Salvador Allende Gossens

 

Salvador Allende nació el 26 de junio de 1908 en Valparaíso. Cursó sus estudios primarios y secundarios en esta ciudad, culminando la Enseñanza Media en el Liceo Eduardo de la Barra de este puerto.

En 1926, a la edad de dieciocho años, ingresa a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, donde se titula de médico cirujano.

En 1933 participa en al fundación del Partido Socialista de Chile.

El presidente Allende y su esposa, Hortensia Bussi

Durante el gobierno del general Carlos Ibáñez, del cual es un tenaz opositor, es relegado a Caldera. Desde allí vuelve a Valparaíso para presidir el Frente Popular, coalición con la cual ganaría su primer escaño en el Congreso Nacional como Diputado por Valparaíso y Aconcagua.

En 1939, luego del triunfo de Pedro Aguirre Cerda, éste le pide hacerse cargo del Ministerio de Salubridad, Previsión y Asistencia Social.

En 1940 contrae matrimonio con Hortensia Bussi, unión de la que nacen sus tres hijas, Laura, María Isabel y Beatriz.

En 1942 es nominado Secretario General del Partido Socialista, siendo elegido, en 1945, senador por Valdivia, Llanquihue, Chiloé, Aysén y Magallanes, provincias del sur del país.

Desde 1949 a 1963 preside el Colegio Médico de Chile.

En 1952 enfrenta su primera postulación presidencial, en la que obtiene sólo el cinco por ciento de los sufragios. Dicho fracaso no impide que al año siguiente renueve su escaño senatorial esta vez en representación de Tarapacá y Antofagasta en el norte del país.

En 1958 vuelve a disputar la primera magistratura de la Nación, siendo derrotado por el independiente Jorge Alessandri Rodríguez. Menos de 35.000 votos separan a éste de Allende en una estrecha y dramática lucha en que un candidato populista, Antonio Zamorano, "el cura de Catapilco", consigue los votos suficientes para sepultar la opción de la izquierda. El triunfo esta vez estuvo muy cerca.

En 1961 obtiene un escaño senatorial por su natal Valparaíso, luego de una ardua campaña. En efecto, tras haber sido derrotado por segunda vez en una contienda presidencial, Salvador Allende se autoimpuso el desafío de ser electo en una zona tradicionalmente difícil para las fuerzas de izquierda, resultando victorioso.

Nuevamente compite por la Presidencia de la Nación en 1964. Esta vez el elegido es Eduardo Frei quien obtiene una abrumadora mayoría para su "revolución en libertad". Lo cierto es que la inminente victoria de Allende asusta a la derecha que termina votando por el democratacristiano, en lugar de su candidato, Julio Durán. Con cerca del 40 % de los sufragios Allende sigue sumando fuerzas.

En 1966 es elegido Presidente del Senado, al tiempo que en 1969 nuevamente renueva su mandato parlamentario como Senador por Chiloé, Aysén y Magallanes.

Castro visitó a su amigo presidente de Chile

El 4 de Septiembre de 1970, Salvador Allende obtiene la primera mayoría relativa (36 %) en las elecciones presidenciales, apoyado por la Unidad Popular. Atrás quedaron tres intentos frustrados, iniciándose el proceso destinado a obtener que el Congreso Nacional ratifique el triunfo en las urnas, toda vez que no se ha obtenido la mayoría absoluta, por lo que los parlamentarios deben optar entre las dos primeras mayorías relativas.

Luego de un acuerdo con la Democracia Cristiana, Salvador Allende es elegido Presidente de la República y asume, en medio de la expectación nacional e internacional, el 4 de noviembre de 1970, iniciándose la denominada "vía chilena al socialismo", bautizada más gráficamente como "la revolución de empanada y vino tinto", atendido el particular carácter del triunfo de la izquierda chilena, obtenido en las urnas, merced al masivo apoyo ciudadano al proceso de reformas que propuso al país.

Durante el gobierno popular, dicho respaldo se incrementa, pese a la campaña opositora de la derecha y la Democracia Cristiana. La Unidad Popular obtiene la mayoría absoluta de los sufragios en la elección municipal de 1971 y más del 43 % de los sufragios en las parlamentarias de 1973, superando ampliamente su votación de 1970.

