Humanismo: una nueva visión del ser humano

 

Cuando la cultura occidental ha tratado de buscar sus raíces, aparece siempre el humanismo. Esto es lo que sucedió en el Renacimiento: la vuelta a la antigüedad no fue sino la justificación de una nueva concepción del hombre, "el hombre universal". También en la Ilustración, con esa búsqueda kantiana formulada en la pregunta "¿qué es el hombre?".

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También el nacionalismo es un signo de identidad cultural, pero particular, excluyente y acrítico. El vínculo de unión es siempre emotivo y sentimental, basado en unos rasgos comunes que sólo unos pocos pueden compartir. Por el contrario, el humanismo es universal, integrador y crítico; se refiere a todos los hombres y se basa en la razón. En consecuencia, la identidad nacionalista es siempre mítica: los nacionalismos generan mitologías; mientras que la identidad humanista es siempre filosófica.

El término Renacimiento expresa un modo de concebir ciertos aspectos de la cultura occidental en torno a finales del siglo XV y principios del XVI como momento inicial de la Edad Moderna. Hay que desechar la idea de un modelo único de Renacimiento (básicamente el italiano, basado en el Arte), sino que se da en todos los países de Europa pero con diversas características e intensidad.

Aceptando esa diversidad, en todos los países hay factores comunes a ese momento de transición: desarrollo del capitalismo mercantil, crecimiento de la burguesía, preocupación por el conocimiento y explotación de la naturaleza (descubrimientos y empuje técnico-científico), cambios sustanciales artísticos, culturales.

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Una virgen humanizada.

El término humanismo se usa con gran frecuencia para describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa durante los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su importancia en el marco del cristianismo.

Entre 1440 y 1530 aproximadamente, en algunas de las ricas ciudades del norte de Italia comenzó a desarrollarse un movimiento cultural relacionado con la imagen del mundo que tenían los burgueses: el humanismo.

Los humanistas fueron hombres de las ciudades que se ocuparon de la enseñanza, de la investigación y que fueron muchas veces secretarios de personas importantes. Ocuparon esos cargos no por su riqueza o nacimiento, sino por su cultura.

Con sus obras, buscaban sentar las bases de una nueva cultura independiente de la tradición cristiana escolástica. En contraposición al sistema jerárquico de la sociedad feudal, afirmaron la dignidad y el valor de cada individuo.

La imagen humanista del mundo se expresó en la literatura, la filosofía y el arte. En el arte fue donde alcanzó sus realizaciones más coherentes, continuas y originales. Sin embargo, estas manifestaciones culturales eran conocidas sólo entre los grupos privilegiados, y tuvieron escasa difusión entre el conjunto de la sociedad europea.

Desde mediados del siglo XVI, la nueva imagen del mundo construida por los humanistas del siglo XV comenzó a difundirse progresivamente por Europa. Pero como el grado de desarrollo de las nuevas actividades económicas burguesas era desigual en los diferentes países, la aceptación de los cambios varió de una sociedad a otra.

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La paz civil: un ideal humanista.

En el siglo XVII, algunos miembros —burgueses y nobles— de los grupos privilegiados advirtieron que los principios del humanismo amenazaban sus posiciones de poder. Por eso, mantuvieron y reforzaron su adhesión a los valores tradicionales del orden cristiano feudal.

A diferencia de lo que ocurría en la Edad Media, donde el hombre era considerado fundamentalmente desde una perspectiva teológica, los humanistas valorarán al hombre desde una perspectiva mundana, no-divina, es decir, el hombre será visto como un ser natural e histórico.

La religión, aparte de su función redentora, es considerada ante todo en su función civil. Así, tanto la religión como la tolerancia religiosa son instrumentos válidos para asegurar el ideal de la paz civil. La creencia en la unidad última de todas las religiones es afirmada, consecuentemente, desde esta caracterización.

El humanismo de Lorenzo Valla, de Vives, de Budé, de Tomás Moro, está impregnado de una visión del ser humano como ser natural e histórico que debe realizarse en el uso de la libertad. Tal humanismo lo podemos considerar entroncado en el de Erasmo de Rotterdam (1467-1536).

La vida humana es comprendida por Erasmo como una cooperación del hombre con Dios. El hombre no es malo por naturaleza (la naturaleza humana no queda corrompida por el pecado original, nos dice Erasmo, contrariamente a lo que sostendrán los reformadores).

Los elementos bíblicos y evangélicos, junto con la gracia, permitirán al hombre aspirar a la salvación, para lo que es necesario el uso de la libertad. El hombre ha sido privado por el pecado original de los bienes sobrenaturales que Dios le había concedido, pero conserva las facultades y las fuerzas que requiere una vida moral. Una de estas facultades precisamente la libertad.

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Tomás Moro Erasmo de Rótterdam

 

La afirmación de la libertad humana es necesaria para obtener la salvación. El hombre, ayudado por la gracia y eligiendo libremente el recto comportamiento moral puede aspirar a la recuperación de los bienes perdidos con el pecado, puede aspirar a la salvación. La gracia sola no bastaría.

La salvación está al alcance del ser humano, pero necesita quererla y buscarla en el ejercicio de su libertad, aunque no dependa exclusivamente de ella, ya que, sin la gracia, la libertad sola tampoco bastaría para conseguirla.

Fuentes Internet:

http://www.salesianoconcepcion.cl/download_engine/

www.portalplanetasedna.com.ar/humanismo.htm

http://www.webdianoia.com/moderna/renhum/renhum.htm

http://iris.cnice.mec.es/kairos/ensenanzas/eso/moderna/renacimiento_01_00.html

 

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