Alonso de Ercilla y Zúñiga

 

Nació en Madrid, España, el 7 de agosto de 1533 y falleció en la misma ciudad el 29 de noviembre de 1594.

Hijo del doctor Fortún García de Ercilla y de Leonor de Zúñiga, dama de compañía de la infanta doña María, quien más tarde sería la esposa de Maximiliano, rey de Hungría y Bohemia. Doña María logró colocarlo como paje del príncipe Felipe.

Su agudo espíritu de observación y amplio conocimiento de la vida los adquirió en sus continuos viajes por Europa como paje de príncipe Felipe y del séquito del emperador Maximiliano.

En 1554 estaba en Inglaterra con motivo del matrimonio de Felipe II con María Tudor. Contrariado por un amor no correspondido, ansiaba distracción en una aventura lejana, cuando los excitantes relatos de Jerónimo de Alderete sobre Chile, sus pobladores, la violencia de la guerra de Arauco y la noticia de la muerte de Pedro de Valdivia lo tentaron a correr la aventura, obteniendo licencia para ir a pelear al  Perú y Chile.

Salió de España en 1555 en la empresa de Jerónimo de Alderete, quien falleció en las cercanías de Panamá, y posteriormente llegó a Chile en 1557, formando parte de la expedición del nuevo gobernador García Hurtado de Mendoza. Luego, el 26 de junio de aquel año, los españoles desembarcaron en la Isla Quiriquina, desde donde pasaron a la destruida ciudad de Concepción (hoy Penco) donde construyeron un fuerte para repeler los constantes ataques de los araucanos.

Tras sangrientos combates siguieron hacia el sur, hasta finalmente llegar a la isla grande de Chiloé, desde donde comenzó el retorno. El propio Ercilla puntualiza haber sido el primero en llegar a las costas chilotas, y es exacto en señalar la hora y la fecha (28-II-1558):

"Aquí llegó, donde otro no ha llegado,
don Alonso de Ercilla, que el primero
en un pequeño barco deslastrado,
con solos diez pasó el desaguadero
el año de cincuenta y ocho entrado
sobre mil y quinientos, por Hebrero,
a las dos de la tarde, el postrer día,
volviendo a la dejada compañía".

(Estrofa XXIX, Canto XXXVI de "La Araucana")

De este modo, el poeta y soldado Ercilla estuvo en el teatro de operaciones de la Guerra de Arauco en 1557 hasta finales del año siguiente cuando, de regreso a la ciudad de la Imperial tuvo un lance con Juan de Pineda que estuvo a punto de costarle la vida, pues el gobernador los condenó a la pena de muerte, la que fue cambiada por la pena de destierro (1558), lo que truncó su carrera militar.

Fue autor de la famosa obra La Araucana, la cual fue empezada en Chile y completada en Lima, Perú, con noticias recogidas de Francisco de Villagra y de Francisco de Aguirre, referentes al periodo anterior a su llegada.

De regreso en España, casó con doña María Bazán, dama ilustre y adinerada, desempeñó cargos diplomáticos de importancia y fue nombrado gentilhombre de la Corte y Caballero de la Orden de Santiago; además, desde 1580 ejerció como censor de libros por encargo del Consejo de Castilla. En 1569, 1578 y 1589 publicaba, respectivamente, las tres partes de su libro inmortal con el título de "La Araucana". Obtuvo un éxito fulminante y elevó su figura al primer plano de la poesía española del Siglo de Oro.

Dedicó la obra a Felipe II. Su fama literaria se añadió, así, al prestigio de que gozaba gracias a su situación social, a su dinero y a los trabajos que había desempeñado. Murió en Madrid el año 1594.

"La Araucana", su única obra literaria, le ha dado una fama universal. Es el mejor poema épico moderno escrito en castellano, y como tal fue calificado ya en la Época de Oro. Al respecto, decía don Roque Esteban Scarpa, Premio Nacional de Literatura 1980.

"...Chile tiene el honor, gracias a don Alonso de Ercilla y Zúñiga, de ser la única nación posterior a la Edad Media cuyo nacimiento es cantado en un poema épico como lo fueron España con el "Poema del Cid", Francia con "La Chanson de Roland" o el pueblo germano con "Los Nibelungos..."

Lope de Vega, Cervantes, Quevedo y otros ingenios también alabaron sin vacilaciones la creación de Ercilla y tributaron a éste honores de gran poeta.