Pese a ello, el clima de inestabilidad y violencia que aqueja al país se hace cada día más intolerable.

El Presidente Allende muere el 11 de septiembre de 1973, en el Palacio de La Moneda.

Gobierno de Allende

En un marco de cambios políticos, el 4 de septiembre de 1970 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales que dieron el triunfo a la Unidad Popular, con su candidato, declarado marxista, Salvador Allende.

Debido a que Allende obtuvo un porcentaje de votos inferior al requerido, y contaba sólo con un tercio de la votación del país, el Congreso, de acuerdo con la Constitución vigente, debió confirmarlo, eligiéndolo de entre las dos primeras mayorías relativas (Allende y Alessandri),  como presidente de la República el 27 de octubre, con 153 votos a favor.

Previamente, el 7 de octubre, Salvador Allende debió firmar con la Democracia Cristiana un Pacto de Garantías Constitucionales, en un ambiente beligerante y de gran inquietud, especialmente por la postura irreconciliable de los sectores en pugna: la Unidad Popular, por un lado, y el Partido Nacional y la Democracia Cristiana, por el otro, más un sector de extrema izquierda, el MIR, que se venía caracterizando por acciones netamente terroristas.

El Pacto fue concebido como un resguardo de la sociedad chilena ante un gobernante de tendencia marxista, elegido en las urnas.

Pacto de Garantías con la DC

Este Pacto contemplaba los siguientes puntos fundamentales para la vida política y social del país:

Plena vigencia del Estado de derecho.

Mantenimiento del ejercicio de la autoridad a través de los tres poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) y preservación de su autonomía.

Libertad de expresión; mantenimiento de la organización y el funcionamiento independiente de los partidos políticos.

Preservación de la libertad de reunión, asociación y circulación.

Respeto a la autonomía de los sindicatos, Juntas de vecinos y otras formas de organización popular.

Mantenimiento del carácter pluralista y democrático de la educación primaria, secundaria y superior.

Consideración de las Fuerzas Armadas y de Carabineros de Chile como únicos garantes de la convivencia democrática y custodios de la seguridad nacional: respeto y mantenimiento de su estructura orgánica, jerarquías, sistemas de selección, requisitos y normas disciplinarias, asegurándoseles, además, el equipamiento necesario para resguardar el orden público y mantener la seguridad nacional, no pudiendo el gobierno destinar parte de su presupuesto a la formación de Fuerzas Armadas paralelas ni tampoco reorientar las actividades de las mismas ni las de los Carabineros hacia otras tareas ajenas a su función específica.

Allende sube al poder

El 3 de noviembre de 1970 Salvador Allende (1909-1973) asumió la presidencia del país, comprometiéndose a cumplir con el Acta de Garantías y con el programa de gobierno que había propuesto al electorado.  Este programa, basado en la doctrina que se denominó “socialismo en libertad”, apuntaba a asegurar la satisfacción de las necesidades de toda la población chilena, sin exclusiones.

El programa que Allende quiso implementar al asumir el poder y que recibió el sobrenombre de “las cuarenta medidas fundamentales”, puede resumirse en las siguientes grandes líneas de acción: reajuste del salarlo mínimo en 66 por ciento y del sueldo mínimo en 35 por ciento; congelamiento de precios de artículos de primera necesidad; disminución de la cesantía; programa de construcción de viviendas; control de la inflación; estimulación a la producción nacional; mejoramiento de los servicios estatales de salud; distribución gratuita de leche a infantes y escolares; creación de un sistema único de seguridad social; profundización de la reforma agraria; nacionalización del cobre, el salitre y el carbón; estatización de las grandes industrias del acero y del cemento, de la compañía de teléfonos, así como de la banca.

Para llevar a cabo la reorganización socialista de la economía nacional, el programa contemplaba tres categorías de la propiedad: propiedad social (el Estado estaba facultado mediante ley, y para cada caso, a estatizar una empresa considerada de interés social); propiedad privada; y propiedad mixta (el Estado participaba con un porcentaje de las acciones de la empresa).  Esta reorganización tripartita de la propiedad fue confirmada por el Congreso mediante una reforma constitucional en el año 1972.

