Gimnasia

 

La gimnasia, también conocida como el deporte elegante, apareció en escena hace más de dos mil años antes de Cristo. Su creación se basa en la acrobacia que se realizaba en los espectáculos circenses.

Las modalidades de este deporte son tres: Artística, Rítmica y de Trampolín.

La Gimnasia Artística, que forma parte de estas competencias desde el inicio de la Era Moderna en 1896, puede calificarse de dos maneras: individual y por equipo. Existen varias modalidades dentro de esta gimnasia que son: Salto a Caballo, Barras Asimétricas, Aros, etc.

La Gimnasia Rítmica, que entró como exhibición en Los Ángeles 1984 y empezó a formar parte de las Olimpiadas en Seúl 1988, se realiza bajo una pieza musical, donde el participante ejecuta diversas acrobacias con listones, pelotas, entre otros. Catorce jueces califican esta modalidad.

La Gimnasia de Trampolín se realiza en una cama elástica, donde participarán doce gimnastas de cada sexo.

Aunque el origen de la gimnasia clásica se remonta a la época de esplendor de la cultura griega, fue en el siglo XIX cuando las diferentes escuelas europeas comenzaron a considerar los aspectos estéticos y educativos de la gimnasia.

En esos años, y partiendo del hecho de que danza y gimnasia habían estado hermanadas en la antigüedad, surgió la idea de que el fin primordial de los ejercicios gimnásticos era la armonía entre cuerpo y espíritu.

Esta interrelación, que no era en modo alguno original, pues no hacía más que repetir postulados ya establecidos antes de nuestra era, tuvo, sin embargo, un papel importante en el desarrollo de las actividades pedagógicas modernas.

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Partiendo de esas experiencias iniciales, la gimnasia ha logrado imponerse no sólo como estructura educativa de primer orden, sino también como actividad individual y válida por sí misma.

En la actualidad, la gimnasia constituye una de las pruebas más atrayentes de las competiciones olímpicas; se desarrolla mediante tres tipos de competiciones: por equipos, individual absoluta e individual por prueba.

Estas formas varían cuando se trata de los campeonatos europeos, en los que no existen competiciones por equipos y cada país participante solamente puede presentar dos competidores masculinos y dos femeninos.

Las puntuaciones de cada una de las pruebas olímpicas (y en consecuencia de todas aquellas que se rigen por el mismo modelo) se establecen según tres elementos: A (fáciles), B (semidifíciles) y C (difíciles).  La máxima cantidad de puntos que puede obtener un participante es la de diez, para lo cual ha de acumular, como mínimo, once elementos, repartidos así: cuatro A, seis B y un (indispensable) C.

Masculina

En el terreno de la práctica, la gimnasia se halla dividida en dos partes, la masculina y la femenina.  La primera consta de las siguientes pruebas:

1) paralelas; 2) ejercicios en el suelo; 3) salto del potro; 4) barra fija; 5) anillas, y 6) potro con aros.

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Los ejercicios realizados sobre las barras paralelas requieren una gran fuerza muscular en las muñecas y en los hombros. Se trata de pruebas muy movidas, en las que debe manifestarse la capacidad del participante para el volteo.  Su dificultad radica esencialmente en el mantenimiento correcto de las posiciones en vertical y, sobre todo, del balanceo, ya que las causas más corrientes de descalificación han sido siempre la apertura de piernas en momento inadecuado (balanceo hacia adelante) o las flexiones prematuras en las volteretas.

Los elementos más corrientes en los ejercicios sobre barras paralelas son: lanzamiento o báscula y volteretas, fáciles; báscula o balanceo por abajo, giro en el balanceo hacia atrás y volteretas hacia atrás, semidifíciles, y balanceo por debajo, seguido de una salida con las piernas separadas, y flexión vertical con el cuerpo extendido y los brazos flexionados, difíciles.

Los ejercicios en el suelo, por su parte, se efectúan sobre una superficie de madera, y están compuestos de una parte obligatoria y de otra libre.

La finalidad de ambos, tanto de los ejecutados sobre barras paralelas como los que se realizan en el suelo, es la de demostrar la máxima armonía posible, sin olvidar que ella incluye la fuerza, la agilidad y el control de sí mismo como elementos fundamentales. El gimnasta, además, ha de tener en cuenta que el tiempo mínimo para permanecer inmóvil después de cada uno de sus movimientos es de dos segundos y que los excesivos desplazamientos sobre la superficie son considerados como fallos de ejecución.

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Los elementos más corrientes dentro de los ejercicios sobre el suelo son los siguientes: horizontal sobre una pierna, voltereta de cabeza, vertical, rueda y flic-flac.  Todos ellos están clasificados como movimientos fáciles, lo que no ocurre con el salto mortal hacia adelante o hacia atrás, el spagat lateral o el salto vertical, llamado molino, a los que se considera como semidifíciles.  Difíciles son la vertical sobre un brazo, la horizontal sobre brazos estirados y el salto mortal delantero partiendo de la posición firme.

Los saltos sobre potro requieren un gran dominio en dos aspectos particularmente difíciles: la carrera y la caída.  La primera se realiza antes de llegar al potro y resulta fundamental, dado que, aun cuando exista un trampolín previo, de su perfección depende en gran manera la del salto subsiguiente.

Una vez sobre el potro, el atleta ha de tener sumo cuidado en el movimiento final, es decir, en la caída. Ésta sólo se considera totalmente válida cuando el ejercitante logra "clavarse" o, lo que es lo mismo, quedar inmóvil sobre el punto de caída.  Esta actitud resulta particularmente difícil en aquellos ejercicios en que, a causa de la voltereta, el participante no puede ver el suelo y tiene que actuar según un cálculo de probabilidades que no siempre resulta acertado.

