Caupolicán

 

Campaña de Arauco

Valdivia llegó a Santiago en 1549 y de inmediato preparó una expedición al sur para ir a someter a los araucanos. Antes de ponerse en marcha dejó en poder del Cabildo su testamento, por si moría en la campaña, en el que daba a conocer a su sucesor.

Los araucanos hicieron frente a los invasores con gran valentía. El primer encuentro notable tuvo lugar en el valle del estero Andalién, cerca del río Bío-Bío.

Don Pedro de Valdivia se detuvo en el sitio donde hoy está Penco, que corresponde al lugar donde fundó la tercera ciudad que llamó Concepción, en marzo de 1550.

Al año siguiente, Valdivia pasó audazmente el Bío-Bío y en pleno territorio de Arauco fundó las ciudades de Imperial, Angol, Villarrica y Valdivia y los fuertes de Tucapel, Purén y Arauco.

Elección de toqui

Caupolicán fue un famoso caudillo mapuche cuya figura aparece mezclada con la leyenda, ya que  no hay acuerdo entre  los historiadores sobre cuáles fueron  efectivamente  sus  cualidades  y  sus triunfos.

Lo que se sabe de cierto es que fue cacique o señor principal de Pilmaiquén, lugar donde nació,  y que fue un indio de grandes fuerzas físicas y bastante fanfarrón,  aunque  no  desprovisto  de valor.

La leyenda cuenta que, mientras el gobernador organizaba la colonia, se reunían los caciques araucanos convocados por el viejo Colo-Colo para la elección de un toqui que debía dirigir la guerra contra los extranjeros invasores, pero como todos se disputaban el mando y no hubo manera de ponerse de acuerdo, se trajo a la reunión un pesado tronco de árbol, conviniéndose en que aquel que lo sostuviera más tiempo sobre sus hombros sería elegido toqui.

Paicaví fue el primero en probar fuerzas; lo sostuvo seis horas. Elicura resistió nueve. Purén, medio día. Ongolmo, más de medio día. Tucapel, catorce horas. Lincoyán alcanzó veinte horas.

Cuando todos creían victorioso a Lincoyán, se presentó Caupolicán, quien anduvo un día y una noche con el pesado tronco a cuestas. Colo-Colo anunció entonces: ¡Con esfuerzo prodigioso, Caupolicán ha vencido!

En una de sus batallas se enfrentó con García Hurtado de Mendoza, en Millarapue, el 30 de noviembre de 1557. Se cuenta que, antes de entrar en combate, envió a decirle al español que él había dado muerte a Valdivia, y que, de la misma manera, acabaría con él y lo desafió a un combate personal.

La traición de un yanacona, que Góngora Marmolejo llama Andresico, lo entregó a los soldados de Alonso de Reinoso, en Tucapel, el 5 de febrero de 1558.

Una de las columnas de la expedición de Reinoso, que iba a cargo de Pedro de Avendaño y Velasco, capturó a Caupolicán durante una borrachera.

El toqui mapuche ofreció a los españoles, a cambio de su libertad, pactar con ellos y devolver varias prendas de Valdivia que estaban en su poder.

Después de muchos intentos de engaño, Reinoso se convenció de que los ofrecimientos de Caupolicán eran una farsa y lo hizo empalar en una estaca aguzada que le atravesó las entrañas.

Parece ser que desde el primer momento en que cayó prisionero quedó decidida la suerte del caudillo. Debía morir en un aparatoso y cruel suplicio para escarmiento de los indios rebeldes.

El jefe araucano mantuvo en estas circunstancias, según la narración de Alonso de Ercilla, la mayor entereza. En esos momentos sin desdoro de su dignidad, pide que se le perdone la vida, sabiendo que esto era imposible y que debía morir sin remedio.

Pese a esto, conservó su serenidad y luego afrontó, tranquila e inalterablemente su suplicio, mientras "un cuerpo de indios auxiliares lanzaba sus saetas sobre el caudillo moribundo"(Barros Arana).

Los españoles creían que esta ferocidad iba a aplacar la rebeldía de los indios e iba a decidir la pacificación de la región, lo que resultó ser una vana esperanza.

Caupolicán se convirtió, para la posteridad, en el heroico defensor de la libertad de su tierra.

 

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