Nacionalización del cobre

Entre 1965 y 1970, el Estado chileno había obtenido créditos extranjeros por un monto de 580 millones de dólares, destinados a la modernización de las empresas y de las minas; figuraba como aval de la deuda total y había sido el único deudor que había realizado desembolsos, mientras tanto las empresas habían contabilizado ingresos por un total de 602 millones de dólares y habían acumulado una deuda de 632 millones.

El programa de chilenización del cobre, impulsado por Frei Montalva,  había pagado por las acciones adquiridas un precio muy superior al fijado en los libros de las propias empresas.  Así, la Braden Company, dueña de El Teniente, cobró como la Kennecott Co., un total de 81 millones de dólares, mientras que el valor en libros era de 72 millones.  Además, El Teniente, bajo la administración de la Kennecott, había obtenido créditos del Eximbank por un total de 100 millones de dólares para ampliaciones del mineral, con una cláusula que obligaba al Estado chileno a cancelar el total de la deuda en el caso de que no se cumpliera el contrato de administración.

El gobierno de Allende consideraba que el primer paso en el camino hacia la independencia económica con el exterior debía ser la nacionalización del cobre, ya que éste constituiría el “sueldo de Chile”.  El proceso se realizó mediante reforma constitucional aprobada unánimemente por el Congreso Nacional con la ley del 16 de julio de 1971, que fijaba la expropiación de los derechos de las empresas Anaconda Company y Kennecott Copper Corporation, así como las minas de Chuquicamata, El Salvador y El Teniente.

El procedimiento y el pago de indemnizaciones a las empresas generaron conflictos en las relaciones con Estados Unidos, puesto que contravenía el convenio establecido en el mandato de Frei, según el cual el Estado chileno adquiriría progresivamente el porcentaje restante de las acciones de la gran minería del cobre y mientras tanto, y por un período de once años, ésta debería permanecer bajo la administración de las empresas norteamericanas.

La banca

El socialismo a la chilena, visto por cubanos

La Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) llevó a cabo la estatización, que contemplaba la adquisición de las acciones, y la intervención de bancos e instituciones financieras, bajo la tutela del Banco Central, de la propia Corfo y de la Dirección de Presupuesto, organismos que destinaron su atención a los programas del área social, aunque el gobierno tenía proyectada la creación de un banco nacional que centralizaría las operaciones financieras y el control crediticio, pero que nunca entró en funciones. El Banco del Estado, por su parte, se dedicó a los créditos agropecuarios.  A finales de 1971, el gobierno controlaba el 95 por ciento de las colocaciones y de los depósitos bancarios.

Salud, educación y vivienda

El programa en el campo de la sanidad tendía a la creación del Servicio Único de Salud (SUS), que vincularía las actividades preventivas y las curativas apoyándose en la tesis de que la salud es “un derecho inalienable del hombre”.

En el ámbito educativo, la política gubernamental se centró en tres áreas: educación preescolar, educación primaria o básica y educación industrial para trabajadores.  En la educación preescolar se instauraron jornadas completas para niños de entre 0 y 6 años, que incluían alimentación, educación y atención de salud.  En la educación primaria, se aspiró a la obtención del ciento por ciento de escolaridad para los niños de entre 6 y 14 años.

En este ámbito el gobierno fracasó al intentar imponer su proyecto de Escuela Nacional Unificada (ENU), por el cual toda la educación quedaría en manos del Estado, quien impondría los programas. Obviamente, la mayoría del país se opuso.

En vivienda, el gobierno completó casi en su totalidad el programa de construcción de casas que había quedado inconcluso en el mandato del presidente Frei Montalva, equivalente a 30.418 nuevas unidades; además, inició la construcción de 100.030 viviendas, de las cuales alcanzó a entregar 28.626.

Conflictos políticos, sociales y económicos

El primer año del gobierno Allende arrojó resultados positivos: el producto bruto había aumentado en 8,6 por ciento; la inflación se había reducido de 34,9 por ciento en 1970 a 22,1 por ciento; la reforma agraria había expropiado alrededor de 10 millones de hectáreas, equivalentes a casi la mitad de toda la tierra agrícola del país.

