Fecundación y concepción

 

Para entrar en materia, repitamos los conceptos:

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Espermatozoide humano:

1 cabeza;

2 cuello;

3, trecho intermedio (con vaina mitocondrial);

4, parte principal;

5, parte terminal;

A, acrosoma;

B, región postacrosomial de la cabeza

Los “protagonistas” del proceso de la fecundación son dos: el gameto maduro femenino (célula huevo,  ovocito u óvulo) y el gameto  masculino (espermatozoide).

Cada uno de ellos es producido en sus respectivas gónadas (ovario y testículo) a través de un complejo proceso llamado gametogénesis.

El espermatozoide encierra en su “cabeza”, sobre el núcleo haploide, una vejiga, llamada acrosoma, que es capaz de liberar su contenido de enzimas para traspasar las barreras protectivas (corona radiata, cúmulo ooforo, y sobre todo la zona pelúcida) de la célula huevo u óvulo. Se trata de una auténtica «explosión bioquímica».

El ovocito u óvulo es la célula más grande del organismo humano (diámetro aproximado de 0,16 mm), que ha acumulado en su propio citoplasma grandes cantidades de ribosomas, ARNm, ARNt, proteínas, glicógeno y lípidos, que utilizará si es fertilizado.

Al exterior de la membrana plasmática el ovocito está revestido de un espeso estrato de glicoproteínas, la zona pelúcida, y rodeado por las células foliculares.

A diferencia del espermatozoide, en la ovulación no ha completado aún la segunda parte de la división reductora de sus propios cromosomas (meiosis II) que quedan “bloqueados” en metafase II hasta el momento de la eventual fusión con el gameto masculino.

Cuando se produce una cópula (unión sexual), producto de la eyaculación (depósito de semen) numerosas decenas de millones de espermatozoides son normalmente depositados en la vagina.

Pero sólo algunos centenares de ellos logran alcanzar el lugar fisiológico de la fecundación, que es la porción en forma de ampolla de las trompas de Falopio, donde los espera, si ha ocurrido la ovulación, el gameto femenino.

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Encuentro entre el ovocito maduro (después de la ovulación) y los espermatozoides, que tratan de atravesar la corona radiata

Comienza así una “competencia”: los espermatozoides luchan desesperadamente por alcanzar al ovocito (óvulo) y sobrepasar sus defensas (corona radiata y zona pelúcida).

El último episodio de esta competencia lo protagonizan la célula huevo (óvulo) y los poquísimos espermatozoides (usualmente no más de 1 - 3) que han logrado penetrar en el espacio perivitelino, en contacto directo con la membrana celular. Uno solo de ellos tendrá normalmente acceso al citoplasma, fundiendo su propia membrana con la del ovocito.

Una severa selección

Los espermatozoides en competencia por la fecundación han sufrido ya una “selección natural” muy severa a lo largo del trayecto desde la cerviz a la ampolla de la trompa: más de 20 cm sembrados de no pocos obstáculos y enemigos, que ponen a dura prueba su capacidad de movimiento y de resistencia. Entre ellos está el viscoso mucus cervical, que tiende a retenerlos y a soltarlos lentamente, y se encuentran los granulocitos neutrófilos producidos por la pared del útero, que los fagocitan destruyendo cerca del 90% de ellos.

Los espermatozoides “sobrevivientes”, que lograrán llegar a la entrada uterina de la trompa y penetran en el istmo, deberán luego “nadar” contra la corriente a lo largo del conducto de la trompa.... Sólo los mejores llegarán dentro de algunas horas o también después de 1-3 días a encontrar el gameto femenino.

El comienzo de un nuevo individuo

La ciencia no discute que —tanto en la especie humana como en otras especies animales— cada nuevo individuo se forma, naturalmente, por la unión de un espermatozoide con un ovocito (el óvulo), como se ha descrito. Esta unión se llama fecundación.

Tanto el espermatozoide (gameto masculino) como el óvulo (gameto femenino) son células, ambas están vivas en el momento de unirse, y siempre lo estuvieron, ya que se formaron a partir de otras células vivas.

