Luis Pasteur

 

Luis Pasteur nació en 1822 en Do'le, Borgoña, murió en París en 1895. Era hijo de un curtidor y ex-sargento de Napoleón. No fue médico sino profesor de liceo en el ramo de química, formado en l'École Normale de París. Pasteur era un hombre genial, impulsivo, imaginativo, de gran capacidad intuitiva, de mentalidad práctica; era un hombre humilde, noble, patriota y un hombre bueno.

Pronto se convirtió en ayudante de su maestro, el químico Dumas. Cerca de los 23 años hizo su primer descubrimiento: la actividad óptica de isómeros espaciales. Descubrió que existían dos isómeros del ácido tartárico, que uno giraba el plano de polarización a la derecha, y el otro, a la izquierda, y que el ácido racémico, ópticamente inactivo, era una mezcla de ambos isómeros. Nació con ello la esteroisomería, pero también quedó en su mente la idea de que las moléculas asimétricas son productos de células vivas. Así, cuando, después al estudiar la fermentación alcohólica, encontró una sustancia ópticamente activa (alcohol amílico) no dudó del origen microbiano de ese proceso.

En 1854 Pasteur fue nombrado Profesor de Química y Decano de Ciencias en la Universidad de Lille. Allí tuvo la ocasión de seguir estudiando la fermentación tras la consulta de los vinicultores de la región de por qué se les descomponía y acidificaba el vino.

En pocas semanas descubrió que la sustancia que lo alteraba era el ácido láctico, producto de la fermentación láctica desencadenada también por microorganismos. Demostró, además, el poder bactericida del calor a temperatura de 50 a 60º C, la pasteurización. Así, en un buque que se hacía a la mar, se cargaron dos barriles con vino: uno, pasteurizado; el otro, no.

Al regreso del buque después de diez meses, el primero estaba inalterado, el otro se había fermentado. En Lille, también descubrió la fermentación butírica, pero en este caso el agente, el vibrión butírico, era un anaerobio. Así llegó a la conclusión de que la putrefacción se producía por anaerobios que actuaban sobre las proteínas.

En 1857 volvió a l'École Normale de París como Director de Estudios Científicos. En esos años demostró la falsedad de la teoría de la generación espontánea: los gérmenes no eran producto de la putrefacción sino la causa. Entre las cosas que inventó para demostrar esto, están las retortas de cuello largo y sinuoso, por el que puede entrar el aire pero en el que quedan adheridos los gérmenes. Tres años más tarde era premiado por la Academia de Ciencias.

Dos años después recibió otra consulta: a qué se debía la pebrina, una enfermedad del gusano de seda que impedía que éste terminara su desarrollo hasta hilar el capullo de seda. Pasteur descubrió el agente: Nosema bombycis, describió su ciclo e ideó las medidas para evitar la enfermedad. Con ello salvó a la industria sederera de Francia.

Poco después Pasteur sufrió una hemorragia cerebral, menos mal, del hemisferio no dominante: siguió trabajando con igual lucidez. Se dedicó entonces a estudiar el cólera aviario y el carbunco, que hacía estragos en el ganado. Sobre esta última enfermedad ya había aparecido el exhaustivo estudio de un médico por entonces desconocido: Robert Koch, pero Pasteur no conocía esa investigación.

En lo grueso, llegó a los mismos resultados, pero, además, descubrió la vacunación por gérmenes atenuados. La casualidad favorece sólo a las mentes preparadas, solía decir Pasteur. Y así sucedió otra vez: había inoculado a gallinas con un cultivo de bacilos del cólera sin percatarse de que por descuido el cultivo se había envejecido en un rincón del laboratorio. Las gallinas se enfermaron pero no murieron.

Después de darse cuenta de lo ocurrido, tuvo una idea genial: reinocular a las gallinas con una dosis mortal de cultivo fresco. Los animales no se enfermaron. Pero estos resultados no fueron aceptados en principio.

Pasteur hizo entonces una prueba pública con ovejas, unas vacunadas contra el carbunco; otras, no. La prueba fue elocuente. Este procedimiento, de grandes éxitos, condujo, después de años de investigación para atenuar este agente invisible, a la elaboración de la primera vacuna antirrábica. El procedimiento para atenuarlo, ideado por Pasteur, fue por desecación de tejido infectado.

Discípulos de Pasteur fueron Emile Roux y Georges Widal.

El día en que cumplió 70 años, Pasteur fue declarado el hijo más insigne de Francia en una celebración con carácter de fiesta nacional. En su lápida se leen hoy sus palabras: Feliz aquel que lleva consigo un ideal, un Dios interno, sea el ideal de la patria, el ideal de la ciencia o simplemente las virtudes del Evangelio.

Para complementar esta biografía, ver Semblanza de Luis Pasteur.

Fuente Internet:

http://escuela.med.puc.cl/paginas/publicaciones/HistoriaMedicina/HistMed_17.html

 

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