Energía en Chile

Petróleo

 

Energía es lo que posibilita el desplazamiento y transformación de la materia. Técnicamente, se define como energía a la capacidad de producir "trabajo"; proceso por el cual se puede desplazar, modificar o transformar un cuerpo mediante la acción de una fuerza.

La energía constituye un elemento indispensable para el desarrollo económico y social del país, pero Chile ha sido siempre un país deficitario en energía e industria, y dependiente de las importaciones de minerales energéticos, productos manufacturados y bienes de equipo.  Sin embargo, la progresiva utilización y racionalización de los recursos ha posibilitado la creación de infraestructuras energéticas e industriales de gran relevancia que mejoran un tanto esta situación.

Dichas infraestructuras utilizan algunos de los sistemas energéticos convencionales conocidos, que "son aquellos que estamos acostumbrados a usar, en los cuales se emplea tecnología de uso común, desde la extracción del recurso energético natural hasta transformarlo en un producto útil para el consumidor final". A esta base energética convencional pertenecen: el petróleo, carbón mineral, gas natural, la electricidad, la biomasa, la energía nuclear.

Actualmente, la principal fuente de combustible fósil en Chile es el petróleo, el que es principalmente importado debido a la baja producción nacional y a las relativamente escasas reservas en el país. Por otro lado, el gas natural está adquiriendo un lugar importante dentro de los combustibles consumidos en Chile,

Sin embargo, la principal fuente energética del país está en la energía eléctrica, la que se puede obtener mediante diversos métodos: hidroeléctricos, térmicos, eólicos, solares, etcétera, aunque los más comunes son los dos primeros. Los sistemas energéticos no convencionales, como los eólicos, los solares y otros, tienen todavía poco uso.

Debido a su relieve y a la abundancia de agua en el sur del territorio, Chile dispone de un elevado potencial en la generación de energía hidroeléctrica, pero su aprovechamiento todavía no garantiza la totalidad del suministro eléctrico.  El recurso a las centrales térmicas, principalmente, ha sido una alternativa necesaria.  Otras fuentes de energía, como la eólica y la solar, son aún incipientes.

En cuanto a las energías fósiles utilizadas en el transporte automotor, el movimiento de muchas máquinas e, incluso, la generación de la energía eléctrica, el país depende del exterior. Las minas de carbón de la zona de Concepción, que durante un siglo fueron objeto de explotación intensiva no aportaron sino una parte del consumo interior y fueron cerradas en 1997 al no ser rentable su explotación.  En cuanto al petróleo y al gas natural, aunque en la década de 1940 se descubrieron yacimientos en la zona de Magallanes y Tierra del Fuego, su producción resultó ser insuficiente para satisfacer la creciente demanda interna.

Historia eléctrica

El cansino y tedioso trabajo de los encargados de prender y apagar los faroles a mecha de Santiago disminuyó cuando, en 1883, un empresario visionario instaló una dinamo accionada con un motor a gas en pleno centro de la capital, inaugurando así el alumbrado eléctrico en la Plaza de Armas, el pasaje Matte y ciertos comercios céntricos. Importante y meritorio toda vez que hacía sólo cuatro años que Thomas Alva Edison había patentado su lámpara eléctrica incandescente.

El potencial hidráulico de los ríos chilenos se había utilizado en la molienda del trigo y en algunas fábricas, pero a finales de siglo se dio un paso adelante al sustituir las ruedas hidráulicas por las turbinas generadores de electricidad. La primera central hidroeléctrica chilena se construyó para las minas de carbón de Lota en 1897, en Chivilingo, localidad con agua abundante. Un sector energético tradicional, el carbón mineral, hacía uso de esta nueva fuente energética.  Con la electricidad de Chivilingo se iluminaron las minas de Lota y se hicieron funcionar los elevadores y las bombas de agua.

El desarrollo urbano de Santiago estimuló la instalación de tranvías eléctricos, que sustituyeron a los de mulas. Como era habitual en aquella época, las empresas de transporte público urbano solían ser británicas, como en el caso de la capital, de cuya gestión y funcionamiento se encargó en 1897 la empresa Parrish and Brothers, de Londres.  Ese año se inauguró el tranvía de Chivilingo. El primero eléctrico circuló en Santiago el 3 de septiembre de 1880. En 1899 la red fue transferida a la empresa Tramway and Light Co., también con sede en Londres.

En aquella época, la corriente generada era continua y no podía trasladarse a grandes distancias, debido a las pérdidas por resistencia de los cables. Por ello, las centrales eléctricas se construyeron cerca de las áreas de consumo. En el caso de la red de tranvías chilena, fue la central Mapocho, en la calle del mismo nombre, esquina con Almirante Barroso.  Se trataba de una central termoeléctrica, alimentada a carbón.