Los saltos más practicados son los que siguen: salto del tigre; salto con pierna separada; salto interior, con piernas y cuerpo extendidos antes de caer; voltereta, y voltereta Yamashita.

Los de barra fija se caracterizan fundamentalmente por los movimientos de impulso y de volteo que el participante se ve obligado a efectuar como base de sus acrobacias.

La posición del cuerpo en cada uno de ellos puede ser vertical o flexionada, incluyendo cambios de presa y vueltas en el aire.  Se trata de las acciones gimnásticas más peligrosas y difíciles.  Algunas de ellas requieren una buena dosis de valor, pues un fallo de las manos o un simple desequilibrio podría ocasionar accidentes de imprevisibles consecuencias.

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Las más empleadas son: molino gigante, báscula, alzamiento, vuelta de rueda, inglés y francés, clasificados como fáciles; molino Pankarinen, salto sobre la barra, salto del tigre, vuelta completa del águila y pirueta, semidíficiles, y molino ruso, vuelta del águila, doble molino Pankarinen, inglés complicado con media rotación y doble inglés, difíciles.

En las anillas, el objetivo del atleta debe centrarse en la absoluta inmovilidad de las mismas.  Sus movimientos son, por tanto, mesurados, difíciles.  En cada uno de ellos todas sus fibras musculares se tensan al máximo, otorgándole un aspecto hierático, de total concentración.

Su programa consta de balanceos y de suspensiones verticales y horizontales.  De estas últimas es famosa, a causa de su dificultad de ejecución, la denominada el Cristo, creación del español Joaquín Blume, que se realiza con los brazos en cruz y trabajando al máximo con los músculos de brazos y hombros.

En las verticales, en cambio, funciona todo el cuerpo.  Se trata, en esos casos, de ascender entre las anillas (primero con impulso, después sin él) sin tocarlas, lo que constituye una de las pruebas más duras de esta modalidad.

Otros movimientos importantes son: la báscula, lanzarse al apoyo, tanto hacia adelante como hacia atrás, la salida con piernas abiertas y el llamado ángel, fáciles; rueda de balanceo y el Cristo, semidificiles, y molino gigante y el Cristo en ángulo, difíciles.

Los ejercicios del potro con aros están constituidos por dos movimientos fundamentales, los molinos (o desplazamiento circular desde el apoyo del aro hacia uno de los extremos del potro) y las tijeras (volteo de las piernas sobre el potro).

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En ambos, la pericia del participante se resuelve en un juego continuo de equilibrios mantenidos, de movimientos ondulantes, sin poder utilizar para ello más apoyo que el de sus manos.  Sus piernas no pueden, so pena de caer en falta, tocar el potro en ninguno de sus pases.  Esta concentración muscular explica el agotamiento de que suelen dar prueba los atletas cuando llegan al final de su demostración.

Los elementos más corrientes en las pruebas de potro con aros son: el doble molino, la tijera, el checo y los  molinos rusos (efectuados en el extremo del potro).

Femenina

La gimnasia femenina consta de cuatro modalidades: la barra de equilibrios, las barras paralelas asimétricas, el potro de saltos y los ejercicios en el suelo.  Los dos últimos coinciden con los realizados por los participantes masculinos, si bien en cada uno de los casos se exige una mayor demostración de las condiciones físicas y temperamentales del sexo a que van destinadas.

Las participantes pueden, por lo que respecta a los ejercicios sobre el suelo, acompañar sus actuaciones con una pieza musical.  Esta pieza, la misma para todas en la parte obligatoria de la prueba, queda a opción de las participantes en los ejercicios de libre elección.

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En los saltos del potro la diferencia más llamativa con respecto a las pruebas masculinas reside en el hecho de que mientras en éstas los atletas saltaban sobre el potro longitudinalmente, en las femeninas los saltos se efectúan con el potro de través. Éste, por otra parte, carece de la división por zonas del masculino.

Los ejercicios sobre la barra de equilibrios constituyen, junto con los de barras paralelas asimétricas, las pruebas gimnásticas más típicamente femeninas.

Se trata de subir sobre una barra de cinco metros de largo y diez centímetros de ancho y realizar una serie de movimientos alternados con la mayor rapidez y seguridad posibles.

Dentro de los distintos movimientos que ejecutan las participantes (carreras, pasos, posiciones sentadas y tendidas, vueltas ... ), los jueces valoran aquellos en los que predomine la elevación de las piernas sobre cualquier otro factor.

Igualmente son tenidas muy en cuenta la entrada y la salida de la barra, para las que se exige agilidad y gracia.

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Los de las barras paralelas asimétricas, finalmente, ofrecen una movilidad muy superior a la conseguida en la prueba masculina de la barra fija.

 

Ambos se asemejan en cuanto al predominio de la suspensión y del vuelo, si bien aquí es absolutamente imprescindible que los participantes equilibren la utilización de las paralelas, dado que, de otra forma, su puntuación puede resultar insatisfactoria.

 

Entre los variados movimientos que se efectúan a lo largo de la prueba, los principales son los denominados báscula, vuelta de pies, vuelta en posición sentada, vuelo inferior, vuelo con piernas flexionadas por debajo de la barra y la salida con las piernas abiertas.

 

Fuente:

“Enciclopedia Juvenil Pala”, Tomo 11