La obra fue comenzada en Chile, según lo dijo el propio autor en el Prólogo de la primera parte: "y así el (tiempo) que pude hurtarle gasté en este libro, el cual, porque fuese más cierto y verdadero, se hizo en la misma guerra y en los mismos pasos y sitios, escribiendo muchas veces en cuero por falta de papel y en pedazos de cartas, algunos tan pequeños, que apenas cabían seis versos; que no me costó después poco trabajo juntarlos; y por esto, y por la humildad con que va la obra, como criada en tan pobres pañales; acompañándola el celo y la intención con que se hizo, espero será parte para poder sufrir quien la leyere las faltas que lleva...". (Del Prólogo de don Alonso de Ercilla y Zúñiga).

Sin embargo, el grueso de la composición se escribió en España, país donde se publicaron sucesivamente, en las fechas antes indicadas, sus tres partes.

En el texto recién transcrito, Ercilla dice que su libro es cierto y verdadero. En varias otras oportunidades, el autor reclamará estas cualidades que él las tenía por las más excelentes en una composición como La Araucana. Y en verdad no le faltaba razón para alegar tal exactitud, porque tanto los hechos principales como muchos de los minuciosos detalles que en ella aparecen han sido comprobados por la crítica histórica. Tanto es así, que el libro sigue siendo una fuente de extraordinaria importancia para el conocimiento de la guerra de Arauco.

Para dar todavía mayor carácter histórico a su obra, Ercilla llega a exponer el método de que se valió para comprobar aquellos sucesos en que no estuvo presente, y en verdad la más exigente historiografía nada tendría que objetar a dicho método. Dice, en suma, que para no ser tildado de sospechoso, cuidó de averiguar los hechos por medio de "ambas las mismas partes" que en ellos intervinieron, cuidando de poner sólo aquéllos en que todos estaban de acuerdo. El resto lo ha presenciado él mismo y lo escribe sin pasión, de manera que puede asegurar que "va la verdad desnuda de artificio".

Mucha importancia concede también Ercilla a las descripciones geográficas. Si bien, como exactamente se ha dicho, en "La Araucana" no aparece el paisaje tan hermoso del Sur de Chile, una y otra vez se dan en ella, con el mayor rigor, referencias geográficas. Lugares insignificantes son ubicados a menudo con toda precisión en el curso del poema. Las estrofas iniciales en que se sitúa a Chile entero son un ejemplo conocidísimo que ilustra bien lo afirmado.

No sería justo, sin embargo, considerar el poema como una mera crónica. La imaginación permite al autor, basándose en hechos reales, crear una ficción poética de indiscutible valor. Los acontecimientos más burdos son transformados por su pluma en episodios dignos de un poema, lo que no es obstáculo para que puedan ser aprovechados por el historiador.

Además, hay numerosos hechos que nacieron sólo de la fantasía de Ercilla, constreñida, a veces, a inventar por las exigencias mismas de su poema. Nos referimos sobre todo a la intervención de elementos sobrenaturales que tienen por objetivo principal predecir determinados acontecimientos. Ercilla no abusa de este recurso.

Las batallas de San Quintín y Lepanto, junto con la narración que el mismo Ercilla hace de los amores de la reina Dido de Cartago y de la campaña de los españoles en Portugal, son los únicos episodios ajenos a la guerra de Arauco incluidos en el poema. El autor justifica estas intercalaciones, diciendo que con ellas quiere disminuir la inevitable monotonía de la obra derivada de su propósito de contar la guerra entre españoles e indígenas.

Pero si ésta fue la intención de Ercilla, no anduvo en realidad muy afortunado, ya que no sólo no disminuye con estos pasajes la relativa monotonía de "La Araucana" sino que, siendo también de carácter guerrero las intromisiones, sólo consigue intensificarla. Por momentos, la lectura de "La Araucana" se torna pesada, no obstante las extraordinarias condiciones de narrador que tenía don Alonso.

La afición al detalle, las disquisiciones de tipo moral y filosófico con que se inicia cada Canto, la relativa semejaza que muchos episodios tienen entre sí y la uniformidad métrica los 37 Cantos de la obra están escritos en octavas reales - contribuyen a está pesadez. Sin embargo, sería injusto insistir demasiado en ella. La capacidad narrativa, en efecto, de Ercilla es tal que, consigue diferenciar perfectamente una batalla de otra, una marcha de la anterior y de la siguiente, los rasgos síquicos y físicos de los indígenas, etc. En un poema épico la capacidad narrativa es cualidad esencial, de modo que al alabar en este punto a Ercilla estamos aplaudiendo lo más importante que podíamos aplaudir en un autor de su tipo.