Pero en 1972 la crisis se hizo sentir a través de la restricción del crédito extranjero, proveniente especialmente de Estados Unidos, con lo que el gobierno se vio obligado a obtener créditos del bloque socialista.  El país se enfrentaba a un déficit fiscal de 41,5 por ciento; el programa de estatización se había reducido de 252 industrias del área social a sólo 91; la producción industrial había bajado a 7 por ciento y los sueldos y salarios se habían reducido como medida para contener la inflación, que a mediados de 1972 llegaba al 163,4 por ciento.

En 1973 la situación se tornó intolerable; en julio la inflación había llegado a 323 por ciento.  La  producción industrial se redujo a 3 por ciento. A pesar de controlar el 85 por ciento de las exportaciones, el sesenta por ciento de la importación y el 30 por ciento de la distribución industrial, el Estado no lograba poner coto a la especulación, lo que dio lugar al crecimiento del “mercado negro”, que, en la práctica, condujo al desabastecimiento, incluso de artículos de primera necesidad, con la consiguiente proliferación de las colas para comprar.

Este estado de cosas generó un creciente descontento popular, avalado por los dos tercios del país que no había votado por Allende en la elección presidencial (la Democracia Cristiana y los partidos de derecha), y que se expresaba en manifestaciones callejeras opositoras al gobierno e, incluso, al enfrentamiento, también en las calles, de sectores sociales que ya eran definitivamente irreconciliables.

En el plano político-social, uno de los primeros sucesos que debió enfrentar el gobierno del presidente Allende fue el asesinato del comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, que se produjo el 22 de octubre de 1970.  Tras este violento suceso, el general Carlos Prats González se hizo cargo de la jefatura de las Fuerzas Armadas. El 8 de julio de 1971, un segundo asesinato, en esta ocasión del ex vicepresidente de la República y ministro del Interior del presidente Frei, Edmundo Pérez Zujovic, marcó el inicio de la oleada de violencia en la que se vio sumergido el país, con el consiguiente debilitamiento de las frágiles relaciones entre la Democracia Cristiana y la Unidad Popular.

En marzo de 1973, la Unidad Popular obtuvo el 43,49 por ciento de las votaciones en las elecciones parlamentarias, con lo que se esperaba agilizar el desarrollo de los programas de gobierno, especialmente en lo concerniente a las estatizaciones, puesto que se enfrentaba a una creciente presión de los sindicatos. Por otra parte, la oposición sumada contaba con el 56,51 por ciento de los sufragios restantes. La Unidad Popular había gobernado con una minoría en el Senado, lo que condujo al presidente a operar con vetos al Congreso y mediante decretos con fuerza de ley, puesto que éste había impugnado sistemáticamente a sus ministros hasta el punto de hacer casi flaquear el gabinete presidencial en abril de 1972.

Los llamados “resquicios legales”, usados por el presidente, fueron el pan de cada día. Los disturbios, huelgas y movilizaciones generalizadas de octubre de 1972, que incluyeron a profesionales, estudiantes y obreros de casi todos los sectores de la actividad del país, llevaron al gobierno a formar, el 2 de noviembre, un gabinete cívico-militar presidido por el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Carlos Prats, quien asumió la cartera del Interior.

Las primeras medidas del nuevo gabinete estuvieron centradas en la restitución del orden público y en lograr el abandono de la huelga en un plazo no superior a las 48 horas, para iniciar de inmediato conversaciones conducentes a la resolución de los conflictos.  Por su parte, el Ministerio de Hacienda, ante el desabastecimiento de artículos de toda especie y la aparición de un creciente mercado negro que se afirmaba en el acaparamiento de los mismos, propició la creación de las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP), organizaciones vecinales destinadas a cooperar con la Dirección de Industria y Comercio (Dirinco), la que, a su vez, fiscalizaba la acción del comercio. Las JAP fueron duramente criticadas no sólo por la oposición, sino también por sectores de gobierno, acusadas de acciones ilegales tales como participar del mercado negro y de arrogarse funciones que por ley sólo correspondían a Dirinco.