Ilustración de un tranvía de la época (1900)

La tecnología hizo su aporte para transformar la corriente de continua en alterna. Eso se logra elevando su potencial y disminuyendo la intensidad, con lo cual se minimizan enormemente las pérdidas de conducción. En 1905 se instaló cerca de Valparaíso la central El Sauce, la primera hidroeléctrica con alternadores del país.  Poco después, en 1909, se inauguró, también en el Núcleo Central, la central Florida. Dichas obras estaban destinadas a abastecer la demanda urbana de Santiago y de Valparaíso: alumbrado público, uso doméstico y energía industrial. Otras ciudades menores emularon a la capital y a la ciudad portuaria e introdujeron sus propias redes eléctricas.

La electrificación del norte

Al margen de la naciente red del Núcleo Central, la explotación de los yacimientos de Chuquicamata requirió de la energía eléctrica.  Como los ríos de la zona poseían un escaso potencial para la energía hidroeléctrica, se optó por la termoelectricidad. Así, a comienzos del siglo, en el litoral, a medio camino entre Antofagasta e Iquique, se construyó en Tocopilla una gran central térmica a partir del carbón, con su propio muelle de atraque para los buques carboneros. La electricidad se trasmitía a Chuquicamata, en el interior, a través de una línea de alta tensión. La central de Tocopilla sigue siendo una pieza clave en el sistema eléctrico del norte.

Central Colbún

La generación de electricidad se fue convirtiendo en una actividad económica que generaba pingües beneficios.  En 1905 se fundaría la Compañía General de Electricidad para aprovechar los saltos de agua de la región del Biobío y Concepción.

La electricidad tuvo su mayor auge en la década de 1920. Las ciudades se electrificaron.  Incluso las viviendas más humildes tenían luz eléctrica.  Las minerías del cobre y el salitre la utilizaban cada vez más.  La noche chilena se iluminaba con decenas de miles de luces incandescentes.  Fue el tiempo propicio para crear numerosas empresas.

En 1920 se fundó una empresa eléctrica chileno-estadounidense, la Compañía Nacional de Fuerza Eléctrica (Conafe), y se construyó la hidroeléctrica de Maitenes, en el río Colorado, afluente del Maipo.  Seis años después se creó la Sociedad Austral de Electricidad (Saesa) en la región de Arauco, cuyos principales centros de consumo fueron Puerto Montt y, a partir de 1928, Osorno.  Más tarde Saesa se introdujo en la Región de Los lagos.

La incidencia social de la electricidad motivó la intervención de los poderes públicos, que regularon el uso y la producción, fijando normas de seguridad y estableciendo un sistema de concesiones a las empresas mediante licitación pública.  Esta tarea se le encargó a la Dirección de Servicios Eléctricos y de Gas, ente estatal, en funcionamiento desde 1925.

En 1928 se inauguró la central hidroeléctrica de Queltehue y se perfeccionó la interconexión entre las dos redes principales, las de Santiago y Valparaíso. En la capital, la vieja central térmica de la calle Mapocho fue reconvertida a corriente alterna.  La industria iba instalando sus propios grupos electrógenos, que en ocasiones eran centrales térmicas, como la citada de Tocopilla o la de Barquito, vinculada al yacimiento cuprífero de Potrerillos.

Pese a los avances, hasta fines de 1939 Chile era uno de los países menos desarrollados en cuanto al uso de la electricidad. La situación empezó a cambiar cuando ese mismo año se crea la Corporación de Fomento de la Producción, entidad estatal que planificó la electrificación sistemática del país.

Para desarrollar el plan de electrificación, la Corfo impulsó la creación de la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), la cual se fundó en 1944 con el fin de optimizar los recursos hidroeléctricos. Y para concretarlo, el país fue dividido en siete regiones eléctricas, de acuerdo con los recursos generadores de cada una, considerando la situación geográfica de los ríos y la naturaleza de sus regímenes y, además, analizando las condiciones del momento y las futuras en el desarrollo del consumo de energía eléctrica.

Central Rapel

Aunque Chile es un país deficitario en recursos energéticos, dispone de un notable potencial hidroeléctrico que entonces se hallaba bastante infrautilizado.  Por este motivo, Endesa comenzó la construcción de grandes centrales hidroeléctricas: en 1944 Pilmaiquén, en la V Región eléctrica; en 1948 Sauzal, en la III Región eléctrica, y Abanico, en la 1V Región, y en 1952 Los Molles, en la II Región eléctrica.  Además se pusieron en funcionamiento diversas plantas termoeléctricas en Antofagasta, Copiapó, Ovalle, La Serena y Punta Arenas, entre otras.