Al unirse dan origen a una célula única llamada cigoto, que también está viva. Si los gametos (espermatozoide y óvulo) que se unieron eran humanos, el cigoto resultante también lo es.

A la luz de esta verdad, se puede decir que la vida humana solo continúa. Pero, ¿en qué momento se puede decir que ya hay un nuevo individuo? La respuesta simple es que el nuevo individuo se inicia cuando ocurre la fecundación.

La fecundación ocurre habitualmente, como vimos, en la trompa de Falopio, que es un tubo que conecta el ovario con el útero. El cigoto resultante de la fecundación es una célula que tiene la potencialidad de desarrollarse y llegar a ser un humano constituido por miles de millones de células, del mismo modo que una semilla puede llegar a ser un árbol a través de un proceso de crecimiento y desarrollo.

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Ovocito humano “asediado” por numerosos espermatozoides que compiten para fertilizarlo.

Aproximadamente tres a cuatro días después de la fecundación, si el cigoto se ha desarrollado normalmente, está constituido por 8 a 10 células y pasa al útero donde continúa desarrollándose, inmerso en el escaso fluido que llena la cavidad del útero. En este medio alcanza el estado de desarrollo llamado mórula y posteriormente el estado de blastocisto.

En esta etapa, el blastocisto consta de unas 200 células. La mayoría de estas células están destinadas a formar la placenta y otros órganos que más tarde se desechan. El 7 a 10 por ciento de las células del blastocisto están destinadas a formar el embrión.

En esta etapa, no hay signos evidentes de que el cuerpo materno reconozca la presencia de un nuevo individuo y la mujer no tiene manera alguna de reconocer que tiene uno en su útero.

En el séptimo día de desarrollo, el blastocisto humano se anida o implanta en la capa interna del útero, llamada endometrio. Para que esto ocurra es preciso que el endometrio se haya hecho receptivo por la acción que ejercen sobre él las hormonas del ovario, el estradiol y la progesterona. La implantación consiste en que el blastocisto se sumerge en este tejido materno.

 A partir de la implantación, el cuerpo materno reconoce que hay un nuevo individuo en desarrollo y comienza a reaccionar a su presencia.

Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud considera que el embarazo, que es una condición de la madre y no del nuevo individuo en desarrollo, comienza con la implantación. Dicha reacción del cuerpo materno se debe, en parte, al hecho de que cuando ocurre la implantación las células que van a dar origen a la placenta comienzan a secretar una hormona conocida como gonadotrofina coriónica humana (HCG). Esta hormona pasa a la sangre materna y actúa sobre el ovario para impedir que se produzca la menstruación.

En este momento, hay que hacer algunas precisiones conceptuales:

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Espermatozoides humanos observados con el microscopio electrónico.

Concepción, en su acepción original, genuina, de uso general no manipulado, es y ha sido siempre equivalente de fecundación: la concepción es la unión del espermatozoide y el óvulo, es el comienzo del nuevo ser, marca el inicio del embarazo. Eso es lo que dicen la mayoría de los diccionarios generales y lo que repiten la mayoría de los diccionarios médicos.

Hoy en día, algunos intentan disociar concepción de fecundación e identificar concepción con implantación terminada.

En el nuevo lenguaje, concepción ya no sería ni fecundación ni comienzo del nuevo ser, sino el inicio del embarazo, pero marcado por la culminación de la implantación del blastocisto en el endometrio.

La fecundación, como dijimos, ocurre normalmente en las trompas de Falopio, que es adonde se dirigen los espermas.

Si un óvulo (cuya vida es de 12 a 24 horas solamente) ha recorrido las trompas y llega al útero, sin ser fecundado, se perderá ya que en ese momento el cuerpo lúteo ya está casi degenerado por el avance en el ciclo menstrual y la producción de HL ha disminuido, con el consiguiente descenso en progesterona y estrógenos, que son hormonas necesarias para la manutención del endometrio, que habría albergado al óvulo si éste hubiese sido fecundado en las trompas.

Por lo tanto, no puede producirse fecundación en el útero.

 

Ver:  Fecundación y desarrollo humano

 

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