Gabriela Mistral

 

Nació, en Vicuña, en medio del fértil valle de Elqui, en el número 759 de la calle Maipú, el 6 de abril de 1889, hija legítima de Gerónimo Godoy y de Petronila Alcayaga. Sus padrinos de bautizo fueron Mateo Torres y Rosario Alvarez.

Lucila Godoy Alcayaga no tuvo una infancia risueña. Su padre, que había llegado a establecerse en Vicuña desde Hierro Viejo, como profesor de enseñanza primaria, había renunciado a su cargo. Poeta de alma incorregiblemente errabunda, salió a recorrer tierras cuando su hija tenía dos años, y la dejó al cuidado de su madre y de su hermana Emelina Molina Alcayaga viuda de Barraza, hija del primer matrimonio de doña Petronila y quince años mayor que Lucila. Esta última no guardó, sin embargo, rencor al autor de sus días: "Mi recuerdo de él pudiese ser amargo por la ausencia", dijo más tarde; "pero está lleno de la admiración de muchas cosas suyas y de una ternura filial que es profunda".

Su hermana Emelina fue quien tomó las cuentas de la casa y cuidó de la educación de Gabriela, quien, de pequeña, era retraída y solitaria. Jugaba sola y conversaba con las flores. Terminados sus estudios elementales, se dedicó a estudiar por su cuenta.

A los dieciséis años, entró como ayudante de la escuela de La Compañía, al mismo tiempo que escribía sus primeras composiciones en prosa en "'El Coquimbo", periódico dirigido por don Bernardo Ossandón. En aquel tiempo, Gabriela estaba bajo la influencia de la literatura pagana de Vargas Vila, que le reveló el arte a través de "un libro adorable de aquel que es mi maestro y al cual profeso una admiración fanática, un ciego culto, inmenso como todas mis pasiones".

Entre las lecturas de su juventud figuraron también Rubén Darío, la Biblia, D'Annunzio, Federico Mistral, Paul Fort y Amado Nervo, a cuya muerte dedicó '"In Memoriam".Paso a paso iba, entretanto, haciendo su camino de maestra.
De La Compañía pasó a la escuela de La Cantera y de allí a la de Barrancas. Mientras estaba en La Cantera nació el misterioso idilio, trágicamente interrumpido, que fue el motivo que Lucila Godoy necesitaba para encontrar la raíz profunda de su canto. "Una canción es una herida de amor que nos abrieron las cosas", diría más tarde, definiendo el Arte.

Gabriela y su inspiración

Él se llamaba Romelio Ureta; era empleado del Ferrocarril local y su estampa viril atraía a las mujeres. Y entre ellas, a la tímida muchacha que escribía versos y que se mostraba un poco torpe de palabras en su presencia.

El romance fue interrumpido por una tragedia de origen económico. Por salvar a un amigo, Romelio Ureta había tomado dinero de la empresa de ferrocarriles pensando poder reponerlo antes de que alguien se diera cuenta de la sustracción. Pero el amigo no cumplió y Ureta, al verse perdido, se suicidó, el 25 de noviembre de 1909, en casa de la familia González, en Coquimbo.En un bolsillo se le halló una tarjeta postal con el nombre de Lucila Godoy.

La historia, contada por Virginio Figueroa en "La Divina Gabriela" y por Saavedra Molina en su artículo "Vida y Obra de Gabriela Mistral", publicado en la Revista Hispánica Moderna, de Nueva York, nunca fue desmentida por Gabriela Mistral.

Augusto Iglesias, sin embargo, en su voluminoso ensayo sobre "Gabriela Mistral y el Modernismo", la interpreta como un caso de "ensoñación convertida en realidad poemática" y se basa en el hecho de que en la familia de Lucila Godoy, y entre sus amistades, nunca se atribuyó mayor importancia a las relaciones de ella con Romelio Ureta.

Falso o verídico, el hecho es que de aquel episodio nacieron los "Sonetos de la Muerte" y, con ellos, el nombre de Gabriela Mistral en la literatura americana.

¿Por qué Lucila escribió como Gabriela Mistral? Probablemente, el nombre proviene de su admiración por Gabriel D'Annunzio. Respecto al apellido, existen dos versiones. Una la liga a Federico Mistral. La otra, al viento de este nombre. En favor de la primera, está el propio testimonio de Gabriela cuando dice en "Mis Libros":

"¡Poema de Mistral, olor a surco abierto
que huele en las mañanas, yo te aspiré embriagada!"

Pero había de pasar algún tiempo antes de que el mundo escuchara este nombre. Entre tanto, era preciso vivir. En 1911, después de rendir examen de competencia en la Escuela Normal Nº 1 de Santiago, Lucila Godoy ingresó a la educación secundaria.

Su primer nombramiento lo obtuvo en el Liceo de Niñas de Traiguén. De allí pasó al de Antofagasta, como Inspectora del Liceo de Niñas y, a continuación, con este mismo cargo, además del de profesora de Castellano, al Liceo de Niñas de Los Andes, donde escribió la mayor parte de "Desolación".

