva los derechos polares de España.

Chile es el primer y único país en recibir títulos jurídicos sobre el territorio antártico, en tempranos tiempos coloniales, y esto ocurría cuando aún no se tenía la certeza del aspecto físico y geográfico de aquel enorme continente congelado, de cuya existencia apenas se sabía por relatos con más características de fantasía que de autenticidad. Era la Terra Incógnita o la Terra Australia Non Cognita de los viejos mapas.

Los títulos de Chile son mérito del conquistador don Pedro de Valdivia, quien insiste hasta conseguir la extensión del dominio de Chile hasta el Estrecho de Magallanes, asignándole la administración de la zona austral a Jerónimo de Alderete. Antes, el extremo austral hasta el Polo estaba en la Gobernación de Pero Sancho de la Hoz, recibida de las concesiones de 1539, quien las cede a Valdivia al año siguiente, quedando así dentro de la Gobernación de Chile.

Alderete fue entonces el encargado de Valdivia para administrar estas tierras. Al morir Valdivia, una década más tarde, Alderete pasó a ser directamente Gobernador de Chile, incluyendo el Estrecho, en otra prueba de que su administración estaba dentro de los límites de la Gobernación chilena, razón por la cual pudo heredar de Pedro de Valdivia su cargo.

De este modo, las concesiones sobre la Antártica provienen de dos importantes cédulas reales, simultáneamente emitidas el 29 de mayo de 1555, en las que se decía expresamente que esta jurisdicción abarcaba el área: "...de las tierras y provincias que caen en la demarcación de Castilla, de la otra parte del dicho Estrecho". Se creía entonces que era fácil dar un salto hacia el otro lado del Estrecho para dar con la Terra Incógnita, pues en un curioso error de la época (que perduró por mucho tiempo) se creía que el Sur de la Tierra del Fuego estaba directamente conectado a la Antártica, como lo demuestran prácticamente la totalidad de los mapas de aquellos años.

Pero a la Corona no le bastó con otorgar la jurisdicción sobre las tierras incógnitas. Interesado en saber lo que había en ellas, y en otro acto indesmentible e incuestionable de los derechos de Chile en el polo, el 20 de diciembre de 1558 Carlos V otorgó por cédula real al Gobernador de Chile Francisco de Villagra una nueva concesión para la Gobernación solicitando la exploración y adjudicación de todo el territorio más austral que el Estrecho, y tomar "...posesión en nuestro nombre de las tierra y provincias que caen en la demarcación de la corona de Castilla", hasta el polo geográfico, donde culminaba la jurisdicción monárquica española, avalada por el Tratado de Tordesillas de 1494.

Los derechos chilenos quedarían consagrados para la posteridad con este par de concesiones de 1555 y 1558. A ello debemos agregar el natural nexo geográfico que existe entre la Antártica y la zona Austral de Chile, pues estudios científicos indican que ambos estaban unidos en un pasado remoto, y que el desprendimiento de ambos dejó una estela de islas, rocas e islotes que marcan el contorno del Arco de las Antillas Australes o del Sur, cuya línea conecta la Tierra del Fuego con la Península Antártica o Tierra de O'Higgins.

Todo el océano dentro de este arco austral es Pacífico, a pesar de que tenga el aspecto de internarse en el Atlántico. Aun aceptando que el mar que rodea al continente helado es un Océano Antártico diferenciado de los demás, el Pacífico rodea la totalidad de la zona jurídicamente chilena por esta situación del Arco de las Antillas Australes y del Mar de Scotia, de modo que cualquier pretensión extranjera debe pasar necesariamente por derechos jurídicos claros sobre el mar Pacífico que antecede a la Antártica. Chile, además, es el único país que está en proximidad inmediata a la Antártica, sin cubrir enormes distancias de enlace, y con una vía marítima unioceánica, por lo que sus derechos no son colonialistas como los de todas las demás naciones que alegan territorio en él.