Final de una etapa

Ante el frustrado intento de golpe de Estado del 29 de junio, conocido como “El Tancazo”, el presidente Allende pidió al general Prats que asumiera nuevamente el cargo de ministro del Interior y que reorganizara un gabinete cívico-militar; tarea que no pudo cumplir porque las Fuerzas Armadas se negaron a participar en el gobierno. Mientras tanto, para la ciudadanía se hacía evidente que el país enfrentaba el serio riesgo de un golpe de Estado, más aún cuando la mayoría del país (los dos tercios) miraban hacia las Fuerzas Armadas como las únicas capaces de terminar con la crisis.

En agosto de 1973, el cardenal Raúl Silva Henríquez intentó, sin éxito, lograr un entendimiento entre la Democracia Cristiana y el gobierno, que llevara a la pacificación de los ánimos. La Democracia Cristiana rechazó, por considerarla una maniobra dilatoria, la propuesta de Salvador Allende de crear un gabinete que la satisficiera como partido.  Por su parte, la contrapropuesta de la DC también fue rechazada por la UP, ya que implicaba la sumisión del presidente de la República al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Ante este fracaso en las negociaciones, Allende convocó a los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y al director de Carabineros para conformar un gabinete que denominó “de seguridad nacional” y que asumió funciones el 9 de agosto de 1973.  Tres semanas después, los comandantes en jefe presentaron al presidente sus expedientes de retiro de las Fuerzas Armadas.  Allende nombró nuevos comandantes en jefe en el Ejército y la Fuerza Aérea: Augusto Pinochet Ugarte y Gustavo Leigh Guzmán, respectivamente.  El 11 de septiembre de 1973, ante el clamor de dos tercios de la población, ellos encabezaron el Pronunciamiento que daba fin al gobierno de Salvador Allende y a la experiencia de un inédito y utópico “socialismo en libertad”. Esos dos tercios de la población respiraron aliviados.

Previamente, el 23 de agosto de 1973, la Cámara de Diputados hizo pública una declaración en la cual indicaba que el Gobierno de Salvador Allende se había puesto al margen de la legalidad. (Ver documento).

El último día del gobierno de Allende

Algunas versiones no confirmadas señalan que en septiembre de 1973, y debido a la intensidad de la crisis por la que atravesaba el país, el presidente Allende y sus colaboradores habían estudiado la posibilidad de convocar un plebiscito con el objetivo de conocer el grado de adhesión al gobierno y si éste debía finalizar inmediatamente, adelantando las elecciones presidenciales, o si podía terminar su período constitucional.

La Moneda bajo las bombas

Al amanecer del 11 de septiembre, el presidente Allende se reunió con sus colaboradores, junto a sus GAP (Grupo de Amigos Personales), que le custodiaban, en el palacio presidencial de La Moneda para analizar la situación, puesto que ya se había confirmado el estallido de un golpe de Estado, baja la forma de Pronunciamiento Militar, a la luz del clamor ciudadano mayoritario y opositor al gobierno de Allende.

A las nueve de la mañana, el Ministerio de Defensa estaba en manos de los insurrectos, desde donde exigían la inmediata renuncia del gobierno y su sumisión a la Junta Militar.  El Palacio se encontraba rodeado por tanques y efectivos de las Fuerzas Armadas, y había comandos de francotiradores apostados estratégicamente en las azoteas de los edificios que rodean la Casa de Gobierno.  Los medios de comunicación fueron intervenidos, salvo el canal de la Corporación de Televisión de la Universidad Católica y Radio Nacional.

El presidente se negó a entregar su renuncia y, tras un último discurso al pueblo, él y su grupo prepararon sus armas para resistir. A las 11 horas de la mañana se inició un bombardeo aéreo al Palacio; a continuación, un grupo de militares ingresó en el edificio, deteniendo a algunos funcionarios, liberando a otros y hallando el cadáver del presidente, que se había quitado la vida con un arma obsequiada por su amigo Fidel Castro.

A las 13 horas, la ciudad de Santiago se encontraba en manos de las Fuerzas Armadas; horas después, todo el país.

 

 

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