Javiera Carrera Verdugo

 

Nació en Santiago el 10 de marzo de 1781. Hija de don Ignacio de la Carrera Cuevas y de doña Francisca de Paula Verdugo Valdivieso.

Transcurrida una azarosa vida, dificultada por los avatares de la historia, falleció el 18 de agosto de 1862 a la edad de 81 años.

Estuvo casada dos veces. La primera de ellas fue con Miguel de la Lastra y después con Pedro Díaz de Valdés.

Le tocó sufrir todas las vicisitudes de sus hermanos desde 1810 hasta 1821, periodo en que los Carreras toman decidida e importante participación en el proceso histórico.

Tuvo gran influencia sobre las actuaciones de éstos y también tenía un gran ascendiente en la naciente sociedad de su tiempo.

Fue considerada por sus contemporáneos como la madre de la patria que nacía. Ella encarnó todo el dolor del bando de los vencidos, pero ella y su familia no claudicaron nunca de sus ideales.

Recorrió Argentina y Uruguay en calidad de proscrita y desamparada, llegando a Chile después de diez años de destierro.

Se radicó en la hacienda de San Miguel, en San Francisco del Monte.

El 15 de junio de 1828 le tocó la responsabilidad de dar honrosa sepultura a los restos de sus hermanos.

Javiera Carrera en la historia

En Chile, hubo una mujer que luchó por sus propios ideales y los de su país, en contra de las autoridades impuestas. Francisca Xaviera Eudocia Rudecinda de los Dolores Carrera y Verdugo, nació el 10 de marzo de 1781 en Santiago de Chile. Fue la primera hija, más tarde llegaron sus tres hermanos, Juan José en 1782, José Miguel en 1785 y Luis Florentino en 1791, mimado y protegido de Javiera.

Sus padres fueron Ignacio de la Carrera y Cuevas y su madre Francisca de Paula Verdugo y Valdivieso, ambos descendientes de familias de fortuna y linaje. Su casa se destacó por el ambiente intelectual y refinado donde se reunían hombres ilustres. Allí los cuatro hermanos recibieron sus primeras influencias ideológicas. Escucharon términos como soberanía popular, derechos del ciudadano, democracia representativa y los nombres de pensadores franceses como Montesquieu, Voltaire y Rousseau.

De naturaleza apasionada, era dominante y astuta en sus movimientos. Apoyó a sus hermanos, hasta convertirlos en su ambición. Mery Graham, escritora inglesa, en su "Diario de mi residencia en Chile" describe a Javiera diciendo "la hermana de José Miguel aspiraba a hacer de él un Napoleón, arrancándolo a la aturdida y borrascosa vida de joven calavera y dirigiéndolo hacia las metas del poder y la gloria". Inteligente y ambiciosa, fue la ideóloga de los planes de lucha para libertar a Chile. Era una mujer de no perdonar, sagaz y hábil.

Su personalidad y su conducta avivaron odios y amores, la apodaban la "jaiba", nombre vulgar que se da a varios cangrejos del mar. La relación política que mantuvo con Bernardo O'Higgins fue siempre crítica; lo apodó "el huacho Riquelme", refiriéndose a su condición de hijo ilegítimo.

No disimuló el rencor que sintió hacia San Martín, Toribio de Luzuriaga, Juan Martín de Pueyrredón, Tomás Godoy Cruz, a los Larraín, y a la Logia Lautaro pues consideraba que todos ellos fueron los causantes y promotores de la caída política, social y económica de su familia.

A los quince años, se casó con Juan Manuel de la Lastra y Sotta, hijo de un destacado comerciante. Pero en 1799, a raíz de un accidente que sufriera víctima de una avalancha, Javiera quedó viuda con dos hijos, Manuel Joaquín y Dolores.

No tardó en volver a casarse. En 1800, contrajo matrimonio con Pedro Díaz de Valdez, español de abolengo, que había llegado a Chile para hacerse cargo de la asesoría letrada y de la auditoría de guerra de la Capitanía General de Chile. De este matrimonio nacieron cinco hijos; Pío, Ignacio, Santos, Pedro y Domitila. Durante los primeros diez años de matrimonio, Javiera se dedicó a su familia y a su casa.