Otro aporte importante a la verificación de nuestros títulos antárticos lo aporta la "Relación Histórica del viaje a la América Meridional hecho de orden de Su Mag.", de don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa, publicado por orden real en Madrid, en 1748. En la Parte II, Libro 2º, página 335, se lee lo siguiente:

"Ocupa el dilatado reino de Chile aquella parte de la América meridional que desde los extremos del Perú corre hacia el polo austral hasta el estrecho de Magallanes, haciendo división entre ambos reinos, según queda dicho en otra parte, el despoblado de Atacama..."

Recuérdese que la convicción errada de entonces de que Tierra del Fuego estaba conectada al polo antártico hace comprender estas referencias al Estrecho de Magallanes como un territorio efectivamente incorporado a la Terra Non Cognita del Austro.

Por todo lo anterior, tanto jurídicamente (Leyes de Indias y Uti Possidetis Juris) como geográficamente (disposición geológica natural de unión entre territorio antártico y chileno continental) y oceanográficamente (relación del Pacífico con la Antártica), Chile tiene derechos irrenunciables e incuestionables sobre el continente del Polo Sur. Cualquier cuestionamiento a estos derechos es un atropello a las bases históricas de derechos soberanos de las naciones universalmente reconocidos como tales.

A modo de resumen, los hechos y situaciones que dan relevancia a nuestros derechos antárticos son:

- Chile tiene la calidad de ser la nación más cercana, lo cual le confiere un derecho preferente.

- Continuidad geográfica y geofísica de los continentes sudamericano y antártico (Arco Antillano Austral).

- Disposiciones y mercedes otorgadas por el Rey de España para explorar sus tierras y mares, todas las cuales fueron llevadas a cabo con sujeción a la Gobernación de Chile, herencia perfeccionada por una ocupación real y efectiva.

- Las continuas y tradicionales actividades pesqueras desarrolladas por pobladores de Magallanes.

- Las concesiones que nuestro Gobierno ha expedido sobre las tierras y mares de la Antártica en diferentes épocas, con fines industriales y administrativos.

- La dictación de ordenanzas, reglamentos, estatutos, etc., efectuada por el Gobierno de Chile, que oficializan y legislan sobre las diferentes materias y actividades relacionadas con la Antártica Chilena.

- Afianzamiento de su soberanía con instalación de bases, investigación científica y viajes de reconocimiento y exploración, dictación de nuevas leyes y estatutos, visitas oficiales de los Presidentes de Chile, diferentes rescates de naves, participación de Chile en las distintas conferencias internacionales y poblamiento humano con chilenos en la Villa Las Estrellas.

En conclusión, Chile es la puerta de acceso natural al continente antártico, por lo que además de observar siempre con todo interés lo que ocurre en esa región, nuestro país deberá acrecentar vigorosamente su política antártica con el propósito de consolidar su posición tan privilegiada.

Asimismo, se aprecia que la presencia de la Armada en la Antártica se hace indispensable ante los hechos que se desarrollan en una región de preponderantes características marítimas.

Bases chilenas en la Antártica

Nombre

Coordenadas

Ubicación

BASES PERMANENTES

   

CAPITÁN ARTURO PRAT

62°30' S 59°41' W

ISLA GREENWICH

GENERAL BERNARDO O'HIGGINS

63°19' S 57°54' W

PENÍNSULA ANTÁRTICA 

PRESIDENTE EDUARDO FREI MONTALVA

62°11,8' S 58°55,5' W

ISLA REY JORGE

PROFESOR JULIO ESCUDERO

62°12'57"S 58°57'35"W

ISLA REY JORGE

BASES DE VERANO

   

GABRIEL GONZÁLEZ VIDELA

64°49' S 62°51' W

BAHÍA PARAÍSO

YELCHO

64°52' S 63°35' W

ISLA DOUMER

TENIENTE LUIS CARVAJAL

67°45'09" S 68°55'04"W

ISLA ADELAIDA

LUIS RISOPATRÓN

62°22'55"S 59°39'50"W

ISLA ROBERT

JULIO RIPAMONTI

62°12,4' S 58°53,8' W

ISLA ARDLEY

SHIRREFF

62°27' S 60°47' W

ISLA LIVINGSTON

ANTONIO HUNEEUS G.

