Arcaísmos, barbarismos y neologismos

 

Tomando como punto de partida que las características esenciales de los vocablos o dicciones son la propiedad, la claridad y la pureza, conviene señalar a ésta sobre todo. Y es sabido que a la pureza de un idioma se oponen los arcaísmos, los barbarismos y los neologismos.

Arcaísmo

Arcaísmo es el uso de palabras anticuadas, de voces que ya han quedado atrás en la carrera de los siglos y en el desarrollo literario.

Un idioma, en cualquier país, es un elemento vivo que evoluciona con mayor o menor dinamismo, quedando unos vocablos desusados u olvidados y apareciendo otros, sea para sustituirlos o para responder a nuevas realidades.

Del mismo modo que en un árbol de hoja perenne creemos ver siempre el mismo árbol y no es así, porque en realidad muchas hojas se secaron, cayeron y aparecieron otras nuevas, sin que el árbol haya perdido su esencia y categoría de tal, igualmente ocurre con el idioma.

Así en castellano antiguo encontramos vocablos como magüer, asaz, fazaña, otrosí, que no son utilizados en la actualidad y causarían hoy la misma extrañeza que un individuo vestido con calzas y jubón. Entre los clásicos españoles, el historiador Juan de Mariana era aficionado a los arcaísmos, en cambio, Cervantes se burlaba de ellos.

Barbarismo

Barbarismo es el uso de palabras extranjeras, vocablo tomado de los griegos, que llamaban “bárbaro” a todo aquel que no participara de su cultura.

Paralelamente con las culturas, los idiomas se hacen densos y ágiles hasta morir cuando aquéllas declinan o desaparecen. Tenemos de ello, no el testimonio de las lenguas denominadas muertas, y a las que pedimos de prestado muchas palabras, términos y raíces que en buena parte resucitan y hacen presente su vieja cultura, e incluso formas idiomáticas que han perdido eficacia y virtualidad, sino la pobreza y anemia progresiva del lenguaje.

Neologismo

Un caso particular plantean los neologismos: el empleo de voces nuevas, cuya condición fundamental es la de ser necesarias, y también inteligibles, sonoras y conformes con el idioma. En efecto, la aparición de nuevas técnicas, de nuevos productos, e incluso de nuevas ideas, trae consigo la aparición de nuevos nombres.

Ya hemos visto el caso opuesto de los arcaísmos, palabras correspondientes a objetos e ideas que caen en desuso y que tienden a desaparecer o a usarse solo para evocar el pasado. Transformaciones que demuestran una vez más, tanto los arcaísmos como los neologismos, que el lenguaje es una cosa viva y que se renueva de continuo.

Un neologismo, un vocablo nuevo, se introduce en un idioma debido a la necesidad de dar nombre a nuevos objetos descubiertos o creados por la técnica humana; en este último caso sirven a la ciencia y se llaman tecnicismos. Casi siempre provienen del griego, como telégrafo, termómetro; del latín, como espéculo, coágulo o de ambos a la vez, como televisión o pluviómetro.

Los lexicógrafos puritanos lo han considerado peligroso y corruptor del habla; y por ello, el neologismo ha sido considerado vicio de dicción. Empero, ello no es absoluto: no todos los neologismos corrompen nuestra lengua; pues hay algunos que la enriquecen.

Su vicio consiste en ser innecesarios, por haber en el idioma otras palabras equivalentes, como cuando decimos afiebrado, por calenturiento; enrulado, por ensortijado, anexionamiento, por anexión; etc.

Actualmente se suele decir: recepcionar, por recibir (recepcionó el dinero); aperturar; por abrir (aperturó una cuenta corriente); mandatar, por mandar (mandató a su abogado hiciera tal gestión).

También se usa la dicción accesar en lugar de acceder.

Se reconocen cuatro maneras de formar neologismos: 1) Por transición o traslado de otra lengua; 2) Por derivación o corrupción de voces castizas; 3) Por creación culta; y 4) Por creación popular.

La primera (1) era muy común en los albores de nuestra lengua. El traslado se hacía de las lenguas latina y griega, madres de la nuestra.

Ahora el traslado se autoriza cuando en español no existen voces de significados equivalentes; por tal razón no se puede tolerar el empleo de debacle, por desastre; suampo, por pantano; training, por entrenamiento; affaire, por negocio o asunto. Como se observa, el uso de tales extranjerismos es doblemente vicioso: neologismo y barbarismo.

Los formados por creación culta (3) son castizos: antibiótico, combiótico, entomología, dactiloscopia, cosmonauta, etc.

Finalmente, los formados por creación popular (4), tengan o no equivalencia en nuestra lengua, deben aceptarse.

Dentro de los neologismos están, también, los extranjerismos en general, originados en diversas lenguas conocidas:

Concretamente nos estamos refiriendo a palabras como ketchup (originariamente del malayo), sin el cual para miles de jóvenes las papas fritas, e incluso la vida misma, no tendrían sentido; samurái (del japonés, término muy de moda en Chile en estos últimos días en los que han surgido inesperadamente émulos criollos); gurka (del hindi, por suerte, entre nosotros ya en el olvido), anorak (del esquimal), parka (aleutiano), champú (del hindi), bungalow (bengalí), curry (tamil), pijama2 (del hindi, nosotros la escribimos con j, pero la pronunciamos con y, al igual que soja, que viene del japonés).

Ver, además: Anglicismos, Galicismos, Arcaísmos

 

Es propiedad: www.profesorenlinea.cl - Registro N° 188.540