La celebridad de Gabriela Mistral nació a raíz de los Juegos Florales organizados en Santiago, en diciembre de 1914, por la Sociedad de Escritores y Artistas, durante los cuales un jurado compuesto por el crítico literario Armando Donoso, el poeta Manuel Magallanes Moure y el escritor Miguel Rocuant eligió, entre las obras presentadas, las siguientes: "Los Sonetos de la Muerte", de Gabriela; "Plegaria a María", de Julio Munizaga Ossandón; "Rogativas a mi corazón", de Pedro Sienna; "Salomé", de David E. Bari, y "Psalmo al amor", de Claudio de Alas.

Según se cuenta, el martes 22 de diciembre de 1914, durante la solemne velada en homenaje a la Reina de los Juegos Florales realizada en el Teatro Santiago, en presencia del Presidente de la República, don Ramón Barros Luco, Gabriela no se presentó a leer sus propios versos, como hicieron los demás, porque "no tenía cómo hacerlo en forma digna" y presenció su propio triunfo desde las galerías populares del teatro.
En ausencia de Gabriela, al poeta Víctor Domingo Silva le correspondió leer sus "Sonetos", que fueron premiados con la Flor de Oro otorgada por la Municipalidad de Santiago.

"Los Sonetos de la Muerte" fueron cinco. De ellos, Gabriela reprodujo en "Desolación" los tres que más se han popularizado y que comienzan, respectivamente, con los versos: "Del nicho helado en que los hombres te pusieron", "Este largo cansancio se hará mayor un día" y "Malas manos tomaron tu vida".
"Desolación" contiene también varios otros poemas sobre el mismo tema de la muerte y del suicida; entre ellos, "El Ruego", en que implora a Dios por aquel que se fue una tarde "sin esperar tu signo, trizándose las sienes como vasos sutiles":

Recibiendo el Premio Nobel

En 1918, mientras estaba en Los Andes, conoció Gabriela Mistral a don Pedro Aguirre Cerda, quien más tarde, siendo Ministro de Justicia e Instrucción Pública, la designó Directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas, tierra de desolación que inspiró talvez a Gabriela el título de su libro, que aun no había sido publicado.

Una frase escrita por Carlos Pereira al director de "El Ateneo", de Madrid, que decía: "A este lugar han relegado los chilenos a su más grande poetisa" (refiriéndose a Magallanes), creó en el Ministerio de Educación la conmoción que condujo al traslado de Gabriela desde Magallanes a Temuco, y a continuación a Santiago. Aquí se encontraba cuando recibió, desde México, una invitación de José Vasconcelos, Ministro de Educación de dicho país, para hacer un viaje hasta allá.

En México se le hizo un recibimiento triunfal, que después iba a repetirse en todos los países que recorrió. Vasconcelos le encomendó la tarea de poner en práctica las teorías innovadoras del Presidente Obregón. Gabriela recorrió el país, pueblo por pueblo, en compañía de Laura Rodig y de dos secretarias. Una escuela recibió su nombre y el escultor Asunsolo fijó en el mármol el gesto triste de la primera poetisa de América.

Entretanto, en los Estados Unidos, donde Federico de Onís había hecho la revelación de su poesía, se lanzó la primera edición de "Desolación", bajo los auspicios del Instituto de las Españas, que Gabriela dedicó a "don Pedro Aguirre Cerda y a la señora doña Juana A. de Aguirre, a quienes debo la hora de paz que vivo".

Su despedida de México revistió los mismos caracteres de acontecimiento público que su llegada dos años antes. En el Parque de Chapultepec cuatro mil niños cantaron sus Rondas:

"¿En dónde tejemos la ronda?
¿La haremos a orillas del mar?
El mar danzará con mil olas,
haciendo una trenza de azahar".

En 1924. Gabriela visitó los Estados Unidos, donde dio conferencias en la Universidad de Columbia. Y más tarde, Italia, Suiza, París. En 1925. regresó a Chile. A petición de José Maza, Ministro de Instrucción Pública, se le concedió una jubilación. Al año siguiente, fue nombrada representante chilena en el Instituto de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones.

Entre 1930 y 1931, volvió a los Estados Unidos, las Antillas y Centro América, donde fue profesora en varias Universidades. En 1932, fue nombrada Cónsul particular de elección destinada a Nápoles, cargo al que debió renunciar porque la legislación italiana excluía a las mujeres de estas funciones. Fue nombrada entonces Cónsul en Madrid (1933-1935), y de allí pasó a Lisboa.

En 1938, Gabriela visitó nuevamente la América del Sur antes de hacerse cargo del Consulado en Niza. En Buenos Aires, fue huésped de Victoria Ocampo, directora de la editorial "Sur", que publicó su volumen de versos "Tala", cuyo producto fue destinado a los huérfanos de la Guerra Civil española y cuyo tema central recuerda el de "Los Sonetos de la Muerte".