Es a partir de 1810 que comienzan los movimientos independentistas en Chile, Argentina y los restantes países de la América española, cuando se producen cambios en su vida reposada.

En abril de 1810, Pedro Díaz de Valdez, su esposo, viajó a Europa. Durante este período de separación, mantuvieron una importante correspondencia en la cual se aprecia su faceta de confidente y consejera política. Todas sus cartas están firmadas como Francisca Xaviera de Carrera o como F.J.C. puesto que nunca dejó de usar su apellido de soltera.

En 1811 regresaron a Chile desde España su esposo Pedro y su hermano José Miguel, con el cargo de sargento mayor de los Húsares de Galicia y la experiencia de haber vivido la caída de la monarquía española bajo las tropas napoleónicas.

Las noticias que llegaban de Europa hablaban de que Fernando VII estaba en prisión, esto significaba una acefalía en los gobiernos en América. Es aquí donde comienzan los movimientos que llevaron a plantear la independencia. Los criollos, con ideales reformistas y deseosos de participar en el gobierno, organizan un golpe revolucionario para el 4 de septiembre. En la familia Carrera, Javiera, Juan José y Luis, participaron de los movimientos locales.

Cuando llega José Miguel, el "más caudillo de los hermanos" se lanzan a una lucha más organizada con metas sólidas.

La revolución dividió las opiniones entre el pueblo chileno. Por un lado estaban los Larraín y sus seguidores y por el otro los Carreras. La que comandaba el bando era Javiera. Además de esconder a soldados en su casa, era la encargada de recibir durante las noches y las madrugadas las carretas conducidas por los "huasos" (o guasos, hombres de campo) cargadas de armas para repartirlas en la ciudad. Fue tan significativa su actuación que entre los revolucionarios usaron la frase "viva la Panchita" como contraseña.

El 4 de septiembre se produjo la revolución encabezada por José Miguel Carrera. El grupo de Larraín se hizo cargo del gobierno, pero el 2 de diciembre de 1811, por diferencias entre los bandos, José Miguel depone a las nuevas autoridades, y disuelve el Congreso. Se inició así el dominio terminante de la familia Carrera sobre el gobierno de Chile.

El periodo de la Patria Vieja

Se conoce como "el período de la Patria Vieja", el gobierno que se extendió desde diciembre de 1811 hasta octubre de 1814. Javiera no ocupó ningún cargo político evidente, pero se desenvolvió en forma anónima dentro de la esfera del poder. Actuó como asesora y consejera y su influencia fue siempre incuestionable.

La figura de Javiera despertó resentimientos y críticas. Se le atribuyó en lo político el haberse hecho cargo de situaciones que debían ser cumplidas por su hermano José Miguel, y en lo social haber cancelado el minué de los salones, imponiendo la zamba y zapateos, que representaban lo americano.

Durante el gobierno de José Miguel intervino Javiera en varios asuntos: la creación de los símbolos patrios de Chile, como la bandera, inspirándose en la naturaleza de la región para elegir los colores: azul por el cielo, blanco por las nieves de la cordillera y el amarillo por los campos en cosecha. La presentó por primera vez el 4 de julio de 1812, durante la celebración del aniversario de la independencia de los Estados Unidos, en claro mensaje de repudio a la corona española.

La presencia de las tropas realistas en marzo de 1813, enviadas desde Lima para terminar con los movimientos independentistas, obligó a José Miguel a formar el ejército para detener el avance de las fuerzas realistas. Javiera, colaboró enérgicamente en esta lucha; llevó y trasmitió mensajes, movilizó grupos de mujeres para que confeccionaran vendas y ropa y organizó un grupo de enfermeras para asistir a heridos y soldados.

Los ejércitos se enfrentaron en 1813 y 1814. A raíz de la grave posición de las tropas chilenas, José Miguel fue obligado a ceder el mando militar a Bernardo O'Higgins, quien posteriormente se convertiría en el enemigo más encarnizado de los Carreras.