El poema, decíamos, gira en torno de la guerra de Arauco. Los temas amorosos quedan, en general, excluidos.

Los principales episodios guerreros entre araucanos y españoles son las batallas de Tucapel, Andalién, Penco, Millarapue y Purén. Ha de recordarse también la batalla relatada, al finalizar la parte primera, en que se narra la muerte del gran Lautaro. Como episodios aislados, son de particular interés el de los Catorce de la Fama y el que acarreó la prisión de Caupolicán.

En general, se trata de narraciones muy objetivas en que el autor prescinde totalmente de prejuicios partidistas. Araucanos y españoles hacen prodigios de valor, son fuertes, luchan con tenacidad y astucia, tienen conciencia de estar defendiendo una causa justa. En la paz, los indígenas aparecen alguna vez como viciosos, y como crueles los europeos; pero en la guerra ambos grupos arrancan al autor iguales alabanzas. Es digna de admirarse tal imparcialidad en un soldado que día a día, durante un año, expuso su vida combatiendo contra los araucanos.

Aún más. Los bárbaros aparecen a menudo idealizados en una forma que no puede sino sorprendernos. Efectivamente, Ercilla pone en bocas indígenas sentencias muy cuerdas, impropias de hombres tan rudos como eran los araucanos; alaba su hermosura física y les atribuye una organización social que estaban lejos de poseer. A varios españoles, en cambio, trata mal, motejándolos de codiciosos e injustos.

Este punto está relacionado con una materia que se ha discutido mucho entre los críticos de "La Araucana" y que tiene gran interés por la forma novedosa en que lo planteó Ercilla.

La casi totalidad de los poemas épicos tienen un héroe central en torno del cual gira la obra entera. En la La Ilíada, en la Odisea, en la Eneida, en la Canción de Rolando, etc.  Siendo La Araucana también un poema épico, es decir, una creación narrativa de sucesos de guerra, parecía obligado que contara con un protagonista individual.  Pero esto no ocurre. Si analizamos, en efecto, a sus personajes principales, nos daremos cuenta de que ninguno de ellos tiene caracteres tan relevantes o aparece con tanta insistencia como para considerarlo figura prominente.

En general, ni entre los españoles ni entre los indígenas hay un héroe. El poema carece de un protagonista individual. Este hecho, observado desde muy antiguo, ha dado origen a diversas hipótesis, y mencionamos la más generalizada:

Ercilla debió colocar como héroe a don García, pero por el rencor que tuvo hacia él después de los sucesos de La Imperial no lo hizo. Esta explicación fue dada por Pedro de Oña en su libro "Arauco Domado", escrito a fines del siglo XVI.  No es posible continuar sosteniéndola por las siguientes razones:

La biografía de Ercilla, investigada hasta en sus pormenores, no permite considerar al autor de "La Araucana" como un hombre apasionado ni rencoroso;

2) De hecho, Ercilla trata con palabras bastante suaves a don García cuando refiere el asunto de su prisión y condena a muerte. Mucho más duramente, por ejemplo, se había referido a Pedro de Valdivia;

3) En muchas oportunidades, dentro de "La Araucana", Ercilla se refiere en términos alabanciosos a don García, destacando sus cualidades de militar y político;

4) Descontado lo de La Imperial, no se sabe de ningún suceso que amagara las buenas relaciones que hubo entre Ercilla y los Hurtado de Mendoza. Los servicios que aquél recibió de éstos son varios, tanto anteriores como posteriores a la del poeta en Chile y

5) El propio don García y su hermano natural, don Felipe alabaron en sendos sonetos la creación de Ercilla, haciendo resaltar el primero, precisamente, la fidelidad histórica del poema.

Al dar a su obra un protagonista colectivo, Ercilla se coloca junto a las grandes figuras de la literatura española don Miguel de Cervantes y Lope de Vega.  Aquél en su tragedia "Numancia", y éste en "Fuente Ovejuna" presentaron, también, héroes colectivos.  Sabemos, en efecto, que el pueblo numantino y el pueblo de Fuente Ovejuna son quienes tienen en ambas obras, respectivamente, los papeles principales.  Muy digna de señalarse es esta coincidencia, inadvertida hasta ahora en los críticos de Ercilla, pues hace de los tres grandes escritores de España precursores geniales de un recurso que sólo va a desarrollarse en la literatura europea del siglo XIX.

Fuentes:

“Historia de la literatura chilena”, de Hugo Montes y Julio Orlandi

Páginas Internet

http://www.geocities.com/Athens/Agora/6975/esto/ercilla.html

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