80º05’ S 81º16’ W

MONTES ELLSWORTH

TTE. ARTURO PARODI

80º18’ S 81º21’ W

MONTES ELLSWORTH

COMODORO GUESALAGA

67º46,5’ S 68º54’ W 

ISLA AVIAN

DR.GUILLERMO MANN

64º17,8’ S 61º04’ W

BAHÍA HUGHES

CAÑAS MONTALVA

60° 32’15’’ S 57°24’11’’W

BAHÍA DUSE

LABORATORIOS

   

RADIACIÓN CÓSMICA

62º12’57"S 58º57’35"W 

BASE PROF. JULIO. ESCUDERO

ESTACIÓN CIENCIAS MARINAS

62º30’ S 59º41’ W

BASE ARTURO PRAT

Objetivos  de la presencia chilena en la Antártica

1.- Proteger y fortalecer los derechos antárticos de Chile, con claros fundamentos geográficos, históricos y jurídicos, es la primera y más permanente tarea de la Política Antártica Nacional. Conservar y afianzar los derechos antárticos en el marco del Tratado Antártico y a través de su fiel cumplimiento, es un primer componente que constituye un elemento de puente entre los enfoques antárticos de las décadas del pasado y los nuevos que requiere el escenario antártico de los próximos años.

2.- Fortalecer y acrecentar la influencia de Chile en el Sistema del Tratado Antártico, a través del fiel cumplimiento de las obligaciones que establece el Tratado de Washington, contribuyendo a la preservación y valorización de nuestros derechos antárticos.

Dicho instrumento internacional, no sólo protege la posición jurídica de los Estados con derechos de reclamaciones territoriales hechos valer precedentemente en el Artículo IV, sino que impide que se materialicen nuevas reclamaciones en la Antártica o se amplíen las ya hechas antes de la entrada en vigor del Tratado. Constituye entonces, el primer resguardo de la posición chilena respecto de sus derechos e intereses soberanos.

La prohibición indefinida de la actividad minera establecida en el Protocolo, que sólo podrá modificarse consensualmente y respetando los derechos amparados por el Artículo IV del Tratado Antártico, resolvió algunas eventuales contiendas de jurisdicción. No obstante, se plantean desafíos muy importantes en el ejercicio de jurisdicciones y competencias en materia de protección ambiental y responsabilidad por daño al medio ambiente. Estas situaciones requieren una acción vigilante y de resguardo de nuestra soberanía.

Con todo, el mayor riesgo proviene de la dificultad de dar cumplimiento a las obligaciones de la Convención sobre el Derecho del Mar de proporcionar cartografía sobre los límites marítimos, incluyendo la delimitación de la plataforma continental. En la Antártica, más allá de los obstáculos técnicos para cumplir estas obligaciones, su especial naturaleza político-jurídica plantea dificultades adicionales entre países reclamantes de soberanía y otros países que no reconocen soberanías en dicho continente; y contiene la amenaza de un conflicto potencial entre los países antárticos y otros Estados Miembros de la comunidad internacional.

3.- Preservación de la zona de paz, actividades científicas y reserva natural.

Estos elementos constitutivos del Sistema del Tratado Antártico deben ser preservados como una forma de contribuir a la propia seguridad y desarrollo, impulsando la cooperación científica internacional, intensificando la protección ambiental y buscando una asociación más estrecha con las naciones que por razones históricas y geográficas comparten intereses permanentes en el Continente Antártico.

Como zona desmilitarizada y desnuclearizada, que se sustenta en un régimen amplio de inspecciones nacionales establecido por el Artículo VII del Tratado Antártico, el Sistema Antártico tiene la obligación de consolidar su propia zona de paz, pero también de proyectarla hacia las zonas desnuclearizadas y las zonas de paz geográficamente adyacentes.

El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, suscrito por Chile pero no ratificado, contempla un Sistema de Vigilancia Internacional compuesto por una red de estaciones de monitoreo, incluyendo algunas en nuestro territorio americano. A fin de que Chile pueda cumplir adecuadamente sus responsabilidades de observación en el cuadrante Antártico-Pacífico, debe contemplarse un enlace entre dichas estaciones en el territorio americano de Chile y en cualquier puesto de observación sismológica de nuestro país en el Territorio Chileno Antártico.