En octubre de 1814, con el revés del ejercito patriota en Rancagua, el gobierno español retomó el poder. Los responsables militares, José Miguel Carrera y Bernardo O'Higgins, se vieron obligados a emigrar junto con sus familias a Buenos Aires y Mendoza. Estos lugares, además de prometer mayor seguridad, les ofrecían una oportunidad segura para reorganizarse.

Javiera debió elegir entre partir con sus hermanos al exilio o quedarse con su esposo e hijos. Finalmente, obligada por el peligro que corría su vida, optó por dejar a su familia para instalarse en Mendoza con sus hermanos.

Una carta dirigida a su esposo describe su personalidad y su compromiso con la causa independentista: "me horroriza la conducta del Ejército Real: ¡pasar por las armas a niños de pecho y a sus infelices madres! Temo, por cierto, un insulto. Sin embargo, tú me dices que las mujeres no debemos opinar, tengo el derecho de ser Carrera..."

Mendoza y Buenos Aires

Después de doce días de viaje cruzando la cordillera, llegaron los Carreras a Mendoza. Unos días antes había llegado su más despreciable enemigo, O'Higgins y su familia. El gobernador intendente de Cuyo era, en ese entonces, el general José de San Martín. Se sabe poco de la vida que llevaron en Mendoza.

El 3 de noviembre de 1814 fueron obligados a abandonar Mendoza por orden de San Martín. Acompañados de treinta dragones, que los escoltaron para que no desviaran el rumbo, llegaron a Buenos Aires luego de veintidós días de viaje.

Su estadía en esa ciudad fue tan difícil como en Mendoza. Fueron cinco los años que permanecieron en la Argentina. Los primeros años, obligados por la falta de dinero, Javiera y sus hermanos realizaron todo tipo de trabajos, pintaron naipes, prepararon comidas criollas chilenas y montaron una pequeña fábrica de cigarrillos.

William Yates, un oficial irlandés que sirvió a las ordenes de José Miguel en las guerras civiles argentinas en 1820, relató que la casa de los Carreras era centro de intrigas y conspiraciones. Muchos de los que concurrieron no fueron solamente exiliados chilenos sino porteños destacados como Carlos María de Alvear y French.

Su objetivo principal era buscar apoyo para libertar a Chile desde Buenos Aires, Brasil y Estados Unidos. Finalmente, José Miguel viajó a este país, buscando reunir una escuadra para reconquistar su país. Javiera tuvo una actuación importante durante este tiempo pues era mensajera y acaudillaba y dirigía los planes. La casa de Javiera fue un lugar de encuentro, de información y un refugio que hacía sentir menos solos y más seguros a sus compatriotas.

En febrero de 1817 volvió a Buenos Aires, José Miguel. Además de un contingente de hombres, trajo una imprenta, armas y municiones. En ese entonces gobernaba en Buenos Aires Juan Martín de Pueyrredón, cabeza de la logia masónica Lautaro.

No era un momento muy tranquilo para el panorama político de los Carreras. El 14 de febrero, San Martín consiguió en Chacabuco una victoria importante sobre las tropas realistas. Y, en Chile, Bernardo O'Higgins fue nombrado Director Supremo, inaugurando así la "Patria Nueva" .

Mientras en Buenos Aires, debido a los conflictos que causaban los hermanos Carreras, fueron aprisionados e incomunicados en el barco "El Belén". A los catorce días, Luis logró fugarse y José Miguel huyó a Montevideo gracias al apoyo de Javiera.

Durante 1817, Javiera vivió en la casa de Juana Ordóñez. Una vez más, su domicilio se convirtió en centro de reuniones. Es aquí donde se gestó el complot que se conoció como "la Conspiración de 1817". El ambicioso plan consistía en deponer al gobierno chileno y al mismo tiempo tomar preso a San Martín. En tanto, en Buenos Aires se armarían dos grupos de poder, uno al mando de Juan José y el otro de Luis. Una vez realizado el objetivo, los hermanos Carreras tendrían nuevamente el poder político.