A finales de la década de 1950 e inicios de la de los sesenta, Endesa prosiguió la construcción de centrales hidroeléctricas: en 1955 se inauguró Cipreses y en 1959, Sauzalito.  En 1962, entre los lagos Calafquén y Panguipulli, se construyeron las centrales de Sauzal y Pullinque.  Además, se instalaron líneas de alta tensión de 100 kw que permitieron la interconexión de los diferentes subsistemas eléctricos.

El abastecimiento de la región central había quedado obsoleto y sobrecargado. Para afrontar el problema, la Compañía Chilena de Electricidad (Chilectra) construye las centrales térmicas de Renca, en 1962, y Ventanas 1, en 1964.  Entre 1960 y 1970 se construyeron grandes hidroeléctricas: Rapel, de 350 MVA, se inauguró en 1968, y El Toro, de 400 MVA,en el río Laja, en 1973.  Dos nuevos gigantes empezaron a generar electricidad en la década de 1980: Antuco, con 300 MW, y Colbún-Machicura (490 MW).

Pese al gran desarrollo en plantas generadoras, las características del territorio chileno, con sus enormes distancias de norte a sur, han impedido la integración de los diversos subsistemas eléctricos. En la actualidad existe cuatro de ellos, pero los dos más importantes son el subsistema Norte, basado fundamentalmente en las centrales termoeléctricas, y el subsistema Interconectado Central, con aporte hidroeléctrico. Los dos restantes funcionan en la zona sur y en la más austral.

La primera zona eléctrica, en las regiones de Tarapacá y Antofagasta, tenía su sistema de generación en manos de empresas particulares. La participación de Endesa era inferior al 20 por ciento. La estrategia seguida por Endesa en esta zona fue la de firmar contratos de cooperación con los grandes productores locales, principalmente con los propietarios de Tocopilla; de esta manera, el subsistema Norte quedó integrado, aunque aislado del subsistema Central.

El sistema interconectado Central cubre desde la III Región hasta Los Lagos, incluyendo Chiloé, que enlaza con el mismo por cable submarino. El abastecimiento de esta zona, que es la de mayor consumo, depende de las empresas Chilectra y Endesa.

En sepriembre de 2004 Endesa puso en marcha la central hidroeléctrica de Ralco, en el Alto Biobío. El proyecto requirió la construcción de una central hidroeléctrica a unos 120 km al sudeste de Los Ángeles y a unos 30 km aguas arriba de la central Pangue, la cual comenzó a producir energía en marzo de 1996.  La Central Ralco tiene una potencia instalada de 570 MWA, con una producción de 3.380 millones de kw/h, equivalente al 18 por ciento de la energía producida por todo el sistema interconectado central.

La presa tiene una longitud de 370 m y una altura de 155 m, generando un embalse de 3.467 hectáreas. La construcción del embalse ocupó 638 hectáreas de las comunidades Quepuca-Ralco y Ralco-Lepoy, pertenecientes al grupo étnico pehuenche, que, amparándose en lo dispuesto por la ley Indígena 19.253 de 1993, se oponían al abandono de sus tierras.  Endesa entregó los fundos de El Barco, El Huachi y Santa Laura para compensar la pérdida del territorio a los pehuenche. (Ver Central Ralco)

Centrales hidroeléctricas

Como vemos, en nuestro país las centrales hidroeléctricas constituyen una importante fuente de suministro eléctrico.

En el Sistema Interconectado Central chileno (SIC), que suministra energía al servicio público desde Taltal por el Norte hasta la Isla Grande de Chiloé por el sur (zona donde, incluyendo a la región metropolitana de Santiago, vive el 91% de la población del país), existen 18 centrales hidráulicas que suman en potencia de 2.182 megawatts (MW) y representan el 74% de la potencia total instalada. El resto corresponde a las centrales térmicas que funcionan con carbón o petróleo.

Ubicación de centrales hidroeléctricas por región administrativa

Central Chapiquiña (I Región)
Los Molles (IV Región)
Los Olivos (VRegión)
La Florida – Puntilla – Maitenes – Volcán – Queltehues (Región Metropolitana)
Coya – Pangal – Sauzal – Rapel (VI Región)
Colbún Machicura – Cipreses – Isla (VII Región)
Antuco – El Toro – El Abanico - Ralco (VIII Región)
Pullinque – Pilmaiquen (X Región) 

Ver: PSU, Historia y Ciencias Sociales: Pregunta 02

Ver, en Internet:

http://www.cne.cl

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