Se ha comparado a la Antártica con un gran laboratorio científico y no es fácil inventariar el vasto aporte antártico a la ciencia universal. Preservar la libertad y la accesibilidad de la investigación científica resulta fundamental para un país con derechos soberanos e intereses permanentes en el Continente Antártico. Existen riesgos para dicha libertad y accesibilidad de los datos científicos debido a la tendencia a valorizar comercialmente la información y restringir su empleo mediante patentes o royalties; a limitar los métodos de investigación por imperativos ambientales o por exceso de reglamentación; o por decisiones adoptadas en otros foros internacionales. La defensa del Tratado Antártico se identifica en este caso con el interés de la comunidad científica chilena.

Por último, la reserva natural proclamada en el Protocolo no debe ser desvirtuada mediante la ampliación de las áreas protegidas o administradas sin atender a fundamentos serios, valores representativos y necesidades efectivas de la protección ambiental (Ver Fauna antártica). En particular, la creación de nuevas zonas administradas o manejadas requiere un examen atento de las limitaciones que puedan generar para el desarrollo del trabajo científico, el turismo y otros usos legítimos de la Antártica.

Una experiencia en la Antártica Chilena

Pisar el suelo antártico es una experiencia única. No sólo por su lejanía geográfica, sino por la pureza y la soledad que se respira. Estar al fin del mundo se siente. Nos alertan al bajar del avión que la sensación térmica es de -14 grados centígrados, temperatura agradable comparada con el termómetro invernal que ha llegado a -89 grados como récord. A bordo del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea de Chile, el vuelo desde Punta Arenas dura alrededor de tres horas. Este es el único medio de transporte para llegar hasta la Base Presidente Frei, ubicada en la isla San Jorge, en las islas Shetland del Sur, paralelas a la Península Antártica. Allí, un grupo de hombres y mujeres chilenos han hecho de esta helada zona su hogar.

La Antártica está a sólo 990 kilómetros del Chile continental. Algunos aseguran que el centro de nuestro país está en Punta Arenas, ya que todo el territorio tiene un largo 4.200 kilómetros y el tramo antártico que nos pertenece es de 3.300 kilómetros de largo y 1.250.000 kilómetros cuadrados de superficie. No es tanto si se toma en cuenta que la Antártica tiene ¡14 millones de kilómetros cuadrados!, el equivalente a una vez y media el tamaño de los Estados Unidos. El 98 por ciento de su suelo está cubierto por hielo y nieve y más del 99 por ciento es una especie de desierto helado, más seco que el Sahara pues las lluvias llegan sólo a 7 milímetros anuales. Además, posee el 90 por ciento de las reservas de agua dulce del planeta y se calcula que se trata de unos 30 millones de kilómetros cúbicos de hielo. Si se derritieran, los océanos subirían 65 metros, lo que haría desaparecer todas las ciudades costeras.

La Antártica guarda un sinnúmero de riquezas naturales. Incluso, se podría decir que es como un gran refrigerador que almacena los últimos recursos no renovables del planeta, de ahí su importancia en el futuro y el celo con el que debe ser preservada.

Según los estudios que se han realizado, en sus suelos es muy posible que exista gran cantidad de petróleo. Los fósiles vegetales y animales que se han descubierto son los que hacen real la posibilidad de la presencia del oro negro, incluso se habla de que podrían existir 45 billones de barriles de petróleo y 115 trillones de pies cúbicos de gas. Los fósiles, además, nos hablan de que en este lugar existió un paisaje muy diferente al de hoy, ya que se han encontrado trozos de madera de antiquísimas coníferas, hojas de plantas primitivas, caracoles y amonites.

Por otro lado, también se ha detectado la presencia de muchos minerales como cobre, molibdeno, cromo, plata, oro, níquel, platino, zinc, estaño, carbón y otros más.

Sin embargo, hasta ahora nada se ha explotado comercialmente por varios motivos: Principalmente porque el Tratado Antártico lo prohíbe, en segundo término por las difíciles condiciones climáticas y en tercer lugar, por la gran cantidad de dinero que significaría montar cualquier empresa en la zona.