El intento falló y los audaces chilenos fueron arrestados. El 5 de agosto de 1817 apresaron a Luis y Juan José cayó quince días más tarde en la Posta de Barranquita, San Luis. Javiera, desde Buenos Aires, usó todas sus influencias para salvarlos, pero no logró una gestión favorable.

Urdió un plan para liberarlos, en el cual comprometía a la joven y bella esposa de Juan José, Ana María Cotapos. En una carta, le escribe las indicaciones: "Pide permiso para visitar a tu marido en Mendoza, vente trayendo cuatro mil pesos para comprar por el precio que puedas un oficial de los guardias, que los porteños se compran como carneros, y hazlo jugar. Trae agua fuerte y sierras para cortar las chavetas de los grillos... Hazte, en este caso, más digna y más amable que lo eres. Imita a madame Lavalette...".

El plan fue descubierto por Luzuriaga, gobernador de Mendoza. Y sin poder ser trasladados a Chile, los Carreras fueron fusilados el 8 de abril de 1818.

La gran desdicha para Javiera hizo que actuara con mayor vehemencia. A principio de 1819 repartía proclamas en contra de San Martín, O'Higgins y Pueyrredón. Esto originó que el Director Supremo Pueyrredón la arrestara en su propia casa. Mientras, en Montevideo, su hermano José Miguel tuvo que huir hacia Entre Ríos, debido a la agresiva ideología que difundía a través de su periódico "El Hurón". Allí se alió con Francisco Ramírez.

Atemorizado el gobierno de Buenos Aires de que Javiera y José Miguel pudieran planear otro golpe, trasladaron a Javiera a la Guardia de Luján, dejándola incomunicada. Enferma y débil, Javiera vuelve a Buenos Aires gracias a la intervención de amigos. Esta vez se hospedó en la casa de las hermanas y educadoras argentinas Dámasa y Manuela Cabezón, a fines de 1819. A principios de 1820, su espíritu combativo la lleva a escaparse a Montevideo en un buque de guerra brasileño. Javiera permaneció en esa ciudad hasta 1824. Llevó allí una vida tranquila, pero preocupada por su hermano y por volver a Chile.

El 31 de agosto de 1821 cayeron prisioneros su hermano José Miguel junto con otros caudillos, en Punta del Médano, San Luis. Se los trasladó a Mendoza, donde era gobernador Tomás Godoy Cruz, amigo de San Martín y O'Higgins. Allí, tras un breve juicio, fue sentenciado a muerte. A pesar de los infructuosos intentos apelando al poder político, de la misma manera como lo había hecho cuando sus otros hermanos estuvieron detenidos en Mendoza, el 3 de septiembre de 1821 fusilaron a su hermano junto con otros insurrectos.

Javiera, abatida por las circunstancias, volvió a Chile, recién cuando supo que su despreciado enemigo Bernardo O'Higgins dimitió a su cargo de director supremo. El 4 de febrero de 1824 se embarcó en el "Tritón", rumbo a Valparaíso por el Cabo de Hornos. No quería hacer este viaje por tierra y pasar por Mendoza, lugar donde habían muerto sus tres hermanos.

De vuelta en su patria, Javiera abandonó la vida pública, se aisló en su hacienda de El Monte dedicándose a la beneficencia con las monjas Trinitarias. Se propuso, como única aspiración, repatriar los restos de sus hermanos enterrados en Mendoza. Los cuerpos llegaron a Chile en mayo de 1828. En la actualidad descansan en la Catedral de Santiago de Chile junto con su hermana Javiera.

El final de la vida de Javiera fue pasando entre dolorosos recuerdos. El 20 de agosto de 1862, muere en su patria, lugar que tanto había amado.

Javiera, mujer de carácter fuerte y tenaz, llevó sus metas al límite de los abismos, su vida transcurrió entre la frontera de la gloria y la profundidad, el amor y el odio y la soledad más triste.

 

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