En 1940, Gabriela fue nombrada para desempeñar un cargo consular en el Brasil, donde residió en Petrópolis. Allí se encontraba cuando le fue conferido, el 15 de noviembre de 1945, el Premio Nobel de Literatura.

Su candidatura había sido lanzada varios años antes. "Voy a contar cómo surgió", dijo Gabriela en una entrevista concedida a la United Press. "La idea nació de una amiga mía, Ángela Velasco, de Guayaquil. Ésta escribió al extinto Presidente Aguirre sobre su idea. El señor Aguirre, que fue compañero mío como profesor y amigo, presentó mi candidatura a Estocolmo".

La campaña se intensificó, a partir de 1939, cuando instituciones de toda América se unieron a la iniciativa.

El Presidente Aguirre Cerda impartió instrucciones a su ministro en Francia, Gabriel González Videla. Pero este último tropezó con la dificultad de que la obra de Gabriela no era conocida en Suecia. Así lo escribió la propia Gabriela a González Videla:

"La Academia sueca no premia a autores que no conoce. Un escritor extranjero, para llegar a los académicos suecos, debe estar traducido al sueco y, a lo menos, al inglés o al francés... El poeta, mi querido Ministro, es la persona literaria menos traducida del mundo en forma de libro...".

Gabriel González Videla encargó a Salvador Reyes, Cónsul chileno en París, que buscara una editorial para publicar una recopilación de poemas de Gabriela traducidos por Matilde Pomás, y un prologuista. Para esta última tarea se eligió a Paul Valéry, quien alcanzó a escribir el prólogo. Pero éste no satisfizo a Gabriela, porque no podía darse un sentido más diverso de su poesía que la de Valéry. Ella misma sugirió a Francis de Miomandre como prologuista.

Entretanto, el principal escollo había sido salvado por el escritor Hjalmar Gullberg, quien tradujo al sueco los versos de Gabriela y los publicó y comentó en Estocolmo. Pasaron, sin embargo, cuatro años más durante los cuales el Premio Nobel no se otorgó, debido a la Segunda Guerra Mundial.

Homenaje de Santiago a la poetisa.

Finalmente Gabriela lo obtuvo en 1945, a continuación de Johannes J. Jensen, el escritor danés. Era la quinta vez que se le concedía a una mujer y la primera que recaía en la América del Sur.

En 1951, Gabriela Mistral recibió, tardíamente, el Premio Nacional de Literatura chileno. El retardo se explicó porque los Jurados encargados de otorgarlo estimaron, durante largo tiempo, que él carecía de importancia para Gabriela después del Premio Nobel.

No podía ella quedar, sin embargo, al margen del máximo premio literario chileno. La noticia le fue comunicada a Nápoles, en Italia, lugar que Gabriela eligió para su residencia después de una larga estada en su casa de Monrovia, Los Angeles, que adquirió con el producto del Premio Nobel. En Nápoles se puso a la tarea de escribir un largo poema descriptivo sobre Chile.

Aparte de sus poemas y la prosa contenida en "Desolación", en que predominan la maestra y la madre que lleva dentro de sí "un niño dormido", Gabriela Mistral ha escrito profusamente en la prensa continental, principalmente cartas que ella denominó "Recados". También prestó siempre generosamente el prestigio de su nombre a todas las causas humanitarias que lo solicitaron.

Poeta por instinto mas que por cálculo, Gabriela tiene irregularidades en su poesía que pueden hacer fruncir el ceño a los puristas. Esto, unido a la cultura que ella misma se forjó y que asoma a través de su obra posterior a "Desolación", da a su literatura un tono muy suyo, diferenciado, novedoso, que la sitúa al margen de toda tendencia o escuela literaria y que constituye a la vez su fuerza y su originalidad.

"¿Cómo se detendría ella, la frenética", dijo Alone, "delante de las vallas gramaticales o lexicográficas? Se ríe de los códigos literarios, desentierra términos incomprensibles, usa verbos inauditos, traspone, altera el significado de las expresiones habituales, es familiar y bárbara, dispareja y áspera, siempre en virtud de esa misma obsesión: la búsqueda de la intensidad".

"Lagar", su última obra se editó en Chile en 1954. En 1956 se traslada a vivir a Nueva York. Ese mismo año visita Chile por última vez, como huésped oficial del gobierno.

La nación entera le tributa homenajes de admiración y gratitud, luego regresa a la ciudad de los rascacielos donde fallece el 10 de enero de 1957. Más tarde, cumpliendo su última voluntad se construirá su sepultura definitiva en Monte Grande, en "su" valle del Elqui.

(Ver, además, Cronología de Gabriela Mistral)

http://www.gabrielamistral.uchile.cl

Algunos poemas, en:

http://www.sscc.co.cl/material/mistral/poemas.html

 

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