Los primeros en llegar

Los antiguos griegos llamaron al polo norte "Arktos", palabra que significa "Oso", en la relación a la constelación de la "Osa". De ahí proviene el nombre Ártico. De lo anterior, dedujeron que en el hemisferio sur debía haber una masa similar y a esta zona la denominaron "Antiarktos", que significa opuesto a "Arktos". El latín fue "antarcticus" y así se llegó a Antártica. La gran diferencia que existe entre ambos casquetes polares es que la Antártica es un continente —tierra firme— mientras que el Ártico es sólo hielo acumulado.

Conviene recordar que el nombre verdadero del continente helado es, entonces, Antártica, y no "Antártida" como lo llaman majaderamente algunos. Además, la Real Academia de la Lengua lo avala, al definir el adjetivo "antártico" como "1. Natural de Antártica. U. t. c. s. y 2. Perteneciente o relativo a esta provincia de Chile".

Ya en 1506 se tenía conocimiento de este territorio, pues Alonso de Ercilla lo nombra en su obra "La Araucana" como "la región Antártica famosa", y ya la daba como parte de nuestro país. El verdadero descubridor de la Antártica fue el almirante español Gabriel de Castilla, quien en 1603 se desvió de su ruta por el Cabo de Hornos debido a las corrientes y al fuerte viento, que lo empujaron hasta las islas Shetland. Más tarde, durante el siglo XIX, los cazadores de lobos y focas fueron quienes desafiaron los helados mares de la zona en pos de la riqueza que les entregaban las pieles. Todos estos pioneros cazadores eran chilenos. No debemos olvidar que toda la Patagonia, desde el río Diamante hacia el sur, incluyendo las costas atlánticas, era territorio chileno merced al uti possidetis juris, aceptado y aplicado luego de que los países americanos se independizaran de España.

Los primeros en desembarcar en la isla Rey Jorge fueron William Smith y Edward Bransfield en 1819, quienes también descubrieron la llamada Tierra de O'Higgins (la península Antártica). Para su sorpresa se encontraron en aquel lugar con más de 40 barcos de cazadores de focas y lobos, ya que en aquella época la captura de estos mamíferos había tomado gran importancia y Punta Arenas era el centro de operaciones de aquellas expediciones. Años más tarde, el gobierno chileno autorizaría la primera concesión de pesca en la Antártica y arrendó la isla Diego Ramírez y la San Idelfonso. Por otro lado, los balleneros funcionaron en la isla Decepción.

En esta misma época se realizaron dos expediciones importantes. La primera fue dirigida por el belga Adrien de Gerlache, acompañado por Roald Amundsen quien catorce años después llegaría hasta el Polo Sur. La otra expedición fue comandada por el noruego Cartens Borchgrevinks quien recopiló importantes datos científicos. Después de ellos, aventureros de varios países llegaron y recorrieron la Antártica en diferentes puntos e, incluso, muchos perdieron la vida en el intento.

La gran consecuencia de todas estas incursiones fue que otras naciones se sintieron con el derecho de reclamar una porción de la zona, lo que terminó en serias disputas territoriales.

Para evitar mayores conflictos se celebró en 1950 el Tercer Año Polar, de donde nació el Año Geofísico Internacional el que tuvo dos grandes proyectos: la Antártica y la exploración del espacio exterior. Y, por fin, el 1 de diciembre de 1959 se dio a conocer el Tratado Antártico, el que fue firmado por Chile, Reino Unido, Australia, Nueva Zelandia, Estados Unidos de América, Noruega, Francia, la Unión Soviética, Sudáfrica, Bélgica, Japón y Argentina. Dicho acuerdo sigue vigente hasta el día de hoy y es el que regula las actividades que se pueden realizar en la Antártica.

La tarea científica

La presencia de Chile en el continente helado siempre ha tenido dos propósitos: hacer soberanía y estudiar el territorio. El trabajo de investigación que se desarrolla en las bases ha sido de gran importancia para conocer el clima, el estado de los hielos, la geografía, la flora y la fauna de este continente.

