Esopo

 

Un Esopo clásico.

Fue un fabulista griego originario de Asia menor. La historia cuenta que era un esclavo jorobado, tartamudo y de extrema fealdad. Se dice que, incluso, fue acusado, sin base cierta, de haber robado un cáliz de oro del templo de Delfos. En castigo por este delito, fue arrojado a un abismo por los habitantes de Delfos.

Se supone que vivió entre el 620 y el 560 antes de Cristo, y se le considera el “padre de todos los fabulistas", precursor de un género que luego tendría grandes exponentes, como Jean La Fontaine, en Francia, en el siglo XVII, y Félix María Samaniego e Iriarte, en España, en el siglo XVIII.

Sus relatos se caracterizan por ser narraciones cortas y tener siempre una conclusión moralizante o "moraleja". En ellas, Esopo "humaniza" las conversaciones de los animales y plasma todos los vicios y virtudes de los hombres, con un gran talento satírico. Sus fábulas eran verdaderas alegorías morales.

El Esopo de Velázquez.

Se supone que no dejó textos escritos y de él se sabe tan poco, que en algún tiempo se le consideró como un personaje legendario. De todos modos, con sus relatos, que se conservaron por tradición oral, logró la universalidad y su nombre perduró hasta nuestros días.

Sus fábulas fueron recreadas en verso por el poeta griego Babrio aproximadamente en el siglo II antes de Cristo. El poeta romano Fedro las reescribió en latín en el siglo primero de la era cristiana. Las fábulas que conocemos hoy en día son versiones que se han reconstruido con las reescritas posteriormente al fabulista griego.

Según Giovanni Battista della Porta en su libro "La vera fisonomía" escrito en 1586, el famoso pintor Velázquez se vengó del fabulista que utilizaba animales para caracterizar el comportamiento humano, representándole con el rostro propio de un buey. A pesar de todo, el cuadro de Velásquez trasluce una gravedad majestuosa que hace olvidar el supuesto componente irónico o burlesco del mismo. 

En el terreno de lo anecdótico, se cuenta que, como esclavo, su vida transcurrió al servicio de un filósofo llamado Xanto, quien lo habría comprado en un mercado al apreciar su agudo ingenio en pugna con otros dos esclavos.

¿Esopo "cara de buey"?

Desde entonces, Esopo se hizo consejero inseparable de Xanto. La sabiduría y el ingenio del fabulista le fueron valiosísimos a éste.

Un día, Xanto, que había bebido con exceso, tuvo la disparatada ocurrencia de apostar con cierto ciudadano a que sería capaz de beberse todo el agua del mar. El otro, naturalmente, aceptó la apuesta.

Cuando Xanto, al día siguiente y sobrio, reparó en el dislate cometido, se dirigió angustiadamente a Esopo para pedirle consejo.

Esopo sonrió y condujo a su amo hasta la playa, donde el otro apostante aguardaba, en medio de un enjambre de curiosos.

Xanto: "beberé todo el mar".

–¡Ahí está el mar, Xanto! –le dijo su adversario–. ¡Empieza a bebértelo!

Entonces, con toda calma, interrumpió Esopo:

–Un momento. ¿Qué apostó exactamente mi amo contigo?

–Que se bebería toda el agua del mar.

–Así, pues, la de los ríos no, ¿verdad?

–No. Solamente la del mar.

–Bien. En ese caso, tapa y cierra tú antes el curso de todos los ríos, y sólo entonces mi amo beberá toda el agua del mar.

Los jueces de la apuesta quedaron sorprendidos y no pudieron dar por perdedor a Xanto.

Cuando todas las personas, maravilladas de la astucia de Esopo, preguntaban a éste cómo podía ser a un tiempo justo y leal, el fabulista contestaba:

–Muy sencillo: viendo cómo hacen los demás y haciendo lo contrario de lo que ellos hacen.

Fuente Internet:

http://club.telepolis.com/museovelazquez/nuevo49.htm

Índice Internet con 300 Fábulas de Esopo:

http://www.edyd.com/Fabulas/Esopo/Eindice.htm

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