La instalación de la primera base se remonta a 1947, año en que se construyó "Soberanía" —perteneciente a la Armada— en la isla Greenwish, en las Shetland del Sur. Actualmente se llama Base Capitán Arturo Prat y es la Gobernación Marítima de la Antártica Chilena. Las funciones que cumple son la observación sinóptica de la superficie de día y noche y también se preocupa tanto del estudio de la flora y fauna como de la medición de la temperatura del mar.

El ejército tiene la base militar "Bernardo O'Higgins", la que fue inaugurada un año después que la de la Armada. Está ubicada en la Península Antártica (Tierra de O'Higgins) y su misión principal es servir de apoyo a las expediciones que van al este de la península. Dentro de su quehacer diario tiene la observación meteorológica, la que reporta a la Base Frei.

La primera base construida por la Fuerza Aérea fue la "Presidente Gabriel González Videla" en 1951, la que prestó servicios hasta 1960. Actualmente sirve de apoyo a los científicos y durante los meses de verano funciona como Capitanía de Puerto. En 1953, esta misma institución armada inauguró la "Base Aérea Presidente Pedro Aguirre Cerda" en la isla Decepción, que está cerca del Archipiélago de las Shetland del Sur. Sin embargo, en 1967 fue destruida por una erupción volcánica. En su reemplazo se levantó la "Base Aérea Presidente Frei" en 1967, la que hoy día es considerada en todo el mundo como "la puerta de entrada a la Antártica".

Durante el período 1996-1997 se realizaron en esta base varias investigaciones científicas en conjunto con otras instituciones. Es el caso del Proyecto Meteorológico, desarrollado junto a la Dirección General de Aeronáutica, el que tiene como objetivo recopilar información de las estaciones que están en la Península, recibir fotos satelitales y lanzar globos sonda para poder confeccionar el pronóstico diario de la región. Toda esta información es indispensable para que los vuelos que salen y entran sean más seguros. La Dirección General también está midiendo las fluctuaciones de los niveles de radiación ultravioleta sobre el territorio chileno antártico. Esta investigación se está realizando con medios computarizados muy avanzados, los que son capaces de detectar la fracción UV que provoca los cambios genéticos en los seres vivos.

Con la Universidad de Chile se está realizando un Mapa Iberoamericano de Corrosión Atmosférica, el cual observa los efectos del clima antártico sobre los metales desnudos y los que tienen recubrimiento. A su vez, esto permite conocer los efectos que tiene la corrosión de estos metales sobre el medioambiente, ya que éstos liberan agentes contaminantes.

En 1984, Chile recibió una herencia de Inglaterra: la "Base Aérea Teniente Luis Carvajal". Su importancia radica en que es la única posesión que tenemos en el círculo polar antártico, ya que está ubicada en la isla Adelaida. Principalmente se dedica a los estudios meteorológicos y cuando hay expediciones de aviones al interior del continente sirve de base logística. Aquí se están realizando dos proyectos científicos con la Universidad de Chile. El primero de ellos es el estudio de Grietas en Skiway (pistas de aterrizaje sobre glaciares) que trata de analizar en terreno el desplazamiento de las grietas, tipificar los hielos y ver de qué manera estas fallas podrían afectar los skiways. También están observando el movimiento del glaciar en el tiempo. El otro proyecto es el de Caracterización de Sustrato asociado a los ecosistemas. Este quiere decir que están caracterizando los suelos que no tienen hielo y que se asocian a sectores de gran influencia orgánica. Las muestras son analizadas química, física y mineralógicamente.

En el campamento de Patriot Hill se está desarrollando sólo un programa meteorológico el cual contempla la observación de la superficie, pronósticos del área, de vientos de altura.

Todos estos proyectos científicos son de suma importancia, porque sólo conociendo a cabalidad el territorio y su clima se podrá sacar el mejor partido a la Antártica, sin destruirla hasta agotarla. Y ése es el gran valor del trabajo de todos aquellos que viven al fin del mundo, su labor no dará frutos para hoy, sino para el mañana.

Fuentes Internet:

http://www.inach.cl/

http://www.soberaniachile.cl

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